Guerra Civil Española
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La Guerra Civil Española se conoce como el conflicto bélico que estalló entre el Bando Nacional contra el gobierno marxista de la Segunda República Española entre el 17 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939 en España, concluyendo con la victoria de los nacionales comandados por el general Francisco Franco por sobre el Bando republicano.
No obstante, España ya había sufrido varias guerras civiles en el siglo anterior; actualmente, para éstas últimas se suele preferir el nombre de Guerras Carlistas.
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¡¡ Viva España !!
Los marxistas han venido realizando crecientes esfuerzos para hacer prevalecer sobre la verdad, su versión simplista y torpe del 18 de Julio, que para ellos no fue más que un levantamiento ilegítimo contra el gobierno constitucional. Por mucho que les pese, la realidad es muy otra. Este era según Gil Robles el balance de 4 meses de ese teórico "Estado de derecho": "Desde el 16 de febrero hasta el 15 de junio, un resumen numérico arroja los siguientes datos: Iglesias totalmente destruídas son 160. Asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos: 251. Muertos, 269. Heridos, 1287. Agresiones personales: 215. Atracos: 138. Tentativas de atraco: 23. Centros particulares y políticos destruídos: 69. Centros asaltados: 312. Huelgas generales: 113. Huelgas parciales: 228. Periódicos totalmente destruídos: 10. Asaltos a los periódicos, 33. Bombas y artefactos explotados: 146. Recogidos sin explotar: 78..."
En 1936 la victoria del Frente Popular significó la preponderancia de sus fuerzas más organizadas, que eran el prosoviético y estalinista Partido Comunista español y el entonces extremista y no menos prosoviético PSOE. Tanto es así que Ricardo de la Cierva dice en "La Historia se confiesa", tomo II, pág. 133: "La división y la radicalización del partido socialista, es, probablemente, la causa política más clara para la preparación y el advenimiento de la guerra civil." Recordemos la conclusión de Madariaga: "La circunstancia que hizo inevitable la guerra civil, fue la guerra civil dentro del partido socialista." Lo que constituye una clara alusión a la prepotencia del ala exaltada y prosoviética del "Lenin español" Largo Caballero, sobre la otra rama del PSOE, la de Prieto, relativamente moderada y españolista.
José María García Escudero, que ha analizado con especial agudeza este período completa el diagnóstico: "El verdadero señor de España, quien manda en la calle es Largo Caballero, entregado a una frenética escalada de violencia y que tiene a sus órdenes a un socialismo cuyas fronteras con el comunismo empieza a ser muy difícil de trazar." Corrobora Madariaga que "Largo Caballero no ocultó jamás su intención sobre este punto. Siempre fue su propósito llevar a España a una dictadura del proletariado." "Nada hay que nos diferencie de los comunistas", proclama con toda razón, Largo Caballero.
Sólo con una inmensa dosis de cinismo, pueden los herederos directos de aquellos vendepatria que pretendían encadenar España a la Unión Soviética, instaurando la opresión comunista, atreverse a presentar el Alzamiento Nacional como un levantamiento ilegítimo. Como si la rebelión contra la injusticia que fue el 18 de julio, no fuera más que un derecho, un alto deber moral. Hipocresía y cinismo no menos ostensible cuando presentan al régimen del Frente Popular como "democrático". Era democrático un régimen, en el que guardias de asalto dependientes del Ministerio de la Gobernación, sacaron de su casa a uno de los dos líderes más importantes de la oposición parlamentaria, D. José Calvo Sotelo y lo asesinaron barbaramente? Era democrático un estado en el que quienes detentaban el poder manifestaban sin tapujos su intención de implantar una dictadura comunista? Puede reprocharse a los patriotas que se anticiparan a las maniobras izquierdistas, que procuraban la rusificación de España?.
Gil Robles y Calvo Sotelo
La situación de España era tal, que hasta el muy democrático Gil Robles, que solo tras el asesinato de Calvo Sotelo abrió los ojos, llegó a decir: "Se nos expulsa de la legalidad; nuestros esfuerzos no encuentran más que el vacío, poco a poco las masas españolas desengañadas llegan a la convicción de que por el camino de la democracia nada pueden obtener. En cuanto vosotros los que os llamáis los representantes naturales de la democracia, hablais abiertamente de dictadura, cómo podéis asombraros de que quienes se sienten oprimidos piensen en la violencia para librarse de vuestra tiranía?" (De la "Historia de la Guerra de España", de Robert Brasillach y Maurice Bardeche, pag. 51)
Gil Robles descubrirá así la verdad fundamental. No habiendo comprendido la democracia cuando podía obrar sobre ella, se daba cuenta del juego cuando quedaba reducido a la impotencia. La gran responsabilidad de los marxistas no disminuye en nada la suya. Había preparado por su debilidad el drama ante el cual se tapaba los ojos.
Un Calvo Sotelo mucho más decidido y lúcido, animado por un amor profundo a la Patria y la conciencia de las realidades sociales y nacionales, quería la justicia para todos, reconocía la necesidad de un sindicalismo nacional. Pero quería también el orden y la paz. Próximo ya a la Falange Española, había intuído la única solución capaz de conjugar en una sola fórmula, justicia social, patriotismo y combatividad, proclamando en uno de sus últimos discursos parlamentarios: "Frente a vuestro Estado estéril, quiero un Estado que haga justicia económica y que pueda decir con toda autoridad: Basta de interes usureros, basta de fórmulas financieras, basta de capitalismo abusivo, basta de salarios de hambre. Es preciso que la producción nacional esté por encima de todos los intereses y de todas las clases. Muchos llamaran a este Estado de fascista, pues bien!, yo quiero este Estado y yo, que creo en él, me declaro fascista."
