Tetazo

De Metapedia

El tetazo se caracterizó por la violencia contra los hombres y la policía
El tetazo fue una manifestación convocada por mujeres (la gran mayoría lesbianas), para reclamar por un operativo policial llevado a cabo en una playa de Necochea, provincia de Buenos Aires que intentó evitar que un grupo de mujeres hiciera topless. Sin embargo, la manifestación obtuvo muchos detractores, principalmente entre las mujeres que afirmaron que dichas exhibicionistas no las representaban.

En las manifestaciones llevadas a cabo en las inmediaciones del Obelisco porteño y algunos puntos de Mar del Plata, Rosario, Salta y Córdoba, la mayoría de los participantes llevaban banderas de partidos de extrema izquierda y camisetas con la imagen del Che Guevara. La mayoría de las consignas eran para la legalización del aborto y de la marihuana. Las lesbianas se pintaron sus cuerpos con las siguientes frases: Abortá al macho y Muerte al macho.

Contenido

Repudio

Luego de dicha manifestación, en las redes sociales comenzó un nuevo debate: ¿Hasta qué punto la izquierda representa al conjunto de las mujeres y hasta qué punto, con este tipo de medidas y comportamientos, representa sólo a un reducido grupo que a su vez representa una línea político-partidiaria?

Es evidente que la manera de comunicarse que utiliza la izquierda en Argentina y en el mundo necesita un cambio profundo. Sus estrategias generan rechazos importantes en las urnas.

Las mujeres en las redes fueron las primeras en protestar por la manera en que se llevaron a cabo los acontecimientos del pasado martes 7 de febrero en inmediaciones del Obelisco.

Al final de la marcha un grupo de feministas comenzó a agredir a la policía y a destrozar lo que es propiedad del Estado. Una vez más, la izquierda ganó aún más rechazo y sumó opositores en vez de adherentes. Dichos actos de vandalismo generó muchísimo rechazo en la sociedad argentina.

La mayoría de los manifestantes eran homosexuales

Artículos de opinión

Permiso Para Criticar El #Tetazo, por Agustín Laje, director de la Fundación Centro de Estudios LIBRE. Su último libro se titula “El libro negro de la Nueva Izquierda – Ideología de género o subversión cultural”.


Prácticamente todas las culturas actuales remiten la sexualidad al plano de la intimidad. El sexo es cosa de quienes lo practican; está vedado (salvo en la pornografía) a la vista de los demás. Así, el espacio público generalmente no ha sido diseñado para soportar en él las prácticas sexuales. Un enfoque sociológico funcionalista tendría mucho que decir en favor de esta normativa para la mantención del orden social, pero no es el objeto de este breve artículo abordar a fondo esta cuestión, sino simplemente reconocerla.

La razón por la cual tengamos la tendencia de ocultar en el espacio común las partes de nuestro cuerpo significativamente sexualizadas, deriva de este anclaje de lo sexual a lo privado. ¿Es esto incompatible con una sociedad libre? No en la medida en que a cada uno, en el ámbito privado y/o en espacios públicos específicamente destinados a tal fin (playas nudistas), se le permita mostrar o no mostrar lo que plazcan.

El caso de las mujeres mostrando sus senos en la Playa de Necochea violó esta normativa cultural y legal. Guste o no, la policía llegó a la zona porque el público playero así lo solicitó; no una vez, sino varias veces. Quien crea que en el espacio común la libertad puede ser plena, o es un ingenuo o es malintencionado. La defensa que los liberales hacen del ámbito privado (y de su ampliación) parte precisamente de este reconocimiento: que sólo en la privacidad un hombre puede gozar de plena libertad, porque el espacio público, en virtud de la convivencia armoniosa, queda siempre regulado.

Trataré de explicar cuál es el problema entonces en un solo párrafo: el feminismo radical, como movimiento político e ideológico que forma parte de una nueva izquierda post-soviética, no vive de la convivencia armoniosa sino del conflicto permanente. Importantes teóricos del post-marxismo, como Ernesto Laclau, han llamado a reconstruir la izquierda ya no “identificando al sujeto de la revolución”, sino sencillamente “construyéndolo”: es decir, generando conflicto allí donde no existía antes, a los efectos de hacer emerger la lucha política. Traducido al caso que comentamos: la resolución armoniosa hubiera sido concurrir a una playa nudista; la resolución conflictiva, funcional al feminismo, fue el escándalo mediático y político que derivó en el famoso #tetazo que le concede a aquél otro minuto de fama más.

El feminismo radical está articulado por el dogma del “machismo”, según el cual todo lo que no sea feminista radical, es entonces “machista”. Así, si a un hombre se le ocurriera mostrar el pene en una playa no nudista, eso sería “machismo” y las fuerzas legales pondrían orden sin que nadie se escandalice. Pero si una mujer muestra los senos en playa no nudista, es una reivindicación femenina que genera la reacción machista de las fuerzas legales, lo que conduce a un #tetazo y a la indignación de los medios hegemónicos que se lamentan por tanto machismo.

Se dirá que el ejemplo es inválido, porque los senos no son genitales (no obstante, podría probarse cambiando “pene” por “ano” y se obtendrían idénticos resultados). Pues aquí hay un error argumentativo: lo que tendemos a tapar no son simplemente los genitales, sino aquellas partes del cuerpo que están altamente sexualizadas. Al respecto, mucho se ha dicho sobre la igualdad del pecho de la mujer respecto del pecho del hombre. Y es que, si efectivamente fueran cosas idénticas, tapar unos y mostrar otros sería un acto de clara injusticia.

Pero anatómica y fisiológicamente, el pecho femenino no tiene nada que ver con el pecho masculino. Los hombres no carecen por completo de pechos, es cierto, pero éstos no son mucho más que un mero apunte o una intención sin completar. El pecho femenino tiene un sinfín de terminaciones nerviosas de la cual carece el masculino: es por eso que, en el plano de la relación sexual, los senos constituyen una zona erógena privilegiada. Tan así es, que el Journal of Sexual Medicine ha mostrado que la estimulación de los pezones femeninos activa una respuesta cerebral en la corteza genital que es capaz de producir un orgasmo en la mujer. No hay en la sexualización del seno puro capricho cultural: hay una realidad natural evidente.

El antropólogo J.A. Jáuregui, en Las reglas del juego: los sexos, entiende que “los pechos de la hembra son un importante mecanismo bionatural de diferenciación”. Dicha diferenciación, y la antedicha sexualización, pueden comprenderse a partir de una simple comparación: ¿Cuáles son los costos sociales y legales de tocar sin consentimiento un pecho femenino, y cuáles son estos costos respecto de uno masculino? El primer caso lo encasillaríamos claramente como acoso sexual; el segundo no pasaría de ser una anécdota. ¿Esto obedece a los oscuros intereses del “patriarcado”? De existir estos intereses, serían diametralmente los opuestos; a lo que obedece, sencillamente, es a la calidad sexual atribuida cultural y biológicamente a cada tipo de pecho que, a la postre, son sustancialmente diferentes.

Pero el pretendido exhibicionismo feminista evidencia sus objetivos políticos si atendemos a otra noticia de este mismo verano: si una chica que gusta del ejercicio físico y que ha logrado conseguir ciertos atributos corporales decide que quiere participar del “concurso de colas Reef”, ya no puede hacerlo porque la famosa marca dio de baja tal certamen como producto del miedo de recibir escraches feministas, tan corrientes y virulentos en nuestros tiempos. “¡Pero eso es cosificación!”, dirán las feministas, como si las mujeres que allí modelan fueran llevadas obligadas, como “cosas”, cuando la verdad es que no sólo van voluntariamente, sino que se preparan específicamente durante mucho tiempo para tal fin. Lo que al feminismo radical disgusta, en verdad, es todo lo que al hombre le gusta: por eso las feministas radicales no dudan en decir que las mujeres participantes de estos concursos de belleza son “esclavas del patriarcado” (¿no las están ellas mismas cosificando, al quitarles toda capacidad de voluntad en sus actos y decisiones, reduciéndolas a pobres infelices que “no saben lo que hacen”?).

Por fin, llegó el famoso #tetazo. Más personas cubiertas que senos al aire; una chica se quejaba en TN de que había hombres que habían ido simplemente a ver tetas (ironías políticas). Por supuesto, no faltaron las consignas de “muerte al macho” ni las reivindicaciones en favor del aborto, todo mezclado en la misma ensalada de indisimulable simbología de izquierda. Porque, en última instancia y como ya se dijo, todo esto no es mucho más que el producto de una izquierda que, tras fracasar el paradigma clásico del marxismo, ha reemplazado los conflictos de clase por los “conflictos de género” para poder sobrevivir en un mundo post-Guerra Fría.




El transexual Zulma Lobato apoyando la marcha. De fondo, banderas trotskistas.

¡Tetazo!, por Denes Martos


Todo empezó en Necochea.

Tres mujeres confundieron las playas de Necochea con Saint Tropez y se sacaron los corpiños a fin de tomar sol con el torso desnudo.

