Adolf Hitler

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Adolf Hitler
 Nombre: Adolf Hitler.
 Nacimiento: 20 de abril de 1889,
en Braunau am Inn,
Flag of Austria-Hungary 1869-1918.png Imperio Austrohúngaro .
 Fallecimiento: 30 de abril de 1945 (56 años), en Berlín, Banderans.gif Tercer Reich .
 Padres: Alois Hitler y Klara Pölzl.
 Cónyuge: Eva Braun.
 Religión: Ver: Nacionalsocialismo y religión
 Ocupación: Político, militar, pintor.
 Partido: Partido Obrero Alemán (1919-1920).
Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (1920-1945).
 Obra capital: Mein Kampf (Mi Lucha).
 Predecesores: Kurt von Schleicher, Paul von Hindenburg.
 Sucesores: Joseph Goebbels, Karl Dönitz.
Firma
Hitler Signature.png

Adolf Hitler (Lebensrune.png 20 de abril de 1889, Braunau am Inn, Austria - Todesrune.png 30 de abril de 1945, Berlín) fue un militar, político, pintor, ideólogo, filósofo, revolucionario y estadista alemán que estableció el gobierno nacionalsocialista (Tercer Reich), en el que recibió el título de Reichskanzler (Canciller de Alemania), Reichspräsident (Presidente de Alemania) y Führer (caudillo, líder o guía).

Hitler tuvo una infancia y adolescencia difíciles. Más tarde combatió mostrando un enorme valor durante la I Guerra Mundial, en la cual fue herido en dos ocasiones. Por estos motivos recibió varias condecoraciones militares, incluyendo la prestigiosa Cruz de Hierro.

Hitler se afilió al Partido Obrero Alemán (Deutsche Arbeiter Partei, DAP), precursor del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei o NSDAP), en 1919 y se convirtió en el líder del mismo en 1921. En 1923 lideró una insurrección conocida como el Putsch de Múnich. Pero la insurrección fracasó y Hitler fue condenado a cinco años de prisión. Durante su estancia en la cárcel redacta la primera parte de su libro Mein Kampf (Mi Lucha) en el cual expone su ideología junto con elementos autobiográficos. Una vez liberado, Hitler consiguió obtener un creciente apoyo popular gracias a su talento oratorio y a la eficiente propaganda nacionalsocialista. Hitler fue un orador muy carismático.

Como jefe del NSDAP, dirigió el gobierno del país desde 1933 hasta 1945. Bajo su liderazgo tuvo lugar el resurgimiento de Alemania como una gran potencia.

Llegó al poder el 30 de enero de 1933 cuando una gran crisis, acentuada por los efectos de la Gran Depresión, tenía lugar en Alemania. Los alemanes estaban descontentos y frustrados debido a esta terrible situación provocada por el injusto Tratado de Versalles. Con su llegada al poder, se puso fin a la denominada República de Weimar, que había sido establecida en 1919 como sucesora del Imperio Alemán.

En poco tiempo de gobierno, Hitler logró abatir esta gran crisis. Reestructuró la desastrosa economía dándole trabajo a casi seis millones de desocupados en pocos años. Dejó sin efecto el Tratado de Versalles el cual sometía al pueblo alemán con vejaciones humillantes.

El revolucionario sistema económico que implantó durante su gobierno representaba una grave inconveniencia para las potencias marítimas globalistas, por lo que tomaron acciones contra Alemania y finalmente desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. Durante ésta, la propaganda de guerra aliada creó una serie de difamaciones y falsas acusaciones contra su figura y su gobierno, que terminaron afianzándose con su derrota, formando parte de la Historia oficial y lo cual ha asegurado la hegemonía global y el statu quo de dichas potencias.

La versión más aceptada por los historiadores, tanto detractores como simpatizanes, sobre la muerte de Hitler y su esposa, Eva Braun, es que se suicidaron en su búnker subterráneo de Berlín, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Si bien la muerte de Hitler es un tema que aún es discutido y que para algunos es un verdadero misterio.

Más allá de la constante propaganda en su contra, Adolf Hitler se ha convertido en uno de los personajes más conocidos y atrayentes de la Historia Universal, estando en ese sentido al nivel de hombres como Alejandro Magno, Julio César y Napoleón Bonaparte.

Contenido

Biografía

Primeros años

Adolf Hitler cuando era un bebé
Adolf Hitler en la infancia

Adolf Hitler nació en el seno de una familia católica el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, una pequeña aldea cerca de Linz en la provincia de la Alta Austria, no muy lejos de la frontera alemana, en lo que entonces era el Imperio Austro-Húngaro. Fue el cuarto hijo de seis (los demás fueron -en orden-: Gustav, Ida, Otto, Edmund y Paula). No obstante, sólo Adolf y Paula llegaron a la edad adulta. Su padre, Aloys Shicklgruber (renombrado como Alois Hitler en 1876), (1837–1903), fue un agente de aduanas. Su madre, Klara Pölzl, (1860–1907), fue la tercera esposa de Alois y ambos descendían del mismo tronco familiar. El apellido original de su familia era 'Hiedler' que derivó a 'Hitler' probablemente debido a un error fonético en el registro cuando Alois retomó su apellido paterno. El nombre "Adolf" proviene del antiguo alto alemán y significa "lobo noble" (Adel, 'nobleza' y wolf, 'lobo').

La familia de Hitler se trasladó a menudo, de Braunau am Inn a Passau, Lambach, Leonding y Linz. El joven Hitler fue un buen estudiante.

Adolescencia en Viena y Múnich

Árbol genealógico de Hitler

Hitler era un joven inteligente. En dos ocasiones suspendió el examen de entrada a la universidad de Linz. Allí quedó cautivado por las lecturas pangermánicas del profesor Leopold Poetsch, quien influyó notablemente en la mente del joven.

Hitler era devoto de su madre pero tenía problemas con su padre. Padre e hijo no compartían sus ideas políticas. En su libro Mein Kampf (Mi Lucha), Hitler es respetuoso con su padre, aunque indica que había diferencias irreconciliables sobre su firme decisión de convertirse en artista. Alois Hitler deseaba que su hijo llegara a ser funcionario como él, empleo del que se sentía muy orgulloso y al que había llegado prácticamente sin una base académica. Pero al joven Hitler ese futuro no le seducía en absoluto, ya que estaba demasiado alejado de su objetivo: las artes. Se interesó por la pintura y la arquitectura, y deseaba llegar a ser un pintor famoso.

Hitler era, además, un gran lector, que devoraba desde niño las novelas de aventuras de Karl May, a los quince años escribía obras de teatro y era considerado por sus vecinos "un ratón de biblioteca", de hecho, su único equipaje al llegar a Viena, eran cuatro cajas llenas de libros. Un amigo íntimo de aquella época romántica, August Kubizek, no podía imaginar a Hitler sin libros: "Los libros eran su mundo"[1]. Intentó en una ocasión escribir ópera: "Wieland el Herrero", pero el preludio lo desilusionó, lo mismo que algunas poesías que compuso y las rompió.

Hitler había sido socio de tres bibliotecas en su Linz natal (pagando una suscripción bastante alta para la época) y era usuario habitual en la impresionante Hofbibliothek de Viena. En su habitación de Stumpergasse 29, segundo piso, puerta 17, los libros se acumulaban por el piso en filas verticales. Era un asiduo lector de Schopenhauer y, por supuesto, de Nietzsche. La hermana de Hitler, Paula, recordaba que siempre le recomendaba libros y que incluso le había enviado un ejemplar del Quijote de la Mancha.

