Revisionismo del Holocausto

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El revisionismo del Holocausto (llamado por sus detractores como negacionismo del Holocausto), es una corriente histórica, que los círculos académicos convencionales erróneamente consideran como pseudocientífica. Tiene la finalidad de reinterpretar los hechos acaecidos en Europa entre los años 1941 y 1946 y que fueron posteriormente tergiversados por los intereses políticos que impulsaron la creación del Estado de Israel en la región de Palestina en 1948.

En general, las tesis de estas reinterpretaciones hechas a la luz de nuevas evidencias, cuestionan o niegan el supuesto asesinato en masa del pueblo judío y otras minorías bajo el Tercer Reich, hechos que habrían sucedido entre 1941 y 1945, mismos que no resisten un análisis histórico.

Los ejes comunes de esta corriente los constituye la duda o el rechazo de que:

  • El régimen nacionalsocialista tuviese un plan deliberado de exterminar a los judíos o a otros grupos.
  • Hubiesen muerto más de 800.000 personas en los campos de concentración, de entre las cuales aproximadamente 300.000 serían judíos.
  • Existiesen dispositivos funcionales para el exterminio masivo, tales como las cámaras de gas, y por lo tanto, también los campos de exterminio.

La discusión abierta de este tema está totalmente prohibida en varios países europeos que se declaran democráticos y existen penas severas para quienes nieguen o cuestionen el Holocausto.

Dentro del revisionismo del Holocausto, es posible identificar dos posturas en función de su grado de interpretación:

  • La que niega totalmente el asesinato masivo y por consecuencia también la existencia de cámaras de gas. La mayoría de los revisionistas defiende esta postura.
  • La que no niega en totalidad el Holocausto ni las cámaras de gas, pero afirma que Hitler no tenía conocimiento ni responsabilidad sobre las ejecuciones en masa. El historiador británico David Irving se caracterizó por defender esta idea en The Hitler’s War[1], aunque esto sólo con el propósito de no meterse en demasiados problemas con la ley.

Los revisionistas han demostrado también que el Holocausto fue una propaganda de guerra inventada por las potencias aliadas y que fue posteriormente aprovechada por los sionistas con el propósito de obtener beneficios a costa de otros pueblos, principalmente Palestina y Alemania, por ejemplo, el cobro de indemnizaciones a Alemania, mismas que ascendieron a 85.000. millones de marcos para el año 1952[2]. Alemania ha pagado más de 90.000 millones de marcos (56.000 millones de dólares aproximadamente) a Israel y a organizaciones sionistas desde 1949.

Aunque al revisionismo no le corresponde profundizar en cuestiones políticas sino sólo atenerse al estudio de los hechos centrales, esto no es impedimento para que algunas personas utilicen estas investigaciones para respaldar también posturas políticas. Por ello, el revisionismo del Holocausto está perseguido penalmente en varios países europeos como Alemania y Austria, con absurdas acusaciones como "ocultamiento de genocidio con conocimiento, o consentimiento y aprobación o justificación del "genocidio".

Tabla de contenidos

[editar] Terminología

El revisionismo del Holocausto se denomina así por ser una corriente del revisionismo histórico, aunque no es necesariamente reconocida actualmente por las instituciones académicas oficiales, principalmente por poseer ideas políticamente incorrectas.

En las primeras décadas posteriores a la guerra, las comunidades judías decidieron no dignificar aquellos estudios revisionistas con una respuesta, creyendo que contestar sólo llevaría a esta corriente a una mayor credibilidad. Más tarde, y con cierta resistencia por parte de la comunidad judía, la historiadora estadounidense Deborah Lipstadt los denominó "negadores del Holocausto", ya que, desde su punto de vista, no estaban "revisando" la Historia, sino más bien, negando lo innegable. Apartir de entonces se comenzó a utilizar el término "negacionismo", que los revisionistas rechazan no sólo por ser despectivo, sino por estar equivocado, además de que esta expresión quiere indicar o sugerir, que los revisionistas niegan categóricamente los hechos que abordan, es decir, sin investigaciones, ni pruebas que respalden su postura.

De este modo, cualquiera que niega la existencia del Holocausto, se convierte simplemente en "negacionista", no importando si éste cumple con las exigencias de la metodología histórica, lo cual es contradictorio cuando se toma en cuenta a los revisionistas históricos que no se dedican al estudio particular del Holocausto, pero que también niegan ciertos hechos que la Historia oficial ha establecido como verdaderos. En compensación por el uso de este término, y para facilitar la diferencia de las teorías entre ellos, los revisionistas se refieren como exterministas o exterminacionistas a aquellos que apoyan o acreditan la historia oficial, falsamente académica, sobre el Holocausto.

[editar] Historia

[editar] Paul Rassinier

Si bien se admite que lógicamente fueron los nazis, como Hermann Göring, las primeras personas en negar las acusaciones de crímenes que se les imputaron en los, nada consistentes, Juicios de Núremberg, no fue sino hasta las investigaciones del profesor francés Paul Rassinier que se comenzó formalmente con esta corriente revisionista.

Rassinier dio inicio al revisionismo del Holocausto al publicar en 1950 Le Mensonge d’Ulysse (“La mentira de Ulises”), donde trata sobre los testimonios de ex-prisioneros de los campos de concentración alemanes y su vivencia en Buchenwald y Mittelbau-Dora donde estuvo preso por participar en la Resistencia Francesa a la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Al escribir este libro, Rassinier se ocupó de cuestionar y desmentir cada uno de los testimonios que existían sobre cámaras de exterminio en territorio alemán, sin embargo admitió su falta de autoridad moral para testificar sobre los demás campos que se hallaban tras la Cortina de Hierro, es decir, campos que se encontraban dentro de los territorios ocupados por los soviéticos en ese momento, como el de Auschwitz por ejemplo, y consideró la remota posibilidad de la existencia de las cámaras de exterminio en ese territorio, sin embargo, tras sus posteriores investigaciones cambió su postura totalmente, afirmando que no hubo ejecuciones por gaseamiento en ningún campo. Rassinier afirmó también haber buscado durante quince años testigos de los gaseamientos sin éxito y que en los campos, además de contar con atención médica y actividades recreativas, se les remuneraba a los presos por el trabajo forzado.

Los críticos señalan que la supuesta visión antisemita de Rassinier condicionó sus opiniones y le restan validez, siendo que fue fundador de una organización francesa que ayudó a varios judíos a escapar de las persecusiones. También señalan, con aire victorioso, el hecho de que ni Buchenwald ni Mittelbau-Dora no fueron campos de exterminio, razón por la cual no es extraño que Rassinier no haya visto cámaras de gas, sin embargo, olvidan mencionar que existieron numerosos testigos que afirmaron la existencia de cámaras de exterminio en Buchenwald, de hecho, en el tiempo de Rassinier, se consideró como un hecho la existencia de dichas cámaras en este campo.

Fue de los primeros revisionistas en sacar al descubierto la vasta conspiración sionista/aliada/soviética que falsificó los hechos de los campos de concentración alemanes, y que a cuyo conjunto denominó como Holocausto.

[editar] Harry Elmer Barnes

El historiador estadounidense Harry Elmer Barnes, asumió una postura revisionista en los años más tardíos de su vida. Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Barnes se volvió un conocido escritor pacifista y el máximo exponente del movimiento revisionista histórico. Después de la Segunda Guerra Mundial, se convenció de que las acusaciones hechas contra Alemania y Japón, incluyendo el Holocausto, fueron propaganda de guerra usados para justificar la participación de EE.UU. en la guerra.

