Juan José Valle

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Juan José Valle
El Teniente General post mortem Juan José Valle nació en Buenos Aires en 1896 y fue asesinado el 12 de junio de 1956. Fue un militar argentino que en 1956 encabezó una fallida sublevación cívico-militar contra la dictadura militar dirigido por el General Pedro Eugenio Aramburu, autodenominada Revolución Libertadora. Derrotado el movimiento Valle fue fusilado por orden de Aramburu, junto a otros revolucionarios. Por este acto algunos sectores han denominado a aquel gobierno militar como "la Fusiladora".

Contenido

Biografía

Casado con una patricia porteña, Dora Cristina Prieto, tuvieron una sola hija: Susana Cristina (1936-2006).

Fue ingeniero militar a los 22 años. Su capacidad profesional e inteligencia le permitieron desarrollar su carrera militar en los más prestigiosos destinos. Antes del movimiento del 9 de junio de 1956 nunca había participado en política.

Revistó en el Colegio Militar de la Nación como jefe de sección y comandante de la Compañía de Ingenieros Zapadores Pontoneros. Su inteligencia y contracción al estudio motivaron que fuera profesor de la Escuela Superior Técnica.

Fue miembro de la Comisión de Adquisiciones en el exterior, en París, Francia, tiempo que aprovechó para continuar su capacitación profesional.

Sus sobresalientes aptitudes profesionales lo llevaron a ser nombrado jefe del Batallón 4 de Zapadores Pontoneros en Concepción del Uruguay y luego subdirector de la Escuela de Zapadores (hoy Escuela de Ingenieros), la misma que a partir de 2006 lleva su nombre, Inspector de Ingenieros y Director General de Ingenieros hasta la finalización de su carrera con el golpe de estado de septiembre de 1955.

Golpe militar de 1955, "Revolución Libertadora"

El 16 de septiembre de 1955 comenzó una insurrección militar contra el gobierno constitucional del presidente Juan Domingo Perón. El 18 de septiembre el ministro Franklin Lucero solicitó por radio un parlamento entre los bandos opuestos y Perón envió una carta al Ejército ofreciéndoles entregar su mando. En base a esta carta se constituyó una Junta Militar integrada por 17 generales entre los cuales estaba el general Valle, la cual inició negociaciones con los rebeldes y el 21 de setiembre conviene con ellos los puntos de acuerdo en base a los cuales se entregaría el poder, lo que se realizó el 23 de ese mismo mes.[1]

El poder fue asumido por un gobierno militar dirigido inicialmente por el general Eduardo Lonardi, removido poco después por el general Pedro Eugenio Aramburu quien asumió el poder el 13 de noviembre de 1955. Como parte de la política de ilegalización del peronismo, el gobierno militar dio de baja al general Valle.

Levantamiento de 1956

(Ver artículo principal: Masacre de José León Suárez)

En la noche del 9 de junio de 1956 comenzó una insurrección cívico-militar peronista comandada por el General Juan José Valle. El movimiento se desplegó en varias partes del país, pero fue rápidamente desbaratado. En los enfrentamientos los sublevados mataron a tres personas -Blas Closs, Rafael Fernández y Bernardino Rodríguez- y tuvieron a su vez dos muertos -Carlos Yrigoyen y Rolando Zanera- sin contar, por supuesto, los que fueron luego fusilados.[2]

El gobierno militar decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual para la historia argentina en el siglo XX disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Entre el 9 y el 12 de junio de 1956, 27 civiles y militares fueron fusilados, algunos de ellos en fusilamientos clandestinos realizados en José León Suárez, antes de la orden de ley marcial.

Valle, muy deprimido por los fusilamientos que ya se conocían, se había refugiado en casa de un amigo, Andrés Gabrielli. Como insistía en presentarse Gabrielli se entrevistó con el capitán Francisco Manrique en la Casa de Gobierno y obtuvo la promesa de que se respetaría su vida. El 12 de junio Valle esperó que Manrique lo fuera a buscar y lo llevara al Regimiento de Palermo, donde lo interrogaron y condenaron a muerte. Manrique fue a ver al general Aramburu y éste se negó a conmutarle la pena aduciendo que después que se fusiló a suboficiales y civiles no se podía dejar de aplicar la misma pena al cabecilla del movimiento. A las 8 de la noche avisaron a su familia que a las 10 sería fusilado. Su hija Susana que tenía entonces 18 años corrió a ver a Monseñor Tato, que había sido expulsado por Perón en 1955, quien por intermedio del Nuncio Apostólico obtuvo que el Papa telegrafiara un pedido de clemencia a Aramburu, sin resultado.[3]

Juan José Valle fue fusilado el 12 de junio de 1956 en la Penitenciaría Nacional de la Ciudad de Buenos Aires, actual parque Las Heras (en las calles Coronel Díaz y Las Heras) donde se encuentra una placa colocada en su memoria y la de los demás fusilados.

