Racismo en Japón

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Se cree que si dividimos al género humano en cuatro razas -Caucásica (Caucasoide), mongoloide, negroide, y australoide- resulta que casi no existiría el racismo en Japón, ya que la mayoría de los japoneses pertenece a la raza mongoloide. Sin embargo, tomando como base la teoría propuesta en el siglo XX por Henri Victor Vallois, existiría una cantidad significativa de sub-razas que, sumadas a la insularidad del país que muchas veces se manifiesta en la tendencia al exclusivismo respecto a los extraños (De dentro o de fuera del país), el racismo queda totalmente justificado.

Contenido

Los Buraku

Artículo principal: Burakumin


En el extranjero, el buraku se entiende como una especie de racismo en Japón. Pero no lo es. Buraku hace referencia a un barrio o comunidad de los burakumin, japoneses discriminados. Son japoneses de la misma etnia, con la misma lengua, racialmente iguales y con idéntica nacionalidad que los demás, a pesar de que se los discrimine socialmente. El inicio de ésta discriminación social hacia los burakumin no está claramente determinada, pero, según una opinión, en la Edad Media el poder público agrupó a los méndigos en determinados lugares. Esta gente se dedicaba a profesiones "sucias", como matar animales y curtir cueros. En la época del Shogunato (1603-1868), se creó la pirámide de clases sociales: Por encima de todos, estaba el emperador; luego los shōgun, seguido por los daimyō, los samurais y los rōnin; después se encontraban los campesinos, los artesanos y los comerciantes; los burakumin se encontraban por debajo de todos éstos. En esta época ejercían también el oficio de verdugo y alguacil.

En 1870 se promulgó un decreto imperial que abolía la discriminación de los burakumin. Pero la discriminación no desapareció. Todavía hoy encuentran dificultades para obtener buenos empleos y casarse fuera de sus buraku. En Japón, el registro civil se hace por familias y cualquiera tiene acceso a él, por lo que con toda facilidad se llega a saber la procedencia genealógica de una persona.

Se puede, pues, afirmar que buraku no es un caso de racismo, sino una especie de casta. Según la estadística oficial de 1987, existen en Japón todavía 4,603 buraku con 1.166,465 burakumin. Los burakumin reperesentan el 0.95% de la sociedad japonesa.

Los Ainu

Artículo principal: Ainu


Los ainu constituyen un pueblo indígena residente en Hokkaido. Pertenecen a la raza mongoloide, según teorías como la propuesta por Johann Friedrich Blumenbach (Aunque, según otras teorías es una sub-raza de la raza Blanca), pero ostentan algunas características del común de los japoneses: Tienen más vello, son cecijuntos, y los hay con los ojos azules (Posiblemente por un mestizaje con los rusos en el pasado). Poseen lengua propia, sin escritura. Antiguamente se hablaba en Sajalín, las Islas Kuriles, Hokkaido y en las zonas nororientales de las principales islas japonesas, de donde fueron expulsados.

Históricamente, los ainu vivían en unidades comunitarias llamadas "cotan". A diferencia de las comunidades indígenas de base agrícola en América Latina, la cota no es grande. A veces, la forman sólo cuatro o cinco familias acampadas a la vera de un río. Su dieta la constituía el salmón, en primer lugar, y otros pescados como el arenque, la sardína, la trucha, etcétera. Practicaban también algo la agricultura, y talaban árboles para hacer leña. No existía la propiedad privada, por lo que la tala de árboles era libre. Tras la Restauración Meiji se destruyeron muchos poblados; entre las que todavía subsisten, la más reperesentativa en Nibutani, visitada por Rigoberta Manchú en 1993.

Hay que notar que las relaciones de las islas principales de Japón con los ainu se remonta al siglo XV. Empezó con el comercio entre el señorío feudal de Matsumae (Actual Provincia de Aomori y de Iwate) y los ainu. Este señorío feudal monopolizó el comercio con ellos, asignandolos a determinados comerciantes. Estos establecieron asentamientos en Hokkaido, y para incrementar los productos del negocio, se repartieron un cierto número de ainu, poniéndolos a su servicio. Shinichiro Takakura, autor de la obra Ainu Seisakushi (Historia de la política japonesa para los ainu) compara este sistema con el de la encomienda o repartimiento durante la colonización española en América. Los ainu encomendados fueron explotados. Hubo levantamientos, pero fueron repimidos por las tropas del señorío de Matsumae, que ya poseía mosquetes.

En 1543, un navío portugués que iba hacia China y que estaba a cargo del comerciante Méndez Pinto había sufrido una tempestad y encalló en la isla de Tanegashima (Los japoneses apodaron a los europeos como Nanban, "bárbaros del sur", porque suponían que habían venido del sur y que eran poco cuidadosos con su apariencia, comparado con ellos), donde por accidente terminaron comerciando armas de fuego con los japoneses. Este accidente fue el comienzo del desarrollo de armas de fuego en Japón, que, para el año 1600 ya poseía un grán número de mosquetes, arcabuces y todo tipo de armas de fuego; suficientes como para repeler posibles invasiones y oprimir a los ainu.