Al morir su padre, en enero de 1903, su madre mudó la familia a un apartamento modesto en Urfahr, un suburbio de Linz. Poco antes de cumplir los 16 años, Hitler cayó enfermo de una enfermedad pulmonar, que lo obligó a suspender sus estudios en la secundaria por un año. Una vez recuperado, ingresó a una escuela estatal en Steyr. En septiembre de 1905 decidió abandonar la escuela, luego de haber sido calificado positivamente en la asignatura de dibujo. Durante tres años, Hitler se mantuvo en Linz en compañía de su amigo August Kubizek. Según el propio Hitler, estos años serían los "mejores años de su vida".

Al cumplir diecisiete años, Hitler viajó a Viena por primera vez (una ciudad cosmopolita y multicultural), quedándose en la ciudad por dos meses gracias a la ayuda monetaria de sus parientes y de su madre. Durante su estadía, visitó la Academia de Bellas Artes de Viena, donde consultó los requisitos para ser admitido.

En octubre de 1907 regresó a Viena para concursar en la Escuela General de Pintura, de la Academia de Bellas Artes. Se llevó numerosos dibujos suyos, confiando en que llegaría a triunfar como pintor. Hubo 112 candidatos para el curso, de los cuales sólo 28 pasaron los rigurosos exámenes. Hitler no fue aprobado. Un sinodal le explicó que, a pesar de su notable talento, sus dibujos eran de edificios y que en ninguno figuraba la acción de personas o animales. El rector de la Academia le aconsejó intentar en el campo de la arquitectura, pues consideraba que tenía más talento para ser arquitecto. Después de este fracaso hizo gestiones para inscribirse en la Escuela de Arquitectura, pero fue rechazado por carecer del certificado de bachillerato.

Posteriormente, Hitler regresa a Linz, donde su madre ya se encontraba gravemente enferma y quien murió semanas después, el 21 de diciembre de 1907. El médico judío Eduard Bloch atendía a la señora de un cáncer de seno. Frecuentemente el Dr. Bloch le había disminuído los dolores a Klara, y en agradecimiento, Hitler le regaló una acuarela pintada por él.

Después de la muerte de su madre, Hitler regresa a Viena. En su estancia en la ciudad, se ganaba la vida pintando acuarelas, óleos y dibujos, así como cargando maletas y barriendo nieve de la calle. Dedicaba el poco dinero que ganaba en asistir a la ópera, conciertos y actos artísticos.

Hitler se trasladó a Múnich en 1913.

Primera Guerra Mundial

Adolf Hitler (abajo a la izquierda) junto a soldados alemanes

Al inicio de la Primera Guerra Mundial (1914) decidió alistarse como voluntario en el ejército alemán. Realizó su servicio en Francia y Bélgica como mensajero del 16° Regimiento de Infantería Bávara de Reserva, que lo expuso al fuego enemigo. También aprovechó para dibujar algunas historietas y dibujos de instrucción para el periódico del ejército. Fue ascendido al rango de cabo y condecorado en varias ocasiones por su valor en combate, destacando especialmente la consecución de la Cruz de Hierro de segunda clase el 2 de diciembre de 1914, y la Cruz de Hierro, primera clase, el 4 de agosto de 1918, un honor raras veces dado a un soldado de tan baja graduación (ya que aún no era ciudadano alemán, no fue promovido más allá del grado de cabo). En octubre de 1916, en el norte de Francia, Hitler fue herido en la pierna, regresando al frente en marzo de 1917. Hitler era considerado como un excelente soldado.

El 15 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Hitler fue trasladado a un hospital de campaña, donde quedó temporalmente ciego por un ataque con gases tóxicos. Hitler expresó metafóricamente que durante aquella experiencia, al quitarse la venda que cubría sus ojos, fue cuando descubrió que "el objetivo de mi vida era lograr la salvación de Alemania". Esta experiencia también le inspiró a escribir un poema titulado Ciego el 14 de noviembre de 1918 en el Hospital Militar de la Reserva de Pasewalk.

La capitulación alemana en noviembre de 1918 lo impactó de sobremanera, pues en la creencia popular alemana el ejército alemán permanecía invicto. Como muchos otros nacionalistas alemanes, Hitler culpó a los socialdemócratas ("los criminales de noviembre") por la rendición. Una explicación sobre la capitulación era la Dolchstoßlegende ("la leyenda de la puñalada por la espalda"), que demostraba que a espaldas del ejército, los políticos socialistas y marxistas, en su mayoría judíos, habían saboteado los esfuerzos bélicos alemanes, principalmente mediante huelgas en la producción de armamento. El Tratado de Versalles impuso reparaciones de guerra y otras sanciones económicamente muy perjudiciales para el país, declarando a Alemania culpable de la Primera Guerra Mundial. Durante la negociación del documento surgieron controversias entre el afán pacificador de W. Wilson, presidente de Estados Unidos y el vengativo revanchismo del premier francés, Georges Clemenceau. La reconciliación nunca estuvo dentro de los objetivos de Gran Bretaña y Francia porque, desde mediados del siglo XIX, Alemania siempre había rivalizado con estas dos potencias, por la hegemonía de Europa y el control sobre los territorios coloniales en África y Asia. El tratado fue considerado por los alemanes como una humillación y fue un importante factor en la creación de las reivindicaciones sociales y políticas demandadas por Hitler y su Partido Nacionalsocialista para llegar al poder.

Inicios en el Nacionalismo

En el principio era la Palabra, pintura del artista alemán Hermann Otto Hoyer, ca. 1937. En esta obra, Hoyer representó a Hitler hipnotizando a una audiencia con su poderosa oratoria durante la década de los años 20. El título de la obra proviene del texto introductorio del Evangelio de Juan: "En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios".

Después de la guerra, Hitler permaneció trabajando para el ejército, siendo destinado a la supresión de levantamientos socialistas, que estallaron a través de toda Alemania, incluyendo Múnich, lugar adonde Hitler regresó en 1919. Participó en el "pensamiento nacional", cursos organizados por el Departamento de Educación y Propaganda del grupo bávaro de la Reichswehr. Un objetivo clave de este grupo era encontrar a los verdaderos responsables de la derrota alemana. Estos eran el Judaísmo Internacional, los comunistas y los políticos liberales, especialmente los miembros de la coalición de Weimar, que eran considerados como los "criminales de noviembre".

En julio de 1919, Hitler se infiltró en un pequeño partido nacionalista, el Partido Obrero Alemán (DAP). Allí, Hitler conoció a Dietrich Eckart, uno de los primeros miembros y fundador del partido.

Adolf Hitler con el traje bávaro

Hitler comenzó a participar a tiempo completo en las actividades del partido. Ya a principios de 1921, Hitler era considerado como un gran orador con mucho carisma, hablando frente a muchedumbres cada vez más grandes. En febrero, habló ante seis mil personas en Múnich. Para hacer pública la reunión, envió dos camiones de partidarios del Partido con esvásticas, para causar conmoción y distribuir prospectos; fue el primer empleo de esta táctica. Hitler ganó notoriedad fuera del partido por sus discursos polémicos, atacando el Tratado de Versalles, a políticos y grupos rivales (sobre todo marxistas) y a los judíos.

