Rudolf Hess, mensajero de la paz

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Rudolf Hess

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Inglaterra sin aliados

Después de la derrota inglesa en Creta y del victorioso contraataque de Erwin Rommel en África del norte, la situación volvió a empeorar para la Unión Soviética, en vigilia de un ataque general de la Wehrmacht. Inglaterra no podía echarle más capotazos al toro alemán para desviarle de su objetivo. Turquía, desoyendo las indicaciones de Londres y Washington, había firmado un pacto de no-agresión con Alemania, mientras Bulgaria participó, con sus tropas, en la ocupación de las dos Macedonias, griega y yugoeslava, relevando en tal misión a las tropas alemanas e italianas. Rumania, Eslovaquia y Finlandia, directamente amenazadas por Moscú, se adherían al Pacto Tripartito. Croacia seguiría más tarde. Ésta, en abril de 1941, bajo la presidencia de Ante Pavelic, se constituyó en el Estado Independiente de Croacia, que permanecería fiel a su alianza con el Reich hasta el fin de la guerra. Hungría ocupó el Bánato, mientras en Serbia y Eslovenia se establecían gobiernos locales, de tipo fascista. Suecia y España habían afirmado su neutralidad, lo mismo que Suiza, Portugal e Irlanda, ésta última debiendo resistir a terribles presiones de todo orden de su poderoso vecino inglés.

No quedaban más cipayos europeos para morir por Inglaterra y, a la larga, por Moscú y Wall Street. Roosevelt no había aun podido vencer la formidable oposición del Senado y del Congreso americano, reacio a dejarse enredar en una guerra ajena.

Tentativa de paz

En aquel momento y antes de decidirse poner en marcha el mecanismo de la Operación Barbarroja, Adolf Hitler quiso hacer una enésima tentativa para llegar a un cese de hostilidades con Inglaterra. El 10 de mayo de 1941, Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler y líder del NSDAP, arriesgó su vida para lograr la paz.

Rudolf Hess nació el 26 de abril de 1894. Al estallar la Primera Guerra Mundial, se alistó como voluntario en el ejército alemán participando en el Frente Occidental en Verdun y luego, en el este de los Cárpatos. Es ascendido a teniente y condecorado con la Cruz de Hierro. Al finalizar la Guerra, Hess -al igual que millones de sus compatriotas- se ve profundamente afectado por la inaudita traición de los que llevaron a su Patria a la derrota en 1918 y luego la sumieron en la más abyecta decadencia y debilidad. Investiga y descubre a grupos de masones, judíos y comunistas como principales causantes del hundimiento social y material de Alemania.

En 1920, escucha por primera vez a Adolf Hitler y se afilia inmediatamente al flamante Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Con sus discursos, logra que los trabajadores se vuelquen al partido, superando así la falsa ideología marxista. Educa por igual a los intelectuales. Les demuestra que el interés de la Nación está por encima del interes y egoísmo personal. Su actividad política va en aumento. El Partido Nacionalsocialista llega al poder el 30 de enero de 1933 y en ese mismo año, Hitler lo nombra a Hess como su lugarteniente.

El 10 de mayo de 1941, Hess, pilotando un Messerschmitt, logró burlar la vigilancia de las patrullas de la R.A.F. y aterrizó en Escocia. Su propósito era entrevistarse con el duque de Hamilton, antiguo amigo suyo y muy influyente en la corte. Hess confiaba en que el Duque le ayudaría a conseguir una entrevista con Jorge VI y con Churchill para convencerles de que "el Führer no quería continuar esta guerra insensata", como decía Frau Ilse Hess en el libro "Prisionero de la Paz". Y que el verdadero enemigo está en Rusia.

Paz-empate

Hess proponía, nuevamente, una paz-empate, a condición de que se dejaran manos libres a Alemania frente a la Unión Soviética. Como garantía de las intenciones del Reich de cumplir lo pactado, el mismo Hess se ofrecía como rehén. No hay que olvidar que, en el momento en que Hess se presentó en Inglaterra con su misión de paz, Alemania aparecía como muy probable vencedora. Inglaterra había sido derrotada en todas partes: en Francia, en Bélgica, en Noruega, en Yugoslavia, en Grecia, en Creta, en Libia... incluso en los mares. Todos sus cipayos continentales habían sido sucesivamente arrollados y Roosevelt seguía sin conseguir envolver a América en el conflicto al lado de Albión.

