Jesuitas

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La Compañía de Jesús (Societas Jesu o Societas Iesu, S.J. o S.I.), comúnmente conocidos como Jesuitas, es una orden religiosa de la Iglesia católica fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola.

Para sus críticos y diversos teóricos que denuncian la implementación del Nuevo Orden Mundial como Greg Szymanski, Jack Chick y otros, los Jesuitas son una sociedad secreta oscura que domina el Vaticano. Su Supremo General es el verdadero "Papa Negro" o verdadero poder detrás del Trono de San Pedro. Se cree así que los jesuitas están detrás de la fundación de la Orden Illuminati y sus distintas ramificaciones y que han estado detrás de la infiltración dentro de la Masonería.

Los nexos de la Orden Jesuita con el comunismo también son claros, muchos de los principales pioneros de la Teología de la liberación han sido jesuitas.

John Adams, segundo presidente de los EE.UU. diría más tarde:

No me agrada la reaparición de los jesuitas. Si ha habido una corporación humana que merezca la condenación en la tierra y en el infierno es esta sociedad de Loyola. Sin embargo, nuestro sistema de tolerancia religiosa nos obliga a ofrecerles asilo.

Debido a sus actividades conspiratorias y su frecuente relación con movimientos revolucionarios, socialistas y masónicos, los Jesuitas han sido expulsados de diversos países en numerosas ocasiones.

El Padre General desde 1758 era el florentino Lorenzo Ricci. El primer país en expulsar a la Compañía de Jesús fue Portugal. El ministro Carvalho, marqués de Pombal, fue su principal adversario; encerró en el calabozo a 180 jesuitas en Lisboa y expulsó al resto en 1759. Con esta dura medida pretendía robustecer la autoridad real y dar una clara señal al Papa de que no toleraría intromisiones pontificias en los asuntos del Estado. Más de mil jesuitas de Portugal y sus colonias fueron deportados con destino a los Estados Pontificios. Clemente XIII protestó por la medida.

En 1763, Luis XV de Francia los acusó de malversación de fondos debido a la quiebra del P. Antoine Lavalette en Martinica. El Parlamento de París, que ya desde la fundación de la Orden había impugnado la presencia legal de la Orden en Francia, condenó las Constituciones y el Rey decretó la disolución de la orden en sus dominios, y el embargo de sus bienes.

Más tarde, los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la Corona española a través de la Pragmática Sanción de 1767 dictada por Carlos III el 2 de abril de 1767 y cuyo dictamen fue obra de Pedro Rodríguez de Campomanes (futuro conde de Campomanes), regalista y por entonces Fiscal del Consejo de Castilla.2 Al mismo tiempo, se decretaba la incautación del patrimonio que la Compañía tenía en estos reinos (haciendas, edificios, bibliotecas), aunque no se encontró el supuesto «tesoro» en efectivo que se esperaba. Los hijos de San Ignacio tuvieron que dejar el trabajo que realizaban en sus obras educativas (lo que supuso un duro golpe para la formación de la juventud en la América Hispana) y sus misiones entre indígenas, como las famosas Reducciones guaraníes y las menos célebres, pero no menos esforzadas misiones en el noroeste de México (Baja California, Sonora y Sierra Tarahumara) y a lo largo del Amazonas (Misiones del Marañón).

La supresión de los jesuitas fue llevada a cabo en 1773, cuando el nuevo Papa Clemente XIV enfrentó fuertes presiones de los reyes de Francia, España, Portugal y de las Dos Sicilias quienes, por razones políticas, le exigían la desaparición de la Compañía. El Papa cedió y mediante el breve Dominus ac Redemptor suprimió la Compañía de Jesús. Los sacerdotes jesuitas podían convertirse al clero secular; los escolares y hermanos coadjutores quedaron libres de sus votos. El P. General, Lorenzo Ricci, y su Consejo de Asistentes fueron apresados y encerrados en el Castillo Sant'Angelo (Roma) sin juicio alguno.