Por entonces, sus principales enemigos eran los comunistas. Para combatirlos, creó la Sturmabteilung —la SA— comandada por Johann Ulrich Klintzich, aunque el verdadero jefe era el capitán Ernst Röhm. Toma como emblemas la Hakenkreuz —la cruz gamada o Esvástica— y el saludo romano (brazo en alto).

El grupo adquirió mayor preponderancia y en 1921 tomó el nuevo nombre de Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP). En 1923 Hitler preparó, con el apoyo de Erich Ludendorff, un fallido golpe de Estado (Putsch de Múnich), por lo que fue condenado a cinco años de prisión, de los cuales sólo cumplió ocho meses. En el proceso dejó a todos sorprendidos con su excelente oratoria, inclusive a algunos de los jueces. Durante su encarcelamiento, le dictó a Rudolf Hess la primera parte del libro "Mi Lucha" (Mein Kampf), (la segunda parte de la obra la hizo fuera de la cárcel) en esta obra presentaba a Alemania y al mundo cuál iba a ser su política futura y su visión del Lebensraum. Fue puesto en libertad en diciembre de 1924.

En 1925, en medio de un ensayo, Heinrich Hoffmann tomaba algunas fotografías al Führer. Él las ve y no le gustaron. Posteriormente, manda al propio Hoffmann a eliminar los negativos. Éste no le hace caso, y treinta años después (1955) las publica en su libro de memorias. Según contó el historiador Roger Moorhouse, autor del prólogo del libro de Hoffmann: “Hitler fue mi amigo”: Hitler "experimentó con su propia imagen y le preguntó a Hoffmann si podían tomar otras fotografías de él". Hoffmann las tomó y Hilter se volvió hacia él y le dijo: "Nunca voy a hacer eso otra vez".

El inicio de la Gran Depresión de 1929, el paro y el consecuente desencanto del pueblo alemán favorecieron, entre otras circunstancias, el incremento de sus seguidores.

Logró atraerse a las clases medias, los trabajadores en paro y a muchos comunistas desencantados con el marxismo. Logró que su partido se convirtiera en el grupo parlamentario más fuerte en 1932. Sin embargo, fue derrotado por Paul von Hindenburg en las elecciones de marzo de ese año.

Ascenso al poder

Artículo principal: 30 de enero de 1933


Poco después de que Hitler asumiera el poder, los judíos de todo el mundo comienzan siendo hostiles a Alemania en marzo de 1933, declarando un agresivo boicot comercial

Hitler promovió una ola de revueltas populares que forzó al débil e inestable gobierno al colapso. Debido a la situación reinante el presidente alemán Paul von Hindenburg nombró a Hitler como el nuevo canciller alemán el 30 de enero de 1933 con la colaboración de los católicos de Franz von Papen. Disolvió el Parlamento y convocó elecciones. Una semana antes de las votaciones, un comunista holandés incendió el Reichstag.

Consiguió la mayoría en las elecciones del 5 de marzo. En poco tiempo, logró afianzarse en el poder, detentando los cargos de canciller y presidente de la República a la muerte de Hindenburg (2 de agosto de 1934).

Boceto original del Volkswagen Escarabajo dibujado por Adolf Hitler, elaborado en el restaurante "Osteria Baviera" en Múnich para Werlin Jacob, jefe de la agencia de Daimler-Benz.

Hitler, como dirigente de Alemania, ordenó la creación de un automóvil asequible para todos los ciudadanos, al que pensaba llamar "el vehículo del pueblo" (Volkswagen). Dicho automóvil fue diseñado y creado por Ferdinand Porsche. De ésta forma nació el coche más vendido de la época, el Volkswagen (que ahora es una marca, y entonces era el modelo) conocido después como el Escarabajo.

Promovió un estado del bienestar cimentado sobre la creación de una seguridad social gratuita que actualmente se sigue usando, controlando el precio de la vivienda para que fuera asequible a todos los ciudadanos y gratuitas para los obreros (las hipotecas suponían aproximadamente un 7% del salario de un alemán medio) y apoyando un nuevo concepto consistente en vacaciones para todo el pueblo.

Entregó a los campesinos arios tierras en propiedad que anteriormente pertenecían al Estado.

En 1935, Alemania exhibió una mejora sustancial en términos macroeconómicos, los índices de desempleo bajaron considerablemente asombrando a todo el mundo y la economía se vio fortalecida por un crecimiento interno superior al resto de las naciones europeas. Los marxistas y liberales del mundo entero no podían creer que Hitler y el nacionalsocialismo llevasen a Alemania y a los alemanes a un nivel de vida superior a las otras naciones.

Hitler mostró éxitos contra el paro y en política exterior (reincorporación del Sarre y remilitarización de la Renania en 1936), lo que le valió el apoyo popular. La inauguración de los espectaculares XI Juegos Olímpicos de Berlín, en agosto de 1936, dio el espaldarazo definitivo al régimen de Hitler.

En 1937, la Alemania de Hitler alcanzó el mayor nivel de desarrollo desde la Primera Guerra Mundial. Se ampliaron los programas de salud social parciales, se mejoraron los niveles de vida de la tercera edad (se aprobó la eutanasia selectiva no-voluntaria), los niveles de seguridad social parcial se vieron poderosamente reforzados. Aunados además a una mejor urbanización, los niveles generales de la clase media se vieron incrementados. La población en general percibió que la Alemania pos Versalles había desaparecido y surgía un potente Alemania con espíritu nacionalista.

Portada de la revista Time, 1938: Hitler el hombre del año

En septiembre de 1938 se produjeron los Acuerdos de Múnich, que autorizó la anexión de los Sudetes a Alemania. Como resultado de la cumbre, la revista TIME declaró que Hitler era el Hombre del Año, en clave negativa, de 1938. El Primer Ministro británico, Neville Chamberlain, saludó este acuerdo como "paz en nuestro tiempo".

El 1 de octubre de 1938 se verifica la Anexión (Anschluss) de Austria y de los Sudetes al territorio alemán. Estos territorios eran ocupados por alemanes propiamente dichos y descendientes de alemanes. La entrada de Hitler a Austria fue apoteósica.

Hitler, promovió y apoyó las investigaciones sobre la televisión, primero instalando en Berlín un estudio de televisión (llamado Paul Nipkow, que emitió hasta el año 1944) dotado de la televisión electromecánica de diseño Baird, luego requiriendo los servicios del propio John Logie Baird y más tarde apostando fuerte por la televisión electrónica (con tubo de imagen o iconoscopio). A mediados de los años 40 Alemania contaba con la mayor red de televisión del mundo, teniendo sus distintas sedes unidas por cable.

El 23 de agosto de 1939, Hitler recibió la confirmación de la firma del Pacto Ribbentrop-Molotov. Alemania firma como medida de emergencia este pacto con la Unión Soviética.

Segunda Guerra Mundial

Artículo principal: Segunda Guerra Mundial


Adolf Hitler comandando a sus tropas

Alemania no tenía fronteras con la Unión Soviética. Su provincia más cercana al territorio soviético era Prusia Oriental la cual, no obstante, se hallaba artificialmente incomunicada y aislada del resto de Alemania por el famoso corredor polaco: una franja de terreno con salida al mar Báltico anexada a Polonia mediante el Tratado de Versalles. Este territorio, con sus cuatro millones y medio de alemanes, estaba formado por las muy germánicas comarcas de Posen y West-Preussen y la Ciudad Libre de Danzig que había sido fundada, desarrollada y habitada por Alemania desde hacía siglos.

