Salvador Allende

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Salvador Allende
Saludo entre Fidel Castro y Salvador Allende

Salvador Allende Gossens (Valparaíso, 26 de junio de 1908 - Santiago, 11 de septiembre de 1973) fue un médico, político, masón, y ex presidente chileno de tendencia marxista que intentó convertir a Chile en un satélite de la Unión Soviética.

Biografía

Salvador Allende nació en Valparaíso, Chile, el 26 de junio de 1908.

Al igual que su padre y abuelo fueron masones. Su abuelo Ramón Allende Padín, "El Rojo", era un radical y gran maestro de la masonería, y su padre Salvador Allende Castro, también fue radical y masón.[1]

Se postuló por primera vez a la Presidencia de Chile en 1952, consiguiendo un magro 5,45%. Después en 1958, se presentó nuevamente como candidato de la alianza socialista-comunista FRAP (Frente de Acción Popular), consiguiendo el 28,5% de los votos. Se postuló a la Presidencia por tercera vez en el año 1964, nuevamente representando al FRAP, donde Allende fue derrotado por tercera vez con un 38,6% de los votos contra el 55,6% de Frei.[2]

En las elecciones presidenciales del año 1970 logró una mayoría simple de votos del 36,6% contra los 34,9% de Alessandri y los 27,8% de Tomic.[3] Debido a que ninguno de los principales candidatos logró la cantidad de votos suficiente para ser electo, se inicia una votación del Congreso para decidir cuál sería el nuevo presidente. Allí sufragaron 195 parlamentarios. Al finalizar el recuento, Salvador Allende recibió 153 votos contra los 35 votos de Jorge Alessandri Rodríguez y 7 en blanco. Por lo que Allende era elegido presidente de la nación.[4]

Su periodo fue malo para la nación chilena, ya que mediante el intento de implantar un modelo de país socialista, deriva en un colapso económico que dejó una inflación de alrededor de 700%[5], además de un colapso financiero y social.

Dividió al país en dos bloques políticos. Por un lado un bloque socialista y en otro lado los pro golpe. Entre ellos la Democracia Cristiana (DC) y Patria y Libertad, entre otros.

En su gobierno nacieron las llamadas colas, en las cuales el pueblo chileno tenía que hacer largas filas de muchas horas producto del casi nulo abastecimiento por parte de la empresa privada.

Su período no logró ser terminado, producto de un golpe militar ejecutado por el general Augusto Pinochet ocurrido el 11 de septiembre de 1973, fecha en que falleció cometiendo suicidio.

Teorías raciales

En 1933 Salvador Allende presentó una tesis titulada Higiene mental y delincuencia en la Universidad de Chile para obtener el título de Médico Cirujano.

Esto decía Allende en su tesis: "Los hebreos se caracterizan por determinadas formas de delito: estafa, falsedad, calumnia y, sobre todo, la usura". Refiriéndose a los revolucionarios, destaca "la influencia perniciosa que sobre las masas pueda ejercer un individuo en apariencia normal y que, en realidad, al estudiarlo nos demostraría pertenecer a un grupo determinado de trastornos mentales (...) este tipo de trastornos colectivos tienen a veces caracteres epidemiológicos, y es por eso que cuando estallan movimientos revolucionarios en ciertos países, éstos se propagan con increíble rapidez a los estados vecinos."

En declaraciones al diario La Nación, Allende explicó su proyecto como "un trípode legislativo en defensa de la raza": tratamiento obligatorio de las toxicomanías, de las enfermedades venéreas -"transformando en delito su contagio"- y "esterilización de los alienados mentales". Allende preveía la creación de un Tribunal de Esterilización, inaccesible a la familia del enfermo y competente para dictar sentencias inapelables. Leemos en el Artículo 23 que "todas las resoluciones que dicten los tribunales de esterilización (...) se llevarán a efecto, en caso de resistencia, con el auxilio de la fuerza pública".

Artículo de opinión

Salvador Allende no se suicidó

(por Eduardo Mackenzie)


Durante el asalto contra el palacio de la Moneda, el presidente de Chile fue cobardemente asesinado por uno de los agentes cubanos que estaban encargados de su protección. En medio de los bombardeos de la aviación militar, el pánico se había apoderado de los colaboradores del jefe de Estado socialista y éste, en vista de la desesperada situación, había pedido y obtenido breves ceses de fuego y estaba, al final, decidido a cesar toda resistencia.

