Zwi Migdal

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foto de la época de los proxenetas judíos detrás de la organización
Zwi Migdal fue una red mundial de trata de personas que operó entre 1906 y 1930 con sede en la ciudad de Buenos Aires. Estaba conformada por delincuentes de origen judío/polaco que se especializaban en la prostitución forzada de mujeres.

La organización conseguía estas mujeres en aldeas del Este de Europa.[1][2] Las comunidades judías estaban bajo el peligro constante de los pogromos, que las asolaban por esa época, además de las difíciles condiciones económicas; los integrantes de la mafia se presentaban como judíos que habían conseguido prosperar en América y que volvían a su tierra para buscar una mujer con quien casarse. Las condiciones objetivas de miseria y violencia hacían que las jóvenes y sus familias vieran en la oferta matrimonial una oportunidad que no podía ser rechazada.[3]

En su apogeo, luego de la Primera Guerra Mundial, la organización tenía más de 400 miembros en la Argentina. Llegó a tener ganancias anuales por más de 50 millones de dólares. Su sede se encontraba en Buenos Aires, con sucursales en otras ciudades de la Argentina, Brasil, Nueva York, Varsovia, Sudáfrica, India y China.[4]

Contenido

Organización

La prostitución de jovencitas judías traídas de Europa del Este se había iniciado desde la misma llegada de la inmigración judía a finales del siglo XIX: ya en 1885, para el mismo tiempo en que la Jewish Colonization Association lograba fundar las primeras colonias judías en Entre Ríos.

Para 1889, el «Club de los 40» reúne a un grupo de rufianes judíos para brindarse apoyo mutuo, intercambiar información y compartir estrategias para eludir a las autoridades: sería el embrión de la gran corporación de rufianes que culminaría en la Zwi Migdal. Esta organización de proxenetas judíos fue una de las tantas organizadas por rufianes de las distintas colectividades, además de los autóctonos;[3] había organizaciones de tratantes de blancas constituidas por italianos, españoles, argentinos[3] y de la poderosa mafia marsellesa.

Los rufianes reclutaban a niñas de 13 a 16 años de edad de las pequeñas aldeas o shtetl de Rusia y Polonia para emigrar a América con falsas promesas de trabajar como empleadas domésticas de ricas familias judías, e incluso con promesas de casamiento. Cansados de los pogromos y la miseria, los padres accedían a que sus hijas se fueran con los forasteros.

La escritora e investigadora Elsa Drucaroff disiente con la idea que las jovencitas eran traídas engañadas a la Argentina; muchas de ellas podían no saber sobre el destino que les deparaba el viaje, pero mucha otras sabían muy bien que ejercerían la prostitución en América, de hecho, gran número de ellas ya la ejercían en Europa: «En 1899 se podía decir, a un nivel de presuposición compartida, que ‘un viaje a Buenos Aires’ significaba ‘camino a la prostitución’».[5]

Durante el mismo viaje a América, las niñas eran violadas, golpeadas y encerradas en jaulas en donde pasaban hambre.

Según el periodista Gustavo Germán González, contemporáneo a aquellos hechos, las mujeres eran vendidas como en los antiguos mercados de esclavos de Roma o del Sur de los Estados Unidos:

...las mujeres, traídas a veces con falsas promesas de matrimonio, eran exhibidas desnudas y vendidas al mejor postor.

Las recién llegadas era «rematada al mejor postor». Estas subastas tenían lugar en el café Parissien, de avenida Alvear 3184. El lugar era propiedad de Salomón Mittelstein y Achiel Mostowsky, quienes posteriormente lo vendieron a Simón Brutkievich, Simón Kumchev y Mauricio Caro. Otro lugar en donde se «remataban» mujeres era el Hotel Palestina.

En 1906 conformaron en Avellaneda —distrito dominado por el caudillo conservador Alberto Barceló, quien él mismo era dueño de burdeles— la Sociedad de Socorros Mutuos Varsovia.[6]

La constitución de la sociedad en Avellaneda era sólo fachada legal ya que era el único distrito que le concedió la personería jurídica; la verdadera central de operaciones de la mafia polaca se encontraba en Buenos Aires, en la calle Córdoba 3280, un edificio de dos plantas con jardín, sinagoga, salón de fiestas, bar, comedor y sala de velatorios, entre otras dependencias.