La República murió asesinada con Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936. El asesino de la República no fue, pues, otro que el propio Frente Popular.
Pero, ¿cuál es el verdadero significado del 18 de Julio? Es el símbolo de los más altos valores nacionales. Una fecha con la que sólo el 2 de Mayo de 1808 admite alguna comparación. Una representa la rebelión contra los afrancesados, la otra el alzamiento contra los bolchevizados. Una marca el inicio de la Guerra de la Independencia, la otra el de la Guerra de Liberación.
Realmente la amenaza que se cernía sobre la independencia y la existencia misma de España como nación, era mayor en Julio del 36 que en Mayo de 1808. De haber vencido los rojos estaríamos en el mejor de los casos en la situación de Polonia, Checoslovaquia, Hungría o Alemania Oriental, es decir satelizados. Precisamente para evitar esto, se alzaron por España la Falange y la Tradición y cubrieron los frentes de combate. Porque contra la negación de la Justicia, la ilegalidad y la arbitrariedad, la insurrección se convierte en el primero de los derechos y el más sagrado de los deberes.
El 18 de Julio de 1936 España entera se puso en pie bajo la invicta capitanía de Francisco Franco, para con un heroísmo inaudito, arrancarse las cadenas que la barbarie y la incultura nos habían puesto. España resucitaba.
Discurso de Franco
Alocución radiada del general Franco, 17 de julio de 1936.
¡Españoles! A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama a su defensa. La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas; a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los asesinos que alevosa y traidoramente os asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan fa vida de la población, arruinando y destruyendo sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores.
Los monumentos y tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques de las hordas revolucionarias, obedeciendo a la consigna que reciben de las directivas extranjeras, con la complicidad y negligencia de los gobernadores de monterilla. Los más graves delitos se cometen en las ciudades y en los campos, mientras las fuerzas de orden público permanecen acuarteladas, corroídas por la desesperación que provoca una obediencia ciega a gobernantes que intentan deshonrarles. El Ejército, la Marina y demás institutos armados son blanco de los más soeces y calumniosos ataques, precisamente por parte de aquellos que debían velar por su prestigio, y entre tanto los estados de excepción de alarma sólo sirven para amordazar al pueblo y que España ignore lo que sucede fuera de las puertas de sus villas y ciudades, así como también para encarcelar a los pretendidos adversarios políticos.
La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley; ni libertad, aherrojada por la tiranía; ni fraternidad, cuando el odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos que los Poderes fomentan; ni integridad ni defensa de nuestra frontera, cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras anunciar la destrucción y reparto de nuestro suelo. La Magistratura, cuya independencia garantiza la Constitución, sufre igualmente persecuciones y los más duros ataques a su independencia. Pactos electorales, hechos a, costa de la integridad de la propia Patria, unidos a los asaltos a Gobiernos civiles y cajas fuertes para falsear las actas formaron la máscara de legalidad que nos presidía.
Nada contuvo las apariencias del Gobierno, destitución ilegal del moderador, glorificación de las revoluciones de Asturias y Cataluña, una y otra quebrantadoras de la Constitución, que en nombre del pueblo era el Código fundamental, de nuestras instituciones.
Al espíritu revolucionario e inconsciente de las masas, engañadas y explotadas por los agentes soviéticos, se ocultan las sangrientas realidades de aquel régimen que sacrificó para su existencia 25 millones de personas, se unen la molicie y negligencia de autoridades de todas clases que, amparadas en un Poder claudicante, carecen de autoridad y prestigio para imponer el orden en el imperio de la libertad y de la justicia.
¿Es que se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando al mundo? ¿Es que podemos abandonar a España a los enemigos de la Patria, con proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha y sin resistencia?
¡Eso, no! Que lo hagan los traidores, pero no lo haremos quienes juramos defenderla.
Justicia, igualdad ante las leyes, ofrecemos.
Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranías.
Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española.
Pero, frente a esto, una guerra sin cuartel a los explotadores de la política, a los engaños del obrero honrado, a los extranjeros y a los extranjerizantes, que directa y solapadamente intentan destruir a España.
En estos momentos es España entera la que se levanta pidiendo paz, fraternidad y justicia; en todas las regiones el Ejército, la Marina y fuerzas del orden público se lanza a defender la Patria.
La energía en el sostenimiento del orden estará en proporción a la magnitud de la resistencia que se ofrezca.
Nuestro impulso no se determina por la defensa de unos intereses bastardos ni por el deseo de retroceder en el camino de la Historia, porque las instituciones, sea cuales fuesen, deben garantizar un mínimo de convivencia entre los ciudadanos, que, no obstante las ilusiones puestas por tantos españoles, se han visto defraudadas pese a toda la transigencia y comprensión de todos los organismos nacionales, con una respuesta anárquica, cuya realidad es imponderable.
Como la pureza de nuestras intenciones nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en el mejoramiento político social, el espíritu de odio y venganza no tiene albergue en nuestro pecho; del forzoso naufragio que sufrirán algunos ensayos legislativos, sabremos salvar cuanto sea compatible con la paz interior de España y su anhelada grandeza, haciendo reales en nuestra Patria, por primera vez y en este orden, la trilogía, fraternidad, libertad, e igualdad.
Españoles: ¡Viva España! ¡Viva el honrado pueblo español!
Tetuán, 17 de julio de 1936.
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