¡Para qué! Se armó un despiporre de tal magnitud que convocó, en calidad de necesidad y urgencia nacional, a nada menos que 20 policías y 6 patrulleros.

Aunque supongo que la pronta y masiva concurrencia de los sacrificados agentes del orden se debió más que nada a que ninguno se quiso perder el espectáculo. Hasta me animo a imaginarme el diálogo entre uno de los patrulleros y su central de comunicaciones:

--QSL central pero solicito confirmación. ¿Tres femeninas sin corpiño?

--Afirmativo móvil 246. – (conteniendo apenas la risa:) – Es lo que nos denunciaron personas en el área.

-- (Visiblemente entusiasmado) OK. QSL central. ¡Vamos para allá! – (al chofer del patrullero y fuera de micrófono:) ¿Oíste? ¡Tres minas en bolas! ¡Dale; metele! Eso no me lo quiero perder.

Y, como todos estaban intercomunicados, en menos de dos minutos se armó todo un malón de policías ávidos por realizar una exhaustiva inspección ocular in situ.

Interesante, en todo caso, fue el diálogo entre la policía y las señoras. En un momento dado, una de ellas lanza: “No es exhibicionismo. No queremos mostrar las tetas para que vengan a mirar”.

No consta qué le respondió el policía mientras un turista – probablemente para quedar bien con su algo ajada esposa ¬– exigía a gritos – y con los ojos desorbitados de tanto voyeurismo – que esposaran a las mujeres y las llevaran detenidas. Pero la respuesta policial lógica hubiera sido, sin duda alguna: “Si no querés que te las vengan a mirar, ¿para qué las andás mostrando?” Aunque reconozco que, en términos filosóficos, es una pregunta un tanto demasiado abstracta para un policía de la bonaerense.

Quizás también lo sería para la dueña de las tetas.

La cuestión es que eso fue en Necochea allá por el 28 de Enero. Pero no terminó ahí. Las grandes estrategas del feminismo local recordaron de pronto que las tetas siempre fueron un buen recurso mediático y decidieron usar las propias para lograr un poco de audiencia. En consecuencia, el martes 7 de febrero, la cosa continuó en el obelisco de Buenos Aires con una manifestación que las propias organizadoras bautizaron como "El Tetazo".

Estuvieron todos y todas: los/las LGBT, el MST de la Nueva Izquierda, las Lesbianas, la agrupación "Agitaciones Contra el Acoso Callejero ", la Izquierda Revolucionaria, el PDT y por lo menos unos treinta sellos de goma más. Hasta el Centro de Estudiantes de Veterinaria de la UBA estuvo con su pancarta. Todavía no se sabe si fue por interés profesional o por apoyo solidario para cubrir eventuales casos de necesidad, pero la cosa es que los veterinarios y las veterinarias también dieron su presente.

Como era de esperar, el espectáculo fue de lo más divertido. Lo que se dice una verdadera exhibición de tetas de todas las formas, tamaños y protuberancias. Algunas de las niñas – objetividad obliga – fueron realmente muy bonitas; hay que darle al César lo que es del César y a la teta lo que es de la teta. Pero otras ... ¡Ay! ¿Qué quieren que les diga? Digámoslo lo más suavemente posible: hacían recordar los jardines colgantes de Babilonia. Si sus dueñas no levantaban el brazo haciendo la "V" de la victoria, se caía todo. Estrepitosamente.

Ahí es donde uno empieza a entender el por qué del fenomenal negocio de los cirujanos plásticos y de la industria de la silicona. Realmente cumplen una función social. Es que a muchas de estas descorpiñadas exhibidoras de sus atributos mamarios los hombres las miran porque las demás mujeres andan todas tapadas. Si absolutamente todas las mujeres anduviesen con la teutonia al aire, por lo menos a la mitad de las que fueron a manifestar al obelisco no las miraría nadie.

Por desgracia, en cuanto a la convocatoria, la cosa no salió demasiado bien. Dándose cuenta de la situación una de las chicas comentó:

-- No puedo creer que haya más hombres que mujeres.

A lo cual la amiga le contestó:

--¿Qué esperabas, boluda? Era obvio. (...)

Lola Cufre, una de las organizadoras del espectáculo, fue la encargada de dar la explicación técnica en términos estrictamente académicos:

--Está lleno de pajeros. ¿Qué te sorprende? Son pa-je-ros

Para colmo, no solamente estaba lleno de hombres sino que en las fotos difundidas por los diarios prácticamente no aparece casi nadie que no tenga una máquina fotográfica o al menos un celular en la mano. Ése fue el motivo por el cual lamentablemente nos perdimos de ver las tetas de la citada doña Lola Cufre. En sus propias palabras:

--Yo vine sin corpiño y estaba dispuesta a sacarme la remera, pero no tengo ganas de aparecer desnuda en el celular de un desconocido.

