República Social Italiana

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Bandera de la República Social Italiana
"La RSI tuvo a todos en contra: a los industriales, a la Iglesia, a los trabajadores, a los propios alemanes, sin contar a los ejércitos angloamericanos, de tierra y de aire“.
Luca Leonello Rimbotti

La República Social Italiana (en italiano, Repubblica Sociale Italiana), llamada por muchos historiadores República de Saló o República Social Fascista de Saló, fue el Estado creado por Benito Mussolini en el norte de Italia, luego de que las fuerzas aliadas tomasen el sur del país, con apoyo de la Monarquía y parte del Ejercito que utilizaron la conflagración para derrumbar al régimen en 1943. Tenia presencia de la Wehrmacht alemana. Virtualmente su capital estaba situada en la ciudad de Roma (en Saló, estaba la Agenzia Stefani, que enviaba de allí sus mensajes oficiales a la prensa), y existió entre 1943 y 1945. Mussolini fue su primer y único jefe de Estado.

La República Social, muestra del fascismo más intransigente, logró las reformas sociales y las estructuras que representan la versión más resuelta del fascismo revolucionario. Según escritores especializados en el tema del fascismo, como Erik Norling, en ese mínimo de dos años de república, se consiguió hacer tales conquistas sociales que aún hoy en Italia siguen vigentes.

Contenido

Historia

Antecedentes

La República Social Italiana comenzó a gestarse tras la destitución y arresto de Mussolini el 25 de julio de 1943. Desde el mismo momento en que tuvo noticia de estos hechos, Hitler desconfió del nuevo Gobierno de Pietro Badoglio y comenzó a preparar su respuesta ante la inminente capitulación de Italia ante los aliados. Los planes de Hitler incluían, como punto fundamental, la liberación de Mussolini y su restablecimiento en el poder.

Así pues, tras el anuncio oficial de la rendición italiana (8 de septiembre de 1943 aunque la firma del acta de capitulación se había producido, en realidad, cinco días antes), las tropas alemanas entraron en Italia, tomando por sorpresa a su desprevenido ejército, mientras el rey Víctor Manuel III y el mariscal Badoglio huían de Roma, dejando el campo abierto al avance germano.

El 12 de septiembre (cuatro días después de anunciarse la capitulación de Italia), un comando alemán, dirigido por el capitán de las SS Otto Skorzeny llevó a cabo la Operación Roble, esto es, la liberación de Mussolini de su prisión en Gran Sasso (Apeninos), más concretamente el hotel-refugio de Campo Imperatore donde se hallaba retenido el Duce. Una vez liberado, Mussolini fue llevado a Alemania, desde donde anunció la creación del Partido Fascista Republicano y, tres días después, la reanudación de la guerra al lado de Alemania y Japón.

El nuevo régimen fascista

De regreso a Italia, Mussolini formó un nuevo Gobierno, compuesto por partidarios del llamado régimen del ventenio (1922-1943), el día 23 de septiembre, aunque no pudo cumplir su propósito de situar su capital en Roma, pues los intereses militares alemanes lo desaconsejaban, de forma que la sede del gabinete quedó establecida en Saló (provincia de Brescia).

El nuevo Estado de Mussolini se extendía desde la frontera norte de Italia hasta la Línea Gustav, establecida por los alemanes a la altura de Cassino para cerrar a los aliados el camino hacia Roma.

El 1 de diciembre de 1943 el nuevo Estado de Mussolini adoptó oficialmente el nombre de República Social Italiana.

A partir de ahí, el nuevo régimen se dedicó a la organización de sus Fuerzas Armadas, a cargo del ministro Rodolfo Graziani, quien sólo logró formar cuatro divisiones de soldados reclutados que lucharon contra los partisanos. Además de este ejército regular, se formaron grupos de soldados de la nueva República fascista del más variado origen y organización, si bien todas (excepto la división Legione X, creada de forma independiente por el príncipe Valerio Borghese, admirador del nacionalsocialismo, y a las órdenes directas de éstos) se encuadraban en el marco competencial del Ministerio de Graziani. Mussolini llegó, incluso, a militarizar el propio Partido Fascista, con la creación de las Brigadas Negras Móviles, el 21 de junio de 1944.