[editar] Einar Aberg

En 1959, el profesor Einar Aberg había publicado en Norniken, Suecia, un cálculo estadístico, en el que la cifra de 6.000.000 de judíos muertos, no correspondía con la información de algunas fuentes como la American Jewish Comittee y la Statistical of the Synagogues of America. Dicho cálculo decía lo siguiente:

Año Número de judíos en el mundo Fuente estadística
1921 11.600.000 Meyers Hand-Lexikon, Alemania
1925 15.630.000, World Almanac, pg. 752.
1930 15.600.000 National Council of Churches
1933 15.316.359 American Jewish Committee
1936 15.753.633 World Almanac, pg. 748
1938 15.748.091 American Jewish Comitee
1939 15.600.000 American Jewish Comittee Bureau of the Synagogue Council
1940 15.319.359 World Almanac, pg. 129.
1941 15.748.091 World Almanac, pg. 510.
1942 15.192.089 World Almanac pg. 849.
1947 15.690.000 World Almanac, pg. 74.
1948 15.600.000 New York Times, 22 de febrero de 1948, Mr. Hanson W. Baldwin
1949 15.713.638 World Almanac, pg. 284.
1961 16.300.000 Statistical Yearbook of Council of Churches, EUA.

El documento fue clasificado como texto antisemita (sic) y los historiadores "oficialistas" no le dieron importancia.

[editar] David Hoggan

Un prominente precursor del revisionismo fue el historiador David Hoggan, quien escribió en 1969 uno de sus primeros libros donde negaba el Holocausto titulado: The Myth of the Six Million (El mito de los seis millones). Hoggan se convirtió en una de las primeras personalidades más importantes del revisionismo, pues sus varios profesorados universitarios confirmaron su seriedad académica.

[editar] Informe Leuchter

El Informe Leuchter es el nombre por el cual se conoce a una extraordinaria investigación pericial realizada en 1988 por el norteamericano Fred A. Leuchter, quien es especialista en el diseño y construcción de equipos para ejecución en las cárceles de Estados Unidos, aunque posteriormente se alegó que carecía de conocimiento alguno sobre cámaras de gas y por ello fue procesado por ejercer la ingeniería sin licencia, hecho que si bien de cierto modo le resta credibilidad al informe, no le resta validez, puesto que fue repetido y confirmado por el químico alemán Germar Rudolf.

El informe fue realizado con dos propósitos:

  • Para defender judicialmente a Ernst Zündel, procesado por los cargos de negación del Holocausto y de "fomentar el odio racial" (sic).
  • Para demostrar de forma exacta que en los campos de Auschwitz I, Auschwitz-Birkenau y Majdanek no existieron cámaras de gas destinadas a la ejecución en masa.

Ernst Zündel contrató los servicios de Leuchter en 1988 a cambio de 35.000 dólares. Leuchter se dispuso a viajar a Polonia luego de una reunión donde revisó fotografías de campos de concentración durante la guerra, planos de los crematorios y de las cámaras de gas, documentos sobre el gas Zyklon B y diapositivas tomadas de los sitios por el investigador sueco Ditlieb Felderer, en 1970.

El 25 de febrero de 1988, Leuchter viajó a Polonia, junto con su esposa Carolyn, el camarógrafo Jürgen Neumann, el dibujante Howard Miller y la colaboración del intérprete polaco Tjudar (Theodor) Rudolf, para recoger muestras y tomar imágenes. Sirviéndose de un martillo y un cincel, extrajo sin permiso trozos de pared y de suelo de las cámaras de exterminio y de desinsectación. Las muestras fueron obtenidas de forma subrepticia ya que el gobierno de Polonia no permite la libre investigación de las presuntas cámaras. Las muestras fueron llevadas a Estados Unidos y entregadas al laboratorio dirigido por el químico estadounidense James Roth, sin ser informado de dónde procedían las muestras, sólo que se trataba de un análisis pericial para un juicio, esto con el fin de no influenciar los resultados.

[editar] Argumentos y observaciones técnicas del informe

La argumentación de Leuchter se basó principalmente en los siguientes puntos:

Considerando que el cianuro llega a perdurar durante siglos en argamasa y piedra, los resultados del análisis del Dr. Roth determinaron que:

  • Las muestras extraídas de las cámaras de desinsectación contenían una muy elevada cantidad de cianuro. En en la superficie de dichas cámaras se habían encontrado residuos de azul de Prusia.
  • Las muestras extraídas de las supuestas cámaras de exterminio contenían un rastro nulo o ínfimo de cianuro, careciendo la totalidad de éstas de dichos residuos de azul prusiano en su superficie.

Otras observaciones técnicas sobre estas supuestas cámaras de exterminio que contiene el informe, incluyen los siguientes puntos:

  • Las cámaras no están selladas herméticamente, es decir, que continuamente hubiera habido fugas de gas letal. Al realizar una ejecución, el gas hubiese penetrado en el hospital de las SS que estaba enfrente y habría matado a médicos y pacientes.
  • Faltan mecanismos de distribución del gas, así como sistemas de calefacción, puesto que para que el Zyklon B pueda volatilizarse dentro de media hora, las cámaras de desinsectación necesitaban calentarse por lo menos a 25 ºC.
  • No hay suficiente ventilación. Al realizarse una ejecución, no se hubiese podido ventilar con efectividad una cámara, para realizar al instante otra ejecución, como afirman los testimonios.
  • El Zyklon B puede permanecer incluso una semana después de un solo gaseo, en cantidad necesaria para significar un peligro a cualquiera que tuviera acceso a la cámara.
  • Las cámaras están construidas cada una en el mismo edificio donde están los crematorios, siendo que el gas Zyklon B es un gas explosivo. Es impensable que los ingenieros alemanes hayan decidido construir ambos mecanismos en el mismo complejo sin considerar el peligro que hubiese significado para todo el personal que laboraba.
  • Las puertas de todas las cámaras de gas, se abren hacia adentro, por lo que los comandos especiales no habrían podido entrar a la cámara llena de cadáveres.

Basándose en las conclusiones del análisis químico, Leuchter escribió un informe de 192 páginas en el que concluyó que "no existieron cámaras de gas para ejecuciones en ninguno de los tres campos, que las cámaras de gas ahí encontradas no podrían haber funcionado nunca para realizar ejecuciones y que únicamente servían para la fumigación de parásitos".

Este análisis químico fue repetido dos veces más, la primera, por el Instituto de medicina forense de Cracovia, por solicitud expresa del Museo Auschwitz, y la segunda por el químico alemán Germar Rudolf. Rudolf llegó a las mismas conclusiones que el análisis del Dr. Roth, a quien critica en algunos puntos de menor importancia. Los resultados obtenidos por el Instituto de medicina forense de Cracovia, encontraron en las muestras de las supuestas cámaras de exterminio, rastros aún más pequeños de cianuro que los encontrados por el Dr. Roth

Aunque el testimonio oral de Leuchter fue aceptado en el juicio de Zündel, el informe pericial fue rechazado por el Tribunal por su presunta ausencia de acreditación profesional (sic). En octubre de 1990, un tribunal de Massachussets procesó criminalmente a Leuchter por ejercer como ingeniero sin tener licencia.

Este documento ha sido una de las principales herramientas de los revisionistas del Holocausto para demostrar materialmente la falsificación de las cámaras de exterminio en Auschwitz I, Auschwitz-Birkenau y Majdanek.

