Simón Bolívar

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Simón Bolivar

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte-Andrade y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar, (Caracas, Capitanía General de Venezuela, 24 de julio de 1783 - Santa Marta, Gran Colombia, 17 de diciembre de 1830) fue un militar y político venezolano fundador de la Gran Colombia y una de las figuras más destacadas de la emancipación americana frente al Imperio español. Contribuyó de manera decisiva a la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.

En 2010, su tumba fue profanada por orden del gobierno de Hugo Chávez.[1]

Contenido

La juventud de Bolívar

Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783. Su ciudad natal era la capital de la Capitanería General de Venezuela. Era hijo del coronel Juan Vicente Bolívar Ponte y de Doña María de la Concepción Palacios Blancos, ambos salidos de familias españolas de gran descendencia.

Estas dos familias, viviendo sobre suelo americano por numerosas generaciones, hacían parte de la poderosa clase social de los "Mantuanos", lo que les valía grandes privilegios.

Fue en ese cuadro que nació Simón Bolívar, a quien uno de los miembros de la familia, el padre Juan Félix Jérez-Aristiguieta Bolívar redactó un testamento en su favor, asegurándole una fortuna muy grande.

Simón, a quien su madre no podía amamantar, se vio confiado a una nodriza negra, Hipólita, una de las esclavas de la familia. Ésta hizo más que alimentar a Simón, se ocupaba de él como si fuera su propio hijo, y sobre todo a la muerte del coronel Bolívar cuando su hijo tenía apenas 7 años. Simón Bolívar guardaría siempre en su corazón mucha ternura por Hipólita.

Alrededor del año 1790, María Antonia, Juana, Juan Vicente, y Simón, se paseaban bastante seguido con su madre en sus tierras del valle de Aragua. Simón fue tocado por la belleza y la tranquilidad de los paisajes que descubría.

Pero el encanto se rompió el 6 de julio de 1792, cuando murió su madre, quien había tenido siempre una salud frágil. Los Bolívar quedaron huérfanos. Las dos muchachas, aunque muy jóvenes, no tardaron en casarse, y fue el abuelo materno, don Feliciano, quien devino el tutor de Simón, de apenas 9 años. Pero el joven Simón sufrió mucho por la desaparición de sus padres.

Simón había aprendido a leer, escribir y contar con diferentes preceptores. Fue a la Escuela Pública, dirigida por Simón Rodríguez, un hombre original y progresista, cuyas ideas pedagógicas y sociales tendrían mucha influencia sobre un joven de carácter aún muy maleable. Pero entretanto, don Feliciano falleció a su vez, y la tutela regresó a Carlos Palacios, su tío, con quien Simón no se entendía para nada. Don Carlos, soltero, pasaba mucho tiempo en sus haciendas, y Simón, librado a su suerte, se paseaba en las calles de Caracas con muchachos que no eran de su rango.

A los 12 años, Simón Bolívar se fugó y fue a buscar refugio con su hermana María Antonia. Pero el niño es reconducido a su casa, después confiado como interno a cargo de su maestro Simón Rodríguez. Rodríguez no tardó en ganar la confianza de Simón, y en algunos meses lazos estrechos iban a ligarlos, lazos de simpatía, que durarían hasta la muerte.

Admirador de Rousseau y otros filósofos franceses, Rodríguez iba a enseñarle mucho a Simón Bolívar, empleando mucho tacto, sensibilidad y firmeza igualmente. Fue en ese momento que Simón abrió sus ojos, su espíritu y su corazón a los ideales que marcarían su vida.

Simón Bolívar en Europa

En 1799, viajó por primera vez a España, visitando de paso Veracruz y México, haciendo una corta escala en La Habana. En Madrid, estaba rodeado de sus tíos Esteban y Pedro Palacios, así como por el marqués de Ustariz quien devino su maestro. Simón profundizó sus conocimientos literarios y científicos y, como todo el mundo que se respete, perfeccionó su esgrima y su forma de bailar.

Frecuentó numerosos salones donde se lo destacó, a la vez por su elegancia y por su inteligencia.

