Prisión de Spandau

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Rudolf Hess, el último prisionero encarcelado en la Prisión de Spandau. Su delito había sido ir a Londres a ofrecer la paz a los belicistas de Inglaterra, encabezados por Winston Churchill.

La Prisión de Spandau fue construida al occidente de Berlín en 1876 como centro penitenciario militar. Los edificios eran de diseño medieval, a modo de fortaleza de ladrillo rojo. Fue proyectada para albergar a 500 prisioneros.

Después de la Segunda Guerra Mundial, sirvió para recluir a muchos líderes nacionalsocialistas sentenciados en los Juicios de Núremberg. En aquella época se prohibió tomar fotografías del exterior o interior de la prisión.

Aunque la prisión estaba situada en el sector británico, el control rotaba cada mes entre las cuatro potencias vencedoras (británicos, americanos, franceses y soviéticos).

En 1966 sale de la prisión Albert Speer. El arquitecto de Hitler. Desde entonces, el único prisionero que quedó era Rudolf Hess, que fue asesinado en la prisión el 17 de agosto de 1987. Los soviéticos se negaron a trasladarlo a otra prisión, también porque era uno de los pocos lugares en Berlín Occidental en que se permitía una presencia militar soviética. Por ello, durante más de 20 años se mantuvo la rotación en los controles, para un único prisionero. Tras su muerte, las fuerzas británicas decidieron destruir por completo el complejo para temor a que la prisión se convirtiera en un símbolo nacionalsocialista.

No me arrepiento de nada

Frase memorable de Rudolf Hess antes de ser injustamente encarcelado en Spandau: "Por muchos años de mi vida pude trabajar bajo el mayor hijo que haya producido mi pueblo en su historia de mil años. Ni siquiera, si lo quisiera, podría borrar este período de mi existencia. Me siento feliz de saber que he cumplido con mi deber para con mi pueblo; mi deber como alemán; como nacionalsocialista; como leal seguidor de mi Führer. No me arrepiento de nada. Si tuviera que comenzar de nuevo, actuaría tal como he actuado, inclusive si supiera que al final me esperase una feroz muerte en la hoguera. No importa lo que me hagan los hombres, algún día estaré ante el trono del Juez Eterno. Ante Él me responsabilizaré y se que Él, me declarará inocente". (Declaración final de Rudolf Hess en los Juicios de Núremberg, 1946)

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