José Vasconcelos

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José Vasconcelos Calderón

José María Albino Vasconcelos Calderón (Oaxaca, 28 de febrero de 1882 - Ciudad de México, 30 de junio de 1959) fue un abogado, político, escritor, educador, funcionario público y filósofo mexicano. Autor de una serie de novelas autobiográficas que retratan detalles singulares del largo proceso de descomposición del porfiriato, del desarrollo y triunfo de la Revolución mexicana y del inicio de la etapa del régimen post-revolucionario mexicano que fue llamada "de construcción de instituciones".

Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de México y por las de Chile, Guatemala y otras latinoamericanas. Fue también miembro de El Colegio Nacional y de la Academia Mexicana de la Lengua.

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Ateneo de la Juventud

Tras cursar estudios primarios en su tierra natal, se desplazó al Distrito Federal para estudiar derecho. Tras concluir sus estudios de derecho fundaría el Ateneo de la Juventud, una institución que realizaría una crítica en profundidad al positivismo de Comté, extraordinariamente desarrollado en México durante el gobierno de Porfirio Díaz. En la universidad tuvo como compañeros a tres jóvenes que luego alcanzarían: Alfonso Reyes Ochoa, Antonio Caso Andrade e Isidro Fabela.

la suya fue una generación que tuvo protagonismo en la historia de México de la primera mitad del siglo XX. Lo más sorpren¬dente de este grupo de amigos fue su rechazo al positivismo. El positivismo es una escuela filosófica de origen francés que supone un intento extremo de racionalización de todas las actividades cotidianas. Puede definirse como un seudo—espiritualismo altruista y a la vez como un materialismo hiper-racionalista que, por lo mismo, solía caer habitualmente en posiciones ridiculas. Era revolucionario en la medida en que quería hacer tabla rasa de casi toda la historia anterior. Ateo, era al mismo tiempo consciente de que en el interior del ser humano late un deseo de espiritualidad y un ansia de trascendencia, por lo que el positivismo, a fin de cuentas, adoptó la forma de una religión laica. En España apenas tuvo importancia salvo en algunas franjas del movimiento anarquista y en ciertos sectores de la masonería, pero jamás alcanzó el favor popular que tuvo en Francia. Sin embargo, en México, seguramente a través de los canales masónicos, el positivismo penetró con fuerza, especialmente en el Ministerio de Educación. Los jóvenes fundadores del Ateneo de la Juventud Mexicana lo que en realidad crearon fue un movimiento anti—positivista opuesto sobre todo a la política educativa de Justo Sierra, ministro de instrucción pública del "porfiriato".

El Ateneo de la Juventud estableció las bases para la "recuperación de la cultura nacional en México". La posibilidad de viajar que tuvieron sus miembros en el ejercicio de sus carreras diplomáticas o literarias, facilitó el que extendieran a toda Iberoamérica estos ideales e intentaran crear una "identidad iberoamericana" que aportara una concepción del mundo con entidad suficiente como para emanciparse de la Doctrina Monroe (América para los americanos... del Norte). Querían, en definitiva, un progreso pero que no implicara la destrucción de sus identidades originarias, sino que se basara en una afirmación de las mismas.

Actividad política

A través del Ateneo de la Juventud Mexicana emprende una crítica feroz contra el positivismo atrincherado en el gobierno de Porfirio Díaz. Fue la primera vez que Vasconcelos intervenía en política, aunque penetrara en este ámbito desde la lucha cultural. En esta lucha contra los que llamaban despectivamente "científicos" los valores éticos y estéticos propuestos eran la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento y, ocupando un lugar muy destacado, la afirmación de los valores iberoamericanos. Mientras el "porfiriato" experimentaba una verdadera fascinación por lo europeo, desconociendo los valores mexicanos, aquellos jóvenes entre los que Vasconcelos era sin duda el que mostraba más carácter y empeño, enfatizaban la recuperación de lo mexicano y, por extensión de lo latinoamericano como seña de identidad.