Sin embargo, en Rusia -concretamente en Bielorrusia- y Prusia el edicto de supresión no fue promulgado por los monarcas. Jesuitas de toda Europa aceptaron la oferta de refugio hecha por la zarina Catalina la Grande, quien esperaba continuar así, con el apoyo intelectual de la Compañía, la obra de modernización iniciada por Pedro el Grande.

En 1789 —el mismo año en que la Constitución de Estados Unidos entró en vigor y en el que se inició la Revolución francesa— fue fundada por el Obispo John Carroll -exjesuita- la universidad católica más antigua de Estados Unidos, la Universidad de Georgetown, en Washington D.C.; en el siglo XIX, esta universidad sería integrada a la Compañía restaurada.

Cuarenta años después, en medio de los efectos causados por la Revolución francesa, las guerras napoleónicas y las guerras de independencia en la América Hispánica, Pío VII decidió restaurar a la Compañía. De hecho, los jesuitas habían sobrevivido en Rusia —unos cuantos centenares— protegidos por Catalina II. La restauración universal era vista como una respuesta al desafío que representaban quienes eran vistos en ese entonces como los enemigos de la Iglesia: la masonería y los liberales, principalmente.

De 1814 hasta el Concilio Vaticano II (un concilio que fue controlado por los masones y puso a la Iglesia al servicio de la Masonería) de 1962, la SJ es asociada con corrientes conservadoras y elitistas. La Orden es identificada con un incondicional apoyo hacia la autoridad del Papa. Poco tiempo después de la restauración, el Zar expulsa a los jesuitas de Rusia. Los Generales (Fortis, Roothaan y Beckx) vuelven a instalarse en Roma después de un paréntesis de 40 años. Durante el siglo XIX la SJ sufre las consecuencias de las revoluciones políticas de corte liberal y tiene que afrontar numerosos ataques. Acaba siendo nuevamente expulsada de Portugal, Italia, Francia, España, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Alemania, etc.

El resurgimiento italiano, es decir, la unificación de la península bajo la égida de la Casa de Saboya, acarreó complicaciones al Papado y a la Compañía. El conde de Cavour, primer ministro del Rey Víctor Manuel, era francamente liberal y, por ende, anticlerical. En 1870 surge la «cuestión romana» cuando los ejércitos piamonteses ocupan Roma y el Papa se declara prisionero en el Vaticano. La situación política posterior en Italia, obligó al Padre General Luis Martín a abandonar Roma y a gobernar desde Fiésole.

A pesar de estas expulsiones y conflictos, el número de jesuitas va ascendiendo lentamente. Cuando los jesuitas alemanes fueron expulsados por Otto von Bismarck, cientos de ellos se trasladaron a Norteamérica y colaboraron en la evangelización del interior de los Estados Unidos.

Iluminatis en la Iglesia Católica

Según el Dr. Alberto Rivera, ex jesuita de alto rango, que posteriormente se convirtió a Cristo, y que ya partió con el Señor, tanto la Francmasonería como los Illuminati, así como una lista casi interminable de siglas y grupos, no son sino creaciones de los Jesuitas. Ignacio de Loyola, fundador de la Orden de los Jesuitas, creó también los Illuminati, poniéndola bajo la cobertura de la institución romana católica. La intención de Loyola era que los Illuminati fueran capaces de llegar a controlar la economía mundial, la banca internacional, las fuerzas militares; así como a ser maestros en toda suerte de poder de la brujería, controlando las religiones del mundo, con la finalidad de que la humanidad entera se arrodillara y sirviera al papa de Roma. Según Rivera, la Orden trabaja con los brujos a nivel mundial. No en vano la Biblia nos dice que la gran ramera de Apocalipsis 17, es la “madre de las abominaciones de la tierra”.

Cuando empezó a divulgarse que Loyola había fundado los Illuminati, los jesuitas hicieron que otro miembro fiel llamado Adam Weishaupt (jesuita bajo el juramento extremo e inducción), fingiera dejar la Orden Jesuita y afirmara ser el originador de los Illuminati en Baviera, el 1 de mayo de 1776. Esto fue hecho para que el mundo creyera que no existe conexión entre los Illuminati y el sistema católico romano. El 1 de mayo, llamado en inglés “May Day”, es el día en que los brujos y satanistas tienen una de sus principales festividades anuales, así como los comunistas y socialistas vindican sus demandas en enormidad de actos públicos, de todos sabido.