[editar] Afirmaciones y conclusiones de los revisionistas del Holocausto

Las tres afirmaciones básicas de los revisionistas del Holocausto son:[3]

  • No hubo una política oficial, un plan o una intención clara para el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
  • No murieron seis millones de judíos durante la guerra: esta es una cifra tremendamente exagerada y no corresponde con la realidad. Dudan que hubiesen muerto más de 800.000 personas en los campos de concentración, de entre las cuales aproximadamente de entre 150.000 y 300.000 serían judíos. Parte de esta afirmación se basa en los cálculos estadísticos poblacionales de la época, de natalidad mortalidad y migración, así como en los de los campos de concentración alemanes. Los trabajadores eran necesarios en época de guerra y hubiese sido contraproducente ejecutarlos, por esta razón el 8 de diciembre de 1942, Heinrich Himmler, responsable máximo de todas las instalaciones de prisioneros, hizo llegar a todos los centros de internamiento una orden taxativa, conminando a las autoridades responsables a que "el índice de defunciones en los campos debe ser reducido a cualquier costo". La Cruz Roja Internacional, que tuvo acceso a los campos y los supervisó durante la guerra, informó sobre dichas defunciones.
  • No existieron cámaras de gas en los campos de concentración. (No se refieren aquí a las cámaras usadas en la desinsectación de piojos con el gas Zyklon B[4] para la ropa, colchones, etc. cuya existencia es incuestionable, sino a las cámaras hechas, específica y funcionalmente con el propósito de asesinar personas.) Esta afirmación se basa en los resultados de los análisis realizados en los restos de las supuestas cámaras de exterminio y que son incompatibles con lo que establece la historia oficial. Además, el director del Museo de Auschwitz, el polaco Dr. Franciszek Piper, había anunciado que las cámaras de gas habían sido construidas por los soviéticos después de la guerra y cuando la Cruz Roja entrevistó a miles de prisioneros liberados al final de la guerra, preguntándoles si habían visto “cámaras de gas”, la respuesta fue universalmente negativa.[5]

Entre otras afirmaciones se incluyen las siguientes:

  • La Alemania nacionalsocialista creó campos de concentración o campos de trabajo al igual que muchos otros países con el fin de internar individuos que, por sus ideologías o nacionalidades, pudieran representar una situación conflictiva para el país. Por ejemplo la reclusión de individuos japoneses en campos de concentración estadounidenses durante la guerra.
  • La población judía en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial no era de 9.500.000 judíos sino que era menor a los cuatro millones, de los cuales aproximadamente un millón emigraron hacia lugares como Palestina, Estados Unidos, Argentina, Canadá, etc. y más de dos millones emigraron a la Unión Soviética, y sólo 300.000, aproximadamente, murieron en los campos de concentración.
  • El constante bombardeo aliado causó rupturas a carreteras, puentes y vías férreas, las cuales suministraban alimentos y medicamentos a los diversos campos de trabajo, por esa razón la inanición y las epidemias de tifus exantemático transmitido por el piojo fueron factores decisivos para las bajas de prisioneros judíos y no judíos, enfermeras, médicos y el personal de administración de los campos, sin incluir la vejez y la muerte natural. Este hecho fue descrito por Rassinier en sus obras, y confirmado también por la Cruz Roja en un informe de 1948 en el que explicó que los bombardeos sistemáticos de los aliados paralizaron los transportes y las comunicaciones; "no se podía ya realizar el aprovisionamiento regular de los campos y la falta de alimentos provocó la muerte de un número creciente de personas, no solamente en los campos, sino también entre la población civil".
  • Las pretendidas gasificaciones en las supuestas "cámaras de exterminio" eran técnicamente imposibles.
  • En los campos de concentración sí existieron hornos crematorios para la incineración de los cadáveres y así evitar otras epidemias, pero no para quemar a seres vivos ni a supuestas víctimas de gaseamiento. Era completamente imposible quemar los cadáveres de los pretendidos millones de gasificados en los crematorios existentes tal como lo ha establecido la historia oficial.
  • No existe, o al menos no se conserva, ningún documento nacionalsocialista que ordene, decrete o manifieste el asesinato en masa por parte de los alemanes o que mencione siquiera las cámaras de gas[6]. Este hecho es respaldado por Olga Wormser-Migot y Leon Poliakov, historiadores oficialistas. Todos los documentos fiables que se han encontrado hablan de un plan de deportaciones forzadas, pero no de exterminio.
  • La denominada "Solución Final al problema judío" (Endlösung der judenfrage) no significaba la decisión de exterminar al pueblo judío, sino su desplazamiento y reubicación en la isla de Madagascar,[7] y posteriormente en el este de Europa para el nuevo asentamiento del Estado de Israel.
  • La Conferencia de Wannsee del 20 de enero de 1943 se trató efectivamente de la cuestión judía, y de su Solución Final, es decir, de la deportación forzosa de los judíos así como de la creación de una entidad judía, pero no de un programa de exterminio físico.
  • Las historias del Holocausto son un mito creado inicialmente por los Aliados para satanizar a los alemanes. Los sionistas difundieron este mito con la intención de cobrar grandes indemnizaciones y permitir la creación de un hogar nacional judío en Palestina y para continuar apoyando políticamente al Estado de Israel.
  • Las principales pruebas del genocidio se fundamentan en testimonios de supuestos supervivientes y no en pruebas materiales que demuestren el asesinato en masa. Estos testimonios no prueban nada si no pueden ser verificados o contrastados y en general éstos forman parte de los rumores que a su vez otros les habían transmitido dentro de los campos.
  • Muchas de las supuestas evidencias materiales, principalmente fotografías, son falsificaciones. Otras fotografías no son montajes pero se citan fuera de contexto como las conocidas fotografías de los soldados soviéticos ejecutando judíos.
  • El Diario de Ana Frank, otra presunta evidencia material, fue manipulado por Otto Frank después de la muerte de Ana.
  • Los testimonios de los sobrevivientes están llenos de errores e inconsistencias por lo que no son confiables. Por ejemplo, existieron muchos testigos que describieron el proceso de exterminio con cámaras de gas en los campos de Dachau y Buchenwald, lo cual fue tomado como un hecho establecido durante los Juicios de Núremberg, pero desde 1960 todos los historiadores "serios" de la versión oficial, admiten que todo esto era producto de la propaganda antialemana, y que los testimonios eran fraudulentos.
  • Las confesiones sobre crímenes de guerra, como la de Rudolf Höss en los Juicios de Núremberg, fueron extraídas bajo tortura.
  • El trato de los alemanes hacia los judíos no fue diferente al trato que daban los aliados a sus enemigos en la guerra.
  • Los judíos sufrieron los desastres de la guerra, la separación y deportación a campos de concentración, los consecuentes padecimientos y muertes por epidemias, las ejecuciones aisladas por ciertos motivos; y también padecieron represalias o hasta masacres. Pero todos esos sufrimientos los padecieron también otras naciones o comunidades durante la guerra así como también los alemanes y sus aliados.
  • Adolf Hitler y el Nacionalsocialismo son inocentes de la acusación de genocidio contra el pueblo judío y otras minorías.

[editar] Técnicas usadas por los exterministas

Los exterministas políticamente motivados utilizan técnicas para respaldar sus argumentos que no siempre se perciben para los no especialistas. A veces es difícil para una persona distinguir los ensayos académicos sometidos a la revisión por pares (oficiales), algunos best sellers sobre historia sin el mínimo rigor académico y ensayos académicos rechazados durante la revisión por pares por contener ideas políticamente incorrectas, por ello se suelen confundir éstos ensayos con textos no científicos.

Los críticos del revisionismo del Holocausto, generalmente hacen extrapolaciones de sus propios defectos metodológicos hacia sus rivales con el fin de desprestigiarlos, por esta razón en fuentes como el Proyecto Nizkor se mencionan técnicas retóricas, supuestamente usadas por los revisionistas, que se asemejan a las que ellos en realidad utilizan.

