Gnosticismo

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Representación de la deidad Abraxas en una gema usada como talismán. Era representado con cabeza de gallo y piernas en forma de serpiente, con látigo y escudo.

El gnosticismo (del griego Γνωστικισμóς gnostikismós; derivado a su vez de Γνωσις (gnosis): ‘conocimiento’) es un conjunto de doctrinas sincréticas religiosas y esotéricas que aparecieron durante los siglos II y III y que llegaron a mimetizarse con el cristianismo, convirtiéndose finalmente en una herejía de la Iglesia, después de una etapa de cierto prestigio entre intelectuales cristianos. Aunque de raíces paganas, el más significativo pensamiento gnóstico se alcanzó como rama heterodoxa del cristianismo primitivo y la mayoría de las sectas gnósticas profesaban el cristianismo. El gnosticismo prometía a sus seguidores un conocimiento secreto del reino divino denominado gnosis.

Según esta doctrina los iniciados no se salvan por la fe en el perdón gracias al sacrificio de Cristo, sino que se salvan mediante la gnosis, o conocimiento introspectivo de lo divino, que es un conocimiento superior a la fe. Ni la sola fe ni la muerte de Cristo bastan para salvarse. El ser humano es autónomo para salvarse a sí mismo.

El gnosticismo es una mística secreta de la salvación. Se mezclan sincréticamente creencias orientalistas e ideas de la filosofía griega, principalmente platónica. Es una creencia dualista: el bien frente al mal, el espíritu frente a la materia, el Ser Supremo frente al Demiurgo, el espíritu frente al cuerpo y el alma.

