Tratado de las Puntas del Rosario

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Guerra del Paraguay

Edgard Thornton alienta la guerra

El ministro inglés en Buenos Aires, Edgard Thornton, era el hombre que desde bastidores empujaba la guerra detenida por la gallarda actitud del Mcal. Francisco Solano López y la prudente del diplomático brasileño José Antonio Saraiva. Como todos los diplomáticos ingleses es enemigo del Paraguay, que cierra sus ríos a la libre navegación británica, se permite tener hornos de fundición, no consume los tejidos de Manchester ni necesita del capital o del apoyo inglés. A fin de cuentas acaba de humillar al gobierno de la reina en la malhadada cuestión Canstatt en la que Thornton debió prosternarse en nombre de S. M. ante el viejo López. Por eso no le gusta Paraguay.

Thornton se siente decepcionado por el grito de la reclamación de Saravia; había esperado de la belicosidad brasileña que surgiera la guerra porque sabía perfectamente –es ministro concurrente en Asunción al tiempo de serlo en Buenos Aires- la resolución de López de jugarse en la defensa de la autonomía oriental. Y ahora ese vacilante Saravia se guardaba el ultimátum en la fatriquera. No. El buscaría el modo de arrastrarlo a la guerra. El 31 de mayo invita a comer en la Legación inglesa de Buenos Aires al joven ministro de Relaciones Exteriores argentino, Rufino de Elizalde, y le sugiere un viaje a Montevideo para solucionar el entredicho con el gobierno oriental y de paso "entenderse con Saravia"; esto último es el verdadero objeto. Ese entendimiento daría ánimo al apocado comisionado de Pedro II. Todo lo demás: intervención brasileño-argentina, abierta o encubierta a favor de Flores, guerra de Paraguay contra Brasil y la Argentina a favor del gobierno oriental, sería una consecuencia encadenada del entendimiento de Elizalde con Saraiva. Por supuesto eso no lo dijo al joven canciller argentino, ni había para qué decírselo.

Comienza la farsa

Elizalde acepta entusiasmado la idea de intervenir en la mediación con un político de la talla y el renombre de Saraiva. Al día siguiente, 1 de Junio, Thornton ve a Mitre; sabe hablarle su lenguaje y le explica las "altas conveniencias americanas de pacificar al Uruguay", que Mitre, con su retórica, encuentra que "pondrá muy en alto el nombre argentino".

El 5 de junio el inglés embarca en la cañonera británica Tritón a Elizalde y a Andrés Lamas. Iban aparentemente a poner en paz la República Oriental, pero ya arreglaría las cosas para que no la hubiese y Brasil y la Argentina quedasen enfrentados a Paraguay. Conviniera o no conviniera a los intereses argentinos y brasileños, quisiéranlo o no sus gobiernos, habría guerra con Paraguay.

Saraiva aceptó el obsequio del canciller argentino que le trajo Thornton a Montevideo; pero como no es Elizalde ni Mitre quiere saber qué se trae el inglés bajo la levita. ¡Oh, nada más que la paz y el deseo de ayudar a Saraiva en su difícil posición! Una alianza argentino-brasileña frenaría los impulsos del Paraguay, y entonces el comisionado podría presentar su ultimátum en la confianza de que las "represalias" brasileñas no traerían consecuencias. El brasileño desconfía, pero elregalo de una alianza argentina por mano inglesa no es para desdeñar. Herrera recibe a los "pacificadores". Por supuesto no se opone a una mediación. El 10 entrega las bases: desarme, amnistía, reincorporación de los sublevados al escalafón militar, elecciones libres. Thornton pide que Andrés Lamas y Florentino Castellanos representen al gobierno en los arreglos. Castellanos es el abogado de las empresas inglesas de Montevideo.

En las Puntas del Rosario

Es tal la euforia de Thornton por el aspecto que iba tomando su intromisión, que no oculta indiscretamente a Maillefer, encargado francés en Montevideo, su verdadero propósito de alejar la paz imponiendo condiciones inaceptables al gobierno "aún a riesgo de una revolución de la que Mr Thornton habla tranquilamente". Nada le importan las bases de Herrera: él traerá desde el campamento de Flores otras conformadas por Lamas y Castellanos y con las firmas de Elizalde y Saraiva. Pero de tal índole que Aguirre y Herrera no podrán aceptarlas. De ese rechazo saldrá la intervención conjunta de Brasil y la Argentina a favor de Flores y por lo tanto la guerra con el Paraguay.

Es frígido el invierno de 1864 y el viaje de los comisionados en ocho lúgubres carruajes a través de terrenos inundados y estancias asoladas por la guerra, resulta largo y fatigoso. Dan el 18 con Flores en las Puntas del Rosario: el caudillo se extraña de la presencia de Elizalde trayéndole en el pico la simbólica rama de olivo, porque acaba de recibir de Buenos Aires un importante refuerzo de infantería, municiones y dos cañones (cuenta Maillefer). Pero no se trata de la paz, precisamente. Las bases de Herrera son dejadas de lado y Thornton anota las exigencias de Flores: reconocimiento de los ascensos y grados militares distribuidos por él, aun a extranjeros, no habría cuentas de lo apañado en receptorías por los libertadores, sus gastos tendrían el carácter de una deuda nacional. Finalmente "el caballero libertador" –la ironía es de Maillefer- pide cuatro millones para disponerlos a su arbitrio. A Thornton le parece excesivo y contenta al caudillo dándole 500.000 pesos. De todos modos el gobierno rechazaría el arreglo. Firman el "compromiso", Flores como jefe revolucionario y Lamas y Castellanos por el gobierno ad-referendum, pues han extralimitado sus instrucciones. Y los tres mediadores como garantes.

En 1894, Saraiva dirá –para quien quiera leerlo- en la carta a Nabuco que la Triple Alianza "no surgió después de la "agresión" paraguaya a la Argentina en abril del 65, sino en las Puntas del Rosario en Junio del 64". Su carta dice bien claro que "dichas alianzas (Argentina, Brasil y Flores contra el Paraguay) empezaron el día en que el ministro argentino y el brasileño conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario (18 de junio de 1864) y no el día en que Octaviano y yo, como Ministros del estado, firmamos el pacto (1 de mayo de 1865).

Lamas y Castellanos han suscripto ad-referendum, pero de cualquier manera han suscripto. La comedia tiene la seriedad de un convenio formal entre el gobierno y los revolucionarios con la garantía de Brasil y la Argentina y la presencia del ministro inglés que bendice la boda y se prepara a engullirse el clásico pavo.

Fuentes

  • Oscar J. Planell Zanone / Oscar A. Turone – Patricios de Vuelta de Obligado.
  • Rosa, José María - La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas.