Neofascismo

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Movilización neofascista en Francia

Neofascismo se entiende a la corriente ideológica posterior a la caída de los regímenes fascistas de 1945 que se inspiran en gran medida en los movimientos y partidos fascistas de la primera época.

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La tendencia Neofascista Parlamentaria: La Derecha Nacional

Un escaño vale la legalidad democrática

A partir de 1945, los fascistas supervivientes se aprestaron a iniciar el combate. Algunos de ellos pensaban en una rápida victoria similar a la que los llevó al poder en la primera postguerra, una nueva reedición de la Marcha sobre Roma; éstos adoptaron formas similares de combate similares a las que hoy conoceríamos con el nombre de "extraparlamentarias". Otros, más realistas consecuentes con el nuevo status político formado tras la derrota de las potencias del Eje, llegaron a la conclusión de que el ascenso al poder iba a constituir una larga marcha que solamente se podía realizar en Occidente mediante la inclusión en el sistema demoparlamentario ya que era en éste en donde más fuerte se oirían sus voces. Por otra parte, los sistemas represivos de las democracias occidentales eran cada vez más fuertes y apenas daban tiempo a organizarse a las células de acción antes de ser desarticuladas. Los casos de detenciones masivas de miembros de los F.A.R. (Fascios de Acción Revolucionaria), los fusilamientos de rehenes a manos de tropas de ocupación en Alemania como represalia a los atentados cometidos por la resistencia nacionalsocialista del Wehrwolf, eran factores determinantes para adoptar una línea política más moderada y de inserción en el sistema democrático. Por otra parte, y éste es el argumento preferido de esta corriente, acaso "¿No derrotó Hitler a la democracia con la democracia"?

Esta tendencia carece de ideólogos, como buenos partidos parlamentarios debieron pronto abandonar los purismos doctrinales y plegarlos a las tácticas electorales. No es raro, pues, que esta tendencia sea contradictoria y constituya un obstáculo insalvable el intentar definirla unitariamente ya que diferentes y contradictorias son las coyunturas concretas de cada democracia occidental, e incluso los sistemas electorales varían notablemente de Alemania y Italia y de Inglaterra a Francia. No obstante existen unos puntos mínimos de coincidencias comunes a todas las organizaciones de esta corriente.

En muchas ocasiones se encuentran elementos nacional-revolucionarios, tradicionalistas-evolianos, e incluso, nacionalistas de izquierda, actuando en su seno, ya sea bajo la forma de una tendencia, o practicando entrísmo en las organizaciones de derecha nacional, siempre mucho más numerosas y dotadas de más amplios medios económicos. Un tipo de vida parasitario, pero no por ello menos eficaz. Encontramos casos de éstos en el seno del NPD en cuya rama juvenil coexisten no menos de cinco tendencias radicales, en el interior del Movimiento Social Italiano (MSI) polarizados en la llamada "Línea Futura" dirigida por Pino Rauti y mayoritaria en las Federaciones más importantes y en las juventudes; aparece también en la Volksunie belga y en el Partido de las Fuerzas Nuevas de Francia. También en esta nación están mayoritariamente incluidas en el seno del Front National, mientras que en España algunos nacional-revolucionarios trabajan en el interior de Fuerza Nueva, etc.

El programa que intentan difundir estas organizaciones de la llamada derecha nacional (muchas de ellas ya extintas), intenta hacerse portador de un cierto populismo de matiz antidemocrático, unido a un oportunismo circunstancial. No es una casualidad que gran parte de los votos del Movimiento Social Italiano procedan del disuelto partido del Uomo Qualunque, es decir, traducido literalmente, del "Hombre Cualquiera", del que no le importan los manejos políticos; es un pobre diablo sin grandes recursos económicos y no entiende ni la lucha de clases, ni el caos público, ni la demagogia de los partidos, ni la corrupción administrativa, etc. ¿Qué propone el Uomo Qualunque? Nada en concreto, apenas un programa de salud pública, de defensa de los intereses del pobre ciudadano y de protección de la comunidad nacional de cualquier intervencionismo extranjero. Poca cosa más. El partido del Uomo Qualunque no podía sino disolverse al cabo del tiempo, nació en un momento de desasosiego en Italia, como el fenómeno poujadista lo hizo en Francia, pero pasada esta coyuntura entró en crisis irremediable de la que sólo debía salvarlo una integración en el neofascismo.