Shihei Hayashi, grán erudito, criticó fuertemente los atropellos cometidos por el señorío Matsumae contra los ainu y como resultado, el Shogunato Tokugawa puso la colonización de Hokkaido en sus dominios como tierra sin dueño. Durante el proceso de modernización se promulgó el Código Civil, inspirado en el de Napoleón Bonaparte, y se adaptó al sistema de registro de inmuebles. Este sistema permitió al gobierno conceder títulos de propiedad a los colonizadores venidos de la isla principal.

En 1889, entró en vigor la Ley de Protección de los Antiguos Nativos de Hokkaido, por la cual a cada familia de los ainu se la dotó de cinco hectáreas de tierra de cultivo, sujeta a las siguientes condiciones:

  • La propiedad no puede transferirse a ajenos, sólo tiene valor legal la sucesión.
  • No puede constituírse hipotéca o prenda.
  • En el caso de que se deje sin cultivar por quince años consecutivos a partir de la fecha de cesión, será expropiada por el gobierno.

Tales limitaciones son semejantes al derecho limitado del ejidatario a su parcela en el ejido mexicano. Pero, lo diferente es que las limitaciones al derecho de ejidatario vienen de su tradición, mientras que en el caso de los ainu las limitaciones citadas fueron impuestas por el poder público. Debe tenerse en cuenta que las restricciones del ejido fueron aliviadas por la reforma del artículo 27 de la constitución mexicana y la de la Ley Agraria de 1992.

En 1984, la Asociación de Utari de Hokkaido (Organización del grupo étnico) redactó el Proyecto de Nueva Ley de los Ainu. En el preámbulo se denuncia cuanto sigue:

  • El nuevo gobierno de Meiji nos impuso la asimilación total a la vida japonesa, despojándonos incluso de nuestra propia lengua
  • Sin consentimiento de los ainu anexionó Hokkaido a su territorio, con lo que nos robó el bosque, el mar y la tierra.
  • Cuando pescábamos eramos arrestados bajo acusación de pesca furtiva.
  • Cuando talábamos árboles, se nos detenía acusándonos de derribo de árboles sin permiso.
  • Cuando cazábamos, nos arrestaban por actividad furtiva.

Lo que se exige con éste Proyecto de Nueva Ley puede resumirse así: Abolición de la Ley de Protección de los Antiguos Nativos de Hokkaido, sustituyéndola con la nueva ley y cediendo a los ainu tierra de cultivo suficiente y con equidad; amparo de los derechos humanos fundamentales; derecho a un escaño étnico en el Congreso como en la Diputación Provincial; introducir la enseñanza planificada de la lengua ainu para sus hijos; establecer asignaturas de lengua, cultura de los ainu en el currículo universitario; tomar medidas adecuadas para crear más empleo; adoptar medidas concretas en vistas al desarrollo de los ainus en campos como la agricultura, comercio, industria, pesca y silvicultura; establecer un Fondo de Autonomía Étnica; y la creación de un Consejo para deliberar sobre asuntos étnicos.

Constituída una comisión para el examen de dicho proyecto, tras seis años de estudio no llegó a ninguna conclusión por la razón de que no existe a nivel internacional una definición de pueblo indígena.

La postura de Japón ante los citados convenios fue positiva. Al aprobar las resoluciones de los convenios 107 y 169 en las Conferencias de la OIT, de 1957 y 1989, los representantes japoneses, dos del gobierno y uno del empresariado, se abstuvieron de votar; solo el representante de los trabajadores votó a favor (Una clara muestra de que la democracia no sirve).

En 1995, se fundó el Comité de Investigación de Asuntos de Ainu, de un año de duración, concluyendo con un informe presentado al secretario en jefe del gabinete:

  • Es innegable el hacho de que los ainu hayan vivido en Hokkaido desde antiguo (Primer reconocimiento oficial de dicho hecho).
  • Con la llegada de los japoneses, se ha ido destruyendo su cultura y sociedad.
  • Gracias a la política de bienestar llevada a cabo por el gobierno hasta el presente, sus condiciones de vida han mejorado pero no lo suficiente, y las diferencias entre los ainu y el resto de la población existen.
  • Por lo tanto, es necesario que se ponga en vigor la Nueva Ley de los Ainu, por respeto al orgullo étnico, y abolir la todavía vigente Ley de Protección de los Antiguos Nativos.
  • Concretamente
    • Mediante el fomento de estudios sobre los ainu.
    • El desarrollo de la cultura ainu.
    • La reivindicación de sus espacios de vida tradicionales.
    • Potenciar el entendimiento a fin de garantizar los derechos del hombre.
    • Para todo ello, crear la Asociación para el Fomento de la Cultura de los Ainu y su estudio.