Las técnicas retóricas más comunes de los exterministas que señalan sus contra-críticos, son las siguientes:

  • Falacias ad verecundiam, o falacia de autoridad.
  • Falacias ad populum. Cuando se argumenta que como la mayoría de la gente está de acuerdo con una idea, entonces ésta es cierta.
  • Falacias y ataques ad hominem. Llamar nazis o antisemitas a los revisionistas o a cualquier persona que dude o que niegue el Holocausto.
  • Falacias de asociación como reductio ad hitlerum.
  • Falacias ad ignorantiam. Pretender que, por el hecho de que algo no se haya probado falso, entonces es verdad o viceversa.
  • Falacias de irrelevancia.
  • Uso selectivo de hechos.
  • Presentación insuficiente de evidencias.
  • Invención de hechos
  • Ofuscación de hechos.
  • Suposición de hechos no probados.
  • Ridiculización de la tesis con la comparación de tesis absurdas.
  • Tergiversación de las opiniones contrarias.
  • Indiferencia o minimización de la importancia de hechos conocidos.
  • Establecer una serie de postulados aún más complicados que los que se proponen. Implica una cierta indiferencia crítica al principio de parsimonia o navaja de Ockham que propone que, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla es probablemente la correcta, o en otras palabras, que no ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias: El hecho mismo de afirmar que en la Solución Final las palabras “evacuación” o “emigración” significaban “asesinato” sin evidencia alguna que respalde esto, no sólo es invocar una teoría de conspiración dentro del análisis histórico, es también ir en contra del espíritu de la ciencia.
  • Uso indiscriminado y a su favor, del postulado de la citada navaja de Ockham para rechazar rotundamente, aún con evidencias, posibles explicaciones sociológicas tales como conspiraciones políticas, comparándolas con hechos o leyes naturales. La navaja de Occam no es una regla y no implica la negación de la existencia de ningún tipo de entidad.
  • Indiferencia al sentido común, importante en el análisis histórico.
  • Uso de ambigüedades y divagaciones como explicaciones, dando por hecho que son comprensibles.
  • Confundir al lector.
  • Uso de eufemismos atractivos o neutrales para disfrazar hechos desagradables que conciernen a su postura.
  • Uso de eufemismos desagradables para describir los hechos opuestos.
  • Influencia de creencias y deseos personales.
  • Inversión de la culpa.
  • Uso de amenazas y violencia.

El primer análisis extenso del término pseudoescepticismo, categoría en la que puede clasificarse el exterminismo como respuesta al escepticismo del revisionismo, fue llevado a cabo por Marcelo Truzzi, catedrático de sociología en la universidad de Eastern Michigan, quien en 1987 postuló que los pseudoescépticos muestran las siguientes características:

  • La tendencia, más bien, a negar que a dudar. A diferencia de los revisionistas quienes no niegan sin antes cuestionar e investigar apropiadamente los hechos oficiales, los exterministas niegan constantemente no sólo cualquier afirmación revisionista, sino incluso la mera posibilidad de su veracidad, lo cual termina conviríéndose en un dogma.
  • Usar una doble vara de medir en sus análisis críticos.
  • Emitir juicios sin una completa investigación. (Estudiar ambas partes)
  • La tendencia a desprestigiar más que a investigar.
  • Uso de ataques ad hominem.
  • Presentación insuficiente de evidencias o pruebas.
  • Referirse peyorativamente a los que proponen determinada disciplina como "promotores", "pseudocientíficos" o practicantes de "ciencia patológica". (Negacionismo, negacionistas, propagandistas del negacionismo)
  • Al censurar asumir que no es requerido el deber de la prueba.
  • Hacer contraargumentos no comprobados.
  • Contraargumentar basándose en lo que parece más razonable o plausible en vez de en la evidencia empírica.
  • Insinuar que una evidencia poco convincente es un fundamento para descartarla.
  • Tendencia a descartar "toda" evidencia.

[editar] Críticas al revisionismo del Holocausto

A menudo, historiadores oficialistas y exterministas sostienen que el revisionismo del Holocausto es pseudocientífico porque sus seguidores supuestamente no utilizan el método científico, y algunos afirman que ellos "parten de las conclusiones o conceptos preconcebidos que desean y posteriormente seleccionan convenientemente hechos para apoyar dichas conlusiones". A pesar de que nunca han podido demostrar tales afirmaciones, en cambio, no toman en cuenta a los historiadores oficiales que sí parten de sus conclusiones o conceptos preconcebidos:

"no es preciso preguntarse como técnicamente tal muerte en masa ha sido posible. Ha sido posible técnicamente porque ha tenido lugar. Este es el punto de partida obligado de cualquier investigación histórica sobre el particular. Esta verdad es la que nos corresponde recordar simplemente: No hay, no puede debatirse la existencia de las cámaras de gas".


Lo anterior son tres claras prohibiciones, tres tabúes y tres limitaciones definitivas para la investigación del Holocausto, establecidos por historiadores académicos, y son contrarias a lo que establece el método científico:

"La ciencia no pretende ser ni absoluta, ni autoritaria, ni dogmática. Todas las ideas, hipótesis, teorías; todo el conocimiento científico está sujeto a revisión, a estudio y a modificación."[8]


Por eso el Holocausto, junto a otros temas históricos, está sujeto a revisión, a estudio y a modificación de las conclusiones en virtud de nuevas evidencias. Eso es científico, no lo contrario.

La etiqueta de pseudocientífico que algunas personas quieren darle al revisionismo del Holocausto es un prejuicio en sí mismo, porque frecuentemente se coloca incluso antes de evaluar al autor y los métodos que utiliza, al punto que se define como negacionista a cualquiera que niegue el Holocausto, independientemente de si su metodología no contradice al método científico.

Para desprestigiar aún más las investigaciones revisionistas, también suelen señalar que algunos revisionistas no son historiadores profesionales o titulados, lo cual es cierto como en el caso del historiador David Irving, quien es un historiador aficionado, pero cuyas obras fueron elogiadas por los círculos académicos y fue considerado anteriormente como el mayor especialista de la Segunda Guerra Mundial, por la gran cantidad de documentación de primera mano que posee.

Numerosos estudiosos se niegan a discutir los argumentos del revisionismo del Holocausto, alegando que al hacerlo, se daría a los revisionistas del Holocausto una legitimidad injustificada.[9] Lo cierto es que no desean entran en debate sobre "hechos ya inamovibles y establecidos".

Por ejemplo, la historiadora judía Deborah Lipstadt, ha creído denunciar los métodos y las motivaciones de los revisionistas, al tiempo que intenta restarles legitimidad. Lipstadt explica sus opiniones:

"No es necesario perder el tiempo o el esfuerzo en responder a las alegaciones de los negacionistas. Sería un nunca acabar de responder a los argumentos planteados por los que libremente falsifican los resultados, citan fuera de contexto y simplemente despachan resmas de testimonios. A diferencia de los verdaderos académicos, tienen poco, si alguno, respeto por los datos o evidencias. Su compromiso es con una ideología y sus «conclusiones» son la forma de apoyarla".[10]


Sin embargo, los revisionistas nunca han considerado como pérdida de tiempo o esfuerzo responder a las diversas críticas y contra-argumentos planteados por los exterministas, porque al hacerlo, además de que así promueven el debate abierto y logran acercarse a verdades más exactas, también revelan los defectos argumentativos de sus detractores, cosa que éstos no han podido hacer sin recurrir a cuestiones legales o sentencias de tribunales que no tienen nada que ver con la historiografía. El compromiso de los revisionistas ha sido siempre con la verdad histórica.

Otras variadas personalidades y académicos se han pronunciado también en contra de la negación del Holocausto con opiniones que distan mucho de ser científicas. William Shulman, director del Centro de Investigación del Holocausto, describe la negación "como si las víctimas del Holocausto fueran asesinadas dos veces",[11] un sentimiento que comparte el teórico literario Jean Baudrillard, quien sostuvo que "olvidar el exterminio es parte del exterminio."[12]

[editar] Uso político del revisionismo y del exterminismo

Otra de las críticas recurrentes es que el revisionismo del Holocausto sería una corriente surgida únicamente con propósitos ideológicos y políticos que tendría la misión de falsificar la historia del Holocausto para limpiar la imagen del nacionalsocialismo y así restablecerlo.

Es preciso comprender que una cosa es el revisionismo y otra muy distinta es el uso político que algunas personas le dan a las investigaciones del revisionismo, quienes no son científicos ni historiadores y para quienes el término negacionistas sería más adecuado.

Es verdad que la negación del Holocausto está frecuentemente relacionada con movimientos nacionalsocialistas, ya que éstos comparten la opinión de que Hitler no ordenó genocidio alguno, a la vez de que éste no tuvo lugar. Destaca, Horst Mahler, fundador de la Baader-Meinhof y actualmente militante de extrema derecha, quien estuvo en prisión por difundir supuesta propaganda antisemita. También el líder del Frente Nacional en Francia, Jean-Marie Le Pen, condenado en varias ocasiones por presuntos delitos de complicidad con la "apología de crímenes de guerra" y negación de un crimen contra la humanidad.[13]

Sin embargo, no todos los negadores del Holocausto son seguidores del nacionalsocialismo o antisemitas. Joseph Burg, un judío, fue asesor y defensor del político, escritor y pintor Ernst Zündel en su juicio de 1988, lo mismo que David Cole, quien fue llamado traidor por la Liga de Defensa Judía y que fue obligado a retractarse. Paul Rassinier fue comunista y miembro de la resistencia francesa en contra de la ocupación alemana.