Rápidamente, conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, una joven española de quien se enamoró. Pensó inmediatamente en fundar una familia, tener descendencia y regresar a Venezuela para disfrutar de sus bienes. Pero su tío pensó que era un poco precipitado y le aconsejó viajar algún tiempo. Sería tiempo de pensar en el matrimonio un poco más tarde.

En la primavera de 1801, viajó a Bilbao donde permaneció el resto del año. Después fue a Francia, a París y Amiens. El país, su cultura, las gentes lo encantaron. En el mes de mayo de 1802, estaba de nuevo en Madrid donde se casó, el 26, con María Teresa. Los dos jóvenes esposos viajaron a Venezuela, pasando momentos felices hasta enero de 1803, fecha en la cual murió María Teresa.

En una carta dirigida a un amigo que vivía en Francia, Bolívar expresó sus sentimientos después de la muerte de su esposa: "La he perdido; y con ella la vida de dulzura que alegraba mi tierno pecho... El dolor no me deja un solo instante de sosiego". Era una emoción profunda y sincera, expresada con mucho romanticismo.

El joven viudo regresó a Europa a fin de ese mismo año, pasando por Cádiz y Madrid, y se instaló en París en la primavera de 1804.

En París, Bolívar llevó una vida social muy intensa, aprovechando los placeres que ofrecía la capital francesa. Hubo amores furtivos con una dama francesa, Fanny Du Villars, a quien frecuentaba en los salones, a los cuales iban los hombres políticos, militares, diplomáticos, científicos, comerciantes y las bonitas mujeres.

Leía mucho, asistía a conferencias y observaba con sagacidad los acontecimientos políticos y militares que estaban cambiando el mundo. Fue la época, en 1804, cuando Napoléon fue coronado emperador. Esto impresionó mucho a Bolívar quien admiraba el genio militar de Bonaparte, pero criticó su subida al trono imperial.

En el curso de sus conversaciones con los sabios Humboldt y Bonpland, Bolívar comenzó a abordar el tema de la independencia de América del Sur.

En Francia, encontró a su maestro y amigo Simón Rodríguez. La misma pasión del saber los animaba. Juntos viajaron a Italia, en 1805. En Roma, en el mes de agosto, hicieron la ascensión del Monte Sagrado donde Bolívar, de un tono solemne, juró jamás dejar su alma en reposo ni su brazo mientras la América Hispanoparlante no sea libre de la dominación española. Era un bello gesto romántico, pero no sería solamente un gesto... Sería el Libertador, el que prometió y cumplió sus promesas.

Después de haber visitado Nápoles, Bolívar regresó a París a comienzos del año 1806, e integró por un tiempo logias masónicas. A fines de aquel año, embarcó a Hamburgo en un navío que lo condujo a Charleston, en enero de 1807. Recorrió una parte de Estados Unidos y regresó a Venezuela hacia mediados de año.

Durante su estancia en la República del Norte, tomó conciencia de lo que representaba la "libertad racional".

Triunfo y fracaso de la revolución venezolana

Desde 1807 a los primeros días del año 1810, Simón Bolívar permaneció en Caracas y en sus haciendas. Sin embargo, no olvidaba su juramento de Roma. En el curso de las reuniones con su hermano Juan Vicente y sus amigos, hablaban de literatura pero también de la independencia de Venezuela.

El momento llegó cuando, el 19 de abril de 1810, comenzó en Caracas la revolución de independencia. Bolívar devino coronel, fue comisionado por la Junta de Caracas, con Luis López Méndez y Andrés Bello, para viajar a Londres, y exponer delante del gobierno británico los deseos de Venezuela, deseosa de mantenerse, al menos, autónoma del gobierno que en España había tomado el poder, después de la detención de Fernando VII por Napoleón.

Bolívar, muy en su interior, aspiraba a la total independencia. Pero el gobierno inglés observaba una prudente reserva. En Londres, donde permaneció durante dos meses, Bolívar - quien contaba con el apoyo franco y entusiasta de Miranda - podía apreciar el funcionamiento de las instituciones británicas.

A fin de este año, Bolívar estaba de regreso. Poco tiempo después, Miranda regresó también a su patria. En tanto que miembro eminente de la Sociedad Patriótica, Club Revolucionario, Bolívar era uno de los más ardientes en pedir al Congreso que proclamara la independencia.

Después del 5 de julio de 1805, combatió bajo las órdenes del general Miranda a fin de someter a los realistas que ocupaban Valencia. El 23 de julio de 1811, Bolívar recibió su bautismo de fuego y combatió por primera vez.

El 26 de marzo de 1812, mientras que un temblor de tierra causó enormes desgastes y numerosas pérdidas humanas en Caracas y alrededores, Bolívar, en la Plaza de San Jacinto, encaramado sobre un montón de ruinas, lanzó esta famosa declaración: "Si la naturaleza se opone a nuestros designios la combatiremos y haremos de suerte que ella nos obedezca". Era la actitud de un hombre que no cedía, cualesquiera fueran las dificultades que pudiera encontrar en su camino; era, también, una forma de contrarrestar el desaliento y el terror que se habían apoderado de muchos republicanos frente a tal catástrofe.

Algunos meses más tarde, comandando la plaza fuerte de Puerto Cabello, Bolívar no pudo, pese a sus esfuerzos, impedir que caiga en manos de los realistas. Sus propios soldados lo abandonaron y se alinearon bajo las órdenes de los españoles. Debió huir con un puñado de fieles oficiales. Algunas semanas más tarde, Miranda debió capitular ante el jefe realista Monteverde, y la Primera República de Venezuela se apagó. En la Guaira, un grupo de jóvenes oficiales, entre los cuales se encontraba Bolívar, detuvieron al infortunado Precursor, Francisco de Miranda, y lo libraron a los españoles.

Bolívar obtuvo un pasaporte gracias a la generosa intervención de su amigo Iturbe, y pudo partir, en exilio, a Curaçao. Desde allá se fue a Cartagena, donde el 15 de diciembre de 1812 publicó un manifiesto en el cual expuso sus principales ideas, que guiaron su acción en los próximos años: un solo mando para luchar hasta la victoria, y la unión de todos los países hispano-americanos para lograr y consolidar la independencia y la libertad.

Estos principios eran claros y simples. Bolívar se daba cuenta de que el fracaso de 1812 venía de la desunión. Había que concentrar los esfuerzos de todos los americanos para ganar la guerra y organizar a continuación las nuevas naciones. Había que convencer a los criollos de la exactitud de su causa y adiestrarlos en la lucha por la independencia. Esta lucha no podía desarrollarse en un solo país, sino sobre todo el continente a fin de hacer doblegar la dominación realista.

En ruta hacia la independencia

Poco tiempo después, Bolívar transformó sus palabras en hechos. A la cabeza de un pequeño ejército, limpió las márgenes del río Magdalena de todo enemigo, y tomó, en febrero de 1813, la ciudad de Cucuta. Fue en mayo que él comenzó la liberación de Venezuela.

Por una serie de combates y de hábiles maniobras, Bolívar condujo sus tropas de la frontera del Tachira hasta Caracas, donde entró el 6 de agosto. Cuando su pasaje por Trujillo, el 15 de junio, redactó el Decreto de Guerra a Muerte, con el fin de afirmar el sentimiento nacional de los venezolanos y obtener una mayor cohesión.

Poco tiempo antes, en la ciudad de Mérida, la población lo había proclamado Libertador, título que recibió solemnemente, en octubre de 1813, en Caracas y con el cual él pasaría a la historia.

El período que va desde agosto de 1813 a julio de 1814 (la Segunda República) fue en verdad el Año Terrible de la Historia de Venezuela. La Guerra a Muerte estaba en su paroxismo, y los combates eran indecisos. Girardot y Ricaurte se sacrificaban heroicamente. Urdaneta defendía Valencia. Ribas triunfaba en la Victoria. Mariño, quien había liberado el oeste del país, arrivaba en ayuda de Bolívar y triunfaba en la batalla de Bocachica. Bolívar se defendía uñas y dientes en el campo parapetado de San Mateo.

Batalla tras batalla, solicitó apoyo de los civiles notables para restaurar las instituciones, proclamó decretos, y redactó artículos para La Gazeta de Caracas.

Desgraciadamente, los realistas dirigidos por el infatigable Boves, batieron en la Puerta a Bolívar y Mariño en junio de 1814. La Segunda República estaba herida de muerte. Los Republicanos debieron abandonar Caracas. Una gran cohorte, población y ejército reunidos, se dirigió hacia Barcelona y Cumana. Los Republicanos sufrieron una nueva derrota en Aragua de Barcelona.

