Partido Nazi de Costa Rica

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Monumento del Águila Dorada hecho por fascistas costarricenses de los años 30

El Partido Nazi de Costa Rica fue una organización política Nacionalsocialista costarricense fundada en 1936 por la comunidad alemana y otros costarricenses de origen europeo (español, italiano, etc.). Sus reuniones se realizaban principalmente en el Club Alemán y en la finca de un ciudadano italiano.

Estaba presidido por el ingeniero alemán Max Effinger y contaba entre sus miembros con destacados ciudadanos incluyendo al médico Werner Rotter, del Hospital San Juan de Dios. El presidente León Cortés, simpatizante del fascismo europeo, colocó a Effinger como asesor en migración, lo que permitió restringir el ingreso de judíos polacos que habían comenzado a adueñarse del país.

Los nacionalsocialistas costarricenses dejaron tras de si un interesante legado, así como el famoso monumento del Águila Dorada.

Si bien es conocido como “Partido Nazi” probablemente el nombre correcto sería Partido Nacional Socialista de Costa Rica, sin embargo, los historiadores modernos tradicionalmente lo designan como Partido Nazi, de forma similar al Partido Nazi Americano. Debido a que no hay forma de estar seguros del nombre exacto, y ya que en América también se usó el término Nazi sin ser despectivo, entonces se usa la denominación de la historiografía oficial.

Reportaje completo de Áncora

(Nota; Áncora es una sección del periódico La Nación, abiertamente sionista y controlado por judíos, la información acá puede ser parcializada, aún así es muy reveladora y es una fuente interesante de información).

Tras el ascenso del nazismo en Alemania, en 1933, la consigna era clara: “De ahora en adelante, a una Alemania nacionalsocialista solo puede corresponder una alemanidad en el extranjero nacionalsocialista”, afirmaba Ernst Wilhelm Bohle, líder de la Organización para el Extranjero (Auslandorganisation , AO) del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP).

La AO tuvo la tarea de alinear a las comunidades alemanas por el mundo, bajo la bandera del nazismo. La creación, en el Tercer Reich, de una sociedad totalitaria, se acompañó de la prolongación hacia la política, de una visión racial según la cual la sangre germana debía unirse tras su nación y su Führer, Adolf Hitler.

Por eso, cada alemán era sometido a la Gleichschaltung (igualación o nazificación). En América Latina, esa nivelación fue más o menos eficaz, pero llevó, en general, a profundas divisiones entre las comunidades alemanas.

Asomos del fantasma. De estos conflictos no se eximió Costa Rica. Las fricciones aparecieron con la creación del grupo local nazi, en 1932, y la extensión de su ideología a las instituciones germanas en el país, entre ellas la Escuela Alemana, fundada en 1912. Empero, parece que la nazificación fue conseguida hasta cierto grado.

Al buen asentamiento del nazismo en el país contribuyeron varios factores. Primero, la admiración nacional hacia la comunidad alemana era seguida de una imagen heroica de la germanidad, que hacía ver, en Hitler y el Tercer Reich, su destino histórico.

Monumento fascista de los años 30 "Aguila Dorada"

Segundo, buena parte de esa comunidad y de los afiliados al NSDAP eran inmigrantes o descendientes ya socializados en la atmósfera política de la Alemania derrotada de 1918. Los sentimientos de entonces fueron determinantes para que ascendiera el nazismo en ese país, y para la adscripción de sus compatriotas en otras partes del mundo.

Tercero, las concepciones autoritarias y caudillistas en la política nacional de los años 30 se tradujeron en simpatías profascistas. Por un lado, estas abrían paso a las manifestaciones propagandísticas de adherentes a los fascismos; por el otro, estrechaban el margen de maniobra a militantes comunistas y antifascistas, hecho que tuvo su mejor expresión en el anticomunismo de los días de la Guerra Civil Española (1936-1939).

El nazismo se extendió entre el conjunto de instituciones tradicionales de la comunidad alemana. La agrupación nazi, a pesar de tener su propio local desde 1934, organizaba sus actividades en el Club Alemán. Allí se celebraban los actos relacionados con la política exterior del Tercer Reich. Los pronazis difundían fotos y discursos de Hitler, y prestaban juramento al Führer para “seguirlo hasta donde fuese”.

En esa difusión propagandística parecieron cumplir un importante papel los representantes oficiales de la Alemania nazi. Entidades como el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Legación en Guatemala y el Consulado en San José, controlaron la exhibición de películas “antialemanas”, y enviaron películas, discos, libros y periódicos a instituciones como la Escuela Alemana y el Colegio Seminario, principalmente entre 1936-1938, justo al comenzar la oleada expansiva del régimen nazi por Europa.