Ahora bien, recuerden la fecha que consta en la base de la pirámide: 1776. La supuesta misma fecha del nacimiento de los nefastos Illuminati; ¿coincidencia?; no.

Un antiguo Obispo de Guatemala afirma que los Jesuitas 'controlan el Vaticano a través del Papa Negro, y son los controladores espirituales del nuevo orden mundial'

«A través de la historia, la Orden Jesuita se ha relacionado con la guerra y el genocidio, siendo expulsada oficialmente de muchos países, incluyendo Francia e Inglaterra. Como los investigadores afirman que los Jesuitas son los verdaderos controladores espirituales del nuevo orden mundial, el autor Phelps también ha pedido el destierro de la orden en EE.UU. Sin embargo, con más de 28 universidades importantes de costa a costa, la orden ha creado un fuerte equilibrio político y financiero aquí, incluyendo el control secreto del Consejo de Relaciones Exteriores y el control de muchos bancos como el Banco de América y del sistema de actividades bancarias de la Reserva Federal, haciendo de la llamada de Phelps para el destierro una tarea improbable si no difícil.»

Confesión No. 16: Antiguo Obispo de Guatemala Dice que los Jesuitas Controlan al Vaticano y Son los Controladores Reales Espirituales del Nuevo Orden Mundial.

El Obispo Gerard Bouffard dice que el Jesuita General, Fr. Peter Hans Kolvenbach, da las órdenes de marcha al Papa. Él también respalda las acusaciones hechas por el último Fr. Alberto Rivera acerca de la malvada Orden Jesuita.

El Obispo anterior Gerard Bouffard de Guatemala dijo que el Vaticano es “el verdadero controlador espiritual” de los Illuminati y del nuevo orden mundial, mientras los Jesuitas, a través del Papa Negro, el Jesuita General Fr. Peter Hans Kolvenbach, controlan realmente la jerarquía vaticana y la Iglesia Católica Romana.

El Obispo Bouffard, que dejo la Iglesia Romana y ha nacido otra vez a una vida cristiana en Canadá, basó su conclusión después de trabajar seis años como sacerdote del Vaticano, asignado a la tarea de pasar correspondencia diaria, sensible entre el Papa y los líderes de la Orden Jesuita, residía en Borgo Santo Spirito 5 cerca de la Plaza de San Pedro.

“Sí, el hombre conocido como el Papa Negro controla todas las decisiones importantes tomadas por el Papa y él a su vez controla a los Illuminati,” dijo el Obispo Bouffard la semana pasada en el programa de radio de Greg Szymanski, “El Diario Investigador”, en www.gcnlive.com donde se pueden oír en su totalidad archivos de declaraciones alarmantes.

“Sé esto que esto es verdad puesto que trabajé durante años en el Vaticano y viajé con el Papa Juan Pablo II. El Papa toma sus órdenes se marcha del Papa Negro como también los jesuitas son los líderes del nuevo orden mundial, con la tarea de infiltrar otras religiones y gobiernos del mundo para producir un gobierno mundial fascista y una religión mundial basada en el Satanismo y Lucifer. “La gente no puede imaginarse cuánto mal y cuánta destrucción han causado y causarán ellos mientras que, al mismo tiempo utilizan la cubierta perfecta para ocultarse detrás de los trajes negros y de profesando ser hombres de Dios.”

El conocimiento de primera mano del Obispo Bouffard del mal que está al acecho dentro de la jerarquía del Vaticano y particularmente de la Orden Jesuita confirma el testimonio de otros investigadores, incluyendo Bill Hughes, autor de los libros impactantes “El Enemigo Desenmascarado” y “Los Terroristas Secretos”, así como el investigador preeminente de la Orden Jesuita, Eric Jon Phelps, autor de “Los Asesinos del Vaticano”.

Además de pintar un cuadro oscuro del Papa Negro en Roma, el Obispo Bouffard afirma que el poder malvado de los Jesuitas se extiende a través del mundo, incluyendo una infiltración sólida en el gobierno de EE.UU., el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y organizaciones religiosas importantes.