Cartas

Antes de morir entregó varias cartas a su hija Susana, entre ellas una a Aramburu expresándole su perdón, con el siguiente texto:

"Buenos Aires, 12 de junio de 1956

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles apuntándonos con ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aún antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez mas su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen o les besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados.

Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos, sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 por ciento de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método solo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos, no sólo de minorías privilegiadas.

Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así como nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre.

Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos.

Viva la Patria

Juan José Valle"

Homenajes

El 12 de junio de 2006 en homenaje a Valle se dio el nombre de "Tte. Grl. Juan José Valle" a la Escuela de Ingenieros.

En homenaje al General Valle, una calle de la ciudad de Buenos Aires lleva su nombre.

10º aniversario del fusilamiento de Valle

(Palabras del Dr. Santiago Carrillo en el Cementerio de Olivos, frente a la tumba del General Juan José Valle.)


Compañeros:

Los pueblos serán felices en la medida que el sacrificio de sus hijos adquiera matices de sufrimiento, abnegación o heroísmo.

Nuestro pueblo joven y en plena formación, atraviesa por esas etapas en busca de felicidad, y la quiere sin retaceos ni exclusiones, porque es un bien común a la cual todos tenemos derecho a disfrutarla.

Es el drama de los pueblos americanos, pródigos en riquezas naturales, tanto como en elementales necesidades indispensables para su propia subsistencia. La miseria naufraga en la abundancia y lo que debiera ser una gracia se trueca en calamidad. Es que otros pueblos desarrollados y poderosos nos succionan vorazmente esas riquezas, dejándonos en cambio un páramo humano, olvidando que aquí también viven seres como ellos, con las mismas necesidades y aspiraciones. El derecho a vivir no se realiza por la ley de la naturaleza sino regulada por la conveniencia ajena, ora por la superioridad técnica, ora por la fuerza o el dinero deshumanizado. Pero Latinoamérica tiene sangre y estirpe para alcanzar su objetivo.

La Argentina, preferentemente codiciada, no escapa a las vicisitudes de toda índole que le generan los imperios. Es la razón de su lucha, de su existencia como nación misma.

En este continuo quehacer de patria, dos hechos trascendentes se consuman en 1955 y 1956 inspirados por la antipatria, verdaderos jalones de adversidad en el calendario histórico de nuestro pueblo. Me refiero a la caída del gobierno peronista, advenido por voluntad popular y a la represión incalificable del 9 de Junio de 1956. Perón hizo temblar la estructura colonial vigente durante los gobiernos demo-liberales, reviviendo el orgullo nacional y demostrando con nuevas concepciones y realizaciones, el alto nivel cultural adquirido. Entonces, el pueblo argentino se reencuentra después de su calvario expoliativo. Así se explica que los apátridas de adentro y los intereses de afuera, lesionados, concuerden en eliminarlo y así también es obvio que cualquier tentativa futura para restablecer la autenticidad argentina, necesariamente deberá ser reprimida con rigor jacobino, para evitar otros nuevos brotes de inspiración nacional.

El General Juan José Valle y sus valientes compañeros serán los héroes sobre quienes recae el odio y ensañamiento y ofrendarán sus vidas por evitar el retorno indigno al coloniaje. Esta venganza es por demás significativa y nos demuestra hasta donde se le sojuzga al pueblo, cuales los procedimientos y los riesgos que deben afrontar los hombres en su lucha por la liberación.

Por eso los argentinos, como hacen con todos sus hijos dilectos, derraman sobre ellos sus más caros sentimientos de gratitud. En la estampa de Valle y los suyos, quedará grabado eternamente el símbolo del valor y del amor a su pueblo. Por eso estamos aquí, para acercarnos a ellos mediante una plegaria y testimoniarles el agradecimiento por habernos legado su heroísmo y su grandeza. Pero también para refirmar con fuerza la necesidad de acrecentar desvelos y continuar con tesón para lograr la finalidad anhelada, propósitos que nos unieron en vida y se consolida con la muerte. Ante el silencio imponente reiteramos el compromiso contraído.