Motivos del miedo. Al cierre del decenio de 1930 crecieron los temores acerca de la expansión hitlerista sobre el país y Centroamérica, sobre todo entre los comunistas, quienes denunciaban el “totalitarismo criollo” del “aspirante a Führer” León Cortés (1936-1940) y el “nazicalderonismo” de Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944) y su entorno político católico. Al menos, mucho de cierto había en cuanto a las simpatías profascistas y las tendencias autoritarias dentro del gobernante Partido Republicano Nacional (PRN).

Las importantes inversiones que tenía la comunidad alemana en el país desde décadas anteriores, comenzaron a describirse como el primer paso hacia la dominación ideológica y militar. Lo mismo se sospechaba de la presencia de alemanes en la administración pública, más cuando se denunciaba su injerencia en las restricciones migratorias de judíos al país, algo que involucraba aparentemente al alemán Max Effinger.

A su vez, la intensa política comercial nazi se basaba en un sistema de canje que obligaba, a los exportadores de café, a recibir por pago una moneda (askimark ) con la cual solamente podían adquirir productos alemanes.

El desequilibrio consecuente en las transacciones despertó fuertes críticas, incluso entre cafetaleros de trayectoria anticomunista, como Víctor Guardia, quien desde 1934 llamaba “colonialista” la modalidad que Alemania aplicaba a su comercio con Hispanoamérica y Europa del este.

El Tercer Reich tuvo firmes intereses comerciales en la región, pero en el alto mando del régimen nazi se tenía la certeza de que Hispanoamérica estaba bajo la esfera de influencia estadounidense, por lo que los fines propagandísticos se limitaron a la pretendida cohesión de la germanidad, y no a un proyecto imperial.

Sin embargo, la alineación hemisférica con Estados Unidos para la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue impecable; la declaración de guerra a Alemania a fines de 1941, y la emisión de listas negras de personas y negocios alemanes, originaron su persecución durante el gobierno de Calderón Guardia.

En realidad, la presencia de alemanes como funcionarios públicos en Costa Rica no era una novedad, como tampoco un artificio nazi. Algunos tenían puestos importantes en sectores como el de salud; fue el caso del Dr. Werner Rotter, del Hospital San Juan de Dios, cuyas opiniones abiertamente hitlerianas no provocaron mayores recelos.

El ensañamiento del PRN (de Calderón) contra la figura de Effinger (antiguo socio de León Cortés) para acusar de expansionismo nazi a los alemanes, se inscribió en la creciente atmósfera persecutoria, y procuraba fracturar la fórmula electoral cortesista para 1944.

De paso, se ocultaban vínculos y simpatías que los cercanos a Calderón Guardia, ahora rivales de Cortés, mantuvieron también con los totalitarismos europeos.

Espectros en casa. Muchos temores merodeaban la cuestión nazi, como el posible surgimiento de una dictadura en el país, la instauración de las políticas antisemitas, o la erradicación de la oposición, específicamente de izquierda.

Esos temores hallaron asidero en un contexto internacional que progresivamente se veía como enfrentamiento entre democracias y totalitarismos; no obstante, esos recelos tenían más que ver con una cultura política local tendiente al autoritarismo, el caudillismo, la xenofobia y la violencia.

Tales sombras cubrieron el orden político y social del país durante los años 30 y 40. Para las autoridades civiles y eclesiásticas, proteger la democracia, la familia y la propiedad implicaba, por ejemplo, tratar como contaminantes de la nación a judíos y comunistas, vistos como gérmenes producto de la crisis económica de inicios de los 30.

El anticomunismo y la figura del caudillo no desaparecieron con las reformas sociales de los 40, y el antisemitismo llevó a tratar de “raza indeseable” a los judíos que huían del nazismo.

Paradójicamente, las autoridades costarricenses debieron poner en orden a cónsules como Ronaldo Falconer quien, desde Hamburgo (Alemania), esquivaba las restricciones migratorias para conseguir visas a emigrantes judíos dispuestos a radicarse en Costa Rica. En la Conferencia de Evian (Francia, 1938), promovida por los Estados Unidos ante las oleadas migratorias judías en Europa, la posición de Costa Rica (en voz del maestro y representante en Francia, Luis Dobles Segreda) fue terminante: impedir el arribo de “elementos indeseables, peligrosos”, de “gentes maleantes cuyo ingreso está cerrado por leyes prudentísimas”. El fantasma nazi pudo ser ahuyentado, pero no los propios espectros.

El autor es profesor de la escuela de historia y es parte del centro de investigaciones históricas de américa central, en la universidad de costa rica.

Fuentes

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