El nuevo Gobierno mussoliniano también se concentró en ajusticiar a los antiguos miembros del Gran Consejo Fascista que lo habían derrocado en julio de 1943: el Proceso de Verona (8-10 de enero de 1944) y que terminó con la condena a muerte y ejecución de 5 de los citados ex-jerarcas fascistas que se hallaban en poder de sus antiguos correligionarios (un sexto procesado fue condenado a 30 años de reclusión). Entre los ejecutados se encontraba el Galeazzo Ciano, yerno del propio Mussolini, contra quien había votado el año anterior. Los 13 antiguos miembros del Gran Consejo Fascista que se hallaban en paradero desconocido fueron condenados a muerte en rebeldía.

Durante la existencia de la República Social Italiana, Mussolini mantendría varias entrevistas con Hitler, siendo la última conocida la que tuvo lugar el 20 de julio de 1944, la tarde posterior al atentado contra el Führer. El Duce solía regresar de tales entrevistas con renovados ánimos sobre un posible vuelco de la situación militar.

Las leyes sociales de la RSI

No fue ironía del destino el hecho de que Nicola Bombacci, fundador del comunismo italiano, y otras personalidades socialistas y comunistas de la época, fueran fusilados junto a los demás jerarcas fascistas en abril de 1945. Tampoco, que en los últimos meses de la RSI, se aplicaran unas políticas y principios que muchos consideraron extremadamente izquierdistas, momento además en que lenguaje y estética se proletarizaron. El Manifiesto de Verona, leyes como la de la socialización de 1944, los consejos obreros, la transferencia de la propiedad de las viviendas obreras, la cogestión de las empresas, la visión de un Estado socialista-republicano, hicieron del último Mussolini y su fascismo republicano una permanente paradoja.

La caída de Mussolini

Graziani negociaban su propia rendición a espaldas de Mussolini, el 25 de abril de 1945, coincidiendo con la entrada de los aliados en el valle del Po. Estalló la insurrección partisana en el norte de Italia, que culminó con la toma del poder por parte del Comité de Liberación Nacional de la Alta Italia que, tras proclamar el estado de emergencia, puso fuera de la ley a los dirigentes fascistas, para quienes decretó la pena de muerte.

Muerte de Mussolini y Petacci

Mussolini disolvió su Gobierno y trató de ir a Suiza. Sin embargo, fue reconocido y capturado por un grupo de partisanos el 27 de abril, siendo asesinado al día siguiente junto con Clara Petacci, que le acompañaba en su frustrada huída.

Se dice que cuando los partisanos capturaron a Mussolini en abril de 1945, ofrecieron a Petacci la posibilidad de escapar, pero ella la rehusó y expresó su deseo de compartir la suerte de su bien amado Mussolini. En el momento de la ejecución, ella trató de proteger a Mussolini con su cuerpo de las balas y recibió ella la primera descarga mostrando de este modo la valentía y lealtad de dicha mujer. El Duce fue ejecutado inmediatamente tras ella. Al día siguiente, 29 de abril de 1945, en Piazzale Loreto en Milán, los cadáveres de Mussolini y de Petacci fueron colgados boca abajo junto a otros cuatro.

En Dongo, el conde Pier Luigi Bellini della Stelle, jefe de los partisanos encuentra a Clara Petacci en el Ayuntamiento y ante la súplica de ella de querer morir con el Duce, el conde le jura que no tiene intención de matarlo, y que lo que piensa es entregarlo a las autoridades.

En una reunión mantenida entre miembros del Comité de Liberación Nacional y representantes del Cuerpo de Voluntarios de la Liberación celebrada en Milán se decidió que Mussolini sufriera una muerte violenta.

Walter Audisio, apodado Coronel Valerio, comunista que había combatido en la Guerra Civil Española al lado de las Brigadas Internacionales, se le mandó a Dongo para asegurarse de que el Duce no sería entregado a las autoridades. De Germasino, Mussolini fue trasladado a una pequeña alquería cerca de Bonzanigo, donde el conde Bellini permitió que Clara Petacci se le uniese.

Hacia las 16 del 28 de abril de 1945, el "coronel Valerio" irrumpió en la alcoba, anunciando que ‘venía a rescatarles’... Los empujó por las escaleras y los metió en la parte trasera de un coche, colocándose él frente a ambos, apuntándoles, mientras dos de sus compañeros se instalaron de pie en el estribo.