Vasconcelos apoyó a Francisco Madero a partir de 1909 frente a la candidatura de Porfirio Díaz. En 1910 las elecciones concluyeron en un gigantesco fraude que dio la victoria a Porfirio Díaz, tras lo cual Madero y sus partidarios llamaron a la insurrección en lo que se conoce como el "Plan de San Luis", detonador de la Revolución de 1910. Se atribuye a Vasconcelos la paternidad del lema de la campaña de Madero: "Sufragio efectivo, no reelección. Madero logró hacerse con el poder tras la renuncia de Porfirio y en 1911 se convocaron nuevas elecciones que le dieron la victoria definitivamente.

Sin embargo, tras producirse el golpe de Victoriano Huerta, se inicia para Vasconcelos un período agitado que le llevará primero al exilio en EEUU, donde conocerá a Venustiano Carranza, jefe del Ejército Constitucionalista. Este le rogó que se convirtiera en agente de influencia en Europa logrando que el gobierno de Huerta no fuera reconocido ni obtuviera apoyo económico. Al poco de ser nombrado director de la Escuela Nacional Preparatoria, estallaron divergencias entre él y Carranza y se abrió para Vasconcelos un segundo período de exilio. Volvió para ocupar la cartera de Instrucción en el gobierno de Eulalio Gutiérrez Ortiz, pero la experiencia fue breve. En estos períodos, la inestabilidad y la brevedad de los gobiernos impidieron que Vasconcelos estuviera en condiciones de poner en marcha ninguno de sus proyectos educativos.

Alienado junto a Alvaro Obregón contra Carranza, el presidente interino Adolfo Huerta le encargó la dirección de Universidades y Bellas Artes y la dirección de la Universidad Nacional Autónoma de México, cargo que ocupó durante algo más de 15 meses. En ese momento tenía las ideas muy bien definidas: política social, conciencia de raza, ideología nacionalista, ideas que plasmó en el nuevo lema de la UNAM que todavía ostenta hoy y que fue obra de Vasconcelos: "Por mi Raza hablará el Espíritu". Tras ser relevado del cargo y realizar una amplia tarea reorganizadora en la UNAM, Vasconcelos pasó a dirigir la Instrucción Pública provisto de los mismos ideales. Impulso el cuerpo de maestros rurales de los que intentó hacer, según su propia declaración, "apóstoles de la educación", en un modelo inspirado en los misioneros del período colonial. Asumió, así mismo, la edición de libros y folletos y su paso al frente de la Instrucción supuso uno de los períodos de mayor brío en la difusión de la cultura y en las campañas de escolarización y alfabetización en el México deprimido posterior a la I Guerra Mundial y tras lustros de inestabilidad.

La idea de Vasconcelos era que los países iberoamericanos eran hijos de la misma cultura y, por tanto, debían cooperar y forjarse un destino común. No dudó en enviar "embajadas culturales" a los principales países iberoamericanos, formadas por los estudiantes mexicanos más destacados. En esas misiones, sus miembros debían empaparse de la cultura y de las tradiciones de esos países y transferir, a su vez, las suyas. Él mismo predicó con el ejemplo: multiplicó sus contactos personales con artistas mexicanos a los que promovió y facilitó su trabajo, apoyó a escritores iberoamericanos de prestigio aun cuando no fueran mexicanos.

Durante su mando al frente de la instrucción pública se multiplicó la creación de escuelas públicas, bibliotecas y edificios destinados a la difusión de la cultura. Sin embargo, en todo momento mantuvo una encomiable independencia política que le llevaría a tener problemas y fricciones frecuentes con la presidencia de la República. De ahí que su carrera al frente de la Instrucción Pública fuera tan breve como intensa.

