Berserker

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Placa de bronce de la era de Vendel que representa a dos berserkers, encontrado en Öland. La iniciación a la Männerbund significaba en esencia una transición hacia un nuevo sistema de lazos sociales que garantizaban el acceso a una realidad espiritual que era distinta a la experiencia normal del mundo.

Los berserker (del nórdico antiguo berserkr) (también ulfhednar) eran guerreros vikingos de élite que combatían semidesnudos, cubiertos de pieles de lobos y osos en un estado de trance de perfil psicótico y furia ciega denominado berserkergang (o bien, berserksgangr). Insensibles al dolor, al miedo y al cansancio, con una fuerza casi sobrenatural, gruñían en muecas llegando a echar espuma por la boca y a morder sus escudos, no habiendo nada que los detuviera en su camino de destrucción.[1] Se lanzaban al combate incluso sin armadura ni protección alguna; hasta se ha testimoniado el caso de que se lanzaban al agua antes de tiempo desde un drakkar y se ahogaban sin que nada se pudiera hacer. Su sola presencia atemorizaba a sus enemigos e incluso a sus compañeros de batalla, pues en estado de trance no estaban en condiciones de distinguir aliados de enemigos.[2]

Etimología

El origen etimológico de esta palabra es incierto. Una teoría dice que deriva de berr («desnudo») y serkr (prenda de vestir similar a una camisa). Otra teoría afirma que deriva del germánico berr («oso»), ya que solían usar pieles de animales (osos, lobos y venados).[3] Por otro lado, Ulfhednar se puede traducir como piel de lobo.[4]

Precedente histórico

La expresión furor teutonicus se refiere a la proverbial bravura de los teutones, o más propiamente de las tribus germánicas de la época del Imperio romano.

Aunque Julio César parece citarla en De bello Gallico, la expresión original se atribuye generalmente al poeta romano Marco Anneo Lucano. Aparece por primera vez en su obra Bellum civile / Farsalia. Lucano utiliza el término para describir lo que él cree que es la característica más sobresaliente de la tribu germánica de los teutones: una furia belicosa, despiadada y de loco heroísmo en batalla de algunos combatientes germánicos, que se enfrentaban desnudos, a pecho descubierto, caras pintadas y aullando salvajemente cuando se enfrentaban a los ejércitos de Roma.[5][6]

Hipótesis del berserkergang

En nuestros días, algunos que siempre miran con resentida desconfianza cualquier manifestación de fuerza y salud, han querido degradar la figura del berserker. Para muchos de ellos, los bersekers eran simplemente comunidades de epilépticos, esquizofrénicos y demás enfermos mentales.

Esta ridícula explicación no satisface en absoluto, ya que la epilepsia o la esquizofrenia son patologías cuyos efectos no se pueden "programar" para una batalla como hacían los bersekers, y bajo sus ataques es imposible realizar acciones valerosas o mostrar heroísmo bélico. Un epiléptico se hace más daño a sí mismo mordiéndose la lengua y cayendo al suelo que destrozando las filas de un numeroso ejército enemigo, y además puede ser reducido por una sola persona.

Otros han sugerido, con mucha imaginación, que los bersekers eran alianzas de individuos que habían sufrido mutaciones genéticas, o los supervivientes de un antiguo linaje germánico desaparecido, organizados en forma de comunidades-sectas. Incluso se puede tener en cuenta la explicación "sobrenatural", según la cual los bersekers eran poseídos por el espíritu totémico de un oso o de un lobo.

La hipótesis más conocida respecto a su resistencia e indiferencia al dolor, es la de que estos hombres combatían drogados.

Según esta hipótesis los berserkers ingerían hongos alucinógenos como la Amanita muscaria,[7] (seta de tallo blanco y sombrerete rojo con motas blancas, que abunda entre los bosques de abedules del norte de Europa), o bien algún brebaje preparado con la sustancia diluida de dicha seta, quizás cerveza o hidromiel. La Amanita muscaria posee una toxicidad elevada gracias a un alcaloide llamado muscarina, que altera completamente la conciencia y la percepción. Actualmente se la ha catalogado como "venenosa", dado que en dosis elevadas resulta mortal. La teoría de la Amanita muscaria fue elaborada en 1784 por el profesor sueco Samual Ödman (que supo de la utilización del hongo por parte de chamanes siberianos), y se perfiló hasta cierto punto porque la mitología germánica explicaba que, de la boca de Sleipnir —el caballo de Odín, de ocho patas— goteaba una espuma roja que, al llegar al suelo, se transformaba en la seta.

Otras teorías de este tipo sugieren la ingesta de pan o cerveza contaminados por cornezuelo del centeno, con alto contenido en compuestos del ácido lisérgico, precursor del LSD.[8] Los vikingos y otros pueblos germánicos consumían cerveza con beleño negro,[9] planta alucinógena de la familia de las solanáceas. Es posible que consumieran dichas cervezas para entrar en combate. El beleño produce una sensación de gran ligereza, parece que uno pierde peso y se siente tan ingrávido que acaba creyendo que se eleva por los aires. Por otra parte, la belladona causa furia y violencia, no raramente acompañadas de carcajadas delirantes; los alcaloides de esta planta son altamente tóxicos y pueden ocasionar el coma o la muerte.

La teoría enteógena, por sí sola, no convence del todo, pues la simple ingestión de una droga no garantiza por sí misma un arrebato de devastación y frenesí guerrero como el que experimentaban los bersekers. Si es que ingerían efectivamente una droga, habría sido tras una larga y dura preparación guerrera y ascética que les hubiese hecho resistir la posesión del Óðr (furor sagrado de Odín), con dosis cuidadosamente pensadas por auténticos conocedores de sus efectos, y con ritos diseñados para realzar y canalizar ciertos aspectos relacionados con la sustancia.

Parece más lógica, pues, la teoría de que el berserkergang se desencadenaba mediante una especie de "orden hipnótica programadora" que se almacenaba en el subconsciente a través de una violenta y traumática iniciación ritual, y que en adelante se "activaba" automáticamente escuchando el ruido de las armas, los gritos de batalla y los cánticos que invocaban la furia de Odín, dando lugar al irresistible ansia de estar en el centro del combate, allá donde la lucha era más encarnizada y la furia más densa. En cualquier caso, lo más probable es que las técnicas de consecución del berserkergang fueran mentales o "psicológicas", a través de procesos hipnóticos y magnéticos catalizados en poderosos rituales, y seguramente amplificados a través de danzas tribales, movimientos, técnicas y respiraciones capaces de generar enormes cantidades de adrenalina en poco tiempo. Y si las drogas estaban realmente presentes, hubiese sido para facilitar la posesión, pero en ningún caso eran las responsables directas del increíble rendimiento combativo que se desencadenaba con dicha posesión.

Las sustancias liberadas por las drogas pueden estimularse en el cuerpo mediante prácticas de depuración. En las tradiciones iniciáticas, cuando el hombre obtienen control absoluto sobre su cuerpo, puede estimular sus órganos, sus glándulas, a voluntad, liberando las sustancias que desea y causando los efectos que desea, con sólo saber materializar el pensamiento. Lo ideal es que las drogas que se utilicen procedan de nuestro propio interior, pues, realmente, las drogas están ya dentro de nosotros —como por ejemplo la testosterona, la adrenalina, la dopamina, las feromonas y las endorfinas—, sólo que a menudo necesitan de un estímulo para liberarse. El uso religioso de las drogas se realizaba siempre bajo un severo control y ritualismo, sobre individuos preparados física, mental y espiritualmente para aguantar sus efectos, y todo vigilado por sabios de las ciencias naturales, conocedores de las plantas, los animales y la Tierra.