Noe Trauman

El primer presidente fue Noé Trauman, de quien se dice que era anarquista, acostumbraba arengar a los rufianes con reflexiones sobre las injusticias sociales -los verdaderos explotadores, decía, eran los empresarios que pagaban míseros salarios a sus obreros a cambio de largas jornadas de trabajo- y que fue amigo de Roberto Arlt e inspirador de Haffner, el Rufián melancólico, uno de los personajes de Los siete locos.[7]

En esa época se formó el primer enclave prostibulario en la Ciudad de Buenos Aires, delimitado por las calles Lavalle, Viamonte, Libertad y Talcahuano. la organización tenía sus burdeles sobre las calles Junín y Lavalle. Allí se encontraban El Chorizo, Las Esclavas, Gato Negro, Marita y Las Perras, entre otros prostíbulos, donde las mujeres sometidas a la prostitución trabajaban de 4 de la tarde a 4 de la mañana. Las jóvenes trabajaban a destajo; los proxenetas, caftenes o cafishios, exigían que las mujeres atendieran a un mínimo de 600 clientes por semana y 70 por jornada.[5]

Con el tiempo la organización se escindió: los rufianes de origen polaco se quedaron con la sociedad, mientras que los rusos y los rumanos se nuclearon en la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Aschkenasum, presidida por Simón Rubinstein, dueño de varios prostíbulos y sindicado como contrabandista de seda. La Aschkenasum logró controlar todos los burdeles de la localidad de San Fernando.

El periodista francés Albert Londres dijo en 1927:[6]

La trata de blancas, la verdadera, son los polacos quienes la practican.(...) No hay un solo polaco de Buenos Aires que no tenga cinco o seis mujeres. O siete u ocho. Viven bajo una disciplina aceptada y servil.

El apogeo de la organización se dio en la década de 1920, con 430 proxenetas que controlaban 2000 burdeles y 4000 mujeres.

En el año 1929 la embajada de Polonia se quejó a la Argentina porque tal organización llevaba el nombre Varsovia y la organización debió cambiar su nombre al de Zwi Migdal, que según algunos significa «gran fuerza»; según otros se deriba del nombre de uno de sus fundadores: Luis Migdal.[8]

La Zwi Migdal en Rosario

Rosario fue una de las grandes plazas prostibularias argentinas. En su puerto recalaban muchos barcos de ultramar y con ellos, gran cantidad de marinos inquietos y ávidos de mujeres.

Esta situación había incidido en el desarrollo de la prostitución en gran escala, convirtiendo a Rosario en la segunda ciudad en importancia respecto de la trata de mujeres. Llegó a conocerse, por entonces, como “la ciudad de los burdeles”.

En el barrio de Pichincha —tal su nombre— los lupanares alternaban con bodegones, boliches, fondas y sitios similares. Allí se establecieron a comienzos del siglo XX los traficantes de la Zwi Migdal, entrando en competencia directa con los rufianes de origen francés que controlaban el negocio en la ciudad.

En los años 30 erigieron su propio cementerio en Granadero Baigorria, en las afueras de la ciudad donde fueron sepultados tanto los traficantes judíos que actuaban en Rosario y sus mujeres, como también algunos miembros de la sociedad.

A finales de la misma década el otrora floreciente negocio de explotación de la prostitución comenzó a tambalear. A partir del desbaratamiento en Buenos Aires del grupo de los traficantes de la Zwi Migdal la policía de Rosario reprimió la actividad prostibularia en el mismo momento en que la política local cambió drásticamente en esos temas, instalándose las ideas abolicionistas.[9]

El Fin

El fin de la organización llegó en 1929 cuando Ruchla Laja Liberman, una de las miles de inmigrantes polacas sometidas en los prostíbulos, denunció a la Zwi Migdal ante la justicia.[10]

Ya en 1926, Perla Pezelorska, arrojó un papelito escrito en idish en el que pedía ayuda para que la liberaran de su cautiverio en un burdel del barrio de Once. Pezelorska logró ser rescatada.[11]

Ruchla —o Raquel como era concocida en el burdel— era natural de Lodz y había llegado a la Argentina en 1918 con dos bebés. Era costurera y sabía leer y escribir. Aquí se encontró con que su primer marido, un sastre, había muerto y ella estaba en la miseria y tuvo que prostituirse. Permaneció en esta condición de esclavitud por 11 años.