En 1929 decidió presentarse como candidato a la presidencia de la República. Fue candidato rival de Pascual Ortiz quien resultó finalmente elegido. La campaña fue dura y el candidato oficialista no dudó en lanzar a sus huestes contra los partidarios de Vasconcelos que debieron soportar una violencia inusitada. A pesar de estar apoyado por los intelectuales iberoamericanos más prestigiosos de la época, su candidatura resultó batida con mecanismos fraudulentos. Su llamamiento a la insurrección fue desoído por el pueblo mexicano agotado por más de diez años de disturbios civiles.

Activismo pro-nacionalsocialista

Tras su fracaso en la elección presidencial, al exiliarse en EEUU y luego en Europa, Vasconcelos abordó la tarea de elaboración de un cuerpo doctrinal diversificado que incluía elementos procedentes de distintos horizontes intelectuales. De este período datan sus reflexiones sobre el pensamiento hindú, su conocimiento en profundidad de la filosofía de Schopenhauer y de Unamuno, que integraría en una perspectiva humanista.

Todas estas fuentes —así como su opción pro—Eje durante el conflicto- hacen que se tienda a ver en determinados ambientes a Vasconcelos y a su obra como un doctrinario iberoamericano de carácter nacionalista y revolucionario similar a los fascismos europeos.

En 1940 regresó a su tierra siendo nombrado director de la Biblioteca Nacional. Era conocedor del éxito de los regímenes fascista y nacionalsocialista en Europa. La embajada alemana en México le financió la Revista Timón que sostenía la causa del Eje. Sólo al acabar la guerra, Vasconcelos percibió las imputaciones realizadas contra el Eje por parte de los vencedores.

Al concluir la guerra siguió dedicándose a su tarea docente y a la dirección de la Biblioteca Nacional, escribiendo en varios diarios. Realizó el prólogo para el libro Derrota mundial escrito por Salvador Borrego.

Doctrina

Se le reconoce la paternidad de tres principios filosóficos que constituyen la médula esencial del pensamiento de Vasconcelos. La primera consiste en una reconducción de la filosofía aristotélica sobre la belleza que el griego considera como sometida y derivada al ritmo, la medida y la armonía y que Vasconcelos llama el "Apriori Estético" y ve completamente independiente de los conceptos de la filosofía clásica, inspirándose en la filosofía idealista. La segunda tesis es igualmente completa, la llama "la teoría de la coordinación mental que une lo he-terogéneo" y resume así: "Cuando pensamos en un objeto, por ejem¬plo, ponemos en un sector de la mente lo que nos dice del objeto la Física, lo que nos dice la Química, lo que nos dice la Literatura, y así la labor del filósofo va a consistir en coordinar todas esas esferas del conocimiento, para lograr algo que ya no es 'Logos', sino Armonía. La verdad, en consecuencia, ya no es la reducción de ¡o particular a lo general —piensa nuestro filósofo—, sino el secreto de la coordinación de valores irreducibles uno al otro, pero que se ligan por la vida y la acción, dando por resultado una existencia como armonía". La última tesis afirma que el arte es el resultado de elementos heterogéneos agru¬pados al margen de la racionalidad y la intelectualidad y en función de lo armónico y lo estético.

En su vertiente política el pensamiento de Vasconcelos se suele de¬finir como un "regeneracionismo romántico antiimperialista a la mexi¬cana". Aparte de esto, su aportación no hace sino confirmar lo que otros antes y después de él confirmarán: las clases bajas están movidas por el resentimiento y las altas por la soberbia, por tanto, es en la clase media en donde se encuentran los elementos más lúcidos de la nación. A las clases medias, en tanto que son las mejor dotadas intelectualmente, les corresponde no solamente liderar los procesos revolucionarios sino estabilizarlos luego.

Su proyecto regeneracionista no es otro que el de reconocer la he¬gemonía de las clases medias y entregarles el liderazgo del país. A di¬ferencia de los movimientos "indigenistas" aparecidos en los últimos años del siglo XX en distintos países andinos, Vasconcelos no sostiene la superioridad y la "pureza" de las civilizaciones precolombinas. En su obra se muestra como un gran admirador de la colonización y de la figura de Cortés. Como los regeneracionistas de todas latitudes, Vasconcelos no duda en criticar los vicios del "ser nacional", las taras que los pueblos han ido adquiriendo con el paso de los años. En este senti¬do, es evidente que la inspiración de Vasconcelos procede de España y de la Generación del 98, en particular de Unamuno.