O sea – en plena era de cámaras digitales, iPhones y celulares multifunción – Lola va al obelisco y en medio de una manifestación le mostraría sus lolas a todo el mundo pero solamente si le garantizan que nadie le va a sacar una foto. ¿Quién entiende a las mujeres?

¿O se trataba de mandar a otras mujeres al frente mientras ella se mantenía púdicamente tapada? Porque la que hizo algo parecido fue Vilma Ripoll del MST. La veterana Vilma apareció bien vestidita (alguien por ahí dijo "¡menos mal!") pero mandó al frente a Zulma Lobato. Es de temer que ese día el MST no cosechó demasiados votos. Es difícil – por decir lo menos – imaginarse a alguien entusiasmado por don-doña Zulma. Hasta como hombre es fulero y no mejora ni aunque doña Vilma le haga la promoción. Está bien que la ya algo vetusta izquierda marxista todavía dé para unas cuantas cosas; pero paren la mano compañeras: hasta Marx y Lenin tenían sus limitaciones. Y no se embalen: Trotzky y Gramsci también las tuvieron.

Otra de las cosas que llamó la atención fueron las activistas que, al mejor estilo Quebracho, se taparon la cara con un pudoroso pañuelo mientras exhibían orgullosas los objetos de la convocatoria. ¡Eso no vale, chicas! ¡Eso es hacer trampa! Poner las tetas sin poner la cara recuerda al avestruz que esconde la cabeza bajo la tierra pero queda con el culo al aire a la vista de todo el mundo.

Y encima, algunas consignas tampoco fueron demasiado felices. Por ejemplo, la chica que se paró sobre el capot del patrullero con un cartel que decía: "Ni Dios, Ni Patrón, Ni Marido" tiene todo el derecho del mundo a tener esa opinión. Lo del patrón vaya y pase; nadie puede decir que es imprescindible. Pero si esta chica no matiza al menos un poco los otros dos ítems, lo que desgraciadamente le va a suceder es que terminará muriendo más sola que Donald Trump en la fiesta del Día del Inmigrante.

Incluso eso de "La teta que molesta es la que no se vende" es muy, pero muy, discutible. Yo diría que es más bien al contrario. Si en la calle del barrio donde vivo todas mis vecinas andarían con el torso desnudo la verdad es que terminaría dándole al hecho una importancia igual a la de un fenómeno meteorológico. Pero si en esa misma calle todos los días se concentraran prostitutas y travestis semidesnudas vendiendo sus atributos y sus servicios, la verdad es que me molestaría bastante, incluso después de mucho tiempo de acostumbramiento forzado en aras de la tolerancia, la paz social, lo políticamente correcto, y los derechos humanos y gremiales de las trabajadoras del oficio más viejo del mundo. Nota al margen: aunque hay quien dice que el oficio más viejo del mundo es la política y no la prostitución, no creo que la observación cambie la esencia de las cosas. En realidad, ambas profesiones pueden considerarse democráticamente equivalentes en muchísimos casos.

Lo triste del caso es que no tendría por qué ser así. Como que no siempre fue así. Por ejemplo, las mujeres espartanas practicaban deportes en forma habitual. Y no solo lo hacían con los pechos descubiertos sino que, al igual que los hombres, lo hacían completamente desnudas. Y a nadie se le ocurría molestarlas. Si a alguien se le hubiera ocurrido la estúpida idea de hacerlo, cualquier mujer espartana podía contar con que medio regimiento de hombres saldría inmediatamente a defenderla. No en vano en cierto momento una mujer extranjera le comentó a Gorgo: "¡Ustedes, las espartanas, son las únicas que todavía tienen poder sobre los hombres!". A lo cual la espartana respondió: "¡Por supuesto! ¡Como que somos las únicas que aun traemos hombres a este mundo!". Y no se puede decir que Gorgo no sabía lo que decía. Gorgo era la esposa de Leónidas. Pero claro, para saber el peso que tiene esa frase hay que saber también quién fue y qué hizo Leónidas. Y me temo que hoy ya muchísima gente no tiene ni la más pálida idea.

Así es como se pierde una tradición. Así es como se pierde el contenido y el significado de una cultura. Así es como una burguesita escandalosa puede vociferarle al policía: "No es criminal andar en tetas. ¿A quién mata? ¿A quién roba? No me digan que es cultural. Definime cultura." Una simple consulta al diccionario de la Real Academia le hubiera aclarado que, en su segunda acepción, el término "cultura" significa simplemente: "Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico". Pues de eso se trata, de juicio crítico. Una capacidad que esa mujer seguro que no desarrolló. Y digamos la verdad: los canas tampoco; seguro que menos todavía.