Según un testigo de los hechos, Allende, muerto de miedo, corría por los pasillos del segundo piso del palacio gritando: "¡Hay que rendirse!". Antes de que pudiera hacerlo, Patricio de la Guardia, el agente de Fidel Castro encargado directo de la seguridad del mandatario chileno, esperó que éste regresara a su escritorio y le disparó sin más una ráfaga de ametralladora en la cabeza.

Enseguida, puso sobre el cuerpo de Allende un fusil para hacer creer que éste había sido ultimado por los atacantes y regresó corriendo al primer piso del edificio en llamas donde lo esperaban los otros cubanos. El grupo abandonó sin mayor tropiezo el palacio de la Moneda y se refugió minutos después en la embajada de Cuba, situada a poca distancia de allí.

Esta versión del fin dramático de Salvador Allende, que contradice las dos anteriores casi oficiales, dadas ya sea por Fidel Castro (la tesis de la heroica muerte en combate), ya sea por la Junta militar chilena (la del suicidio), emana nada menos que de dos antiguos miembros de organismos secretos cubanos, muy bien informados acerca de ese sangriento episodio y hoy exiliados en Europa.

En un libro que acaba de publicar en París las Ediciones Plon, intitulado "Cuba Nostra, les secrets d'Etat de Fidel Castro", Alain Ammar, un periodista especialista en Cuba y América Latina, analiza y confronta las declaraciones que le dieran Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez, dos ex funcionarios de inteligencia cubanos.

Exilado desde 1979, Juan Vives es un ex agente secreto de la dictadura y sobrino de Osvaldo Dorticós Torrado, el presidente cubano de opereta que reinó de 1959 a 1976, y que fue "suicidado" en obscuras circunstancias en 1983.

Vives cuenta que en noviembre de 1973, en un bar del hotel Habana Libre, donde algunos miembros de los órganos de seguridad del Estado solían reunirse los sábados para beber cerveza e intercambiar de manera informal chismes e informaciones de todo tipo, escuchó del mismo Patricio de la Guardia, jefe de las tropas especiales cubanas presente en la Moneda en el fatídico 11 de septiembre de 1973, esa escalofriante confesión.

Durante años, Vives no quiso dar a conocer esa información pues, como dice, "era peligroso hacerlo" y porque no había hasta ese momento ningún otro responsable cubano en el exilio que pudiera confirmar el carácter fidedigno de esos hechos.

Cuando supo que Daniel Alarcón Ramírez, alias "Benigno", uno de los tres sobrevivientes de la guerrilla de Ernesto Guevara en Bolivia, se hallaba también exilado en Europa, la idea de dar a conocer esos graves hechos volvió a cobrar fuerza.

En el libro de Alain Ammar, "Benigno" confirma plenamente la narración de Vives. Ambos conocieron a Salvador Allende y a su familia. Ambos vivieron en Chile durante el gobierno de Allende Ambos escucharon, en momentos diferentes, la confesión de Patricio de la Guardia a su regreso a La Habana.

El libro de Ammar describe con precisión los últimos meses del gobierno de la Unidad Popular y, sobre todo, muestra el avanzado grado de control directo que Fidel Castro había logrado instalar --mediante sus centenas de espías de la DGI (un servicio cubano de inteligencia), mediante sus operadores y agentes de influencia implantados en Santiago--, sobre el presidente Salvador Allende, sobre sus ministros y hasta sobre sus amigos y colaboradores más íntimos.

De hecho, la llamada "vía chilena al socialismo" había sido desviada por el castrismo hasta el punto de que dentro del gobierno de Allende hubo voces que criticaban esa brutal ingerencia. Meses antes de su muerte, Salvador Allende había sido ya "instrumentalizado por Castro", explica Juan Vives. "Pero Allende no era el hombre que la Habana quería tener en el poder en Santiago”.

Los que Castro y Piñeiro [brazo derecho de Castro en operaciones de espionaje en Latinoamérica, muerto recientemente en Cuba de un infarto] preparaban para el relevo, a espaldas del mismo presidente Allende, eran Miguel Henríquez, principal dirigente del MIR y Pascal Allende, número dos del MIR, lo mismo que Beatriz Allende, la hija mayor del presidente, quien pertenecía también al MIR". Beatriz morirá en Cuba en 1974.