El vehículo, por orden de ‘Valerio’, se detuvo en la entrada de "Villa Belmonte". Según relato del propio Walter Audisio, los hechos se sucedieron así: "Mandé a Mussolini que se colocase contra la pared. Se dirigió hacia el lugar sin comprender nada, y cuando se volvió le leí la sentencia...

"Por orden del Alto Mando del Cuerpo de Voluntarios de la Libertad, tengo la misión de hacer justicia al pueblo italiano..."

Éramos un pequeño grupo reunidos en aquel recodo de la carretera: Mussolini, Clara Petacci, Guido, el comisario de los partisanos y yo. Eran las cuatro de la tarde.

"-¡Mussolini no debe morir! ¡Mussolini no debe morir!" gritó Petacci.

"Levanté la ametralladora para disparar..." "-¡Quítese de ahí o recibirá también! Le grité a la Petacci..." "Se apartó dando tropezones. Apunté y apreté el gatillo. El arma no disparó. Clara Petacci corrió de nuevo hacia Mussolini y lo abrazó". "Arrojé la metralleta y empuñé el revólver" "-¡Quítese de en medio! le dije, apuntando con el revólver, pero el arma tampoco funcionó... "Llamé al comisario y le tomé la metralleta. Apunté una vez más y alcanzaron a Mussolini cinco balas. Cayó de bruces, contra el muro. Disparé de nuevo. Una bala alcanzó a la Petacci y la mató en el acto. Tres balas más alcanzaron a Mussolini, pero aún respiraba. Me acerqué y le disparé al corazón. Por fin estaba muerto..."

A pesar de estas declaraciones del comunista Walter Audisio, después de 60 años, no se sabe aún cómo fue exactamente la escena con la que acabó la vida de Benito Mussolini. Según el historiador inglés Denis Mack Smith, "el único hecho cierto es que el 28 de abril de 1945, Mussolini, que había cumplido sesenta y un años, fue fusilado a toda prisa por partisanos comunistas, antes de que los americanos, ya a pocas horas de distancia, pudiesen alcanzarlo".

Aquél mismo día fueron fusilados contra el paredón de la plaza principal de Dongo, frente al lago de Como, quince personajes, entre ellos Alessandro Pavolini, Paolo Zerbino, Nicola Bombacci, Luigi Gatti -secretario personal de Mussolini-, y varios ministros. Éstos quince cadáveres, además de los de Mussolini y Clara Petacci, el de Marcello Petacci, cuatro cuerpos no identificados y Starace, ex secretario del partido, fueron transportados en un camión a la plaza Loreto de Milán, donde en el techo de una gasolinera fueron colgados por los pies, como piezas de carnicería, y expuestos al público para que se ensañaran con ellos.

Cincuenta años más tarde, salió la filmación de los cuerpos de Mussolini y de Clara Petacci, que había realizado el teniente norteamericano Tamber al día siguiente del suceso, en la estación central de Milán, pudiendose ver los cuerpos deformados después de haber sido pisoteadas sus caras por los partisanos. La RAI emitió dichas imágenes.

El cadáver del Duce fue desmembrado y enterrado en secreto en el cementerio de Musocco en Milán, de donde sería robado al año siguiente por un grupo de neofascistas, que lo entregaron a los padres franciscanos del convento Angelicum de Pavía. En 1957 le fue confiado a Donna Rachele, que al recibir los despojos del que había sido su marido, exclamó: "El que después de vencer, se venga... ¡Es indigno de la victoria!"

A continuación se procedió a enterrarlo en Predappio, su lugar de nacimiento.

El libro "...Y Mussolini creó el fascismo" de Néstor Luján y Luis Bettonica, en la última página se puede leer lo siguiente:

"Sean cuales fueren sus faltas, la muerte de Mussolini nos llena de piedad, y la de Claretta, compañera hasta el final, de admiración. Y aquella plebe de Milán nos llena de horror en su macabra alegría. Sean cuales fueran las faltas humanas, repetimos, fue un asesinato. Y nadie puede merecer en su entierro seres de tan baja calidad como aquellos milaneses del Piazzale Loretto."

Rendición

El 29 de abril de 1945, el mariscal Rodolfo Graziani, que había sido capturado por los aliados, rubricó por poderes la llamada "rendición de Caserta", capitulación oficial de las tropas alemanas en Italia, así como del ejército de la República Social Italiana (siendo este último punto el de incumbencia de Graziani). Este documento selló el fin de la República fascista.

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