Carácter iniciático

Los berserkers recibían iniciación en un culto que se podría denominar como "misterios de Odín", el patrón de estos guerreros. Los bersekers a menudo eran llamados "hombres de Odín" o "lobos de Odín" por su predominante culto a esta deidad. Podría describirse a los bersekers, por tanto, como sectas de guerreros de élite, severamente entrenados desde pequeños en las artes de la lucha e iniciados en un culto a Odín mediante algún tipo de ritual extremadamente violento. Mircea Eliade especificó que:

No se llegaba a ser "berserkr" únicamente por bravura, por fuerza física o por dureza, sino también tras una experiencia mágico-religiosa que modificaba radicalmente la forma de ser del joven guerrero. Éste debía transmutar su humanidad mediante un acceso de furia agresiva y terrorífica, que lo asimilaba a los carniceros enfurecidos. "Se calentaba" hasta un grado extremo, transportado por una fuerza misteriosa, inhumana e irresistible, que su impulso combativo hacía surgir de lo más profundo de su ser.
Mircea Eliade, Iniciación, ritos, sociedades.

Los bersekers, recibían el Óðr (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gungnir ("estremecedora"). La fuerza física del "inspirado" por la fiebre Ódr aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar.

En cuanto al ataviarse con pieles de animales simbólicos, obedece a una tradición chamánica, totémica y pagana hasta la médula, y expresa una idea muy importante. El lobo y el oso son signos de masculinidad libre, pura, salvaje, fértil y desenfrenada. La piel del oso o del lobo se conseguía combatiendo con él en un cuerpo a cuerpo y matándole, lo cual era una prueba iniciática de los bersekers igual que entre algunos celtas lo era el matar a un jabalí. Los bersekers eran sugeridos así de que se apoderaban de las cualidades totémicas inherentes al animal en cuestión —oso o lobo—, adquiriendo su fuerza y ferocidad, poseyendo sus cualidades como si se hubiesen conquistado para sí, y adoptando la piel de la bestia vencida como símbolo de esta transformación. Como signo de prestigio, muchos bersekers añadían la palabra björn (oso) a sus nombres, resultando en nombres como Arinbjörn, Esbjörn, Gerbjörn, Gunbjörn o Thorbjörn. El lobo (proto-germánico *ulf) resultó en nombres como Adolf, Rudolf, Hrolf o Ingolf. Mircea Eliade dijo con respecto a la apropiación de las pieles de animales:

Se devenía "berserkr" tras una iniciación que comportaba pruebas específicamente guerreras. Así, por ejemplo, entre los chatti, nos dice Tácito, el postulante no se cortaba los cabellos ni la barba antes de haber matado a un enemigo. Entre los Taifali, el joven debía abatir un jabalí o un oso y entre los Hérulos, era necesario combatir sin armas. A través de estas pruebas, el postulante se apropiaba de la forma de ser de la fiera: se convertía en un guerrero temible en la medida en que se comportaba como una bestia de presa. Se transformaba en superhombre porque conseguía asimilarse a la fuerza mágico-religiosa compartida por los carniceros.
Mircea Eliade, Iniciación, ritos, sociedades.

Sagas nórdicas

Diversas fuentes mencionan a los berserkr mikill, o poderosos guerreros berserkers, que resaltaban por su ferocidad y en ocasiones se les comparaba con gigantes (jotun).[10]

En la saga de Egil Skallagrímson aparecen 12 berserkers como el número adecuado de guerreros al servicio de la guardia personal de un rey, un número recurrente en otras sagas nórdicas.[4] En la saga de Hrólfr Kraki, el rey aparece acompañado de un hird de berserkers, en el que destaca Bödvar Bjarki, que según la leyenda se transformaba en un impresionante plantígrado en batalla, una característica posiblemente relacionada con antiguos cultos al oso. Es muy probable que fuesen miembros de cultos relacionados con Odín.[11] En cierto modo, la religión de estos grandes guerreros les inducía a mostrar una gran furia en combate, mostrando una invulnerable mitad humana y otra mitad animal. Sus dioses, todos ellos guerreros, exigían —para alcanzar el más puro de los paraísos a su alcance— tener la muerte más noble en el campo de batalla.

En 1015, el jarl Eiríkr Hákonarson de Noruega declaró a los berserkers fuera de la ley, posteriormente el gragás (ley escrita) de Islandia hizo lo propio y hacia el siglo XII los berserkers ya habían desaparecido.[12]

Úlfhéðinn

Los Úlfhéðnar (singular, Úlfhéðinn) ya se mencionan en la saga Vatnsdœla y Hrafnsmál,[13] y en la saga Völsunga, se decía que se cubrían con una piel de lobo cuando entraban en combate.[14] Los Úlfhéðnar fueron definidos como guerreros de élite de Odín, con la piel de lobo y una lanza como perfil más característico.[15]

El poema Haraldskvæði (parte de Hrafnsmál) los define así:

Hablaré de los berserkers, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿cómo trataban
A los que se vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos.