En largas negociaciones llevadas a cabo por Alemania con Polonia, Hitler le había propuesto que se le permitiera construir un complejo ferrovial extraterritorial a través del "Corredor" y que Danzig, se reincorporara al Reich. A cambio de esto, Alemania garantizaría a Polonia el uso libre y preferencial del puerto de Danzig, aceptaría las fronteras existentes y formalizaría un pacto de no-agresión por 25 años.

Polonia pareció querer aceptar estos términos en diversas oportunidades, pero la presión externa, particularmente del gobierno británico la azuzaban para que no aceptase absolutamente ninguna propuesta alemana y que -todo lo contrario- tomara medidas brutales contra la población alemana bajo su control. Casi tres millones de personas. Llegóse así a la firma de un pacto de asistencia mutua militar entre Gran Bretaña y Polonia a principios de 1939 que fue rapidamente seguido por otro tratado semejante entre Francia y Polonia. El cerco alrededor de Alemania estaba tendido.

Las negociaciones germano-polacas se ven totalmente frustradas a fines de agosto de 1939 elevándose la tensión política al máximo al conocerse las nuevas matanzas de alemanes, bajo control polaco, entre la que se destaca la masacre de Bromberg verificada luego por la Cruz Roja Internacional.

Tendido el cerco a su alrededor, Alemania firma como medida de emergencia un pacto con la Unión Soviética (que los más altos dirigentes alemanes consideraban como provisorio), para poder así recuperar por las armas sus derechos sobre sus antiguas provincias en el Este ya que Polonia instigada por Inglaterra y Francia, no se avenía a negociar pacificamente.

El 1 de septiembre de 1939, las Fuerzas Armadas alemanas ocupan Posen, Prusia Occidental y Danzig, continuando sus operaciones militares en Polonia y tomando su capital, Varsovia. Ante este hecho, Inglaterra envía un ultimátum a Alemania que exigía que Alemania retirara sus tropas a sus posiciones previas al primero de septiembre, cosa que era inadmisible para Alemania y que -lógicamente- no aceptó. Inglaterra arrastró a una renuente e insegura Francia para que enviara un ultimátum idéntico. Al rechazar Alemania ambos ultimátums, Inglaterra y Francia le declararon la guerra a Alemania el 3 de septiembre de 1939, en virtud de los pactos de asistencia mútua que ambos habían suscripto con Polonia. Así se empezaba una guerra -que terminaría siendo mundial- para "defender a Polonia". Sin embargo, Polonia, que había creído las promesas de los gobierno inglés y francés, no recibió apoyo militar de sus "aliados". La batalla duró apenas 16 días. Ante la inminente caída de Varsovia, su gobierno se exilió en Londres desde donde aún esperaba continuar la lucha con el apoyo de sus "aliados" para la final reconquista de su Patria.

Resultó además que cuando la Unión Soviética -en virtud del pacto con Alemania- invadió la mitad oriental de Polonia el 17 de septiembre de 1939, ninguna de las "democracias" occidentales actuaron en su contra. Como tampoco actuaron contra las invasiones de la Unión Soviética a Estonia y Letonia en junio de 1940, Lituania en agosto del mismo año y de la brava Finlandia en noviembre de 1939. Por alguna razón oculta las "democracias" occidentales no consideraban al régimen soviético como un peligro, a pesar de haber masacrado a millones de personas en Rusia y de sus invasiones a naciones soberanas. Y cuya ideología internacionalista oficial proclamaba la intención de crear un estado mundial comunista a través de un proceso revolucionario violento.

Sí, en cambio, consideraban como un peligro mundial a la territorialmente disminuida Alemania cuyo propósito oficialmente proclamado era el de recuperar los territorios europeos que le fueron arrebatados por el vergonzoso Tratado de Versalles; combatir al bolchevismo; formalizar una alianza con Inglaterra; olvidar las querellas territoriales con Francia por Alsacia y Lorena y renunciar a recuperar sus colonias de ultramar que también fueron arrebatadas por el Tratado de Versalles.

En abril de 1940, las fuerzas alemanas entran en Dinamarca y Noruega. Francia se rindió el 22 de junio de 1940. Esta serie de victorias convenció a su principal aliado, Benito Mussolini de Italia, para unirse a la guerra al lado de Hitler.

Gran Bretaña, cuyas fuerzas habían sido derrotadas en Francia fueron evacuadas de la ciudad costera de Dunkerque. Hitler dio órdenes expresas de no atacar a los británicos y permitirles la huída. Este hecho es vergonzosa y convenientemente ocultado por la "historia oficial". Después de sus gestiones en pro de la paz llevadas a cabo por Hitler y sistemáticamente rechazadas por el Gobierno británico, ahora conducido por Winston Churchill, Hitler ordenó el ataque a las Islas Británicas, dando lugar a la Batalla de Gran Bretaña.

El 22 de junio de 1941, tres millones de soldados alemanes atacaron la Unión Soviética, rompiendo el pacto de no agresión. Esta invasión fue conocida como la Operación Barbarroja. Los alemanes llegaron a Moscú en diciembre de 1941 pero el terrible invierno ruso y el gran desgaste alemán en varios frentes impidieron la entrada de los alemanes a Moscú. A todo esto Estados Unidos, presionado por el judaísmo internacional, también entró en guerra contra Alemania. Y la ayuda italiana no fue suficiente para cambiar el rumbo de la guerra.

La muerte de Hitler

La versión más aceptada sobre la muerte de Hitler fue dada por la secretaria personal de Hitler, Traudl Junge, en el libro Hasta la última hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida (Bis zur letzten Stunde: Hitlers Sekretärin erzählt ihr Leben), indica que Hitler renunció a intentar huir de Berlín y se suicidó con un tiro de pistola en su Führerbunker, a 15 metros de profundidad en el subsuelo del edificio de la Cancillería en Berlín, junto a su esposa Eva Braun y rodeado de sus incondicionales, el 30 de abril de 1945, la Noche de Walpurgis (Walpurgisnacht) cuando el Ejército Rojo, dirigido por el mariscal Zhúkov, entraba en Berlín y se encontraba a menos de 300 metros del búnker.

Hitler se retiró a eso de las 16 horas junto con Eva Braun a su despacho privado contiguo a la sala de mapas y Otto Günsche se paró frente al despacho esperando el momento de entrar; le acompañaba Linge. Se sintió un disparo ahogado y Günsche esperó unos 15 minutos de acuerdo a instrucciones; posteriormente Linge ingresó a la habitación de dos ambientes. Hitler estaba recostado a un extremo del sofá con un tiro en la sien, con salida de proyectil, de la cual aún manaba sangre.

Según Günsche y Linge, Eva Braun estaba recostada al otro extremo con los ojos abiertos, una pistola estaba en la mesa a su disposición, pero no alcanzó a usarla, pues el cianuro suministrado por el médico personal de Hitler, Ludwig Stumpfegger, había sido rápido.

En efecto, Linge siguió a Günsche al entrar al compartimiento de Hitler, y una vez confirmada su muerte, levantó los cuerpos envueltos en una alfombra y los sacó al patio trasero de la Cancillería, en unos momentos en que llovían obuses rusos por doquier.

Günsche depositó ambos cuerpos en un orificio de obús, los roció con unos 200 litros de gasolina y les prendió fuego. Mientras se consumían, unos cuantos testigos, entre ellos Martin Bormann y Joseph Goebbels, realizaron un saludo militar.