Pero Hess no conseguiría entrevistarse con el rey, ni con Churchill, que lo mandó encarcelar. En vez de considerar, al menos, la posibilidad de detener la matanza entre pueblos blancos y, en caso de desacuerdo, permitirle regresar a su patria, el Gobierno británico le trataría como un prisionero de guerra corriente y, más tarde, como un criminal de guerra, en la farsa pseudojurídica de Núremberg.

El duque de Hamilton, rompiendo por fin, un silencio que le fue impuesto durante veinte años, dijo, el 25 de abril de 1962: "Ciertamente, la guerra habría podido terminar en 1940. Pero la mejor oportunidad la facilitó el vuelo de Hess, en mayo de 1941".

Además de la negativa de aceptar la propuesta de paz del emisario de Adolf Hitler, lo que llama la atención en este caso es la manera de proceder de Inglaterra para con un emisario que se presenta voluntariamente. Los mensajeros de paz eran respetados incluso por los pieles rojas. A.J.P.Taylor, bien conocido escritor ingles al que ni con la más increíble imaginación puede tildarse de "pro-nazi", reconoce que el trato dado a Hess constituye una "mancha negra sobre nuestro honor". El propio Churchill manifiesta en su libro "Historia de la Segunda Guerra Mundial", volumen III, estar muy contento de "no ser directamente responsable de la manera cómo se trató a Hess... enviado de paz que vino a estas islas por su propia voluntad".

Hitler, tal como estaba convenido en caso de fracasar la acción de Hess, hizo publicar un comunicado oficial declarando que su lugarteniente, Rudolf Hess, padecía desde hacía algún tiempo, una progresiva enfermedad mental.

Spandau

En el suburbio de Berlín Occidental del mismo nombre, se alzaba hasta hace pocos años la impresionante fortaleza que era la Prisión de Spandau. Es un presidio que podía encerrar a 600 hombres. Un conjunto de edificios de ladrillo rojo, rodeado por un muro de 8 metros de altura, flanqueado por nueva torres de concreto. Circundaba al muro una franja de terrerno minado y luego dos alambradas electrificadas. En la exterior, unos carteles advertían: "No se acerque a la valla. Los centinelas tienen orden de disparar". La Segunda Guerra Mundial duró hasta hace poco en Spandau. Se mantenía allí la alianza de los vencedores de entonces. Tropas de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética se turnaban, cada mes, para la guardia del presidio.

El 18 de julio de 1947 las puertas de la Prisión de Spandau se abrieron para que entraran los siete dirigentes del Tercer Reich que fueron condenados a penas de presidio por el Tribunal Internacional en los Juicios de Núremberg. Volverían a abrirse para dejar salir a seis de ellos, ya fuera por haberse cumplido la pena, ya sea por haberse conmutado ésta por razones de edad o salud del condenado. Sólo para el séptimo, para el ocupante de la celda No. 7, permanecieron cerradas. Sólo para Rudolf Hess no hubo razones humanitarias. Sólo para Rudolf Hess la guerra no había terminado.

Fue torturado sádicamente por sus carceleros desde 1941. Para Hess no hubo Organizaciones de Derechos Humanos. Ni hubo gobiernos que se indignaran por su larga reclusión en la cárcel. Claro, Hess no era un terrorista marxista. Los 46 años de cárcel y tortura no pudieron doblegar la voluntad de acero de Rudolf Hess, que será recordado por millones de nacionalistas revolucionarios en todo el mundo que imitarán su ejemplo de lealtad. En cambio.... quién recuerda a los jueces que lo condenaron en Núremberg? Nadie!! Hess permaneció por más de 46 años en prisión y en esos 46 años permaneció fiel a sus sagrados principios de patriota y de nacionalsocialista.

El 10 de mayo de 1941, Hess partía en misión de paz. No lo quisieron escuchar y lo declararon culpable. El 17 de agosto de 1987, Hess partió en su último y glorioso viaje. Se presentó ante el Juez Eterno. ÉL lo eschuchó y ÉL lo declaró inocente.

'"El honor es para mí algo superior a mi libertad" - (Rudolf Hess, Spandau, diciembre de 1966)

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