Yukio Mishima

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Yukio Mishima
Ahora que todo el mundo muere de viejo, el cielo tiene que dar pena.


Yukio Mishima, seudónimo de Kimitake Hiraoka, novelista y dramaturgo japonés cuyo principal interés se centró en los valores tradicionales japoneses y la esterilidad espiritual de la vida contemporánea. Nació en Tokio (Japón), el 14 de enero de 1925 y murió el 25 de noviembre de 1970 en su ciudad natal.

Mishima es el escritor japonés cuya vida y obra más influencia ha tenido en Europa, y Occidente en general. Hombre de férrea disciplina y voluntad, acostumbraba a escribir desde la medianoche hasta la aurora. A lo largo de su vida escribió más de 100 obras, incluyendo novelas, historias cortas, obras tradicionales japonesas y guiones.

Contenido

Biografía

Yukio Mishima en 1931.
Yukio Mishima y Shintarō Ishihara.

Hijo del entonces secretario de Pesca del Ministerio de Agricultura, Azusa Hiraoka, pasó sus primeros años bajo la tutela de su abuela Natsuko, que provenía de una familia vinculada a los samurais del periodo Tokugawa (gobierno militar establecido en Japón entre finales del siglo XII hasta la Restauración Meiji en 1868). El nombre real de Mishima, "kimitake", significa "príncipe guerrero".

En la Escuela Primaria Gakushuin, a la temprana edad de 12 años, Mishima comenzó a escribir sus primeros textos. Fue un seguidor ferviente de escritores europeos entre los que destacan el irlandés Oscar Wilde y el poeta checo Rainer María Rilke, además leyó a los clásicos japoneses. Su abuela Natsuko insistió en que cursara sus estudios en la elitista Escuela Peers, a pesar de que su familia no era tan rica como las de los otros estudiantes del colegio.

En la escuela Peers, Mishima se graduó con honores y llegó a convertirse en el miembro más joven de la junta editorial de la sociedad literaria de la escuela. Fue invitado a escribir un relato para la prestigiosa revista Cultura literaria (Bungei-Bunka) y presentó Hanazakari no Mori (El bosque en todo su esplendor). La historia fue publicada en el año 1944 cuando Mishima tenía sólo 19 años.

Del hombre al mito

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el joven "príncipe guerrero" no pudo combatir al estar enfermo de tuberculosis. En su lugar trabajó en una fábrica de aviones. Mishima llevaría consigo desde entonces la culpa por haber sobrevivido al genocidio estadounidense de Hiroshima y Nagasaki. En 1947 se licenció en derecho por la Universidad de Tokio, y durante un breve periodo de tiempo trabajó en la división de ahorro nacional del ministerio de Finanzas. El 2 de septiembre de 1948 presentó su dimisión para centrarse en su vocación, la literatura.

En su ensayo más importante, "bunka boueiron" (En defensa de la cultura), defendió la figura del Emperador, como el mayor símbolo de identidad de su pueblo. Mishima detestó la visión del mundo "moderno". En un esfuerzo por recuperar la tradición samurai organizó y adiestró a un ejército al que denominó Tatenokai (Sociedad del Escudo), una hermandad que promovía la salud física y las artes marciales, integrado por un centenar de jóvenes voluntarios dispuestos a servir de "escudo" humano en defensa del Emperador. Mishima intentó reunir a su gente para combatir el daño que se estaba haciendo a la sociedad japonesa por el liberalismo y el consumismo. La lectura del Hagakure, una guía práctica y espiritual del guerrero samurai se convirtió en su libro de cabecera.

Aunque muchos calificaron con burlas a esa sociedad militar como "soldaditos de plomo para entretenimiento de su líder y fundador", éste la definió en los siguientes términos:

Tatenokai (Sociedad del Escudo) es un ejército en situación de espera. Imposible saber cuándo llegará nuestro momento. Tal vez nunca, quizá mañana. Mientras tanto, permaneceremos en posición de firmes. Nada de exhibiciones en las calles, ni de pancartas o carteles; nada de discursos públicos ni de combates con bombas molotov o a pedradas. Hasta el final y aún en las peores condiciones, nos abstendremos de actuar así. Es verdad que somos un ejército desarmado y el más pequeño del mundo, pero no es menos cierto que somos el ejército más disciplinado y el más grande por su espíritu. ¡Tenno heikai banzai! (¡Larga vida al Emperador!)