El juez Manuel Rodríguez Ocampo se hizo cargo de al investigación de la denuncia y le ordenó al comisario Julio Alsogaray que llevó adelante las pesquizas que terminaron en el allanamiento de la sede central de la Zwi Migdal el 30 de mayo de 1930.

Muchos de los rufianes lograron escapar a Rosario y otros al exterior, donde fueron acogidos por sus hermanos judíos y les fue dado refugio.

El 27 de septiembre de 1930 se dictó el procesamiento de 108 de los socios de la Migdal, pero en enero de 1931 fueron liberados.[10]

La Zwi Migdal en Brasil

El primer arribo de jóvenes judías al Brasil fue en 1867. Ya en 1872 el gobierno del Imperio del Brasil extraditó a un grupo de proxenetas y prostitutas, pero las actividades criminales continuaron. Hacia 1913 había en Río de Janeiro 431 burdeles pertenecientes a la Zwi Migdal, concentrados en unas pocas calles del barrio del Mangue, una zona en donde la prostitución estaba legalizada.

Las prostitutas eran mayormente analfabetas, desposeídas y despreciadas por la mayoría de la comunidad, situación que las obligó a conformar una asociación de ayudas mutuas en 1906: la Chesed Shel Emes o Sociedad de Caridad Auténtica, formalmente registrada como Associação Beneficente Funerária e Religiosa Israelita - ABFRI - (Asociación de Beneficiencia Funeraria y Religiosa Israelita). Durante el apogeo de la Zwi Migdal, muchas ciudades brasileras tenían sus propias asociaciones Chesed Shel Emes, que hasta solían emplear rabinos para la asistencia espiritual de sus asociadas.

Literatura

Entre los libros que se han dedicado al tema de la Zwi Migdal se halla el libro escrito por el propio comisario Julio Alsogaray, «Trilogía de la trata de blancas» (1933), repleto de expresiones antisemitas; «El camino de Buenos Aires» (1927) del francés Albert Londres; «La organización Negra: la increíble historia de La Zwi Migdal» de Gerardo Bra (1982); el libro de Andrés Carretero «Prostitución en Buenos Aires» (1998); el libro del israelí Ilan Sheinfeld, «The Tale of a Ring» de 2007; «El infierno prometido» de Elsa Drucaroff (2006) y «La Polaca» de Myrtha Schalom (2003), una novela sobre Raquel Liberman.

Misceláneas

De estas prostitutas judías quedó en el lunfardo una expresión ya en desuso: «papusa» o «papirusa», palabra que se origina del polaco «papierosy»: cigarrillo, palabra muy común en boca de las prostitutas polacas, que solían pedir a sus clientes tabaco con algo que sonaba parecido a «dame papirusa» y que quedó como sinónimo de mujer bella y deseable.[12]

Según Tomás de Escobar en su «Diccionario del hampa y el delito», otra expresión lunfarda como cafishio, sinónimo de proxeneta, parece derivar para algunos de otra palabra lunfarda ya en desuso, caftén, que parece derivar del turco caftán, un abrigo largo y grueso que solía usar los judíos ortodoxos.

Teatro

En 2002 se representó en Buenos Aires la obra teatral de la autora rosarina Patricia Suárez, «Las polacas» que relata la historia de la prostitución de mujeres judías en Argentina.[13]

Referencias

Bibliografía

  • Drucaroff, Elsa (2006). El infierno prometido: Una prostituta de la Zwi Migdal, Sudamericana. ISBN 950-07-2710-2.


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