Contenido

Formas de gnosticismo

  • Simonismo, de Simón el Mago, fundada por Simón de Gitta, un samaritano. La doctrina de Simón predicaba que existía un Dios de Luz creador máximo del Universo, de quien emana Sofía, una divinidad femenina madre del universo. Los ángeles a su vez emanan de Sofía y luego se rebelan encerrándola en el universo material así, Sofía se encarna a través de las épocas en diferentes formas (como Helena de Troya por ejemplo) hasta encarnarse como una esclava prostituta en la ciudad de Tiro. Entonces Dios se encarnó como Simón el Mago y la rescató volviéndose la pareja divina y adorados por los simonianos como a Zeuz y Atena. Lógicamente los cristianos paulinos predicaron contra Simón el Mago aduciendo que era un usurero y de allí proviene el término simonía (lucrar con la religión).
  • Marcionismo, de Marción (85-160), heresiarca griego que predicaba que Jesús era la encarnación de la divinidad y que el Jehová judío era un malvado demonio enemigo de Jesús. Marción aseguraba que el judaísmo y el cristianismo no estaban emparentados, que eran religiones paralelas cuyo único vínculo era haber surgido en Palestina, que Jesús no era el Mesías judío, pues éste se llamaría Emmanuel, sería sólo aceptado por los judíos, sería descendiente de David y se levantarían contra él pueblos e imperios. Que este Mesías no había llegado ni que su profecía se había cumplido en Jesús. Marción rechazó el Antiguo Testamento, otorgando importancia preeminente al Evangelio de San Lucas y adoptando una cosmovisión gnóstica con aires órficos y maniqueos. Éste es el primer intento histórico de "reforma", de "europeización", del cristianismo, intentando despojarlo de su origen judío. Aseguraba que debía separarse al cristianismo de cualquier influencia judía, que no existía tal Viejo Testamento y Nuevo Testamento, sino simplemente escrituras de religiones separadas, con dioses separados, y purgó los evangelios de toda escritura con influencia judía incluyendo la mayoría de las epístolas de Pablo[1]. Como la mayoría de las otras sectas gnósticas predicaba la abstinencia.
Yaldabaoth el leontoeides ("rostro de león"), imagen de la representación del Demiurgo encontrada en una gema gnóstica en Bernard de Montfaucon’s L’antiquité expliquée et représentée en figures.
  • Ofismo, conjunto de sectas gnósticas pseudocristianas que se desarrollaron alrededor del año 100 en Siria y Egipto. Su nombre se deriva del griego ὄφις (ophis, "serpiente"). Común a estas sectas era la gran importancia que daban a la serpiente del Génesis (la del relato bíblico del pecado original de Adán y Eva), por su conexión con el árbol del conocimiento del bien y del mal, y la de éste con la gnosis ("conocimiento"). Contrariamente a la interpretación cristiana ortodoxa de la serpiente como Satanás, los ofitas veían en la serpiente una figura positiva, heroica; mientras que al Dios del Antiguo Testamento lo identificaban con una figura negativa, malvada (un demiurgo al que denominan Yaldabaoth el leontoeides -"rostro de león"-). La imposición de la doctrina cristana ortodoxa a partir del siglo IV implicó la destrucción de todos los textos de los ofitas; con lo que la mayor parte de la información acerca de estas sectas sólo puede ser obtenida de aquello que decían de ellas sus enemigos: Hipólito de Roma, Ireneo de Lyon, Orígenes y Epifanio de Salamis. Algunos textos ofitas, sin embargo, han sido recuperados en descubrimientos arqueológicos recientes, como los de Nag Hammadi (Evangelio apócrifo de Juan, Hipóstasis de los Arcontes o Sobre el origen del mundo).
  • Mandeísmo, (del arameo מַנְדַּע, /manda/, ‘[nosotros] sabemos’) fue una secta gnóstica que se desarrolló en los siglos I y II d. C. en las orillas del río Jordán. Después esta religión admitió otros elementos por sincretismo y en la actualidad, todavía quedan algunos creyentes en ciertas zonas de Irak, entre 5000 y 7000, e Irán, ya que las persecuciones por parte del integrismo islámico (sobre todo en Irak) han provocado una gran emigración y dispersión. Estaba dirigida por la casta sacerdotal de los nasoreanos (nombre por el que también eran conocidos). Esta casta sacerdotal se divide en dos tipos, los iniciados al más alto nivel denominados ganzibra (tesoreros) y otros con menor rango de iniciación, llamados tarmidia (discípulo) y utilizan como lengua litúrgica un dialecto arameo oriental hoy ya sólo entendido por sacerdotes. El alfabeto mandeo guarda el más estrecho paralelismo con las inscripciones elymaicas de Tang-i-Sarwäk en Juzestán (siglo II).
  • Maniqueísmo, de Mani (215-275), sabio persa que aseguraba que existían dos principios radicalmente opuestos; el Espíritu (Bien) y la Materia (Mal), y que diferentes profetas habían sido predicadores del espíritu; entre ellos Set, Noé, Abraham, Shem, Nikotheos, Henoc, Zoroastro, Hermes, Platón, Buda y Jesús, pero siendo él el mayor de todos los profetas. La doctrina maniquea fue duramente perseguida por los sacerdotes ortodoxos zoroastrianos que la veían como herética. Hubo comunidades maniqueas desde Roma hasta China. En China se llamó a Mani como “el Boddhisattva de la Luz” por lo que aparentemente tenía buenas relaciones con los budistas, no así con los cristianos y zoroastrianos. El Imperio Kushan (vecino de China), un imperio de arios que eran mayoritariamente budistas, tuvo el maniqueísmo como religión oficial por algunos siglos. Tuvo el beneplácito del emperador del Imperio Parto Sapor, y su hijo Ormuz I, hasta que este murió y fue sucedido por Bahram I, un enemigo suyo quien ordenó su muerte por crucifixión. Los maniqueos se dividían en dos grupos; los Elegidos (sacerdotes que practicaban la autoflagelación, el celibato, el ayuno y el ascetismo) y los Oyentes que podían casarse aunque se desaconsejaba tener hijos, y tenían menos rigidez en su vida diaria. Todos eran vegetarianos.