Ese control sobre el jefe de Estado chileno se había agudizado notablemente tras el primer intento de golpe militar, el 29 de junio de 1973, más conocido como el tancazo. Cuando la Habana supo que los chilenos que rodeaban al presidente estaban asustados, Fidel Castro hizo saber que Allende no podía en ningún caso rendirse ni pedir asilo en una embajada.

"Si el debía morir, debía morir como un héroe. Cualquier otra actitud, cobarde y poco valiente, tendría repercusiones graves para la lucha en América latina", recuerda Juan Vives. Por eso Fidel Castro dio la orden a Patricio de la Guardia de "eliminar a Allende si a último momento éste cedía ante el miedo".

Poco después de los primeros ataques a la Moneda, Allende mismo había dicho a Patricio de la Guardia que había que pedir el asilo político ante la embajada de Suecia.

El mandatario había incluso designado a Augusto Olivares, su consejero de prensa, para hacerlo. Probablemente por eso Olivares, alias el perro, fue también ultimado por los cubanos antes de que éstos enfilaran baterías contra el presidente de Chile. "Reclutado por la DGI cubana, Olivares transmitía hasta los pensamientos más mínimos de Allende a Piñeiro, quien, a su vez, informaba a Fidel", declara Juan Vives.

Otro guardaespaldas chileno de Allende, un tal Agustín, fue también "fusilado" por los cubanos en esos momentos dramáticos, según la declaración hecha por "Benigno" al autor del libro.

Semanas después del golpe de Estado, Patricio de la Guardia había revelado, en efecto, a "Benigno" el fin de Agustín, hermano de un amigo suyo que vive aún en Cuba, y le había dado otro detalle importante sobre lo ocurrido durante esa trágica mañana en el palacio de la Moneda: antes de ametrallarlo, el agente cubano había atrapado con fuerza a Salvador Allende, quien quería salir del palacio, y lo había sentado en el sillón presidencial gritándole: "¡Un presidente muere en su sitio!".

La versión del asesinato a quemarropa de Allende no era del todo desconocida. El 12 de septiembre de 1973 varias agencias, entre ellas la AFP, resumieron en cuatro líneas ese hecho.

Publicado al día siguiente por Le Monde el cable decía: "Según fuentes de la derecha chilena, el presidente Allende fue matado por su guardia personal en momentos en que pedía cinco minutos de cese al fuego para rendirse a los militares quienes estaban a punto de entrar al palacio de la Moneda".

Ammar indica que esa hipótesis "fue enterrada inmediatamente" pues ella no le convenía a nadie: "ni a los colaboradores de Allende, ni a la izquierda chilena, ni a sus amigos en el extranjero, ni a los militares ni, sobre todo, a Fidel Castro".

La confirmación que esa, hasta hace poco, "hipótesis" acaba de recibir de parte de Juan Vives y Daniel Alarcón Ramírez podría ser reforzada en el futuro por los testimonios de otros funcionarios cubanos silenciados hasta ahora y por documentos que se encuentran fuera de Cuba. En efecto, en un banco de Panamá reposaría la pieza maestra de este magnicidio.

Según los autores del libro, Patricio de la Guardia, condenado a treinta años de cárcel durante el proceso-farsa contra el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez, y hoy en residencia vigilada, habría depositado en el cofre de un banco panameño un documento comprometedor en el que describe, entre otras cosas, el asesinado de Allende por orden de Castro, texto que debería ser revelado en caso de muerte de Patricio de la Guardia.

Fidel Castro, según los autores del libro, habría tomado muy en serio esa amenaza y habría hecho que éste escapara al fusilamiento, a diferencia de Tony, hermano de Patricio, quien junto con el general Ochoa y dos otros funcionarios del ministerio del Interior, fue pasado por las armas el 13 de julio de 1989.

El libro de Alain Ammar aborda, en sus 425 páginas, muchos otros temas y episodios relacionados con las complicadas y no siempre exitosas operaciones secretas de La Habana en Cuba y en varios países. Es de esperar que una traducción al español de ese útil libro sea puesta rápidamente en librerías.

Referencias

  1. Figueroa, Virgilio. Diccionario histórico y biográfico de Chile. Santiago imprenta de la Ilustración, 1897, Págs. 450-451.
  2. San Francisco y Soto. Pág. 331
  3. El Mercurio, 6 de septiembre de 1970
  4. La Segunda, 24 de octubre de 1970
  5. Veinticinco Años de Inflación y Estabilización en Chile (1973-1998). Sebastián Edwards.

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