No venimos, queridos compañeros, a musitarles una oración piadosa ni a pedirles sólo descanso en paz, porque bien sabemos que esa tranquilidad llegará a vuestras moradas cuando los argentinos nos hayamos hecho merecedores a este suelo que nos otorgó la bendición divina.

El pueblo ha sufrido lo suficiente y de esa escuela del padecimiento ya comienzan a surgir hombres que lo reivindicarán. Por eso no le teme a ese crudo materialismo que en todos los órdenes corrompe al género humano, como un azote bíblico, a quien lo señalamos como culpable de tanta ignominia y el responsable de la injusticia prevalente.

El dogma utilitario liberal, personero de ese materialismo, debe cesar. No es una afirmación antojadiza, sino que ello será la resultante de un proceso que ha cumplido su ciclo y tiene que ceder su lugar a otras concepciones político-filosóficas más evolucionadas y sensibles a los pueblos. Gracias a Dios que ya se le acerca el fin y agoniza en el mundo entero, dando coletazos de furia y rencor. Pero aun en su ocaso, es peligroso. Nuestra arma de combate radica en la fuerza que nos da la fe y la convicción de que es imprescindible restituir valores morales y espirituales para aplastarlo. Ellos no tienen dios; como esfinges, permanecen inmutables ante el dolor; adinerados sin patria y sin ley; socios en trastienda política o agrupados en sectas internacionales, continúan promoviendo gobiernos advenedizos utilizando políticos impúdicos y provocando desniveles sociales, políticos o económicos. Distorsionan la verdad y se valen de cualquier medio innoble para acallarnos. Es la técnica que utilizan para perdurar. Lo acaecido en 1955 y el 9 de Junio de 1956 es un elocuente ejemplo. Su poder es terrible, pero ello no nos desalienta, como no amilanó a quienes hoy recordamos con admiración y cariñoso recogimiento.

El pueblo argentino sufre las consecuencias de su rebeldía y se nos ha impuesto un castigo porque queremos autodeterminar su destino, que es obligación y derecho. La conducción desgraciada que soporta el país sin solución de continuidad desde hace diez años nos asfixia lentamente; es historia de ayer y de hoy, privando en este lapso el más rancio pragmatismo en detrimento del pueblo y de su soberanía. Tal castigo es el tributo por vasallaje que pagamos al no aceptar subordinarnos a sus menguados designios. Los patriotas del 9 de junio intuyeron la desgracia y por ser visionarios y proclamarla, sellan su suerte.

La madurez política del pueblo argentino es innegable y por tanto está en condiciones de transformar y reordenar su fuerza vital torciendo el rumbo y construir una sociedad armónica aunque para ello haya que hacer tabla rasa con seudo legalidades que cobijen la ineptitud o la desvergüenza. El imperio de la paz, la justicia y el amor, es decir la felicidad del pueblo, exige esta decisión. Entonces, cuando así sea, habremos honrado a todos los héroes de la patria.

Compañeros:

En nombre del pueblo peronista, actual expresión social y política del sentir nacional y con profunda fe cristiana os decimos:

Juan José Valle, Ricardo Santiago Ibazeta, Alcibíades Eduardo Cortinez, José Albino Irigoyen, Oscar Lorenzo Cogorno, Eloy Luis Caro, Dardo Néstor Cano, Jorge Miguel Costales, Jorge Leopoldo Noriega, Néstor Marcelo Videla, Alberto Juan Abadie, Miguel Ángel Paolini, Ernesto Garecca, Isauro Costa, Luis Pugnetti, Hugo Eladio Quiroga, Luis Bagnetti, Miguel José Rodríguez, Luciano Isaías Rojas, Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Aldo Emir Jofre, Miguel Ángel Mauriño, Rolando Zanetta, Ramón Raúl Videla, Carlos Irigoyen, Carlos Alberto Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brion y Vicente Rodríguez,

¡PRESENTE!

Referencias

  1. Page, Joseph A.: Perón. Segunda parte (1952-1971) pág. 77 y sgtes., 1983, Buenos Aires. Javier Vergara Editor ISBN 950-15-0316-X
  2. Gambini, Hugo: Historia del peronismo. La violencia (1956-1983) pág. 79, 2008, Buenos Aires. Javier Vergara Editor.
  3. Gambini, Hugo, pág. 73

Bibliografía

  • Ferla, Salvador (1972). Mártires y verdugos. Revelación: Buenos Aires.

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