  • Basilideanismo, secta fundada por Basílides de Alejandría en el siglo II. Sus seguidores decían haber recibido sus doctrinas esotéricas de Claucias, un apóstol de San Pedro. Los basilideanos reconocían a Abraxas como su ser supremo. Su sistema tuvo tres grandes grados: material, intelectual, y espiritual, por los que los iniciados progresaban. Además, poseían dos estatuas alegóricas, hombre y mujer. Muchos puntos de su doctrina comparten resemblanza con la de los Ofitas y con la Cábala judía.
  • Valentinianismo, una de las más importantes sectas gnósticas del siglo II, constituida por discípulos del famoso Valentín. Hacia el año 160 existía una escuela valentiniana, que pudo haber sido fundada por el mismo Valentín una o dos décadas antes. Valentín tuvo numerosos discípulos, de los que quedan algunos escritos, y de los que nos dan noticias numerosos escritores cristianos: S. Ireneo en el Adversus haereses, Hipólito en los Philosophumena (o Refutatio), Tertuliano en el Adversus Valentínianum, etc. Su secta se dividió en dos ramas: la ítala y la anatolia. A la primera, más sobria, pertenecen Ptolomeo, Florino y Heraklion. La rama anatolia u oriental, más complicada y menos conocida, tiene como representantes a Marcos el mago, Axiónico y Ardesianes. Los pocos fragmentos que poseemos de los escritos de Valentín son insuficientes para reconstruir su doctrina, que sufrió algunas remodelaciones a través del tiempo por sus discípulos. Sin embargo podemos deducir por los escritos de Ireneo, sobre todo, que su creencia se basaba en un sistema de emanaciones (eones) que componían el mundo divino o pléroma. Dividía a los hombres en hílicos (materiales), psíquicos (animales) y pneumáticos o gnósticos (espirituales). Sólo estos últimos podían aspirar a la perfección y al desposorio con los ángeles. Tras el proceso de degradación provocado por Sophía (el eón último más imperfecto del pléroma, origen del pecado) viene el proceso de redención que culmina en la bajada del Logos (Cristo) al mundo. El Salvador ilumina a los gnósticos en el «descubrimiento» de su realidad divina. Con la muerte, el elemento divino presente en el gnóstico se reintegrará al pléroma; también a los psíquicos se les ha reservado una salvación inferior, extrapleromática, mientras que los hombres materiales caerán en una disolución total. Posteriormente el sistema valentiniano fue complicándose aún más por innumerables discípulos hasta alcanzar el culmen de lo confuso que muestran, p. ej., la Pístis Sophía y los Libros de jeu. La Carta doctrinal de los Valentinianos, reseñada por San Epifanio (Panarion, 31 ), es una muestra de ese valentinianismo barbarizado.
  • Setianismo, los setianos eran herejes del siglo II y III que honraban particularmente al tercer hijo de Adán y Eva, Set, a quien le atribuían su gnosis, así como a Norea, esposa de Noé, y quien también juega un papel en el mandeísmo y maniqueísmo. Junto los valentinianos, fueron una de las principales formas de gnosticismo. Su pensamiento, aunque predominantemente judaico en su fundación, estaba fuertemente influenciado por el platonismo. Enseñaban que dos ángeles habían criado uno a Caín y el otro a Abel; que después de la muerte de éste, la gran virtud había hecho nacer a Set de una semilla pura. Sin duda, entendían por la gran virtud el poder de Dios, pero no se nos dice si la habían producido los ángeles, de los cuales unos eran buenos y otros malos. Estos sectarios añadían que de la mezcla de estas dos clases de ángeles había nacido la raza de hombres viciosos que la gran virtud había hecho perecer en el diluvio; que una parte de su maldad penetró en el arca y de allí se extendió por el mundo. Era sacada de las diferentes sectas de gnósticos. Teodoreto confundió a los setianos con los ofitas y quizá no había entre ellos otra diferencia que la supersticiosa veneración de los primeros al patriarca Set. Decían que su alma había pasado a Jesucristo y que era el mismo personaje. Forjaron muchos libros con el nombre de Set y de los demás patriarcas.
  • Catarismo, casi indistinguible del maniqueísmo y que no tiene fundador claro, el catarismo se difundió rápidamente por la Europa medieval desde Languedoc hasta Bulgaria. Los cátaros (cuyo nombre significa "puro" o "perfecto" en griego) creían en dos principios opuestos; Dios y Satán, y que todo lo material provenía de Satán. Predicaban contra la jerarquía y los lujos de la Iglesia Católica. En Languedoc tenían protección de señores feudales, pero debido a sus fuertes críticas a la iglesia y su doctrina ascética que les ganó mucha popularidad, fueron brutalmente perseguidos. Se les conocía como albigenses debido a que en Albi, Francia, tuvieron uno de sus mayores comunidades. El Papa llamó a la Cruzada contra los albigenses asesinando a todos los cátaros; hombres, mujeres y niños, de forma brutal. Los cátaros también se dividían en Elegidos y Oyentes como los maniqueos.
  • Paulicanismo, del sirio Costantino de Manamali, fundado en el 650 en Anatolia, gozaría de buenas relaciones con León II rey de Siria, y luego emigrarían hacia Armenia, teniendo un estado en el oeste. Aliados de los turcos musulmanes su religión dualista consideraba el universo material producto de Satán aunque eran más moderados en sus prácticas que los cátaros.
  • Bogomilismo, de Bogomilo, un monje búlgaro del siglo X, derivación del paulicanismo armenio. El bogomilismo predicaba, al igual que el catarismo, la renuncia a lo material y la abstinencia sexual. Desaconsejaban la procreación. Creían que Dios procreó dos hijos; Miguel y Satán, principios del Bien y del Mal, negaban que Jesús tuviera parte humana y que sus milagros fueran literales, y negaban los sacramentos y el bautismo. Fueron perseguidos por toda Bulgaria hasta refugiarse en Bosnia donde llegaron a ser mayoritarios, pero asediados por los croatas católicos y los serbios ortodoxos vecinos. Se aliaron a los turcos musulmanes en su guerra balcánica y gradualmente se convirtieron al Islam.
  • Priscilianismo, de Prisciliano en el siglo IV predicaba la pobreza y la austeridad de los clérigos (lo que enfureció a la opulenta iglesia) predicaba la igualdad de sexos, la abolición de la esclavitud y aceptada gran cantidad de evangelios apócrifos incluyendo el Libro de Henoc.