En Carupano, Bolívar y Mariño perdieron la autoridad sobre sus propios compañeros de armas. El Libertador se fue a Nueva Granada por un segundo exilio, después se va a la colonia británica de Jamaica en mayo de 1815.

Entretanto, una poderosa armada y un ejército aguerrido, bajo el mando del general Pablo Morillo, desembarcaba en Venezuela. La causa de la independencia parecía perdida.

Bolívar se quedó en Jamaica hasta diciembre de 1815. Después de haber escapado milagrosamente a una tentativa de asesinato en Kingston, se fue a Haití donde recibió la generosa ayuda del presidente Alejandro Petion. Gracias a él, su expedición logró alcanzar Margarita, después Capurano y Ocumare de la Costa. Allá decretó la emancipación de los esclavos, convencido de que un país que combate por la libertad no podía albergar en su seno el cáncer social de la esclavitud.

Separado en Ocumare del grueso de sus fuerzas, Bolívar estaba a punto de caer prisionero e intentó suicidarse para no sufrir tal ignonimia. Por suerte, el mulato Bideau lo salvó y lo condujo a bordo de un navío. Volvió a Haití donde obtuvo una nueva ayuda del presidente Petion. Logró volver a Margarita a fin del año 1816, y de allí alcanzó Barcelona en enero de 1817.

Su objetivo era ahora la liberación de la Guyana, para hacer la base de sus próximas ofensivas republicanas y un punto de contacto con el exterior gracias al Orinoco. Pudo contar con el ejército del general Manuel Piar, quien había ya comenzado la conquista.

En el mes de junio, la capital Angostura (Ciudad Bolívar hoy) cayó en manos de los republicanos. Un gobierno es nombrado con Bolívar como Jefe Supremo.

Pero Bolívar se enfrentaba a la anarquía que ganaba las tropas. En octubre de 1817, el general Piar fue fusilado, condenado a muerte por un consejo de guerra.

Los llaneros quienes, en su mayor parte, habían combatido para los españoles, combatían en adelante por la República bajo las órdenes del general José Antonio Páez, quien venía de unirse al Libertador. Numerosos voluntarios europeos llegaban igualmente. En plena guerra, Bolívar se preocupaba de organizar el Estado de Derecho, y convocó a un congreso que se reunió en Angostura el 15 de febrero de 1819.

El Libertador pronunció, en la inauguración del congreso, un discurso en el cual se encuentra lo esencial de su pensamiento social y político. Les presentó su proyecto de constitución y les pidió adoptar el Poder Moral que él había elaborado, para moralizar la sociedad. Pero, con respeto, aceptó no tomar en cuenta el Poder Moral, que el Congreso juzgó utópico y sin duda peor que la Inquisición.

A mediados del año 1819, el ejército republicano, Bolívar a la cabeza, atravesó los Andes y venció al ejército realista de Nueva Granada en los Pantanos de Vargas y en Boyaca. El ejército entró triunfante en la ciudad de Bogotá.

En diciembre de 1819, ante la insistencia de Bolívar, el Congreso de Angostura creó la República de Colombia, que comprendía Venezuela, la Colombia actual, Panamá y Ecuador.

En 1820, después de ásperas negociaciones, un armisticio fue firmado en Trujillo por Bolívar y el general Morillo. Este tratado significó a la vez el fin de la Guerra a Muerte y el reconocimiento de la Gran Colombia por el gobierno de Fernando VII.

La independencia total

Pero la paz no duraría mucho tiempo. En 1821, las hostilidades recomenzaron, y el 24 de junio se desarrolló en la llanura de Carabobo la batalla decisiva para la independencia de Venezuela, que sería ratificada, en 1823, por la batalla naval del lago Maracaibo.

Después de Carabobo, Bolívar fue recibido triunfal en su ciudad natal, pero él miraba ya hacia Ecuador, aún dominado por los españoles. La única recompensa que pidió después de la victoria de Carabobo, para él y su ejército, fue la libertad de los esclavos.