Triunfo y tragedia del fascismo parlamentario

En los 70 el National Front proponía machaconamente un punto de lucha: la repatriación de los inmigrantes de color. El NPD hablaba en los ochenta de la reunificación de Alemania. El MSI denunciaba el peligro comunista y la incapacidad de la centro izquierda. Fuerza Nueva centraba su combate en el anticomunismo y el Movimiento Nacional Republicano de Suiza lo hacía como el N.F., contra los inmigrantes y trabajadores extranjeros.

Tener un único tema central de propaganda es peligroso: el NPD, por ejemplo, sufrió un descenso vertiginoso de su porcentaje electoral después de que el gobierno de la Alemania Federal concluyera los acuerdos referentes a la línea Oder-Neisse con el de Alemania comunista. El interés del pueblo alemán por la reunificación y por la integración de los territorios más allá de la línea Oder Neisse, ha ido, desde entonces, en declive y paralelamente también los porcentajes electorales del NPD, que no supo encontrar un nuevo caballo de batalla hasta el auge de la inmigración musulmana.

En Italia el MSI era el único partido que se declaraba contra la violencia y por la ley y el orden. Los sucesivos atentados de marca neofascista que cometieron elementos incontrolados, la ola de antifascismo propiciada por el P.C.I. (Partido Comunista Italiano) y, sobre todo, la remodelación de éste como partido de orden, afecto al muy respetable eurocomunismo, hicieron que la parcela política destinada a los defensores de la ley y el orden la ocupasen los comunistas y no los misinos.

Qué ocurrirá mañana con el National Front o el NPD si, de repente, los inmigrantes vuelven a sus respectivos países? Quizá lo mismo que cuando en los años 50 el MSI fundaba toda su propaganda en la reivindicación de Fiume y Trieste; al desaparecer el problema el partido entró irreversiblemente en crisis. Sin embargo éste es un peligro con el que creían había que necesariamente contar. Aparte de que el neofascismo considera en todas sus tendencias, que los males de la democracia tenderán a aumentar con el tiempo y que siempre surgirán nuevos temas de propaganda.

Desde la Nueva Derecha, autores y teóricos como Alain de Benoist denunciaron este tipo de prácticas. Para Benoist y otros como Charles Chambelier, sostienen que no puede haber conquista política si antes no ha habido una conquista de los "espíritus" de una sociedad. Las grandes revoluciones-sostienen- se han gestado primeramente en las mentes antes que en el escenario meramente político o partidista. La Revolución Francesa conquistó el imaginario y la mentalidad de los franceses muchos años antes de 1789 con las ideas del iluminismo gestado en las logias masónicas. El neofascismo ha luchado siempre con estas carencias estratégica y teóricas.

Un programa como alternativa a la democracia

El análisis inicial del que parten los neofascismos es la crisis del sistema demo-plutocrático que en su punto final de decadencia deberá ser sustituido por el sistema marxista siempre y cuando el régimen democrático no se pliegue a la "alternativa nacional" que proponen. Esta alternativa se traduce en formulaciones políticas a distintos niveles, algunas heredades directamente del fascismo, otras asimiladas de los grupos de derecha de siempre, como la "ley y el orden", etc.

En política extranjera por ejemplo, las opciones se pueden resumir en los siguientes puntos: El NPD se pronuncia tanto contra el imperialismo americano y el neocolonialismo como en la Guerra Fría contra el imperialismo soviético y su política de colonización de la Europa del Este, con la cual coincide con los demás programas de los otros partidos neofascistas. También es común conjugar un nacionalismo proteccionista con un europeismo militante. También en el tercer y último congreso de Ordre Nouveau celebrado días antes de su disolución, se clamó por la liberación de Europa achacando a los gobiernos democráticos que pretenden construir Europa a partir del mercado Común la ausencia total de proyecto europeo. ¿Construir Europa pero para qué? Hasta el día de hoy, la visión sigue siendo la misma, no sin razón absoluta por cierto.

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