Vida privada y homosexualidad

Mishima contrajo matrimonio con Yoko Sugiyama el 11 de junio de 1958. La pareja tuvo una hija llamada Noriko (2 de junio de 1959) y un hijo llamado Iichiro (2 de mayo de 1962).

La orientación sexual de Mishima fue un asunto que preocupó a su viuda y le restó importancia después de su muerte. Se ha conocido que Mishima visitaba bares homosexuales en Japón, aunque nunca tuvo encuentros homosexuales. Su obra Confesiones de una máscara, es un relato semi-autobiográfico de un joven homosexual que debe ocultarse detrás de una máscara con el fin de encajar en la sociedad. Mishima y su familia quisieron que su condición homosexual se mantuviera en el ámbito privado, sin embargo el escritor Jiro Fukushima publicó una reveladora correspondencia homosexual entre éste y el afamado novelista. Tan pronto después de publicarse, los hijos de Mishima demandaron exitosamente a Fukushima por violar la privacidad de su padre.

Muerte

Una figura grandiosa en vida, Mishima, se convirtió en héroe mítico después de su suicidio ritual. Casi al mediodía del 25 de noviembre de 1970, ese hombre, sobre cuya frente exhibía ceñida una cinta con el emblema japonés, junto a cuatro miembros del Tatenokai[1], seleccionados y entrenados con meses de antelación, aprovecharon la invitación que les hiciera el teniente general Kanetoshi Mashita, comandante en jefe del Ejército, en el Cuartel de Ichigaya, el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Una vez dentro, procedieron a cercar con barricadas el despacho y ataron al comandante a su silla para poder arengar a los soldados desde un balcón del cuartel. Con un manifiesto en el que enumeraba sus peticiones y en un discurso que pocos escucharon con atención, el escritor no pretendía provocar un golpe de Estado sino que protestaba contra la constitución impuesta por los Estados Unidos en el Japón de la post-guerra y llamaba a los japoneses a recuperar la importancia de la figura del Emperador y rescatar las tradiciones japonesas, que se estaban gradualmente abandonando desde el final de la Segunda Guerra Mundial, a cambio del estilo de vida occidental cimentado en una sociedad de consumo donde sólo cuentan el dinero y el bienestar que se puede adquirir con él. El discurso no duró más de cinco minutos, pues fue abucheado e insultado por los soldados, que hacían inaudibles las palabras de Mishima. Así estaba previsto, ya que el objetivo principal era el suicidio ritual del novelista, un ritual llamado seppuku, conocido en occidente como hara-kiri (corte del vientre). Mishima estaba consciente de que los soldados repudiarían su acción y, por ello mismo, el suicidio ritual era lo único que podía darle un significado a su protesta, sin traicionar los principios del honor y la lealtad. Así lo expresó en el discurso que nadie quiso escuchar:

Yukio Mishima dando su discurso final en el balcón del Cuartel de Ichigaya en Tokio el 25 de noviembre de 1970.
Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual... hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones... el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurai... cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros... Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día... El ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿Por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos... Salvemos al Japón, al Japón que amamos...

Después de tres vivas al Emperador, aquel hombre entró de nuevo al cuartel. Esa sería la última aparición en público de Yukio Mishima, de 45 años, un escritor altamente respetado en Japón, tres veces nominado al premio Nobel de Literatura. Lo que ocurrió luego, dentro del cuartel, fue el meticuloso suicidio ritual seppuku. La decapitación al final de este ritual le fue asignada a Masakatsu Morita, miembro de la Tatenokai. Pero Morita no fue capaz de realizar su tarea de forma adecuada: después de varios intentos fallidos, le permitió a otro miembro de la Tatenokai, Hiroyasu Koga, acabar el trabajo. Morita entonces realizó el seppuku y fue también decapitado por Koga.

