Historia oficial

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La historia oficial es aquella que lee y narra el pasado en busca de claves para la justificación histórica del oficialismo, es decir, el Estado o la clase gobernante de turno. No necesariamente constituye una falsedad o manipulación de los hechos en todos los casos, incluso puede ser una fuente de reafirmar el nacionalismo y los valores culturales. Pero cuando esta constituida por mitos y falsedades puede ser seriamente cuestionada al punto de que el gobierno tenga que recurrir a la censura política y el acoso legal a los críticos.

Ejemplos

Los gobiernos de Cuba, China, Corea del Norte y Unión Soviética han utilizado historiadores oficialistas al servicio del régimen, para reescribir la historia de una sangrienta revolución exaltando un supuesto heroísmo y popularidad de sus actores políticos. Existe una historia oficial en lo referente al Holocausto judío, la cual es ilegal cuestionar en las democracias occidentales. En España y aprovechando una amplia autonomía, los independentistas catalanes han reescrito la historia que se enseña en libros de texto a escolares, fomentando el separatismo, el victimismo y el odio anti español.

La fachada de la oficialidad tiene peso añadido en la percepción de las masas sobre la validez de una posición política o histórica. Pero a menudo la caída de una dictadura y adopción de "verdades oficiales" tangencialmente opuestas a las anteriores, ponen en evidencia lo efímero de la aparente solidez de los argumentos que defendía.

Crimen de pensamiento

Artículo principal: Crimen de pensamiento

A veces el alejarse de la historia oficial es ilegal y el crimen de pensamiento se trata de manera similar por dictaduras y democracias bajo la influencia de los grupos de presión (véase por ejemplo: Lista de las víctimas del ZOG). Incluso en el caso de las dictaduras, no se acusa abiertamente de un delito de opinión a los disidentes, sino que se enmascara y rotula falsamente como otros delitos que van desde "traición al servicio de poderes extranjeros" hasta "negacionismo", "racismo" o "antisemitismo" con el objeto de estigmatizar al acusado. La posibilidad de sufrir destrucción de imagen pública y carrera profesional, como por ejemplo en el caso de Fred Leuchter o Robert Faurisson, demuestran que en democracia no todos los ciudadanos gozan realmente de libertad de expresión. El rótulo es la excusa oficial que exonera al gobierno a los ojos de la ciudadanía. Su objetivo, justificar un castigo que parecería desproporcionado para el delito de pensar y opinar.

La criminalización del pensamiento logra producir un factor clave en la estrategia del lavado de cerebro, el someter al sujeto a una única fuente de información. Cuando la historia oficial es la única versión de los hechos, un paso importante para reavivar el carácter crítico de la mente humana es al menos ser consciente de que existe una manipulación. En ese contexto, la información de fuentes alternativas cobra vital importancia para la lucha contra los dogmas oficiales.

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