En Heimskringla[16] y la Saga de Grettir,[17] también se les denomina Úlfhéðnar. Harald I de Noruega, unificador del reino, aparece acompañado por ellos en sus ofensivas, «iban sin cota de malla y actuaban como perros rabiosos y lobos», lo que provocaba desconcierto y el colapso en las filas de los contrarios.[4][18]

Fueron marginados por la sociedad por considerárseles locos, y una leyenda que recorría los países nórdicos contaba que se convertían en hombres lobo, lo que motivó que se les temiera más y se les recluyera, ya en la cristiandad, por considerarlos poseídos por el diablo. La creencia en la licantropía se testimonia en la saga Volsunga, donde Sigmund y su hijo Sinfjotli gruñían y aullaban como lobos en sus combates.[19]

Referencias

  1. Sommerville, A. A. y R. A. McDonald, (eds). The Viking Age (2010). University of Toronto Press, ISBN 978-1-44260-148-2 pp. 162-163.
  2. Velasco, Manuel (2008) Breve Historia de los Vikingos, ISBN 84-9763-198-6 p. 28.
  3. Etimología del término en el diccionario Cleasby-Vigufsson.
  4. 4,0 4,1 4,2 Harrison, Mark y Gerry Embleton (1993). Viking Hersir 793-1066 d. C. ISBN 1-85532-318-4 p. 20.
  5. Hirschi, Caspar. Wettkampf der Nationen: Konstruktionen einer deutschen Ehrgemeinschaft an der Wende vom Mittelalter zur Neuzeit, Wallstein Verlag, 2013, ISBN 3835320769 p. 245. Julius Caesar, De bello Gallico, 4.13.
  6. Furor teutonicus: Das römische Germanenbild in Politik und Propaganda von den Anfängen bis zum 2. Jahrhundert n. Chr. Trier.
  7. Fabing, Howard D. «On Going Berserk: A Neurochemical Inquiry.» Scientific Monthly. 83 [Nov. 1956] p. 232.
  8. Velasco, Manuel (2008) Breve Historia de los Vikingos, ISBN 84-9763-198-6 p. 28.
  9. Dineley, Merryn (2004). Barley, malt and ale in the neolithic, Archaeopress, ISBN 184171352X p. 67.
  10. Turner, Sharon.History of the Anglo-Saxons, Baudry (ed.), 1840, p. 269.
  11. Byock, Jesse (1999). The Saga of King Hrolf Kraki, Penguin Classics, ISBN 014043593X intro p. xxix.
  12. Holman, Katherine (2003). Historical Dictionary of the Vikings, Scarecrow Press, ISBN 0810865890 p. 44.
  13. Ellis-Davidson, Hilda R. «Shape-Changing in the Old Norse Sagas.» En Animals in Folklore. eds. J. R. Porter y W. M. S. Russell. Totowa NJ: Rowman and Littlefield. 1978. pp. 132-133
  14. Simek, Rudolf (1995). Lexicon der germanischen Mythology, Stuttgart: Alfred Kröner. ISBN 352036803X. p. 435.
  15. Simek, Rudolf (1995). Lexicon der germanischen Mythology, Stuttgart: Alfred Kröner. ISBN 352036803X. p. 48.
  16. Snorri Sturluson. Heimskringla: History of the Kings of Norway. trans. Lee M. Hollander. Austin: Univ.of Texas Press. 1964. p. 10.
  17. Fox, Denton y Hermann Palsson, trans. Grettir's Saga. Toronto: Univ.of Toronto Press. 1961. p. 3.
  18. Saga de Grettir cap. II (en español).
  19. Heath, Ian y Angus McBride (1985). The Vikings, ISBN 0-85045-565-0 p. 47.

Enlaces externos

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