Occidente

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 Países occidentales.
 Países cuya consideración como occidentales es variable.
 Países no occidentales.    
Los Portadores de la Antorcha (A.H. Huntington, 1955), en Madrid. Homenaje a la civilización occidental.

Occidente (del latín occĭdens, "lugar de la caída del Sol"), denominado también como mundo occidental, cultura occidental o civilización occidental, significa oeste, y en geopolítica se refiere a un conjunto de culturas: los países occidentales. Existen distintas acepciones sobre su significado, aunque la más aceptada hoy en día es la que define a Occidente como un conjunto de naciones cuyas lenguas y culturas tienen un origen europeo, se construyeron bajo una base filosófica grecolatina, obedecen a una moral de principios judeocristianos, sus bases culturales fueron influidas por el Renacimiento y la Ilustración entre otros eventos históricos. Occidente ha sido cuna de las más grandes civilizaciones que ha producido la raza blanca a lo largo de su historia, así como también de grandes avances en todos los terrenos del conocimiento humano.

Actualmente el mundo occidental está alineado políticamente con la hegemonía neoliberal representada por Estados Unidos. Económicamente se encuentra dividido principalmente entre la Unión Europea y Estados Unidos que mantiene acuerdos bilaterales de comercio con algunos países de América. Existe además un mercado común en Sudamérica que se conoce como Mercosur. Asimismo, el marxismo cultural posee una desproporcionada influencia social en la mayor parte del mundo occidental.

Historia

En la Edad Antigua, Grecia en un principio, y más adelante el Imperio Romano, fueron los ejes centrales de Occidente, llegando éste último a aglutinar a todo el mundo occidental. Más adelante, en la Edad Media, el mundo occidental se identifica casi exclusivamente con los distintos imperios y estados de confesión cristiana, identificación que sigue casi sin cambios hasta nuestros días.

Aunque en el año 285, el Imperio Romano fue dividido por Diocleciano para facilitar su gestión, surgiendo así el imperio occidental y el impero oriental, la primera separación histórica entre "Oriente" y "Occidente" se produjo bajo el contexto cristiano en el año 1054 con el Cisma de Oriente y Occidente. Los bizantinos fueron considerados como una cultura distinta por parte de los occidentales, a pesar de su origen común, debido a su ruptura con el Patriarcado Romano.

Tras la revolución bolchevique y la constitución de la Unión Soviética a inicios del siglo XX, hubo un choque más acentuado entre "Oriente" y "Occidente", ya que el auge del marxismo en Oriente fue considerado una amenaza para los valores occidentales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los países ocupados por la Unión Soviética (integrantes en su mayoría del Pacto de Varsovia) se desligaron de occidente. Hoy día, casi todos esos países son considerados de nuevo occidentales, pues han entrado en la Unión Europea y en la OTAN.

Evolución del concepto

Hasta el siglo XVII, los europeos consideraban la Historia Universal en términos eurocéntricos. Cuando Cristóbal Celarius dividió la Historia, inventó tres eras (Antigüedad, Edad Media y Tiempos Modernos), separadas por hitos propios de la historia europea. Sin embargo, el estudio progresivo de las historias de otras culturas hizo difícil encajar este modelo en esas respectivas historias, por lo que esta clasificación de las épocas históricas sobrevivió sólo con fines didácticos.

En el Siglo XVIII se distiguían siete civilizaciones en la Historia, incluyendo a la Civilización Occidental. El predominio de Occidente sobre el resto del mundo en el Siglo XIX, merced a la diplomacia de las cañoneras, hizo olvidar temporalmente esta concepción atomística de la Historia, hasta que la crisis de confianza experimentada por el mundo occidental después de la Primera Guerra Mundial trajo de nuevo el problema a colación. Para esa época estaba claro que Estados Unidos era una potencia de primer orden a la par que las potencias europeas, por lo que la noción de Occidente (para referirse a la Europa occidental) era insuficiente.

En este ambiente fue publicado el libro La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, en el que éste concibe las civilizaciones como entes cerrados que nacen, crecen, luchan por la supervivencia y mueren, distinguiendo claramente al mundo occidental del mundo helénico. Estas ideas serán adoptadas y perfeccionadas por Arnold J. Toynbee en su magno tratado Estudio de la Historia, en donde conceptualiza a Occidente como una civilización cristiana con su época de esplendor en la Edad Media.

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