Gnosticismo cristiano

Algunos judeocristianos intentaron resolver la inherente contradicción en la tradición hebrea acerca de la naturaleza del mundo. Tal vez Yahvé no era un dios bueno y perfecto; tal vez era inepto, indiferente o malo. Si se juzga un árbol según sus frutos, ¿cómo se podría juzgar al creador de un mundo repleto de sufrimiento y de mal? La respuesta de la última fase judeocristiana fue la aceptación de un universo inherente malo, creación de un dios inferior, un "demiurgo" incompetente, y que por primera vez en la historia, el verdadero Dios Supremo, Trascendente e Inefable, se había comunicado con los hombres por medio de Jesús para despertar en ellos la consciencia de su naturaleza real.

Al reconocer que éramos chispas divinas del Dios Supremo, y que estábamos atrapados en un mundo denso, imperfecto, el hombre se liberaría y se salvaría a sí mismo. Este fue el surgimiento del gnosticismo cristiano: una respuesta radical ante el fracaso estrepitoso de la apocalíptica, y el anquilosamiento mediocre de las corrientes cristianas paulinas.

El Gnosticismo cristiano se conoce ahora muy bien gracias a los textos descubiertos cerca de la población egipcia de Nag Hammadi, en 1945. Es una serie de códices escritos en copto copiados cerca al 320 EC, que después de Qumrán, es uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX. Esta biblioteca incluía entre otros textos paganos, judíos, y cristianos, apócrifos tan importantes como El Evangelio de Tomás y el de Felipe.

A partir de este punto, las especulaciones gnósticas comenzaron a generarse a ritmo creciente: incorporando elementos del platonismo medio, retornando en ocasiones a elementos de sus raíces judías, y con elucubraciones febriles, los gnósticos empezaron a tratar de justificar la imposible Teodicea: cómo a partir de un ser inefable y perfecto, pudo surgir el mal del mundo. Las respuestas con diversos matices, van en la línea de señalar la perfección de las cualidades divinas: por su perfección estas cualidades deberían tener existencia por sí mismas, y emanarían desde la Divinidad Inefable. A estas emanaciones se las llamaba "Eones"; entre ellos se encontraban el Silencio de Dios, la Soledad y la Sabiduría Divina (Sofía).

Al parecer, tras la emanación inicial del Pleroma (conjunto de todos los eones divinos) se habría producido una catástrofe que en algunas ramas del gnosticismo, se debían al anhelo de algún Eón (a veces Logos, a veces Sabiduría) de conocer antes de tiempo la Naturaleza Divina. Este anhelo justo y bueno, pero en un momento erróneo, hizo que el Eón saliera del Pleroma a la manera de una especie de Pecado Original. Sería este Eón caído el que después de complejas interacciones habría creado la materia y el cosmos. Este Eón, en algunas corrientes gnósticas, sería identificado con el imperfecto Demiurgo o creador del Universo, y se igualaría al dios inferior, incompetente y necio de las escrituras Judías.

Sobre Jesús

El advenimiento de Jesús es cuestión de debate entre los pensadores gnósticos. Algunos consideran que Jesús era simplemente un judío y que su doctrina, el cristianismo, es ni más ni menos que una derivación obscena del judaísmo. Pero otros heresiarcas como Marción y modernos filósofos incluyendo a Miguel Serrano (1917-2009) han analizado la figura de Jesús más desde una perspectiva gnóstica y mediante los atisbos que nos dan los Evangelios Apócrifos donde se denota que quizás el Jesús que nos llega mediante las doctrinas de las iglesias no es el verdadero, sino que existió un Jesús total ó parcialmente ario, que odiaba a los judíos y que predicó una doctrina contraria al judaísmo y al Demiurgo.