Como la mayoría de los historiadores no suele arriesgarse a hacer afirmaciones a la ligera, es difícil que citen algún ejemplo de revisionista cuyos intereses sean más políticos que históricos y que, por lo tanto, no usen el método científico. En lugar de eso citan a una de las principales páginas detractoras del revisionismo del Holocausto: el proyecto Nizkor. Nizkor, נִזְכּוֹר (que en hebreo significa: recordaremos), responde directamente con apariencia crítica y científica a los argumentos de los revisionistas y dice ofrecer una refutación punto por punto a sus afirmaciones, pero lo cierto es que no logra cumplir con ese cometido pues omite y distorsiona casi toda la información que ofrecen los revisionistas.

Nizkor no es un libro ni una página de historia, y su director Ken McVay es un administrador de gasolinera retirado, que no tiene titulación profesional y que mantiene la página web con donaciones de asociaciones sionistas. Al ingresar a esta página se encuentra una cita en inglés y en color rojo que dice: "El propósito real del revisionismo del Holocausto es hacer al Nacional Socialismo como una alternativa política aceptable otra vez."[14]. Aunque algunas personas parecen no notarlo, la pagina tiene sesgo político.

El controvertido profesor judío Norman Finkelstein, aunque no ha negado explícitamente el Holocausto, es conocido por expresar en sus obras, críticas a la política exterior israelí y que el "Holocausto está siendo explotado con fines políticos pro-israelíes y para financiar a los actores políticos en perjuicio de los actuales supervivientes"[15]. En diciembre de 2007 Finkelstein perdió su puesto como profesor de ciencias políticas en la Universidad DePaul.[16]

Aunque dominado tradicionalmente por el conservadurismo, en la negación política del Holocausto se expresan también otras posiciones. Como por ejemplo, la del profesor ex-comunista Robert Faurisson (apoyado por Noam Chomsky en el escándalo Faurisson) o la de Roger Garaudy, expulsado del Partido Comunista Francés, quienes son activos difusores del revisionismo del Holocausto.

La negación del Holocausto surge también en algunos países musulmanes como Irán, que dan cobertura política y mediática al revisionismo al más alto nivel, como lo ilustra la organización de una conferencia mundial revisionista organizada por el propio Gobierno iraní en diciembre de 2006.

Según el ministro iraní de relaciones exteriores, "el objetivo de la conferencia no es negar o probar el holocausto, sino ofrecer la oportunidad a investigadores europeos de dar su punto de vista sobre este fenómeno histórico". Manuchehr Mottaki también añadió en sus palabras de inauguración que "la simple pregunta del presidente iraní: ¿si el holocausto es un hecho histórico, por qué no puede ser estudiado?", provocó una ola de acusaciones contra Irán, por parte de Israel y sus aliados. También acudieron miembros de organizaciones judías antisionistas de Europa y Estados Unidos[17] como los miembros del movimiento Jaredí o judío ultraortodoxo, los jasidim o los Neturei Karta[18], quienes están en contra del sionismo, el Estado de Israel e incluso cuestionan el Holocausto.[19]

[editar] Legislación del revisionismo del Holocausto

En muchos países, denominados "democráticos", sobre todo europeos, el revisionismo en relación al Holocausto se considera una ofensa criminal. El Consejo de Europa lo define como "la negación, trivialización, justificación o aprobación en público de crímenes de genocidio, crímenes contra la humanidad".

[editar] Legislación Internacional

Un protocolo adicional a la Convención sobre Cibercrimen del Consejo de Europa cubre específicamente la negación del Holocausto y de otros genocidios reconocidos como tales por tribunales internacionales desde 1945 (artículo 6, sección 1).

[editar] Legislaciones nacionales

Hay varias leyes nacionales relacionadas con el "negacionismo" y la "expresión de odio" (bajo el cual se incluye el negacionismo) como la Ley Gayssot (aprobada en Francia, en 1990), que prohíbe toda expresión "racista, antisemita o xenófoba" y que contempla al menos tres años de cárcel a los negacionistas o personas que expresan dudas sobre el exterminio judío. En 1992, Austria promulgó una ley similar que contempla hasta diez años de cárcel hacia estas personas (artículo 3h Verbotsgesetz 1947). La «Ley belga sobre Negacionismo» (aprobada en 1995) prohíbe el apoyo, justificación o negación pública del Holocausto en Bélgica. En Alemania está penalizada la negación o dudas del holocausto en público según el artículo 130 párrafo 3 (§ 130 Abs. 3) código penal alemán (Strafgesetzbuch) y se considera como "incitación al odio" (Volksverhetzung). Otros países europeos que tipifican esta conducta como delito en su ordenamiento jurídico son: Suiza (artículo 261bis del Código Penal), Eslovaquia, República Checa, Lituania, Polonia, Canadá, Liechtenstein, Nueva Zelanda, Países Bajos, Rumania y Sudáfrica. Además, bajo la Ley 5710-1950 es también ilegal en Israel.

No sucede lo mismo en Estados Unidos, donde tiene su sede el denominado Institute for Historical Review (Instituto para la Revisión Histórica), considerado la principal organización revisionista del mundo. Estados Unidos considera que disposiciones como la del Consejo de Europa no son compatibles con su ordenamiento constitucional, por lo que no firmó el protocolo.

Entre los cargos comúnmente imputados a quienes niegan o cuestionan el Holocausto y que son procesados ante los tribunales, se destacan: ridiculización u ofensa a las víctimas del Holocausto, difamación de la memoria de los muertos, incitación popular, instigación al odio racial, negación del asesinato de seis millones de judíos, negación del exterminio judío (negacionismo), publicación de falsas noticias, antisemitismo, apología del nazismo y apoyo o complicidad indirecta del genocidio.

Los revisionistas del Holocausto se han defendido, generalmente sin éxito, que sus opiniones y obras están protegidas por los tratados europeos sobre libertad de expresión, o como por ejemplo por el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que la existencia de estas leyes en su contra, confirmaría una censura deliberada sobre el tema, y opinan que si ellos estuvieran equivocados en sus opiniones, no habría razón para que tales leyes existieran. Algunas personas no niegan el Holocausto pero defienden el derecho de los revisionistas a difundir sus ideas, como el caso de Noam Chomsky, que se opone a las leyes "anti-negacionistas" en defensa de la libertad de expresión.

En noviembre de 2007 el Tribunal Constitucional de España declaró en una sentencia que castigar la difusión de ideas o doctrinas que cuestionen o nieguen el genocidio supone una vulneración del derecho a la libertad de expresión. La resolución avala la constitucionalidad del artículo 607.2 del Código Penal, que castiga la difusión "por cualquier medio" de ideas o doctrinas que justifiquen el genocidio, pero declara nula la referencia a la difusión de argumentos que cuestionen o nieguen esos hechos, e inconstitucional su sanción penal.

