Templo de Jerusalén

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Modelo que representa al segundo Templo de Jerusalén

El Templo de Jerusalén o, a veces, Templo de Salomón, es una serie de edificios ubicados en el Monte del Templo, en la ciudad vieja de Jerusalén que según la leyenda albergó en su interior el Arca de la Alianza y otros objetos sagrados.

Se localizaba en la explanada del monte Moriá, en la ciudad de Jerusalén, donde se ubican en la actualidad la Cúpula de la Roca (siglo VII) y la Mezquita de Al-Aqsa.

Los judíos siguen recordando la destrucción del Templo de Jerusalén hoy, con el ayuno de Tisha b’Av.

Historia

Según la Biblia hebrea, el Primer Templo fue construido por el rey Salomón (c. 970 AEC.- c. 930 AEC.) para sustituir al Tabernáculo como único centro de culto de los judíos. Fue saqueado por el faraón Sisac (Sheshonq I) en 925 AEC. y fue destruido por los babilonios durante el segundo asedio de Nabucodonosor II a Jerusalén en 587 AEC., momento a partir del cual se considera que el Arca de la Alianza se perdió o fue destruida.

La construcción de un nuevo templo se inició 70 años más tarde en el 537 AEC., con el permiso del rey persa Ciro II el Grande, y llevada a cabo por aquellos judíos que, liderados por Zorobabel, Esdrás y Nehemías, regresaron de la deportación del llamado cautiverio babilonio. Después de una pausa de 17 años, se reanudaron los trabajos en el 520 AEC.

Cinco siglos después, este segundo templo, también conocido como el Templo de Herodes, fue renovado por Herodes I el Grande alrededor del 20 AEC. Posteriormente fue destruido por los romanos liderados por el comandante y futuro emperador Tito, en el año 70 durante la Primera Guerra Judeo-Romana. Para poder acceder hasta la ciudad, defendida por los sicarios, los romanos idearon una gran rampa que tardaron varios años en levantar. El asedio de Jerusalén fue complicado, y el propio Tito llegó a ser apresado durante el sitio de la ciudad.

Descripción

Históricamente, los dos templos se construyeron en este lugar con las propias características en la escatología judía.

Se trataba de una estructrura más bien modesta y, por supuesto, siguiendo la tradición semítica fundamentalista, carecía de imágenes o de representaciones de la figura humana: literalmente, el judaísmo era una religión sin ídolos. El estilo del templo estaba en sintonía con la tradición sirio-fenicia-cananea, considerada siniestra por los romanos por admitir el sacrificio humano incluyendo el infanticidio ritual de los primogénitos.

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