Si bien diferentes herejes como Bogomilo, Simón el Mago, Prisciliano y otros jerarcas gnósticos predicaron la naturaleza luciferina de la doctrina de Cristo y de cómo el propio Jesús se oponía a los judíos y a su pacto con el dios del Antiguo Testamento a quien consideraban como el Demiurgo. La doctrina marcionista quizás es la más clara al argumentar que Jesús no sólo no era hijo del Demiurgo o el dios judío, sino que además era su acérrimo enemigo, lo que provocó la ira de los judíos que finalmente lograron crucificarlo:

Marción fue un heresiarca póntico del siglo II, que predicaba la existencia de dos dioses; uno del bien y otro del mal (típico dualismo zoroástrico) quien también aseguró que Jesús no era hijo sino enemigo del Demiurgo con los siguientes argumentos doctrinales:

  • El Dios del Nuevo Testamento es desconocido: «Nadie conoce al Padre, sino el Hijo», mientras que el Dios del Antiguo Testamento es conocido por Adán y por los demás impíos.
  • Cristo conocía lo que hay en el corazón del Hombre; el Creador pregunta a Adán: ¿dónde estas?
  • Cristo era bueno con los ciegos, que David había mandado matar
  • Cristo da vista a los ciegos, mientras el Creador no cura la ceguera de Isaac.
  • Moisés se impone como juez entre sus hermanos que pelean. Cuando a Jesús le piden que resuelva una disputa, él se niega.
  • Los israelitas salieron bien equipados de Egipto después de despojar a los egipcios por orden del Creador Cristo manda a predicar a sus discípulos «sin nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno».
  • El Creador legisla «ojo por ojo, y diente por diente»; el Hijo del Dios Supremo dice «si te pegan en una mejilla, presenta la otra».
  • La Ley declara que si uno toma un vestido ajeno, el culpable pagará el doble; Cristo declara «al que te quite el manto, no le niegues la túnica»
  • El Creador envía fuego sobre los enemigos de Eliseo; Jesús reprende a los discípulos que le piden que envíe fuego.
  • El Creador envía los osos que devoran a 42 niños que se habían burlado de Eliseo; Cristo dice a sus discípulos «dejad que los niños vengan a mí».
  • El Creador sanó sólo un leproso por medio de Eliseo, cuando en Israel habían muchos, y para ello necesitó que se lavara en agua siete veces; el Hijo del Dios Supremo sanó a diez, con su sola palabra, e inmediatamente; por otra parte, el que regresa glorificando a Dios no cumple la Ley.
  • El profeta del Creador dice «que no oigan los que tienen oídos»; Cristo dice «el que tenga oídos, que oiga».
  • La Ley dice «Maldito el que está colgado de un madero»; Cristo fue colgado en un madero.
  • El Cristo judío vendrá sólo para Israel; el Cristo de Dios viene para todos los pueblos de la tierra.
  • El Dios bueno es bueno ante todos; el Creador se preocupa sólo de los que le pertenecen. El Bueno salva a los que creen en Él, pero no castiga al resto; el Creador salva sus fieles y castiga al resto.
  • La maldición es la característica de la Ley; la bendición caracteriza al Evangelio.
  • En la Ley, el Creador ha dicho: «Yo hago al rico y al pobre»; pero Cristo sólo llama bienaventurado al pobre.
  • En la Ley se le da la fortuna a los ricos y la desgracia a los pobres; en el Evangelio es al revés.
  • La ley manda amar al prójimo y odiar al enemigo; pero es necesario amar a los enemigos.
  • El Creador ha establecido el Sábado, que Cristo no ha observado.
  • La Ley prohíbe tocar a una mujer con flujos de sangre; el Cristo de Dios no sólo la toca sino que la sana.

La evidencia que presenta Marción no puede ser más clara; el dios judío ó Demiurgo, el del Antiguo Testamento, es un ser sanguinario y cruel, que comete infanticidio, envía fieras a devorar niños inocentes, incapaz de curar una simple ceguera, maldice, ordena el robo, el asesinato y la violación (como cuando Moisés ordena a los hebreos tomar a las mujeres de los derrotados midianitas y repartirlas entre los hombres), un ser avaricioso y malvado, un monstruo. Mientras que Jesús es un ser noble, amoroso con los niños, aparentemente más poderoso que Jehová, que predica la paz y el amor. ¿Puede pensarse entonces en dos doctrinas más diferentes? El judaísmo que predica el odio, la violencia, la avaricia y la matanza, y la doctrina de Jesús que predica el amor, la paz, el desprendimiento y la misericordia. Esto a pesar de que posteriormente el cristianismo se asemejaría más en su accionar al judaísmo que a la doctrina de su fundador. Jesús era más parecido a Buda que a cualquier profeta judío previo.

Figuras del gnosticismo antiguo

Rerefencias

  1. N. De modo marcadamente similar a la doctrina de transición promovida por el Tercer Reich denominada "cristianismo positivo"

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