[editar] Prisioneros de opinión

[editar] Ernst Zündel

El "crimen" de Ernst Zündel fue publicar varios textos como The Hitler We Loved and Why y Did Six Million Really Die? (Murieron realmente seis millones?), en su pequeña editorial Samisdat Publishers. El 5 de febrero de 2003, Ernst Zündel fue detenido por la policía local de EE.UU. y deportado a Canadá, donde estuvo detenido por dos años por "ser una amenaza a la seguridad nacional". Posteriormente fue deportado a Alemania y juzgado en la corte de Mannheim por los cargos de "incitación al odio racial y negación del Holocausto", acusación que tenía desde los años noventa. El 15 de febrero de 2007 fue sentenciado a cinco años de prision.[20]

[editar] David Irving

El historiador británico David Irving fue detenido el 11 de noviembre de 2005 por agentes de la Inspección de Policía de las Autopistas cerca de la localidad de Johann in der Heide, en el estado austriaco de Estiria, con base en una orden de captura de un tribunal de Viena emitida en noviembre de 1989 por el cargo de "apología del nazismo" según la Ley de Prohibición vigente en Austria desde 1947. Irving se había trasladado a Austria aparentemente para pronunciar un discurso invitado por la cofradía estudiantil Olimpia, que agrupa a estudiantes de extrema derecha. Irving sabía que pesaba sobre él una orden de captura desde 1989 por haber dado discursos en círculos considerados "neonazis" austriacos, violando la "Ley de Prohibición".

Irving fue condenado el 20 de febrero de 2006 a tres años de prisión por el delito de "negacionismo".[21] , tipificado en el Código Penal austriaco, y por "falseamiento de la historia", a pesar de haberse declarado culpable del mismo y de haberse retractado de algunas de sus afirmaciones anteriores, viéndose obligado también a admitir durante el proceso la existencia de las cámaras de gas y el asesinato de millones de judíos, el tribunal declaró no haber encontrado indicios de arrepentimiento en la autoinculpación de Irving. El historiador fue liberado el 20 de diciembre de 2006.

[editar] Germar Rudolf

El 14 de noviembre de 2006, fue procesado a los 42 años de edad el químico alemán Germar Rudolf,[22] por publicar su Informe Rudolf, un estudio químico que trata sobre la formación y detección de compuestos cianhídricos en las supuestas cámaras de gas de Auschwitz, cuya conclusión fue que "nunca tuvieron lugar asesinatos con hidrógeno cianhídrico (Zyklon B) en los campos de trabajo alemanes del complejo de Auschwitz", y asimismo confirma el Informe Leuchter.

Se enfrentó también al cargo de "difamación de la memoria de los muertos". Rudolf ya había sido sentenciado a 14 meses de prisión por un caso similar en 1995, pero en aquella ocasión huyó del país y se trasladó a Estados Unidos. Sus 2.000 solicitudes de asilo político a las autoridades americanas fueron rechazadas y, finalmente, fue deportado a Alemania para ser procesado injustamente. La fiscalia pedirá una pena de reclusión de 5 años así como la prohibición de poder abandonar Alemania en 20 años.

[editar] Gerald Fredrick Töben

El 1 de octubre de 2008 fue detenido en Londres Fredrick Töben[23] fundador y director del Instituto Adelaide (Adelaide Institute), y autor de trabajos en educación, ciencia política e historia. Acusado de publicar en internet supuesto "material antisemita".

El 20 de noviembre de 2008, gracias a la pertinente actividad de sus abogados y en especial por la ayuda que le brindó Lady Renouf, Töben fue liberado de su custodia, ganando el juicio en su contra y evitando así su extradición desde el Reino Unido hacia una prisión de Alemania, destino que habría compartido con el químico Germar Rudolf. Este hecho ha significado una gran victoria, no sólo para el revisionismo del Holocausto, sino para la libertad de expresión, quedando demostrado así que la existencia de estas leyes en contra de los revisionistas no tienen ningún sentido.[24][25]

[editar] Agresiones y represalias a revisionistas

Los revisionistas, a lo largo de su trayectoria como teóricos y difusores de ideas históricas no convencionales, han sufrido diversas agresiones y hostilidades con la intención de hacer callar estas ideas.

El profesor francés Robert Faurisson a causa de sus ideas fue suspendido de su puesto como profesor de literatura francesa y como analista de textos de la Universidad de Lyon. Los medios lo atacan y no se publican sus objeciones. Fue golpeado brutalmente por tres judíos radicales del grupo Fils de la mémoire juive" (“Hijos de la memoria judía”).[26]

Otro francés, el escritor, historiador y educador François Duprat, fue asesinado el 18 de marzo de 1978, a los 38 años de edad, por haber publicado la primera edición en francés del libro ¿Murieron Realmente Seis Millones? de Richard Harwood. Dos grupos judíos reivindicaron este asesinato. Uno fue el "Comando del Recuerdo Judío" y el otro grupo se nombraba como "Grupo Revolucionario Judío". Los asesinos jamás fueron ubicados.

El revisionista judío y mentor de Ernst Zündel, Joseph Burg, fue perseguido y golpeado brutalmente. Fue llamado traidor por la Liga de Defensa Judía, y al morir, se le negó el funeral en el Cementerio Judío de Munich. A su vez, existen tres intentos de asesinato documentados contra Zündel.

En un estudio no publicado, Walter Lüftl, ex presidente de la cámara federal austriaca de ingenieros y perito judicial jurado, calificó como "técnicamente imposible los gaseos en masa de Auschwitz". Por esa razón fue obligado a renunciar como presidente de la cámara de ingenieros en 1992. Se le entabló juicio penal por infracción a la ley de prevención contra renovadas actividades nazis.

Entre otras personas a las que han revocado sus títulos universitarios, han perdido su trabajo, recibido amenazas de muerte, han sido atacados físicamente, se les ha difamado o han tenido acusaciones legales, se encuentran:

El químico alemán Germar Rudolf, el experto agrícola alemán Thies Christophersen, el juez alemán Wilhelm Stäglich, el ingeniero eléctrico estadounidense y catedrático universitario Arthur Butz, el judío polaco y antiguamente alcalde de Ber Sheeba en Israel Haviv Schieber, el profesor Austin App, el investigador y ex testigo de Jehová Ditlieb Felderer, el profesor Jim Keegstra, el profesor Emil Lachout, el escritor e investigador francés Henri Roques a quien se le revocó su Doctorado, el mecánico estadounidense Frank Walus, el intérprete políglota Tjiudar Rudolph, el investigador Udo Walendy, el especialista en dispositivos de ejecución Fred A. Leuchter, el historiador David Irving, Ivan Lagace experto en crematiorios, el poeta Gerd Honsik, el capitán de policía húngaro retirado Imre Finta, el trabajador social cristiano Jerome Brentar, el ucraniano John Demjanjuk, los abogados Jürgen Rieger, Doug Christie, Kirk Lyons, el escritor Bradley Smith, el reportero Michael Hoffman II, la investigadora Ingrid Weckert, el ingeniero Erhard Kemper, el traductor Günther Deckert, el escritor Hans Schmidt, el revisionista judío David Cole, el profesor políglota Jürgen Graf, el revisionista Siegfried Verbeke, el lingüista y traductor Carlos Porter, el profesor Malcolm Ross, la escritora Ingrid Rimland, el librero español Pedro Varela, el oficial marroquí Ahmed Rami, Nick Griffin, el líder del Le Front National Jean-Marie Le Pen, el comunista francés Roger Garaudy, el cérigo francés Abate Pierre, el ex soldado británico Doug Collins, el Dr. Robert Countess, Norman Finkelstein, etc.

[editar] Notables revisionistas y negadores del Holocausto

[editar] Bibliografía revisionista

[editar] Apéndice

[editar] ¿Qué es el revisionismo?

(Segunda parte del artículo de Eduardo Arroyo Pardo, publicado en la Revista Cedade Nº 169, de agosto de 1989. La primera parte de este artículo que se ocupa sobre el revisionismo, lo puede ver en el artículo dedicado exclusivamente a dicho tema: Revisionismo histórico)

[editar] Por qué es necesario el revisionismo

No hace falta subrayar que la tesis "oficial" de la extraordinaria brutalidad nazi es algo comúnmente aceptado. La piedra angular de dicha teoría no es otra que el pretendido "Holocausto" de los judíos. Contra el "holocausto" se han alzado las voces de los revisionistas más reputados del mundo.