Otros elementos tradicionales del suicidio ritual fueron la composición de jisei, (un poema compuesto por uno mismo cuando se acerca la hora de su propia muerte), antes de su entrada en el cuartel general. Mishima preparó su suicidio meticulosamente durante al menos un año y nadie ajeno al cuidadosamente seleccionado grupo de miembros de la Tatenokai sospechaba lo que estaba planeando. Mishima se aseguró de que sus asuntos estuvieran en orden e incluso tuvo la previsión de dejar dinero para la defensa en el juicio de los otros tres miembros de la Tatenokai que no murieron.

Su muerte es considerada la protesta final contra la decadencia moderna de Japón. Con su muerte desapareció uno de los críticos más lúcidos de la sociedad japonesa de posguerra y de la visión del mundo moderna, un pensador y artista superdotado que marcó para siempre la historia de la literatura japonesa y el corazón de occidente.

Su obra

En 1948 se publicó su primera novela "Ladrones" (Tōzoku) pasando a formar parte de la segunda generación de escritores de posguerra. Le siguió Kamen no Kokuhaku (Confesiones de una máscara), con la que obtuvo un gran éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años.

Tras ellas siguieron: "Sed de amor" (1950), "Colores prohibidos" (1954), "El templo del pabellón de oro" (1956), "El marinero que perdió la gracia del mar" (1963), y su tetralogía "El mar de la fertilidad" (1970), - una rebelión contra una sociedad sumida en la decadencia moral y espiritual como resultado de las ideas de la modernidad, y el olvido de la tradición e identidad japonesa - que incluye "Nieve de primavera", "Caballos desbocados", "El templo de alba", y "La corrupción de un ángel", editada esta a título póstumo. Sobra decir que algunas de sus obras teatrales, dignas de figurar entre lo mejor del siglo XX, como La marquesa de Sade (1965) y Mi amigo Hitler (1968), siguen asustando a las buenas conciencias. A propósito de esta última, que llegó a ser reinterpretada en algunas ocasiones fuera de Japón pero censurada, su autor la describió como "un himno maligno, cantado al peligroso héroe Hitler, por el peligroso pensador Mishima". La obra de Mishima recuenta la Noche de los cuchillos largos de 1934 y la decisión de Hitler de matar a su "amigo" Ernst Röhm, trata sobre la lealtad, donde resuena la tradición japonesa de la preeminencia de la lealtad grupal a la individual.

Fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura en tres ocasiones. En 1968 su mentor Yasunari Kawabata recibió el Premio Nobel de literatura. Mishima intercedió para que el premio le fuera otorgado a Kawabata como muestra de respeto hacia el hombre que lo había introducido en los círculos literarios de Tokio en la década de los 40. Al ser galardonado con el premio Nobel, cuando todo el mundo esperaba que sería para Mishima, el maestro Kawabata declaró:

No comprendo cómo me lo han dado a mí, existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras. Suele afirmarse equivocadamente que es mi discípulo, no es así. Tiene un talento muy superior al mío, admirado en Japón pero también en Occidente. Es un genio universal.[2]

Podría suponerse que estos comentarios no fueron sino una muestra de la proverbial cortesía japonesa o un gesto de amistad para el colega, pero ya en una carta fechada el 23 de diciembre de 1956, le dice: "En el futuro, quizá quede en la historia de la literatura a causa de un malentendido que me honra: el de haber descubierto a Yukio Mishima". Nadie que sepa apreciar verdaderamente la buena literatura, reprocharía a la Academia de Estocolmo haber conferido a Yasunari Kawabata el premio Nobel, lo discutible es que no se le haya dado a Yukio Mishima. Algunos argumentaron que Mishima fuera por entonces "demasiado joven" (tenía 43 años, mientras que el galardonado tenía 69).

Está claro que Mishima no era un candidato del agrado de la Academia a causa de sus "excentricidades" políticas, es decir, por haber manifestado abiertamente y en muchas ocasiones una posición ideológica "aborrecible". Otro tanto puede decirse de una larga lista de escritores que incluye, junto con Ezra Pound y Knut Hamsun, a la más variada gama de genios reconocidos en todo el orbe por sus invaluables contribuciones a la literatura universal.