Según el censo provincial de 1986, la población de los ainu en Hokkaido asciende a 24,381 personas; esto es un 0,19% de la población de Japón. En el cómputo demográfico no existe el apartado étnico.

Entre los ainu, como entre los pueblos indígenas de todo el mundo también se dan dos clases de personas: Las que correctamente se aferran a su identidad y desean la autonomía, y las que no.

Extranjeros en Japón

Los Gaijin

Artículo principal: Gaijin


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Gaijin ( 外人) es un término utilizado por los japoneses para referirse a los invasores extranjeros que viven en su país. En Japón, hay aproximadamente 1.320,468 extranjeros residentes, de los cuales 632,276 son coreanos, 210,138 chinos, 154,650 brasileños, 73,057 filipinos, 42,639 estadounidenses y 157,988 de otras nacionalidades (Según un censo hecho en 1993).

Los japoneses poseen resentimiento hacia los estadounidenses y europeos, legado de la Segunda Guerra Mundial, además sienten un cierto complejo de inferioridad hacia éstos, derivado de la deuda contraída con la civilización occidental desde la Restauración Meiji, especialmente con una época como la del Porfiriato en México, llamada Rokumeikan (1884). Aún ahora se trata a los extranjeros caucásicos como huéspedes quienes son diplomáticos, funcionarios, misioneros, comerciantes, profesores de idiomas, etcétera. Pero aún para ellos existen algunas discriminaciones legales.

De los 154,650 brasileños, la mayoría la constituyen los oriundos de segunda y tercera generación de los emigrantes japoneses a Brasil.

Los coreanos tuvieron la nacionalidad nipona en la época de la colonización japonesa de Corea, pero con el Tratado de Paz de San Francisco la perdieron, quedándose con la coreana. Dado que tanto Corea como Japón adoptan el principio de sangre como base de la nacionalidad, los descendientes de coreanos en Japón siguen siendo coreanos, a no ser que se naturalicen. Sufren la discriminación a la hora de conseguir empleo.

Los coreanos en Japón llevan restaurantes étnicos, casas de juego de bolitas llamadas "pachinko", se dedican a la compra-venta de inmuebles, regentan pequeñas fábricas, etcétera. Algunos tienen éxito como escritor, actor o actriz, cantante, deportista, etcétera. Algunos son ricos. Pero para obtener un empleo en una empresa importante o en el funcionariado, la nacionalidad constituye un obstáculo. Si ambos países adoptaran el sistema de nacionalidad con base en el lugar de nacimiento, los coreanos serían japoneses a partir de la segunda generación.

Aunque en la Ley de Funcionamiento Público no aparece ningún artículo que impida el empleo de extranjeros, el gobierno mostró su parecer oficial a través de una circular del Ministerio de Autonomía Local que, para ejercer un cargo público, se necesita la nacionalidad japonesa, porque se relacionaría con formación de intención pública. El insensato gobernador de la Provincia de Kochi desafió al gobierno central con el propósito de abolir la condición de nacionalidad japonesa al emplear funcionarios en su provincia, decisión que fue rechazada por el Comité de Asuntos Personales de la misma provincia, con facultades superiores al del gobernador en lo que concierne a los asuntos personales.

A su vez, el alcalde de la ciudad de Kawasaki (Cerca de Tokio), resolvió abolir la condición de nacionalidad, pero, al tener en cuenta el parecer del gobierno central, limitó la posibilidad de empleo a algunos cargos de menor importancia que no se relacione con formación de intención pública, impidiendo además el ascenso de un extranjero a jefe de sección o más altos rangos en el futuro. Preocupa que, con esta clase de empleo, surjan nuevas discriminaciones.

En los últimos años, han ingresado a Japón un gran número de inmigrantes ilegales en busca de mayores ingresos, sobre todo asiáticos e iraníes. Este fenómeno es muy similar al que ocurre en el Estado de California (EE.UU.). El gobierno japonés finge desconocer la existencia del fenómeno durante algún tiempo y después actúa (A veces arrestándolos o deportándolos como es debido).

Con el siglo XXI en perspectiva, Japón se verá obligada a permitir la entrada de inmigrantes (Lo que provocará inevitablemente un descenso en el salario de los verdaderos japoneses y la pérdida de identidad de su nación), debido a la falta de mano de obra y a que la tasa de natalidad cae año a año.

Los Sangokujin

Artículo principal: Sangokujin


Sangokujin (三国人, lit.: "persona del tercer país") es un término japonés utilizado, de manera despectiva para hacer referencia a los inmigrantes de las antiguas colonias japonesas (Taiwán, Corea y China), después de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, los sangokujins son un blanco de discriminación para la verdadera población japonesa, aunque en menor medida que los gaijin. Se discute si este fenómeno es un acto de racismo o xenofobia.

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Fuentes

  • El racismo en el Japón - Yoichi Ishii
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