Inmigracionismo

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El inmigracionismo es la ideología y práctica política que propugna la inmigración masiva de poblaciones originarias de África, Centro y Suramérica y Asia hacia Europa y otros países poblados mayoritariamente por personas de origen europeo[1].

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La causa inmediata de la inmigración masiva está en la globalización

El origen inmediato de la inmigración masiva actual está en la globalización, siendo este desplazamiento poblacional masivo uno de los ejes de este proceso, por su parte, fruto del devenir del sistema capitalista. De modo que el origen último de la inmigración masiva actual está en el capitalismo. La globalización es económica (y de ahí las exigencias por parte de la superburguesía de libertad de circulación de capital y mercancías y apertura de los mercados, hasta lograr el mercado mundial), pero también demográfica (que provoca, por parte de los mismos superburgueses, pero también de sus tontos útiles, los marxistas, la consabida exigencia de libertad de circulación de personas, tanto de trabajadores, que incrementen masivamente la mano de obra disponible y revienten los convenios colectivos en aquellas naciones desarrolladas donde existen, como de no-trabajadores, como medio de expandir el mercado), político-social (manifestada en la merma de las sociedades nacionales homogéneas y del propio estado-nación y en la constitución de una serie de organismos supranacionales de cuño mundialista con creciente poder de coacción sobre los estados) y cultural (promoción del cosmopolitismo y pérdida de autoctonía nacional europea; y en este contexto se entiende el impulso dado a la africanización del gusto musical europeo). Con respecto al origen de la globalización, tal y como se ha dicho, y tal y como señala Alain de Benoist, “lejos de representar una desviación aberrante del sistema capitalista o de poder interpretarse como una novedad radical vista como el resultado de una conspiración, la mundialización se inscribe, en efecto, en la lógica de una dinámica secular propia de la naturaleza misma del capitalismo”[2].

La causa última de la inmigración masiva es el capitalismo

El inmigracionismo es el correlato ideológico de la política migratoria del capitalismo, por definición mundialista. El origen del inmigracionismo, por tanto, está en las particulares necesidades del capitalismo globalizador, en la actualización a un marco mundial de la siempre presente codicia empresarial y de sus condiciones de optimización. Es una ideología que sólo tiene en cuenta las apetencias de los dueños del dinero y no las necesidades de las personas; así no tiene en cuenta en absoluto el derecho de la población autóctona de las distintas patrias europeas a no recibir inmigración masiva y conservar su identidad; ni la conveniencia para la población que inmigra de no hacerlo y quedarse en su tierra viviendo dignamente. Quién defiende la inmigración, defiende los intereses del capital.

Para su propagación cuenta con la complicidad y el apoyo de la corriente ideológica del marxismo cultural, cuyos ideólogos, a una vez abrumados por la culpa y corroídos por el resentimiento contra unas naciones europeas que no quisieron/supieron hacer su revolución (la de los marxistas), revolución que, al igual que el liberalismo, pretendía la homogeneización del mundo por la economía, se han propuesto destruir estas naciones mediante la inmigración masiva, el asimilacionismo, el multiculturalismo, el interculturalismo y el mesticismo. Podemos aventurar que los agentes propagandísticos del capital mundialista ya se encontraron el terreno trillado ideológicamente por los marxistas (responsables de la extensión en la población de la xenofilia, la xenomanía, la afromanía, la endofobia y el etnomasoquismo). Nada hay contradictorio en todo esto: al fin y al cabo, es el capital el que está realizado el ideal mundialista del marxismo. El inmigracionismo dispone para su propagación, por tanto, con el campo ideológico común compartido por las ideologías políticas surgidas de la Modernidad (liberalismo, marxismo, socialdemocratismo, etc.) y en el que despuntan el igualitarismo, el negacionismo racial o la ideología de los derechos humanos.