Occidente se está suicidando. Está tirando a la basura miles de años de sólida experiencia acumulada. No lo está haciendo en la esfera de las ciencias llamadas "duras" porque en éstas no se puede ir contra la ley de la gravedad. El que lo intenta se pega el porrazo en forma inmediata e inevitable. Pero en las ciencias sociales la situación es diferente. En ellas los efectos no siempre son inmediatos y los ignorantes creen que cualquier experimento, por más caprichoso que sea, es posible tan solo a condición de que sea deseable.

Así en Occidente se está demoliendo toda la estructura sociocultural que permitió desarrollar la única civilización que pudo empezar a explorar el espacio exterior y a poner un hombre en la luna. Ya se destruyó la filosofía, el arte, la metafísica y la religiosidad de Occidente. Ahora lo que se ataca es la estructura más básica de toda sociedad y de cualquier cultura: la familia.

Gran parte del trabajo de demolición ya está hecho. En nombre de una serie de teorías psicológicas indemostrables, sostenidas y promocionadas por los profesionales del egoísmo individualista, ya se han cuestionado y hasta negado incluso las funciones naturales básicas de hombres y de mujeres. El resultado es un desastre. Vayan y hagan una simple verificación: traten de encontrar a un psicólogo o a una psicóloga que tenga una familia normal, sólida, armónica, estable y duradera. Vayan y traten de encontrar hijos tranquilos, equilibrados, sensatos y felices en las familias conflictivas que crea en forma inevitable la constante confrontación de egoísmos e individualismos exacerbados. Van a tener que buscar un rato largo hasta encontrar la excepción que justifica la norma. Si es que la encuentran.

Y ese materialismo hedonista nos destruye a todos. A hombres y mujeres por igual. No se trata de mostrar o tapar tetas. Eso es anecdótico y no va más allá de dar para cualquier cargada. No se trata de pudibundeces. Se trata de la condición humana y de sus requisitos naturales y necesarios. Se trata de la condición humana tal como ha evolucionado por cientos de miles y quizás millones de años y que no se puede reacomodar a piacere por meros caprichitos personales.

Le guste o no al liberalismo, tanto de derecha como de izquierda: existe un Orden Natural en el cosmos, válido incluso para los seres humanos. Las ciencias sociales también tienen su ley de gravedad. Es la paciencia de Madre Natura. No actúa inmediatamente y con una intensidad directamente medible como la gravedad física. Pero se deja manipular solo dentro de ciertos, muy bien establecidos, límites. Al que se pasa de esos límites Madre Natura no le avisa; simplemente lo hace fracasar y, en casos extremos, lo mata. Es su forma de hacer lugar para alguien menos idiota.

Y no es una cuestión de hombres o mujeres. Menos todavía es una cuestión de hombres versus mujeres o de mujeres versus hombres. Es una cuestión de ambos en forma simultánea porque la deformación de la escala de valores no difiere esencialmente de un sexo al otro.

Mientras las euménides feministas se paseaban por el obelisco disfrutando de su fiesta de tetas, los políticos de la Casa Rosada se la pasaban contando billetes para ver si conseguían equilibrar las cuentas de la fiesta política. Por un lado algunas mujeres consideraban que el mundo será perfecto cuando los hombres queden reducidos a la categoría de biodomésticos de uso eventual al nivel de los electrodomésticos actuales ya que, en última instancia, cualquier hombre puede ser sustituido por una jeringa de inseminación artificial con semen comprado en cualquier banco de esperma. Por el otro lado, algunos hombres consideraban que el día en que la cuenta del dinero esté bien todo lo demás también estará bien en forma automática porque, aunque el amor no tenga precio, teniendo suficiente dinero hasta el amor se puede comprar hecho.

Como puede apreciarse, mucha diferencia de criterios no hay. Es el mismo egoísmo, el mismo hedonismo, la misma soberbia, la misma ignorancia y, en última instancia, la misma estupidez por ambas partes.

Con esos criterios no se puede construir una familia. Sin familias no se puede construir una sociedad. Sin una sociedad estable no se puede construir ni cultivar una cultura. Y sin cultura a la larga desaparece también la civilización.

A menos, por supuesto, que la cultura y la civilización decadentes sean conquistadas por otra cultura y todo el ciclo comience de nuevo.

Algo que ya ha sucedido muchas veces en la Historia de la humanidad.

Fuentes

Enlaces externos


Videos

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