En las academias, tanto japonesa como anglo-americana, hoy, Mishima no tiene virtualmente voz, ya que sus opiniones no son "políticamente correctas". Sin embargo, fuera de la academia las obras de Mishima siguen siendo populares tanto en Japón como en el resto del mundo y cuentan con una amplia digitalización de sus textos.

Ideas

Mishima, afirmará dos caminos para superar la sociedad actual: el de las letras y el de la acción. En la vía de la literatura se manifiesta el ser femenino, que sólo pasivamente puede actuar en el mundo. Ese contemplar la realidad sin penetrarla es advertido como "un hablar y decir". Mishima exigirá al mundo de sueños de la literatura la facultad de la decisión.

Su ser se rebelará contra lo inofensivo: querrá preparar su cuerpo para asumir el poder de la acción. La acción como la actividad física combativa orientada hacia un objetivo, actividad que se consuma en un corto lapso temporal; diferente, por tanto, del arte —que sería aquella actividad orientada por impulsos estéticos (en este sentido la gimnasia sería "la forma más próxima al límite entre arte y acción"), y diferente también de la tarea o trabajo, es decir, de aquella actividad (física o intelectual, artística o no) que se desarrolla a lo largo de un período ilimitado o extremadamente largo. Son interesantes también las disquisiciones en torno a la contradicción entre "acción" y "autoridad" por lo que "cuanto más poder adquirimos, más nos alejamos de nuestra fuerza física"

La palabra de Mishima, dejará de ser una diversión inocua, una negación de la decisión, una apuesta desfalleciente a la perennidad. Mishima asumirá el credo de la Yomeigaku, de la doctrina de la acción: "Saber y no actuar es no conocer". Para vencer la "noche del mundo" se abismará, correrá el peligro de perder el ser, vivirá con su seppuku o sacrificio ritual el máximo riesgo de la palabra. Tendrá la audacia inaudita de realizar un acto de valor incondicional en un mundo en que impera la cobardía: el no confrontarse al ser, el género de hombres en perpetua fuga.

¿Cómo es posible denominar "hombre de acción" a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿Y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo. Revueltos entre esta basura, estamos obligados a asistir a la decadencia y muerte del antiguo modelo de héroe, que ya exhala un miserable hedor. Los jóvenes no pueden dejar de observar con disgusto el vergonzoso espectáculo del modelo de héroe, al que aprendieron a conocer por las historietas, implacablemente derrotado y dejado marchitar por la sociedad a la que deberán pertenecer algún día. Y gritando su rechazo a semejante sociedad en su conjunto, intentan desesperadamente defender su pequeña divinidad
Yukio Mishima

El esteta Mishima, extasiado en la imagen del martirio de San Sebastián tendrá que "hacer de su propia vida una obra de arte" (Yukio Mishima). Ese deseo lo encontrará paradójicamente en otra de las caracterizaciones de la poesía como "el más peligroso de los bienes". Mishima vencerá el tiempo de indigencia —en que los dioses se han retirado— con su propio sacrificio. Romperá el falso respeto de una paz permanente impuesta por los aliados y la civilización occidental a Japón al término de la segunda guerra mundial.

Fiel al espíritu del samurai, Mishima se preocupó profundamente por la decadencia que las ideas de la ilustración habían causado a la cultura tradicional japonesa. La crítica a La modernidad dominó sus escritos. Se opuso a la derecha liberal japonesa defensora de los ideales de "paz perpetua" y "crecimiento indefinido capitalista" casi como sí se "vendiera el alma al diablo".

Es ese Mishima que, en Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, reseña su concepción de la vida, su idea del placer y de las obligaciones, los rituales cívicos que deben observar los hombres, la veneración que deben mantener por la vejez, la rectitud en las relaciones con los demás; y que habla también de la función del arte y de su extraño maridaje con la vida, singular pócima que la era Heian dejaría al Japón. En otros textos, como "La sociedad de los escudos" y "Proclama del 25 de noviembre", escritos en sus últimos años de vida, está la pulsión fascista de un intelectual que buscaba los recursos y la fuerza para reconstruir la gloria del ayer, del tiempo que pasó, mirando hacia atrás, aunque en ese pasado se mezclasen la influencia china e incluso corrientes que llegaron del Asia central, de los persas, de la India.