En el curso de todas las guerras contemporáneas ha existido la propaganda llamada "de atrocidades". Durante la Primera Guerra Mundial el bando alemán fue víctima de lo que hoy nos parecerían cómicos chascarrillos. Se les llegó a acusar de haberse comido a niños belgas y de haberse divertido arrojándolos al aire para ensartarlos al caer con la punta de sus bayonetas. Más tarde se inventó el absurdo de las fábricas de glicerina que utilizaban cadáveres de soldados británicos como materia prima y la fábula de los jabones humanos.

Sin embargo al finalizar el conflicto el ministerio de asuntos exteriores inglés se retractó públicamente de semejantes acusaciones y reconoció que se trataba de propaganda de guerra. Este propósito de enmienda no tuvo lugar tras la Segunda Guerra Mundial sino que, muy al contrario, los vencedores emprendieron una persecución legal atendiendo a los mismos infundios propagandísticos que habían crecido a la sombra de la guerra. Dicha persecución dura hasta nuestros días en los que, cuarenta y tres años después de finalizar las hostilidades, se sigue acosando y deteniendo, cuando no raptando, a oscuros y septagenarios personajes del ejercito alemán bajo acusaciones que cuadran perfectamente con los esquemas de la propaganda del holocausto. Por ello ahora podemos preguntarnos ¿A qué se debe esta diferencia en las actitudes entre los dirigentes de los bandos vencedores de ambos conflictos? La diferencia estriba en que la Segunda Guerra Mundial fue un conflicto ideológico. La victoria de las armas aliadas supuso paralelamente la victoria de unas tesis sobre las que se ha edificado el mundo posterior a 1945. En aras de esa hegemonía ideológica, consecuencia de la victoria militar y tan importante como ella, la propaganda debe mantenerse. No se trata sino de una justificación a gran escala. De alguna manera había que justificar los crímenes, esta vez auténticos, que hemos enumerado más arriba y de paso impedir por todos los medios el resurgimiento en Europa del credo-doctrina derrotado en los escombros de Berlín.

Contrariamente a las ideologías vencedoras en el conflicto, que siempre accedieron al poder por conspiraciones de palacio, intrigas internacionales y con el apoyo de oscuros potentados, los movimientos a los que podríamos llamar "fascistas" especialmente el nacionalsocialismo fueron todos movimientos de masas que despertaron un entusiasmo popular desconocido hasta la fecha. Dichos movimientos fueron, y continuan siéndolo, enterrados en infundios. Era preciso que los derrotados fueran "malos". Más aún: que fueran los peores entre los malos, para representar perfectamente su papel en una obra maniquea de "buenos" muy buenos y "malos" muy malos. Sin embargo hay algo más. Y esto es el miedo inconfesable al enemigo que a punto estuvo de aplastar al credo político del siglo XIX representado por los vencedores de 1945, por los auténticos vencedores de la Segunda Guerra Mundial: la Unión Soviética y el comunismo que le da vida. Como muy bien dice el revisionista español Joaquín Bochaca, es el miedo del que "todavía recuerda como un adversario que debía atender multiples frentes a la vez, le puso al borde de la derrota y le infringió tremendos golpes pese a una apabullante inferioridad numérica y material, un adversario cuyo renacer hay que impedir por todos los medios... es el miedo patológico de los viejos, el pánico senil; es el espectáculo de las ruinas, el pánico de los vencedores militares, de los cuarenta aviones contra uno, de los tres mil barcos contra quince submarinos, de las cuarenta naciones contra una... Miedo, en definitiva, es la palabra."

Pero el mito no solamente ha actuado como antídoto ideológico, sino que también ha tomado parte activa en el mantenimiento del '"establishment". Ello lo ha hecho fundamentalmente bajo dos aspectos:

1. Utilizando el "holocausto" como arma antinacional.

2. Haciendo del tema racial una cuestión tabú.

El "holocausto" judío, o el "genocidio", como gustan llamarlo sus defensores en los Estados Unidos, se ha utilizado indiscriminadamente para reprimir ideológicamente cualquier forma de nacionalismo. Quienquiera que se atreva a hacer bandera del nacionalismo de una manera inoportuna para el sistema será políticamente aniquilado con una simple asociación de ideas entre su actitud y la del nacionalsocialismo. El caso más ilustrativo de este ejemplo lo constituye Jean-Marie Le Pen y su Frente Nacional al que, aun siendo nada más que una organización de derechas, gracias a la cuestión de la emigración masiva proveniente del Tercer Mundo se le ha echado en cara un supuesto "nazismo" en verdad inexistente. Como dice el revisionista inglés Richard Harwood en su opúsculo ¿Murieron realmente seis millones?: "Mientras este mito (el del Holocausto) se mantenga, los pueblos de todos los países serán sus esclavos; la ONU les meterá en la cabeza la necesidad de la tolerancia y de la comprensión hasta que la nacionalidad misma, verdadera garantía de la libertad, sea suprimida".

A este respecto podemos citar, por recomendación del propio Harwood, el libro de Manvell y Frankel, "The incomparable crime" (Londres, 1967), como ejemplo típico de empleo del holocausto como arma antinacional. En su página 14 dice claramente que "las razas blancas de Europa y América se han acostumbrado durante siglos a considerarse un “Herrenvolk”. El siglo XX, el siglo de Auschwitz, ha hecho también realidad la primera etapa de la asociación multirracial". Con esta frase, clara síntesis de lo que venimos diciendo, pasamos a ocuparnos de la segunda cuestión; la del tema racial, estrechamente ligado al primero.

[editar] Tema racial: tema tabú

Es sabido que en la actualidad el tema racial, la cuestión de si existen o no diferencias innatas entre las distintas razas que pueblan el globo, se ha convertido en un tema tabú. Ninguna otra cuestión despierta emociones tan enconadas del modo en que lo hace el tema racial. Tampoco ninguna otra vuelve a las personas tan irascibles. Paradójicamente este tipo de reacciones se dan de un modo más marcado en aquellos países donde se supone que existe una mayor libertad y una ausencia de prejuicios. En las más modernas sociedades occidentales usted puede criticar aspectos u opiniones que han sido tradicionalmente considerados en nuestra cultura como sagrados, pero si se atreve a cuestionar cierta política gubernamental que permite la inmigración masiva e incontrolada de no-europeos hacia Europa será inmediatamente tachado de "racista". Tal y como aseguran los medios de comunicación, los nacionalsocialistas eran racistas según el más puro estilo de Hollywood e igualmente sabemos lo que estos llevaron a cabo: el asesinato planificado de seis millones de judíos.

Aceptando como verdaderos estos silogismos ninguna persona en su sano juicio dejaría de admitirlos como correctos y lo mismo pasaría con la conclusión a la que conducen. No obstante el revisionismo histórico los denuncia como falsos ya que el "holocausto" judío jamás tuvo lugar. La leyenda de los seis millones tiene como misión principal alimentar la mentira de la perversidad intrínseca de toda política racista a la vez que deforma y tergiversa la intencionalidad de la misma. En el aspecto teórico se ve complementada con la vieja tesis NUNCA DEMOSTRADA, común tanto a marxistas como a liberales, de la igualdad innata de todos los hombres y que ha dado a luz a todas las dogmáticas escuelas ambientalistas. En la actualidad podemos decir sin equivocarnos que el problema demográfico es el más grave de cuantos tiene planteados el Occidente. Cuando decimos Occidente incluimos también a los pueblos de detrás del telón de acero y a todos aquellas naciones de ultramar que crearon los europeos a lo largo del devenir histórico. Si pensamos que es el mayor de los problemas se debe a que creemos que está en juego la misma existencia física de los pueblos europeos.