La introducción masiva de inmigrantes tiene el efecto de disolver los lazos de identidad raciales y culturales (es decir, étnicos) pre-existentes en la nación receptora, constituyendo, por tanto, la inmigración un agente activo en la implosión social actual que, no obstante, es consecuencia de un proceso mucho mayor, la Modernidad. La implosión social hoy es intensificada por las citadas exigencias del capital mundialista y por su correlato ideológico en la exacerbación de las formas y los valores capitalistas y neoliberales en la sociedad (homogenización de los patrones de producción y consumo, mercado mundial, hegemonía social de la lógica del beneficio), con la consiguiente tendencia a reducir toda relación social entre personas a una cuestión mercantil, a la vez que las personas experimentan un proceso objetivo y subjetivo de individuación que les sustrae de cualquier vínculo social y de la pertenencia a cualquier comunidad intermedia entre el individuo y la humanidad. Está bien documentado que la diversidad étnica en una misma sociedad no hace sino debilitar toda costumbre y norma no escrita de confianza, solidaridad y responsabilidad social entre sus elementos. Quede bien claro que la inmigración masiva no es la única causa de implosión social, y que ésta tiene su propia fenomenología. Y que un modelo liberal de sociedad sólo puede tener como referente de derechos y deberes al ser humano abstracto, desligado de todo marco comunitario, un ser humano “kantiano”, frente al modelo de hombre “herderiano”, inserto en toda una red de pertenencias constitutivas, es decir, orgánicas y comunitarias. Por lo demás, no hay exageración en la denuncia de los peligros de la deriva mercantilista. La aceptación creciente de valores neoliberales en la población europea es una de las causas del invierno demográfico europeo: el capitalismo rechaza todo aquello que no es rentable, y tener hijos no lo es.

El inmigracionismo es colonialismo

La introducción masiva de inmigrantes en un estado supone un ataque directo a la identidad de la etnia nativa de ese estado, y un ataque a su derecho a la autodeterminación. La identidad étnica es un hecho legítimo que sólo es garantizado para una etnia por la territorialidad, es decir, por el dominio de una unidad política determinada habitada en exclusiva por esa etnia concreta. Lo mismo que el colonialismo decimonónico atacó la independencia y el derecho a disponer de sí mismos de los pueblos colonizados, el inmigracionismo de hoy y la defensa del multiculturalismo, del interculturalismo y del mestizaje agreden la identidad y el derecho a disponer de sí mismos de los pueblos que reciben semejantes flujos inmigratorios. El inmigracionismo es colonialismo.

Hay que entender muy bien que un etnia, siguiendo la tradición grecolatina que se sustancia alrededor del concepto de έθνος, ethnos (que incluye tanto un componente biológico como un componente cultural) es un grupo que comparte un base biológica común, a la vez que una cultura común, y un común sentimiento de identidad y pertenencia (si bien, dada la autonomía conceptual del propio concepto etnia, no puede ser legítimamente reducida a ninguno de estos factores, por lo que la fenomenología de una etnia no es unívoca); que una nación es una etnia que toma conciencia política de sí misma; y que un estado es la forma en que la conciencia política particular de esa etnia se manifiesta. El inmigracionismo niega, por tanto, la posibilidad política a una etnia determinada, dotada de estado, y constituida, por tanto, en nación, y que recibe contingentes poblacionales masivos de una etnia distinta. Lo niega porque altera la composición demográfica del estado que es la base formal a partir de la cual la etnia constituida en nación ejecuta su voluntad política en un determinado territorio. El inmigracionismo, efectivamente, es colonialismo.

El inmigracionismo supone, por tanto, un elemento imprescindible con el que las élites mundialistas ejecutan su proyecto universalista, que puede entenderse, ante todo, como un fenomenal empecinamiento por una especie de reductio ad unum global.

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Referencias

  1. Inmigracionismo
  2. “Frente a la mundialización”, publicado en Más allá de la derecha y de la izquierda. Alain de Benoist. Áltera, Barcelona, 2010, pág. 115

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