Algunos, sobre todo sus detractores más encarnizados, han querido ver en el suicidio de Hitler un acto de cobardía que coincidiría con su percepción negativa sobre él. Pero las razones detrás de su suicidio pueden resumirse en dos puntos:

  • A pesar de tener todas las posibilidades de huir de Berlín, y continuar su vida en otro lugar, sabía que esto era inaceptable como figura política, y más siendo el líder de Alemania. Para él, por tanto, huir habría representado un verdadero acto de cobardía y terminaría traicionando los ideales nacionalsocialistas de la lealtad y el honor. Hitler deseaba morir como lo habían hecho tantos combatientes del Nacionalsocialismo.
  • No aceptando otra alternativa más que quedarse en Berlín, Hitler no deseaba que ni él ni sus seres queridos fuesen capturados por los soviéticos para después ser humillados y ejecutados de forma vergonzosa.[2]

Es muy probable también que el suicidio de Hitler haya tenido connotaciones rituales y que él mismo haya elegido la Noche de Walpurgis para llevarlo a cabo.[3]

Su muerte se puso en duda durante mucho tiempo, creándose toda suerte de mitos y especulaciones sin bases. Sectores minoritarios aún sostienen que Hitler no se suicidó sino que huyó a otro lugar, como Argentina u otro país sudamericano[4][5], o incluso a una supuesta base en la Antártida. También, durante años se hizo creer que Hitler escapó con el fin de mantener activa la persecución de nazis.

Los rumores cobraron fuerza cuando en 1945, el propio Stalin le dijo al presidente estadounidense Truman que creía que Hitler había escapado de la muerte y huido a Argentina. Esto dio fuerza a la hipótesis del escape, dado que los soviéticos fueron los únicos que dicen haber dado con sus restos y encargado estudios forenses tales como la comparación con sus registros dentales. El rumor que tuvo mayor difusión era que Hitler y Eva Braun habrían escapado de Alemania a través de la red ODESSA. Los soviéticos, al sentirse burlados por el escape, habrían inventado todo el asunto de la incineración para no dar a conocer su fracaso o quizá incluso se habrían creído una falsa historia de suicidio. Los servicios secretos estadounidense y británico investigaron estos rumores durante años sin hallar nada concluyente.

Todas estas teorías sobre el probable escape de Hitler y su esposa han vuelto a ser presentadas por organizaciones sionistas últimamente. Para ello presentaron en el año 2009 un presunto cráneo de Hitler que estaba en poder de los rusos, pese a que oficialmente estaba destruido, y se hizo un examen de ADN. Los resultados fueron que en realidad se trataban de los restos de una mujer, lo que les llevó a concluir que Hitler habría escapado. En 2011, el historiador y periodista Gerrard Williams volvió a insistir en que la evidencia sugiere que Hitler no murió en el búnker. Según el británico, Hitler falleció en 1962, a la edad de 73 años, y tuvo dos hijas con Eva.

Según el agente retirado de la CIA Bob Baer, una serie de documentos desclasificados recientemente por el FBI apuntan a que la muerte de Hitler no era vista como un hecho probado y muestran preocupación sobre la absoluta falta de evidencia[6]. Sin embargo, tales hipótesis no son tomadas en serio por la mayoría de los historiadores.

Simpatizantes de Hitler aseguran que estas hipótesis no probadas de su escape sólo pretenden ir contra el honor de Hitler. Käthe Heusermann y Fritz Echtmann, que habían trabajado con Hugo Blaschke, el dentista de Hitler, dieron fe en mayo de 1945 de que los restos de restauraciones dentales encontrados entre las cenizas correspondían a Hitler. En 1975 la KGB las lanzó al río Biederitz.

Perfil psicológico y personalidad

Retrato oficial de Adolf Hitler

El gran interés que despierta la figura de Hitler se debe precisamente a los ribetes de su extraordinario tipo de personalidad y su halo de impenetrabilidad. Hitler poseía un extraordinario carisma capaz de envolver no sólo a las personas, sino también a las masas, además de poseer una gran oratoria gesticular muy estudiada.

Hitler fue un autodidacta cuya sed de conocimientos era inagotable. León Degrelle escribió de él: "No creo que nunca alguien leyera más que él. Solía leer un libro al día, empezando siempre por la conclusión y el índice para calibrar el interés de la obra. Tenía la capacidad de extraer la esencia de cada libro y archivarla en su mente enciclopédica. Le he oído hablar sobre complicados libros científicos sin ningún error, incluso en los momentos más importantes de la guerra. Su curiosidad por el saber era ilimitada. Estaba familiarizado con las obras de los más diversos autores, y nada era demasiado complejo para su comprensión.[7]

Poseía una amplísima biblioteca privada con una pasmosa variedad de temas. Dichos libros fueron embargados y actualmente la mayoría se encuentra en la Biblioteca del Congreso de los EEUU, en la sección "Rare Books".[8] Tenía un amplio conocimiento y comprensión sobre historia universal, leía a genios de la literatura como Dante, Schiller, Shakespeare y Goethe; y a autores como Renan y Gobineau, Chamberlain y Sorel. Había aprendido filosofía estudiando a Aristóteles y Platón y citaba textos enteros de Schopenhauer y Nietzsche de memoria. Estudió las obras de Tácito y Mommsen, de estrategas militares como Clausewitz, de constructores de imperios como Bismarck. Nada escapaba de su cultura. El estudio de la Biblia y el Talmud, la filosofía Tomista y todas las obras maestras de Homero, Sófocles, Horacio, Ovidio, Tito y Cicerón. Conocía a Juliano el Apóstata como si fuese su contemporáneo. Su conocimiento alcanzaba la mecánica. Sabía cómo funcionaban las máquinas; comprendía la balística de las armas; y dejó atónitos a los mejores científicos de la medicina con sus conocimientos de biología y medicina.

La universalidad del conocimiento de Hitler puede sorprender o enojar a los que lo desconocían, pero es sin embargo un hecho histórico: Hitler fue una de las personas más cultas del siglo XX. Millones de veces más que Churchill, una mediocridad intelectual; o que Pierre Laval, con su mero conocimiento superficial de la Historia; o que Eisenhower, quien nunca pasó de las novelas de detectives.

Muy pocas personas integraban su séquito personal, se pueden citar al fotógrafo Heinrich Hoffmann, Martin Bormann, Hermann Goering, Wilhelm Bruckner, Josef Dietrich, Joseph Goebbels, Julius Schaub, Julius Schreck y los arquitectos Geisler y Albert Speer, además de sus secretarias personales. A ellos les exigía lealtad a toda prueba y discreción.

No fumador, abstemio, vegetariano[9][10], ecologista[11] y amante de los animales, promulgó las primeras leyes de la historia que penaban el maltrato a los animales.[12] No permitía a sus colaboradores fumar y beber frente a él.

Una de las secretarias personales de Hitler, Traudl Junge, describió así la esencia que emanaba de la persona de Hitler: "Cuando estaba presente (Hitler), todo el edificio bullía de actividad, todos corrían, los teléfonos sonaban, los radioespectadores no cesaban de enviar y recibir notas de comunicados (...) Cuando él estaba ausente, todo volvía a una monótona normalidad, Hitler era como una especie de dinamo". Traudl Junge describió a Hitler como una persona muy considerada y afable.