El Obispo Bouffard afirma que los Jesuitas actúan como perfectos camaleones, adquiriendo la identidad de Protestantes, Mormones, Bautistas y Judíos con la intención de producir la caída de EE.UU. así como traer el país bajo una religión mundial con base en Jerusalén y bajo el control de su líder, Lucifer.

“Sé de primera mano que el Vaticano controla y supervisa todo en Israel con la intención de destruir a los judíos,” dijo el Obispo Bouffard, añadiendo que el verdadero propósito de la Orden Jesuita es orquestar y controlar a todos los líderes del mundo para producir un conflicto mundial importante que destruirá con el tiempo a EE.UU., Oriente Medio e Israel. “Destruyen todo desde dentro y también desean producir la destrucción de la Iglesia Católica, también, para introducir una religión mundial basada en el Satanismo. Esto también se ve en el modo de adoración de los sacerdotes de la manera en la misa, adorando realmente a los muertos. También se ven signos de satanismo en muchos símbolos externos, costumbres y vestiduras exteriores exhibidas por la Iglesia.”

Después de su servicio en Roma, el Obispo Bouffard pasó un tiempo en África y Guatemala, elevándose a una posición de poder dentro de la Iglesia. Sin embargo, con este poder religioso vino la afiliación y el ingreso como francmasón, llegando a ser un miembro masónico del grado 37, algo supuestamente desaprobado en la Iglesia Católica Romana puesto que, según la Ley del Canon, la pertenencia a una logia masónica trae la excomunión inmediata.

Según el Obispo Bouffard, la Iglesia utiliza a la Francmasonería para llevar a cabo sus planes secretos, ya que muchos otros sacerdotes de alto nivel, obispos, cardenales e incluso papas se han unido a sociedades secretas junto con otros en posiciones de poder en otras religiones y gobiernos, muchos trabajando juntos para impulsar la agenda malvada Illuminati.

Y sus declaraciones respalda los informes que emergieron en periódicos italianos y franceses a principios de los años ochenta, informando que más de 150 sacerdotes de alto nivel pertenecen a la Francmasonería, incluyendo la Logia Masónica P2 y otras sociedades secretas. “Finalmente nací otra vez y denuncié a la Iglesia Católica,” dijo el Obispo Bouffard, que ahora es un cristiano practicante siguiendo la palabra de Dios a través de la Biblia. “Debemos rezar siempre para que nuestros líderes denuncien el mal abiertamente y expongan a los Jesuitas por lo que son realmente.”

Después de salir de la Iglesia, el Obispo Bouffard también pidió disculpas y pidió su perdón al último sacerdote jesuita Fr. Alberto Rivera. Rivera fue uno de los pocos curas jesuitas con la valentía de exponer las intenciones malvadas de la Compañía de Jesús, presentándose y contando cómo trabajó como uno de los infiltrados de la Orden Jesuita en EE.UU. con un trabajo de infiltración en las iglesias Protestante y Bautista con el propósito de destruirlas desde dentro.

“Cuando yo era Obispo y aún leal a la Iglesia, escribí una vez una carta denunciando al Hermano Rivera y abogando por su muerte,” dijo el Obispo Bouffard. “Cuando me di cuenta de la verdad, busqué al Hermano Rivera y pedí su perdón. Nos hicimos buenos amigos y sé que él decía la verdad. Él era un honesto de muchos que también encontraron a Dios.

“Sé que los jesuitas trataron de cambiar la verdad, diciendo que él nunca fue sacerdote y destruyendo toda la evidencia que lo respaldaba. Ellos han tratado de hacer lo mismo conmigo, pero Fr. Rivera contaba la verdad indiscutiblemente. Sé eso de hecho e incluso estuve con él varias semanas antes de su muerte. Él sufría terriblemente después de haber sido envenenado con ácido. Como dije, ustedes no pueden imaginar el sufrimiento y la destrucción que ha sido y será ocasionada por los Jesuitas”

En un artículo titulado “Alberto: The Big Brou-haw-haw”, un escritor desconocido que siguió la carrera del Obispo Bouffard y su conexión con Fr. Rivera tenía esto para decir, incluyendo la dificultad del Vaticano al tratar de ocultar las acusaciones de Rivera y de Bouffard:

“Luego está el testimonio de corroboración proporcionado por Fr. Gerard Bouffard. Él fue un Obispo de alto rango nacido en Quebec, Canadá. Él se elevó desde los niveles más bajos de sus órdenes para hacerse un ayudante durante muchos años de papas tales como Pablo VI y Juan Pablo II. Él se convirtió al protestantismo y afirma que él fue el hombre que recibió la orden de eliminar a Rivera. En un documento titulado “Descubriendo el misterio detrás de los símbolos católicos”, Bouffard muestra una pluma de lujo plateada de oro de 18 quilates que contiene una tinta (invisible) especial que desaparece con la cual las autoridades del Santo Oficio firman documentos de alto secreto. Él afirma “con esta pluma que sostengo, firmé la orden de matar al Doctor Rivera”. ¡Una materia de capa y espada bastante dramática! Su alta posición anterior de alto perfil haría de él un blanco fácil para desacreditarle... Sin embargo el silencio es ensordecedor.

“El Vaticano también tiene sus propios problemas de credibilidad para luchar contra él. Desde un contexto histórico, las afirmaciones de Alberto de ser un jesuita trabajando clandestinamente para destruir iglesias protestantes no está tan lejano como podría parecer. Los Jesuitas se crearon en 1.541 por San Ignacio de Loyola para ese mismo propósito (aunque algunos jesuitas discuten esto, naturalmente). Ellos se implicaron en incontables trucos sucios, asesinatos y conspiraciones traicioneras durante su día del heno. La Oficina de la Inquisición fue un crecimiento externo de su misión que dio lugar a la tortura y/o al asesinato de millones de personas inocentes por ‘herejía’. Ese departamento desde entonces se ha vuelto a llamar El Santo Oficio, pero los jesuitas nunca se han incomodado con un cambio de nombre. También es incierto cuánto han cambiado sus metas con el tiempo. Ninguna de las dos organizaciones es muy transparente y ambas sirven a los intereses del Papa. Las malas reputaciones no se olvidan fácilmente.

“Si el relato de Alberto es una mentira, es trozo brillante de ficción con consistencia asombrosa. Ciertamente hay otras conspiraciones que se ha soñado y que son igualmente intensas e intrincadas. La conspiración del asesinato de JFK y la conspiración ovni Majestic 12 vienen primero a la mente. Pero estas conspiraciones se crearon y mejoraron por cientos de personas durante un largo periodo de tiempo, después de unieron y se volvieron a organizar hasta que formaron una narrativa plausible. Después de veinte años aproximadamente de “entrada pública” y de revisiones, se adopta una versión ‘semi-oficial’. Si cualquier parte particular de ella se demuestra que es falsa, se transforma en una versión ligeramente diferente sin las partes desaprobadas.

“Alberto no tuvo ninguno de estos recursos. Su propia historia vino de él solamente. No fue revisada ni pulida durante décadas por el comité antes de que Chick la publicara. Por el contrario, fue publicada en su totalidad y después sublimada con volúmenes adicionales (cinco más) dando más nombres y fechas pero sin ninguna contracción. Si él de hecho “lo levantó todo”, entonces él merece ciertamente un premio para su genio literario. Especialmente en lo que se refiere a sus propias intrigas biográficas (¿más sobre el Varón von Munchausen?).

“Después de veinte años de investigación, todos los recursos del Papa han fracasado en demostrar que Alberto fue una falsificación. Por supuesto, Alberto fracasó en demostrar sus alegaciones contra el Vaticano también. Así, en el mejor de los casos, la competencia sigue siendo un empate. Puede haber futuros progresos que rendirán quizás algo dramático. Pero nunca sabremos probablemente si Alberto fue realmente ‘verdadero’ a menos que el Papa saliera y lo confesara; y eso es tanto como la oportunidad de que aterrice un platillo volante en el césped de la Casa Blanca. Es definitivamente una materia deliciosa para pensar, sin embargo, y mucho más alarmante que cualquier premisa aireada sobre los expedientes X.

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