Es en la Proclama del 25 de Noviembre que es el discurso que dio a los soldados del cuartel en el que entró, con sus cien hombres de la Sociedad de los Escudos, para provocar la sublevación militar, se dan todos los ingredientes que se han llamado fascistas en Mishima: rechazo a la Constitución, a la democracia, a los políticos, a la economía de libre mercado, nostalgia por el pasado imperial de Japón, odio a los USA, a los partidos comunistas. Aunque Mishima llego a alabar a los militantes de izquierda, aún así tuvo debates y discusiones con estos, donde el nacionalismo saldría victorioso, pronto dichos debates serían por él transcritos y vendidos, las ganancias se repartieron en los dos bandos en conflicto.

Obras principales

  • Confesiones de una máscara (仮面の告白; Kamen no kokohaku), 1948.
  • Sed de amor (愛の渇き; Ai no Kawaki), 1950.
  • Colores prohibidos (禁色; Kinjiki), 1954.
  • El rumor del oleaje (潮騒 Shiosai), 1956.
  • El pabellón de oro (金閣寺; Kinkakuji), 1956.
  • Después del banquete (宴のあと; Utage no ato) ,1960.
  • El marinero que perdió la gracia del mar, (午後の曳航; Gogo no eiko), 1963.
  • El mar de la fertilidad (tetralogía) (豊饒の海; Hojo no umi, 1964-1970
    • Nieve de primavera, (春の雪; Haru no yuki).
    • Caballos desbocados (奔馬; Honba).
    • El templo del alba (暁の寺; Akatsuki no tera), .
    • La corrupción de un ángel (天人五衰; Tennin gosui), .
  • Música (Yukio Mishima)|Música (音楽; Ongaku), 1972. Trata sobre la terapia que lleva acabo un psicoanalista (el doctor Shiomi) con su paciente (Reiko), la cual llega a su consultorio aclarando que misteriosamente ha dejado de oír la música, que es utilizada por la paciente como una metáfora del orgasmo. La novela se centra en la investigación profesional del médico por encontrar la razón de la frigidez de la paciente y por aclarar la atracción que ésta despierta en él.
  • Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, (葉隠入門; Hagakure Nyūmon)

Su carácter narcisista le llevó a participar en representaciones teatrales, espectáculos públicos y películas como Yokoku (llamada en occidente "Patriotismo", o, en Japón, "El rito de amor y de muerte"), corto que él mismo escribió, dirigió, protagonizó y produjo. En él, representó su propio seppuku.

Mishima en la gran pantalla

En 1985 se estrenó la película Mishima: Una vida en cuatro episodios. Dirigida por Paul Schrader (escritor de Taxi Driver) y producida por Francis Ford Coppola y George Lucas, la película se enfoca en cuatro de los escritos más famosos del poeta y los relaciona con su vida real. La representación de los textos es muy teatral, mientras que al final de cada uno vemos a Mishima -interpretado de un modo impactante por Ken Ogata- preparándose para la que será su misión final: el secuestro de un funcionario público y la toma de una dependencia gubernamental con el propósito de hacer llegar su mensaje de amor a Japón y desprecio a Occidente. Cuando en la película Mishima realiza el seppuku, la secuencia que retrata este momento es muy potente.

Referencias

  1. Masakatsu Morita, su lugartenientte; Masahiro Ogawa, abanderado; Hiroyashu Koga, experto en el manejo de la katana y Mashayoshi Koga, el más joven.
  2. Citado según Francisco Castañeda Iturbide en Universo Literario.

Enlaces externos

Videos

Yukio Mishima: un arquetipo heroico

Lucas Carena y Pablo Davoli, conductores del programa La Brújula, discurren sobre la vida y la muerte del gran literato japonés, Yukio Mishima, resaltando el mensaje profundo de su suicidio ritual ("seppuku"). Solemne acto cúlmine, éste, que, amén de aportar una clave fundamental para interpretar su fascinante periplo existencial, constituye una de las más elocuentes expresiones del "ethos" guerrero samurai contra la contaminación espiritual proveniente del decadente Occidente moderno. Lo particular y lo universal; lo individual y lo colectivo; lo Oriental y lo Occidental... Todo ello confluye en Yukio Mishima, conformando binomios más que originales.

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