También Rosa Mitterer, quien trabajó para Hitler durante su retiro en la montaña en Baviera en los años 30, y la única sobreviviente entre quienes sirvieron a Hitler antes de la Segunda Guerra Mundial, recuerda al Führer con cariño: "Fue un hombre encantador, alguien que sólo fue siempre agradable para mí, un gran jefe por quien trabajar. Pueden decir lo que quieran, pero él fue un buen hombre para nosotros". También afirmó no poder creer nada sobre los crímenes de guerra que la propaganda de posguerra aliada inventó contra su régimen. Mitterer mantuvo un voto de silencio respecto a aquellos años y decidió romperlo en diciembre de 2008.[13]

Una de las características más relevantes de la personalidad de Hitler era la capacidad de impresionar a quienes lo rodeaban; había personas que podían ser muy fuertes y seguras en sus campos de acción, pero en presencia de Hitler estas personalidades se veían sorprendidas por la capacidad intelectual del Führer y sus conocimientos generales.

Cita Junge en sus remembranzas: "Hitler era vegetariano, gustaba del té y además no soportaba el calor; no se podía fumar en su presencia. Hitler se acostaba muy tarde".

Hitler predicaba con el ejemplo pagando sus propios costes personales sin derogar ningún fondo del Estado. Los ingresos de Hitler, hábilmente administrados por su secretario personal Martin Bormann, sucesor de Rudolf Hess, provenían de los derechos por su imagen postal y por su libro Mein Kampf.

Cuando le tocaba tratar temas variados sobre aspectos técnicos o militares, mostraba un acabado conocimiento de estos, llegando a sorprender a sus interlocutores.

Hitler era muy condescendiente con quienes mostraban valor y arrojo en combate; llegó a diseñar él mismo la Cruz de Brillantes, Espadas y Robles para Hans-Ulrich Rudel, el célebre piloto de Stukas.

Antijudaísmo

Muchos pseudo-historiadores dicen, siempre en base a especulaciones, que su "odio extremo" hacia los judíos era por la posibilidad de que el padre biológico de Alois (y por tanto su abuelo) fuera de origen judío, lo que fue desmentido luego. Otros lo atribuyen a que su madre murió al cuidado de un médico judío, pero el mismo Hitler mostró su agradecimiento al médico por sus atenciones (le regaló una acuarela pintada por él y más tarde como canciller le permitió salir de Austria).

Hitler no poseía ninguna clase de "odio extremo" hacia los judíos, simplemente los consideraba como una nación extranjera en territorio alemán y que estaba ganando demasiada influencia en la política nacional, por lo que más tarde, se decidió que lo más sano para el país y para Europa era expulsarlos. El "antijudaísmo" de Hitler se debía a que los judíos, además de fomentar el derrotismo durante la Primera Guerra Mundial, eran los principales responsables de la extraordinaria miseria reinante en el país, ya que culpaba a los empresarios y financistas judíos de los problemas económicos por los que pasaba Alemania en ese entonces, sobre todo debido a la antigua práctica de la usura. También veía con sospecha y temor que siendo los judíos tan sólo el 1% de la población de Alemania[14], tuvieran tan grande influencia en el gobierno nacional de Weimar, a su vez que eran los principales responsables del crecimiento de los partidos marxistas en la Alemania de pos guerra.

De joven, Hitler creía que los judíos sólo constituían una comunidad religiosa y no un sector político extranjero (asimilado exteriormente, pero fiel a la causa judía o Panjudea), y cuyos miembros nacidos en Alemania eran tan alemanes como católicos y protestantes. Los ataques a los judíos, sólo por el hecho de ser judíos le parecía un acto del más irracional prejuicio:

...yo hasta los tomaba por alemanes. Lo absurdo de esta suposición me era poco claro, ya que por entonces veía en el aspecto religioso la única diferencia peculiar. El que por eso se persiguiese a los judíos, como creía yo, hacía que muchas veces mi desagrado frente a exclamaciones deprimentes para ellos subiese de punto. De la existencia de un odio sistemático contra el judío no tenía todavía idea en absoluto.

Como siempre en casos análogos, traté de desvanecer mis dudas, consultando libros. Con pocos céntimos adquirí por primera vez en mi vida algunos folletos antisemitas. Todos, lamentablemente, partían de la hipótesis de que el lector tenía ya un cierto conocimiento de causa o que por lo menos comprendía la cuestión; además, su tono era tal, debido a razonamientos superficiales y extraordinariamente faltos de base científica, que me hizo volver a caer en nuevas dudas. La cuestión me parecía tan trascendental y las acusaciones de tal magnitud que yo –torturado por el temor de ser injusto- me sentía vacilante e inseguro.

Naturalmente que ya no era dable dudar de que no se trataba de elementos alemanes de una creencia religiosa especial, sino de un pueblo diferente en sí [...] Y si aún hubiese dudado, mi vacilación hubiera tenido que tocar definitivamente a su fin, debido a la actitud de una parte de los judíos mismos.

Se trataba de un gran movimiento que tendía a establecer claramente el carácter racial (y político) del judaísmo; el sionismo.

Un grave cargo más pesó sobre el judaísmo ante mis ojos cuando me di cuenta de sus manejos en la prensa, en el arte, la literatura y el teatro. Comencé por estudiar detenidamente los nombres de todos los autores de inmundas producciones en el campo de la actividad artística en general. [...] Era innegable el hecho de que las nueve décimas partes de la literatura sórdida, de la trivialidad en el arte y el disparate en el teatro gravitaban en el debe de una raza que apenas si constituía una centésima parte de la población total del país.

... comencé también a apreciar lo que en realidad era aquella mi preferida "prensa mundial", y cuanto más sondeaba en este terreno, más disminuía el motivo de mi admiración de antes. El estilo se me hizo insoportable, el contenido cada vez más vulgar y por último la objetividad de sus exposiciones me parecía más mentira que verdad. ¡Eran, pues, judíos los autores! [...] ¡Judíos eran los dirigentes del partido socialdemócrata! Con esta revelación debió terminar en mí un proceso de larga lucha interior.

En cuanto folleto socialdemócrata llegaba a mis manos examinaba el nombre de su autor: siempre era un judío. Examiné casi todos los nombres de los dirigentes del partido socialdemócrata; en su gran mayoría pertenecían igualmente al "pueblo elegido", lo mismo si se trataba de representantes en el Reichstag que de los secretarios de las asociaciones sindicalistas, de los presidentes de las organizaciones del partido que de los agitadores populares. Era siempre el mismo siniestro cuadro.
Adolf Hitler, Mein Kampf.

Algunos de sus primeros discursos versaban sobre lo que él llamaba "la esclavitud del interés". Hitler los desenmascaró y se lo hizo saber a su pueblo. Esto lo hizo acreedor del odio infinito de los judíos en todo el mundo. Desafió sus imposiciones y decidió ir más allá de una política de hipócritas oposiciones que busca canalizar al hombre hacia su degradación como humano. Toda la energía desatada en sus discursos buscaba despertar el espíritu del pueblo en cada alemán, y defender su dignidad e identidad.