En su obra política pueden encontrarse elementos fascistas, especialmente en los años 30, por otra parte, es un católico, más regeneracionista que conservador, que confiesa su fe en 1937 en ¿Qué es el comunismo? publicada ese año. Ese catolicismo se proyecta sobre su obra en forma de un humanismo omnipresente. Ese humanismo le acompaña desde su juventud, cuando él y sus amigos del Ateneo de la Juventud habían emprendido la cruzada contra el pensamiento positivista.

Fruto del rechazo antipositivista es el restablecimiento de la enseñan¬za de las humanidades que impulsó como director de UNAM y en los cargos políticos que ocupó. Sin declararse contrario a la ciencia, considera que ésta debe estar sometida a los principios. Rechaza, pues, la ciencia sin conciencia y el cientifismo social de Comté y los positivistas. Había escrito "Ambos no advirtieron que el deber del filósofo es unir el saber científico—empírico, con el saber humanista, el saber estético, el saber divino... No se puede filosofar si se desatienden dichos valores". En otros textos, Vasconcelos parece considerar la ciencia como una parte de la filosofía en la medida en que ésta apareció antes que aquella.

En su proyecto educativo Vasconcelos quiere convertir a todo el pueblo en "artista". Para ello le es imprescindible difundir, principalmente, la música, la pintura y la arquitectura. Vasconcelos aspira a una síntesis entre lo nacional y la filosofía griega. Es inevitable, pues, que desemboque en un cierto nacionalismo iberoamericanista que desembocará en un "hombre nuevo" y en una "nueva forma de vivir".

Sostiene que el principal valor iberoamericano es la "libertad" en la medida en que la considera el rasgo distintivo de "la raza íbera y portavoz de una cultura emergente". Y es en este contexto en donde aparece la teoría de la "raza cósmica".

La raza cósmica

En un ensayo publicado en 1925, titulado La Raza Cósmica, Vasconcelos desarrolló una ideología universalista, cosmopolita, multirracialista y mesticista que versa sobre la "quinta raza" del continente americano: una aglomeración de todas las razas humanas del mundo sin distinción alguna para construir una nueva civilización (Universópolis) y gente del mundo entero transmitiendo su conocimiento e iniciar la "era universal de la humanidad".

A pesar de su apoyo al Tercer Reich, Vasconcelos terminó por afirmar, en franca desviación y contradicción de la doctrina nacionalsocialista, que las ideas de Charles Darwin son "teorías científicas" sólo creadas para validar, explicar y justificar la superioridad racial y la represión a otras, Vasconcelos intenta rechazar esas teorías y hacer un esfuerzo ideológico para "mejorar la moral cultural" de la "raza oprimida" al dar un teoría optimista del futuro desarrollo de una "raza cósmica".

El término "raza cósmica" engloba la noción mesticista según la cual los conceptos exclusivos de raza y nacionalidad deben ser "trascendidos en nombre del destino común de la humanidad", en detrimento claro de la biodiversidad humana natural. Originalmente se refirió a un movimiento de intelectuales mexicanos de la década de 1920, que apuntaron que los "latinoamericanos" tienen sangre de las tres razas del mundo: blanca (colonizadores europeos), amarilla (nativos amerindios) y negra (esclavos africanos), "trascendiendo" las gentes del "viejo mundo".

La expresión "La Raza" es una versión abreviada de "La raza cósmica" y se refiere al mestizaje en Latinoamérica. Vasconcelos usó también la expresión "raza de bronce" en el mismo sentido.

Fuente

Milá, Ernesto. (2010). José de Vasconcelos. Revista de Historia del Fascismo, (1), 118-146

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