Gabino Ezeiza

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Gabino Ezeiza (1858-1916)

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Sus comienzos

Hay seres que parecen nacer para dar pábulo a la leyenda, para alimentar la llama inextinguible del Mito. Gabino Ezeiza, el famoso payador negro, fue uno de ellos. Ya en vida su figura había adquirido perfiles legendarios, que el tiempo transcurrido desde su desaparición ha ido acrecentando, al punto que sólo una precisa y nítida investigación podrá distinguir, en su biografía, lo real de lo imaginario.

Gabino Ezeiza nació el 3 de febrero de 1858 en el barrio de San Telmo, en Buenos Aires. Poco se sabe de su hogar y de su familia. Su padre había servido a la familia Ezeiza, de ahí su apellido, y descendía por su abuelo de un trompa de Juan Manuel de Rosas.

Según Héctor P. Blomberg "el negrito Gabino no faltaba nunca a las payadas que se realizaban con frecuencia en su barrio. Escuchaba, conmovido y absorto, los torrentes de coplas que surgían de labios criollos, bajo el alero de los patios coloniales, sobre las vihuelas melodiosas, y sentía despertarse en su corazón infantil el amor a todo aquello".

Quien primero puso una guitarra en sus manos fue un pardo muy viejo, que tenía una pulpería en el bajo de San Telmo. Se llamaba Pancho Luna, y fue payador cuando joven, en los tiempos de Rivadavia. Al cumplir quince años le compraron a Gabino una hermosa guitarra española. El la adornó con cintas celestes y blancas, se despidió de su madre y de sus hermanos Tomás y Matilde Ezeiza –el padre había muerto en la Guerra del Paraguay-, y comenzó su existencia de cantor errante.

En un pueblo del sur bonaerense conoció al estanciero Mones Ruiz, quien lo protegió, le brindó su amistad y lo hizo trabajar en dos o tres oficios, entre ellos el de sombrerero, pero Gabino, al fin, se despidió de aquel y se fue a los campos como Santos Vega. El payador había nacido y su fama creció por el sur y el oeste de Buenos Aires antes de cumplir los veinte años. No se olvidó, empero, de su ciudad natal a la que volvió a principios de 1880, encontrándola en plena lucha, en la que tomó parte, para volver luego a su oficio de cantor.

Por entonces ya lo envuelve en su círculo amistoso, en el seno de la colectividad morena de Buenos Aires, una aureola de prestigio. Pardos y morenos forman mundo numeroso y aparte allá por la década del ochenta. Tienen sus asociaciones particulares, organizan pintorescas comparsas para Navidad y Carnaval, crean sociedades propias de socorros mutuos, discuten con vehemencia sus problemas en sus periódicos y fuera de ellos, y hasta piensan en establecer escuelas para la educación del hombre de color. Llevan, en fin, una intensa e interesante vida de sociedad. De ahí que el juvenil Gabino asista con frecuencia a tertulias familiares, participe en bailes y fiestas, y entretenga en la amable compañía de amigos y muchachas buena parte de sus horas.

En la revolución del 1880, concurrió al combate del 21 de junio con el batallón 15 de febrero a las órdenes del comandante Eliot, y el entonces mayor Vico. En donde se portó bizarramente recitando algunas estrofas en el momento de la lucha.

Fue en ese mismo año de 1880 cuando Gabino Ezeiza se enfrentó con Nemesio Trejo y fue ésa la primera de una serie de payadas que ambos sostuvieron a lo largo de los años, hasta que el segundo, que era escribano y se dio con éxito a escribir para el teatro, abandonó la guitarra y las improvisaciones.

Para 1882 ya hace varios años que Ezeiza canta y que incluso sostiene payadas de contrapunto y para ese entonces, empujado sin duda por la necesidad, había trocado sus condiciones de cantor y su arte de payador en una profesión retribuida, olvidándose de sus sueños de poeta y de sus ambiciones literarias de la adolescencia. Su fama se había propagado rápidamente, al punto de considerársele ya uno de los mejores exponentes del arte, y que el solo anuncio de sus actuaciones bastaba para atraer un gentío.

En 1884 se trasladó a Montevideo y canto allí por primera vez, payando de contrapunto con un famoso oriental, Juan de Nava. Ese mismo año, en Buenos Aires, payó dos veces con Nemesio Trejo. En una de ellas el argumento que cantaron fue la muerte del malogrado Benigno Lugones (periodista y escritor) y la fiesta que para socorrer a su familia se había organizado, salpicando sus cantos con estrofas alusivas a los incidentes ocurridos tanto en los asaltos de sable, florete y palo que allí se efectuaron esa misma noche como en la propia payada.

Gabino no se daba pausa en su trajinar por los pueblos. Empezaba a convertirse en aquel payador errante que solo y con un circo –propio o ajeno- recorrió prácticamente toda la República.

Heroico Paysandú

El año 1888 lo encuentra de nuevo en la capital oriental, donde mide sus fuerzas en un contrapunto con Arturo Nava, hijo de Juan, en el teatro Artigas de Montevideo. La concurrencia que se juntó fue enorme y Gabino salió una vez más victorioso de la prueba. Se ha dicho que actuó esa noche ante un público hostil, que esperaba el triunfo de su favorito Nava. Sin embargo, ello no parece cierto. Y tampoco que Gabino haya improvisado su famoso "Saludo a Paysandú":


Heroico Paysandú, yo te saludo,

Hermano de la patria en que nací.

Tus hechos y tus glorias esplendentes

Se cantan en mi patria como aquí.


Para congraciarse con la concurrencia. La función había prácticamente concluido cuando alguien le comunicó a Ezeiza que en la sala estaba una delegación de sanduceros que había ido a escucharle. Entonces volvió a templar su guitarra e improvisó aquellos versos, que se cuentan entre los más felices de su carrera y que lo han sobrevivido.

Un año después paya con Pablo J. Vázquez, que fue uno de los mejores exponentes de su arte en aquella época, y el enfrentamiento se repite en 1890. Pero este año es el de la célebre Revolución del 26 de julio y, según parece, Gabino, ganado ya por la pasión política, intervino en aquella memorable jornada.

En algunas ocasiones contratábase en los circos, cuyo público, como es de imaginarse, mucho apreciaba su arte. Con ellos no solo actuó en Buenos Aires sino que también recorrió el interior del país.

En 1891, hallándose en La Plata, la buena suerte lo acompañó: ganó un premio grande en la lotería y con el dinero cobrado compró un circo al que llamó "Pabellón Argentino", con el que se largó a recorrer, como siempre, los caminos. Con ese circo llegó, al año siguiente, a San Nicolás de los Arroyos, donde conoció a una biznieta del general Angel Vicente Peñaloza, el Chaco riojano, doña Petrona Peñaloza, de quien se enamoró y con quien habría de casarse un tiempo después. Antes tuvo que atender Gabino sus obligaciones de hombre de partido. Desde 1890 él seguía a Alem y había puesto su musa de payador al servicio de sus ideales cívicos.

Empezar de nuevo

La revolución fue en cierto modo desastrosa para él. Lo apresaron y estuvo un tiempo en la cárcel y cuando lo pusieron en libertad fue para enterarse, con el dolor consiguiente, que le habían quemado el circo. ¡A empezar de nuevo! Pero el pájaro cantor estaba enamorado y los tropiezos poca mella hacían en su alma ilusionada. Se casó con su amada Petrona y formó su nido el zorzal.

Entretanto llega el año 1894. Es el de la gran payada con Pablo J. Vázquez en Pergamino, uno de los sucesos capitales, por así decir, en la biografía del negro cantor y en la misma historia payadoresca, donde aquella justa sigue resonando con acentos poco menos que legendarios, por la calidad de sus contendientes y por su duración, que fue de dos noches, el 13 y el 14 de octubre de 1894 en el teatro Florida de Pergamino. El jurado que actuó en esa oportunidad dictaminó que debía reputarse como vencedor a Gabino, según acta suscripta el 28 de noviembre de ese año.

Dos años más tarde, en Rauch, provincia de Buenos Aires, se enfrentó con el crédito de La Pampa, Maximiliano Santillán, quien lo había desafiado de modo tan singular como atrevido, por no decir ofensivo, al enviarle en el cuero de un rebenque corralero esta cuarteta:


¿Dónde está ese negro poeta

que tanta fama le dan?

Díganle que Santillán

a ningún negro respeta!


La justa se llevó a cabo en la pulpería El Indio, sobre un solo tema: ¿Cómo se corta la carne sin cortar el cuero?, que da idea cumplida de las dificultades que aquellos esforzados cantores se proponían vencer, y en ella, pese a la bravata de Santillán, resultó triunfante Ezeiza.

En 1902 sostuvo otra payada memoriosa en San Antonio de Areco. Esta vez su contrincante fue Luis García, a quien no pudo vencer.

En 1912 intervino con éxito en un torneo internacional payadoresco efectuado en un teatro de Buenos Aires en el que los cuatro primeros premios fueron adjudicados a Ezeiza, Curlando, Vieytes y Caggiano.

Gabino también realizó una payada memorable, en las esquinas de Yerbal y Nazca, junto a Martín Castro, payador de Ciudadela y autor de "El huérfano".

Nace la leyenda

Murió el día 12 de octubre de 1916, el día en que más debió haber anhelado vivir, como lo dijo un diario al dar la noticia de su desaparición. Ese día, en efecto, se hizo cargo de la primera magistratura del país el Dr. Hipólito Irigoyen, caudillo del radicalismo e ídolo político del gran payador.

Una placa colocada en Azul 92, en el barrio de Flores, recuerda al negro Gabino Ezeiza. Allí, a los 58 años murió en su humilde casa, pobre como todos los juglares del pueblo.

La leyenda de Gabino se despierta cada 12 de octubre, cuando sus seguidores se reúnen en la tumba del cementerio de Flores, para brindarle homenaje a este personaje tan recordado y querido.


Buenos Aires de mi amor,

¡oh, ciudad donde he nacido!

No me arrojes al olvido

yo, que he sido tu cantor.

De mi guitarra el rumor

recogió en sus melodías,

el recuerdo de otros días

que jamás han de volver,

los viejos cantos de ayer

que fueron las glorias mías.


Fuentes

  • Antook – Gabino Ezeiza, El último payador.
  • Blomberg, Héctor Pedro – El adiós de Gabino Ezeiza
  • Cristoforetti, Marita y Brichetto, Alberto – El payador de Flores.
  • Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Patricios de Vuelta de Obligado.
  • Soler Cañas, Luis – Gabino Ezeiza, verdad y leyenda.
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