Racismo

La propaganda de posguerra distorsionó la ideología racial de Hitler y del nacionalsocialismo. Observando los detalles de su doctrina racial, se puede observar que el racismo alemán estaba destinado únicamente a la conservación y desarrollo de la llamada raza aria, y no a la destrucción de otras razas:

El racismo alemán ha sido deliberadamente distorsionado. Nunca fue un racismo "anti-otra raza". Fue un racismo pro-alemán. Concernía con hacer a la raza alemana fuerte y saludable en todos los sentidos. Hitler no estaba interesado en tener a millones de degenerados, si estaba en su poder el no tenerlos. Hoy uno encuentra una rampante adicción al alcohol y a las drogas por todas partes. A Hitler le importaba que las familias alemanas estuvieran sanas, se preocupaba de que criaran hijos saludables para la renovación de una nación sana. El racismo alemán significaba volver a descubrir los valores creativos de su propia raza, redescubrir su cultura. El racismo nacionalsocialista no estaba en contra de las otras razas, sino a favor de su propia raza. Su objetivo era la defensa y la mejora de su raza, y deseó que todas las otras razas hicieran lo mismo para ellas mismas.
El hecho de que una raza quiera mantenerse pura, demuestra precisamente su fuerza vital y su voluntad de vivir. Me parece algo normal que cada cual posea su orgullo racial, y esto no significa en absoluto despreciar a los demás. Nunca tuve la opinión de que tal vez los chinos fueran racialmente inferiores. Ambos pertenecemos a viejas culturas y admito francamente que su tradición es mayor que la nuestra. Tienen todo el motivo de estar orgullosos de ello, al igual que nosotros estamos orgullosos del círculo cultural al cual pertenecemos. Hasta creo que será tanto más fácil llegar a un entendimiento con los chinos y japoneses cuanto más persistan en su orgullo racial.
Adolf Hitler.

La idea de su "racismo negativo" y su "xenofobia" es desmentida por el hecho de que las Waffen SS estaban formadas por 38 divisiones de 25 naciones y etnias europeas diferentes. La Wehrmacht, por otro lado, tuvo voluntarios no arios que incluían musulmanes, hindúes, japoneses, chinos, negros, y hasta judíos[15], quienes combatieron por la causa de Hitler en su cruzada contra el judeo-marxismo, y a quien veían como un líder de Europa, no como un genocida que buscaba la destrucción de otras razas. Es inequitativo hablar de "racismo de Hitler" sin compararlo, por ejemplo, con el de Japón, Estados Unidos o el de la Diáspora judía.

Pos Hitler

El Führer, en uno de sus encuentros masivos con los partidarios

Durante los Juicios de Núremberg, las potencias vencedoras montaron un tribunal para juzgar a los vencidos. Se acusó a 611 personas, integrantes de las diversas instituciones del Tercer Reich, de cinco delitos: complot, crímenes de guerra, crimen contra la humanidad (exterminio), crímenes contra la paz y genocidio. Los principales jerarcas nacionalsocialistas apresados fueron condenados a la horca o a largas penas de prisión; otros murieron en los meses que siguieron a la caída de Berlín.

Las democracias prohibieron el nacionalsocialismo y cualquier reminiscencia ideológica afín en casi toda Europa; de hecho no se pueden publicar bibliografías, esvásticas y otros símbolos sin riesgo de cometer falta o delito punible.

La publicación del libro Mein Kampf de Hitler está prohibida en muchos países democráticos; no obstante, todavía es editado en países como España, por los cuales circula libremente, vendido a menudo en librerías disidentes. Se encuentra traducido a muchos idiomas. Fuera de Occidente, es un libro relativamente fácil de encontrar. Así pues, ha llegado a ser éxito de ventas en La India y en diferentes países musulmanes.

En la actualidad la figura de Hitler, su personalidad y hechos, Mi Lucha y el nacionalsocialismo son objeto de estudios de toda índole, siendo constantemente analizados por autores diversos, siendo uno de las más famosos el británico David Irving, autor de La guerra de Hitler.

Citas sobre Hitler

Los que se han encontrado con Adolf Hitler cara a cara en asuntos públicos o en términos sociales han podido apreciar que se trata de un político altamente competente, ponderado, bien informado, de modales agradables y una desarmante sonrisa.
Winston Churchill, Great Contemporaries, Londres 1935.
Hitler emergerá, desde el odio que ahora le tienen, como una de las más significativas figuras que jamás haya vivido... Hay un misterio en el modo en que vivió y en la manera de su muerte, que vivirá y crecerá después de él. Él tenía aquello de lo que las leyendas están hechas.
John F. Kennedy, Presidente de Estados Unidos. 1 de agosto de 1945.[16]
... Hitler es uno de los más grandes hombres. Los viejos confían en él, los jóvenes lo idolatran. Ese es el culto a un héroe nacional que ha servido a su país.
David Lloyd George, Primer Ministro y estadista de Gran Bretaña.
Hitler pertenece a las pocas figuras luminosas, a los hombres completamente transparentes. Hitler se entrega en cada una de sus palabras. Que en su momento de mayor desgracia haya dado Alemania un Hitler, demuestra su vitalidad.
Si nuestro país fuera derrotado, desearía que encontráramos un campeón tan indomable como el señor Hitler para restaurar nuestro coraje y conducirnos otra vez al lugar que nos corresponde entre las naciones.
Winston Churchill, Step by Step, Londres 1937.


Cuando se está frente a Hitler sólo se le ven los ojos. Con la vista habla; con la vista, grita, gime, acusa, castiga, se enternece. Jamás en mi vida he visto a un hombre que pueda, como él, expresar con una sola mirada todo el diapasón, toda la gama de los sentimientos y de las pasiones humanas. Jamás un hombre ha podido identificarse tanto a un pueblo; jamás un pueblo ha podido identificarse tanto a un hombre. Bonaparte no fue Francia; César tampoco fue Roma; Carlos V no fue síntesis de España. ¡Hitler sí es Alemania y Alemania es Hitler!
José Pages Llergo, México, 1939.

Obra pictórica

Artículo principal: Adolf Hitler y el arte


Poemas

Mütter

Hitler era devoto de su madre, Klara Pölzl, por lo que su muerte, ocurrida el 21 de diciembre de 1907, le afectó mucho. Tal vez esa sea la razón por la que hizo este maravilloso poema dedicado a las madres. En él, intenta concientizar a las personas, cuyas madres aún siguen vivas, de los valioso que es eso. El poema fue publicado en el diario alemán "Sonntag-Morgenpost", el 14 de mayo de 1933.


Cuando tu madre haya ya envejecido,

Cuando sus amorosos y esperanzados ojos

ya no vean la vida como alguna vez lo hicieron,

Cuando sus pies, ya cansados,

No puedan ya sostenerla mientras camina.


Entonces, entrégale tu brazo en apoyo,

Acompáñala con alegría,

Vendrá la hora en que, sollozando,

deberás acompañarla en sus últimos pasos.


Y si algo te pregunta,

entonces dale una respuesta.

Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale!

Y si te pregunta aún otra vez, respóndele,

No impacientemente, sino con gentil calma.


Y si no puede ella entenderte con claridad,

explícale todo con gentil alegría.

Vendrá la hora, la amarga hora,

en que sus labios no preguntarán nada más.


El profeta de la Edad de Hierro

Durante la Primera Guerra Mundial, Adolf Hitler, escribió un poema donde se observa el simbolismo esotérico ario-pagano presente en la mitología nórdica que tanto amaba. A continuación se muestra el poema publicado en la página 90 de "El profeta de la Edad de Hierro". Se puede observar el simbolismo oculto, el árbol del mundo (el Yggdrasil), Wotan (También conocido como Odín en la mitología nórdica), las runas, la magia, los poderes de los astros y el cosmos, el deseo de justicia y de separar a los buenos y justos de los que son falsos. Cuando Hitler escribió esto estaba en plena batalla y tenia 26 años. Probablemente la obra de Richard Wagner lo inspiró fuertemente.


A veces, en las noches amargas, voy al roble de Wotan.