En 1832, el general Sucre marchó sobre Quito desde Guayaquil, que se había sublevado contra los realistas, mientras que Bolívar atacaba por el norte desde Popayan. La batalla de Bombona, ganada por Bolívar en abril debilitó a los realistas, mientras que la de Pichincha, ganada por Sucre el 24 de mayo dio la libertad definitiva a Ecuador. Bolívar llegó a Quito algunas semanas más tarde, donde conocería a Manuela Sáenz, de quien se enamoraría.

El 11 de julio, Bolívar se encontraba en Guayaquil, donde desembarcó el general José de San Martín, llegando desde el Perú. Las dos grandes figuras de la independencia sudamericana se abrazaron. San Martín venía a negociar el destino futuro de Guayaquil, pero la provincia estaba ya incorporada a la República de la Gran Colombia.

Bolívar pasó los últimos meses del año 1822 y la primera mitad del siguiente en Ecuador. Atravesó el país, de Guayaquil a Cuenca, de Loja a Quito, después se fue a Pasto, en el sur de la Nueva Granada, donde los paisanos fieles al rey se sublevaron. Era necesario someterlos. Después regresó al sur de Ecuador, a Guayaquil. Seguía atentamente el desarrollo de la guerra en Venezuela, donde el general realista Morales resistía. Pero pronto fue derrotado en Maracaibo, en tierra y en mar.

La situación en Perú preocupaba mucho a Bolívar porque, después de la partida de San Martín, la oligarquía de Lima no había podido vencer al poderoso ejército realista que se mantenía siempre en el país. Esta presencia amenazaba no solamente la independencia de Perú, sino también la de todos los otros países sudamericanos.

En 1823, el Perú llamó al Libertador en su ayuda porque los republicanos estaban divididos y una potente armada realista amenazaba destruir la obra comenzada por San Martín. Bolívar desembarcó en Callao en septiembre de 1823, y se fue inmediatamente a Lima, donde el Congreso le acordó poderes excepcionales. Fue nombrado Dictador (como en la antigua Roma), para salvar al Perú. Bolívar concentró toda su energía en este objetivo. Cuando un amigo, viéndolo hundido por la enfermedad y a causa de todas las traiciones, le preguntó lo que pensaba hacer, el Libertador le respondió: "¡Triunfar!".

Con el apoyo de ardientes republicanos peruanos como Unanue y Sánchez Carrión, Bolívar enfrentó todas las dificultades, las penurias, las traiciones y las decepciones, y superó igualmente la enfermedad que minaba su organismo.

Su genio y su fe en el destino de América lo conducirían al triunfo. En agosto de 1824, la victoria de Junín hizo inclinar la balanza en favor de los republicanos. En diciembre, la batalla de Ayacucho ganada por el más valiente de los generales del Ejército republicano, Antonio José de Sucre, puso fin a la Guerra de Independencia. La etapa militar estaba terminada y había llegado la hora de reorganizar política y socialmente los nuevos estados, para reforzar la unión y, con la paz, modernizar el continente.

El sueño frustrado

La víspera de Ayacucho, el 7 de diciembre de 1824, Bolívar había convocado desde Lima al Congreso de Panamá (el cual se reuniría en 1826), para que las naciones hispano americanas se unieran y fijaran una posición común frente a las otras potencias mundiales y a España. El Congreso de Panamá representaba el primer paso en la vía de la integración latinoamericana. Para Bolívar, las naciones hispanoamericanas, a las cuales se unía Brasil, debían presentarse unidas como países hermanos.

En 1825, el Libertador visitó Arequipa, Cuzco y las provincias del Alto Perú. Ellas constituían una nación independiente, bajo la protección de Bolívar, de quien tomaría el nombre: Bolivia. Para ella, el Libertador redactó un proyecto de constitución que él consideraba aplicable, en líneas generales, a todos los otros países que su espada había liberado.

Redactó igualmente numerosos decretos orientados hacia la Reforma Social, con el objeto de proteger a los indígenas, favorecer la educación organizando escuelas y universidades, construir rutas, desarrollar el comercio y la agricultura: en una palabra, poner en plaza el progreso, que era su objetivo principal. La guerra no había sido más que un medio para conseguir la independencia para comenzar a continuación la verdadera revolución.