Los romanos decían "Primum vivire et postridie philosophare" (Primero vivir y luego filosofar). Resulta obvio que de no existir los europeos no habría que cuestionarse acerca de la cultura occidental. Lo contrario sería poner el carro delante de los bueyes. El problema del que hablamos presenta sin embargo una doble vertiente. Por un lado la natalidad de los pueblos europeos y de Europa en su conjunto es suicida. Apenas alcanza para mantener constante el número de habitantes. La población europea no hace más que descender y sin embargo los gobiernos de nuestros países pretenden hacernos creer que esto es un símbolo de "desarrollo"', por ser una característica común a todos los "países desarrollados"; es decir, europeos. Paralelamente no dejan de apoyar insensatas campañas de "control de la natalidad" mientras que en muchos países occidentales la natalidad se halla tácitamente penalizada por una agobiante política fiscal. Por si fuera poco el hedonismo imperante entre la juventud europea, fomentado al cien por cien por el sistema, no ha hecho sino acelerar esta carrera insensata hacia el suicidio demográfico. Hoy en día podemos hablar de países "en vías de extinción" y que, al revés de lo que sucede con algunas especies animales, no han sido declaradas "especies protegida" por los estadistas actuales, sino que persisten dentro de las mismas directrices.

Esta es la razón por la que los gobiernos actuales son objetivamente antipopulares. Sí el objetivo de un gobierno es, mediante el bienestar en todos los sentidos (no solo el material), conservar un pueblo y asegurarle el futuro está claro que, dentro del contexto político actual, entramos dentro de una flagrante contradicción ya que el futuro de los países occidentales es la nada demográfica. Además nuestros gobiernos están fomentando con una tolerancia tácita la inmigración masiva e incontrolada de elementos no europeos. Más aún, están promoviendo la "integración" y el mestizaje mediante la anulación de la conciencia racial europea y el desarraigo popular que ya es total en cualquiera de las ciudades de la Europa actual. Por si fuera poco la presión demográfica de los inmigrantes es muy elevada y su tasa de natalidad no es raro que doble a la de los europeos.

No hace falta darse cuenta de que la situación es realmente desesperada, Europa está en situación de legítima defensa. Ahora bien, cualquiera que se atreva a denunciar la existencia objetiva de un verdadero problema racial con gravísimas implicaciones biológicas y políticas será tildado de "racista", y este es el peor estigma que existe en nuestra sociedad. Además, como todo el mundo sabe los nazis, los "genocidas", eran "racistas" luego existe un antecedente histórico comprobado, al menos eso dicen los medios de comunicación, de que el "racismo" trajo consecuencias funestas: el asesinato de seis millones de judíos. El ya mencionado Harwood en su obra anteriormente citada nos dice: "Cuando Enoch Powell, en uno de sus primeros discursos, llamó la atención sobre el peligro que representa la inmigración de gente de color a Gran Bretaña, un eminente socialista evocó el espectro de Auschwitz y de Dachau para hacerlo callar. De esta manera se desalienta efectivamente toda discusión razonada sobre los problemas raciales y sobre los esfuerzos que deberían intentarse para conservar la integridad racial."

En líneas anteriores el mismo autor sentencia de modo apocalíptico pero no por menos cargado de razón: "Varios países anglosajones y particularmente Gran Bretaña y los Estados Unidos se ven hoy expuestos al peligro más grave de toda su historia, al peligro que representan las razas extranjeras que se encuentran en su seno. Si nada se hace en Gran Bretaña para detener la inmigración y asimilación de los asiáticos y africanos habremos de sufrir, además de la efusión de sangre provocada por un conflicto racial, el cambio y la destrucción biológica del pueblo británico tal como existe en esta tierra desde la venida de los sajones.

Evidentemente basta un análisis superficial de la situación europea para darse cuenta de que las palabras de Harwood pueden hacerse extensibles a todo el Occidente, incluida la Rusia blanca donde está demostrado que la natalidad suicida se complementa con un incremento en la tasa de natalidad en las repúblicas asiáticas.

Así pues debe quedar bien claro que el objetivo último de los fraudes que el revisionismo histórico combate no son otros que los expuestos más arriba. Por ello una obra que tras desbaratar con pruebas contundentes los embustes de la propaganda no denuncie del mismo modo los objetivos ideológicos más profundos de dicha propaganda debe considerarse como incompleta. A este respecto muchos autores revisionistas consideran el mito del holocausto como una fábula destinada a justificar la existencia del Estado de Israel, bien dando carta de legitimidad a la declaración de la ONU de 1948 o bien posibilitando que la economía israelí se mantenga a flote merced a las "reparaciones" que Alemania Federal tiene que pagar.

Si bien todo esto es cierto nunca debe considerarse de otro modo que no sea un objetivo secundario. Nunca se repetirá lo suficiente que el verdadero motivo del mantenimiento del mito del "holocausto" es de índole ideológica y pretende crear en todos los pueblos de estirpe occidental un sentimiento de culpa tal que les impida ser los dueños de su propio destino. Evidentemente resulta lógico que las leyes represivas más duras en contra del revisionismo se daban en Alemania Federal. En la Alemania Oriental se daba un auténtico aislamiento informativo con respecto al occidente, pero en ambos casos el fin era el mismo: desposeer a los pueblos de su historia a base de inculcarles un sentimiento de vergüenza y repulsa por su propio pasado. Es una verdadera castración mental que impone el rechazo instintivo a toda forma de conciencia nacional en favor de las tendencias mundialistas e internacionalistas que poco a poco van ganando terreno. Es la destrucción definitiva e irreversible de la nacionalidad mediante la "integración racial" o mestizaje. Es el super estado mundial, la uniformidad total, el reino de la cantidad, del hombre-masa, del hombre-hormiga gris sin pasado ni futuro salvo a la hora de consumir las tonterías que el sistema le ordena. Es la esclavitud del espíritu por la materia llevada a sus extremos más degradantes y también la vergüenza del propio origen y por consiguiente el rechazo a una parte de sí mismo.

Esto para el pueblo, claro. Para una pequeña élite significa el dominio del globo y el disfrute del poder total. Es el poder por el poder: la pasión más mortífera de todas.

De este modo la política mundial sionista, que es la principal instigadora de los problemas demográficos de Europa, es también parte interesada en mantener el absurdo status del oriente medio, auténtico polvorín siempre a punto de estallar. De otro modo no se explica la política norteamericana de apoyo incondicional al Estado de Israel, con miles de millones de dólares, tanto en dinero como en armas, que los Estados Unidos regalan anualmente a dicha nación. Los medios de comunicación internacionales, en una de sus características maniobras de desinformación organizada, han logrado que la gente asimile el apoyo de la judería americana hacia su auténtica patria israelí a los verdaderos intereses nacionales de los Estados Unidos, cuando esto es precisamente al revés. No es de extrañar que los comunistas de todo el mundo crean que atacando al estado de Israel atacan también la política USA en el oriente medio, actitud que cuadra a las mil maravillas con su típica fobia antiamericana. En este sentido también han conseguido engañar a los árabes, principales perjudicados en el eterno contencioso árabe-israelí, haciendo de paso que la política norteamericana les sea tan ingrata.

Sin embargo quienes han denunciado los manejos del sionismo internacional, tanto en lo que a su guerra total contra occidente se refiere como en lo tocante al descarado apoyo de los judíos norteamericanos a Israel, han sido estigmatizados con la variante más funesta del racismo: la del antisemitismo. Esta palabra se ha empleado indiscriminadamente para denigrar a los que exponen la funesta política sionista y por ello hemos de concluir que el mantenimiento del mito de los seis millones interesa a la judería mundial en la misma medida en que les sustrae a toda crítica.

Visto todo lo anterior debe tenerse bien claro que siempre es el fundamento ideológico el que prima en todo este asunto. Los pagos de "reparaciones" a Israel, el sojuzgamiento del pueblo alemán, así como otros factores circunstanciales deben entenderse siempre como consecuencias lógicas de una verdad esencial. Esta no es otra que la existencia de un clima mental tendente a la aniquilación de las defensas nacionales de los pueblos, para favorecer los planes sionistas de conquista mundial. Es, en definitiva, suprimir el derecho a la nacionalidad de todos los pueblos de la Tierra para afirmar la propia nacionalidad, la judía o, si se prefiere, se trata de un nacionalismo negativo. Así, la lucha por el mantenimiento del mito de los seis millones se lleva a cabo en medio de una represión creciente y a menudo brutal, pues los intereses en liza son demasiado grandes La historia de esta represión es también la historia del revisionismo de posguerra, Y esto es lo que