Rodeado de silencioso fulgor,

Para forjar una alianza con los poderes nocturnos.

Las letras rúnicas que hace la luna con su mágico hechizo

y todos quienes durante el día están llenos de impudicia,

¡Se vuelven pequeños ante la fórmula mágica!

Ellos arrojan lanzas de acero pero en vez de dar en el blanco,

Se solidifican en estalagmitas.

Así, los falsos son separados de los verdaderos.

Yo llego a un nido de espadas y doy entonces con mi fórmula

Bendiciones y prosperidad para los buenos y para los justos.

Ciego

El 15 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Adolf Hitler fue trasladado a un hospital de campaña, donde quedó temporalmente ciego por un ataque con gases tóxicos. Hitler expresó metafóricamente que durante aquella experiencia, al quitarse la venda que cubría sus ojos, fue cuando descubrió que "el objetivo de mi vida era lograr la salvación de Alemania". Esta experiencia también le inspiró a escribir un poema titulado Ciego el 14 de noviembre de 1918 en el Hospital Militar de la Reserva de Pasewalk.


Recientemente vi a un joven combatiente ciego

Tan sólo en la primavera de su vida, todavía casi un niño

Con noble rostro, de magnífica figura,

Sin embargo muertos y fríos sus pobres ojos,

Como cuando un niño da sus primeros pasos.

Parecía como si, riendo, soportara su destino,

¡Pero vaya una sonrisa! Aturdido, la mirada vacía

Como si estuviera oteando en la lejanía, -palpando

¡Porque es ciego!


Das una ojeada por sus juveniles rasgos, presurosamente,

y de nuevo te fijas en los ojos,

Muertos, cansados, que ya para nada sirven.

Fue un doloroso espasmo. Errante e interrogativo,

Deambula alrededor de la pálida boca, melancólico, acusadoramente.

Pocas cosas me llegan al corazón profunda y acaradamente,

Esa sonrisa ciega -esa, jamás la olvidaré.

Penosos forcejeos antes de orientarse.

¡Porque es ciego!


Calladamente se ha entregado a su destino

¡Cuán cruel es la guerra, cuan dura la vida!

Lejos ya el ímpetu desbordante de la juventud.

¡Qué pensamientos desfilarán tras esa blanca frente!

Ya que a partir de ahora cierto sueño nunca se va a cumplir,

y a partir de ahora esos ojos permanecerán velados

para lo que antes tan queridos les era: el esplendor de las flores,

el cordial saludo de las estrellas en la noche,

la luz del sol desparramada sobre los campos.

¡Porque es ciego!


El pajarillo que se mece en el ramaje,

el retrato de la novia, el rostro querido de la madre,

¡La nueva luz del día que despierta!

La noche eterna es ahora el destino desgraciado.

¿Existe todavía algún sacrificio de esta envergadura,

que pueda ofrecerse a la Patria?

En la primavera de la vida -¡y ya un hombre ciego!

¿Nosotros los videntes podemos darnos cuenta de lo ricos que somos?

La palabra, tan escueta, alberga una profunda tragedia: ¡Ciego!

Doy gracias al Señor de poder volver a ver.

Predecesores y sucesores


Predecesor:
Paul von Hindenburg
Presidente de Alemania
1925 – 1934
Führer de Alemania
1934 – 1945
Reichsadler.png
Sucesor:
Karl Dönitz
Presidente de Alemania

1945
Predecesor:
Kurt von Schleicher
1932 – 1933
Canciller de Alemania
1933 – 1945
Sucesor:
Joseph Goebbels
1945
Predecesor:
Anton Drexler
1919 – 1921
Líder del NSDAP
1921 - 1945
Sucesor:
Predecesor:
Franz Pfeffer von Salomon
1926 – 1930
Oberste SA-Führer
1930 – 1945
Sucesor:
Ninguno

Bibliografía

Referencias

  1. August Kubizek, Hitler mi amigo de juventud
  2. N. A lo largo de toda la historia tenemos muchos ejemplos de suicidios heroicos. Ejemplos como el de Licurgo, el fundador de Esparta: Después de que el pueblo espartano jurara las leyes de Licurgo, éste decidió abandonar Esparta para el resto de sus días. Su misión estaba cumplida y lo sabía, ahora tenía que morir dando ejemplo de una gran voluntad. Sintiendo nostalgia por su Patria, y siendo incapaz de vivir alejado de ella, se suicidó por hambre. Un hombre que ha nacido para un propósito concreto, una vez cumplido dicho propósito, ya no tiene por qué seguir atado a la Tierra.
  3. N. El suicidio ritual ha sido practicado por muchos hombres excepcionales cuya misión había terminado, hombres a los que, tras cumplir su destino, ya no les quedaba nada que hacer en el mundo; o bien que habían perdido el derecho a la vida. También Nietzsche habló de la "muerte voluntaria". Otra versión relata que, antes de partir a Delfos, Licurgo hizo jurar al pueblo espartano que seguiría sus leyes al menos hasta que volviese de Delfos. Y, habiéndose suicidado sin volver jamás a Esparta, los espartanos no quedaron con otra opción que acatar por siempre las leyes de Licurgo. El Tao-Te-King de Lao Tsé dice: "Retirarse una vez acabada la obra: he aquí la vía del cielo". Los cátaros perfectos ancianos practicaban la Endura, que consistía precisamente en dejarse morir de hambre. Otras veces, el suicidio cátaro era por congelación, en las montañas. Los samurai de Japón, esos hombres con honor de acero, practicaban el Seppuku (vulgarmente llamado Hara-Kiri) si consideraban que su honra había caído, diciendo que "quien pierde su honor debe perder también la cabeza". El hombre fuerte y profundo decidía cómo, cuándo y dónde quería morir ―Por ejemplo en España a Ramiro Ledesma. En eso consiste la eutanasia, palabra de origen griego que significa precisamente "buena muerte" y que constituye la contrapartida perfecta de la eugenesia o "buen nacimiento".
  4. Conferencia y vídeo del historiador revisionista aficionado Alfonso Chapa, sobre la muerte de Hitler
  5. En febrero de 2012 en la portada de la revista 'Año Cero' distribuida en todos los kioskos podía verse de gran titular: "Hitler murió en Argentina" junto a un submarino.
  6. Ex CIA agent claims Nazi leader faked his death and flew to Tenerife before escaping to Argentina on a U-Boat
  7. León Degrelle, Enigma De Hitler.
  8. Timothy W. Ryback & Alfred. A. Knopf, Hitler´s Private Library. N.York, 2008.ISBN 978-1-4000-4204-3
  9. Shirer, William Lawrence. The rise and fall of the Third Reich; a history of Nazi Germany (El ascenso y la caída del Tercer Reich, una historia de la Alemania Nazi), 1960, Pg 14
  10. Para leer una descripción matizada y más profunda respecto al vegetarianismo de Hitler, véase el artículo Hitler y los animales
  11. Luc Ferry, El Nuevo Orden Ecológico.
  12. La ley de protección de los animales (la Reichs-Tierschutzgesetz de 1933); La ley de caza (Reichs-Jagdgesetz de 1934); La ley de protección de la naturaleza (Reichs-Naturschutzgesetz de 1935).
  13. Hitler was the perfect boss: Former maid breaks her silence on the 'charming' dictator
  14. Michael Burleigh, El Tercer Reich
  15. Hitler's Jewish soldiers
  16. Institute for Historical Review, Kennedy's 1945 Visit to Germany

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