Fue el período más brillante del Libertador. Mientras que estaba de paso en la ciudad de Pucara, un abogado de origen inca, José Domingo Choquehuanca, le confió una profecía el 2 de agosto de 1825: "Vuestra gloria crecerá con los siglos como la sombra se apaga cuando el sol se esconde".

Un día, agentes diplomáticos de Buenos Aires vinieron a buscarlo a Potosí, para obtener su apoyo en un conflicto entre el Río de la Plata y el Imperio de Brasil.

Para llevar a cabo sus proyectos de reforma socio-política, el Libertador contaba ahora con Simón Rodríguez. Bolívar, en plena madurez, buscaba de nuevo el apoyo de su antiguo maestro y amigo. Ambos aspiraban a una profunda transformación de las sociedades americanas, gracias a la educación y al trabajo, y basada sobre las realidades humanas, geopolíticas y económicas del Nuevo Mundo. Porque para ellos - y para hombres tales como Gual, Revenga, Vargas, Mendoza, Sucre, Bello...- la independencia adquirida por las armas en Boyaca, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho no era más que el primer paso hacia la autodeterminación. No bastaba ser independiente de España, había que ser también libre. Y para eso existían dos medios: el trabajo y el saber.

En abril de 1826, una revolución llevada por el general Páez estalló en Venezuela. Bolívar regresó a su suelo natal y logró restablecer la paz, evitando los horrores de la guerra civil, en 1827.

Durante los seis primeros meses de 1827, Bolívar restauró la autoridad y el orden público. Pero se encontró enfrentado a una terrible crisis económica, consecuencia de la bancarrota de una de las bancas inglesas, depositaria de una parte de los fondos de la Gran Colombia. Sin embargo, Bolívar se esforzó en poner el orden en las finanzas, hizo pagar a los deudores, combatió la corrupción con Cristóbal Mendoza y José Rafael Revenga.

Con el nombramiento del Doctor José María Vargas en el puesto de Rector de la Universidad de Caracas, reformó esta institución y la abrió a los jóvenes deseosos y capaces de estudiar.

Pero las fuerzas de la desunión dominaban a las de la unidad. Los partidos políticos estaban en total desacuerdo y nada parecía funcionar correctamente.

Bolívar fue proclamado Dictador en Bogotá. Aceptó el mandato para intentar salvar su obra. El 25 de septiembre de 1828, fue víctima de un atentado al cual escapó gracias a su sangre fría y a la presencia de espíritu de Manuela Saenz.

Cuadro de Antonio Herrera Toro que recrea la muerte de Bolívar

Poco después, debió ponerse otra vez en campaña para enfrentar la invasión de los peruanos en el sur de la república, y permaneció en Ecuador casi todo el año 1829. En su ausencia, el Consejo de Ministros proyectó instaurar una monarquía en Colombia, pero Bolívar logró rechazar esta idea, reiterando su antiguo consejo: "Libertador o muerto".

A comienzos del año 1830, estaba de nuevo en Bogotá para preparar el Congreso Constituyente, el cual, esperaba él, salvaría la Gran República. Pero Venezuela se agitaba de nuevo, y se proclamó estado independiente. La oposición se hizo cada vez más importante. Bolívar, enfermo y agotado, renunció a la presidencia y se fue hacia la costa con el fin de viajar a Europa. El asesinato en Berruecos del General Sucre y la actitud de los que gobernaban Venezuela lo afectaron profundamente.

Bolívar escribió a un amigo para confiarle sus estados de ánimo: "Sabes que he tenido el poder durante veinte años y no he sacado más que algunas conclusiones seguras. Primero, América es ingobernable para nosotros. Segundo, aquel que hace una revolución labra la mar. Tercero, la única cosa que se podría hacer en América es emigrar. Cuarto, este país caerá infaliblemente en las manos de pequeños tiranos..." Con esta frase célebre, "He labrado la mar", se comprende que Bolívar no creía más en la democracia.

La muerte iba a sorprenderlo en San Pedro Alejandrino, una hacienda próxima a Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Al momento de morir, pronunció estas últimas palabras: "Partamos, partamos... Estas gentes no quieren más de nosotros en este país... Vamos, mis niños, lleven mis equipajes a bordo de la fragata!"

Referencias

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Fuentes

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