Laika

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Laika en un sello postal

Laika (1954 - 3 de noviembre de 1957), originalmente llamada Kudryavka (en ruso: Poco Rizado) fue una perra espacial soviética que se convirtió en el primer ser vivo terrestre en orbitar la Tierra. Lo hizo a bordo de la nave soviética Sputnik 2.

Como se sabía poco sobre los efectos que los vuelos espaciales podían producir sobre los seres vivos en el momento de la misión de Laika, y la tecnología de suborbital no se había desarrollado todavía, desde el principio no había ninguna posibilidad de que Laika sobreviviera, dato que fue ocultado a la opinión pública.

Al igual que otros animales en el espacio, Laika murió entre cinco y siete horas después del lanzamiento, bastante antes de lo planeado. La causa de su muerte, que no fue revelada sino hasta décadas después del vuelo (2002), fue, probablemente, una combinación del estrés sufrido y el sobrecalentamiento que, tal vez, fue ocasionado por un fallo del sustentador de la central R-7, que forma parte del sistema térmico de la nave, al separarse de la carga útil.

Aunque Laika no sobrevivió al viaje, su experiencia demostró que es posible que un organismo soporte las condiciones de microgravedad, allanando el camino para los vuelos espaciales humanos y proporcionando a los científicos algunos de los primeros datos sobre cómo los organismos vivos reaccionan a los entornos de los vuelos espaciales. Tras Laika, la URSS envió doce perros mas al espacio, de los cuales cinco de ellos regresaron con vida a la Tierra.

El 11 de abril de 2008, las autoridades rusas develaron un monumento a Laika. Este pequeño monumento en su honor fue construido cerca del centro de investigación militar en Moscú.

Muerte programada

La agencia soviética TASS informó que Laika regresaría a la Tierra en paracaídas. Pero no era cierto, sobre la marcha los soviéticos improvisaron una cápsula espacial sin módulo de retorno y se programó su eutanasia mediante el suministro de comida envenenada. Laika era enviada a un viaje en el que su muerte estaba asegurada. Los científicos preveían que sobreviviese al menos una semana.

Habrían de pasar 45 años para que se develase la verdad: el científico D. Maláshenco explicó lo que realmente ocurrió en 2002 durante un congreso. Laika había sobrevivido durante 5 o 7 horas; sus signos vitales fueron relativamente normales durante el ascenso y la entrada en órbita, pero un fallo técnico –y no la comida envenenada– acabó con su vida: tras realizar cuatro vueltas alrededor de la Tierra, la cabina alcanzó los 40º C y ella murió víctima del sobrecalentamiento y el estrés.

Durante siete días el mundo desconoció el fatal desenlace y cuando la URSS finalmente anunció el deceso, lo disfrazó impunemente: TASS anunció su muerte sin dolor tras recorrer durante esa semana la órbita terrestre. Todo era falso.

Al conocerse la verdad, la reacción de la prensa occidental fue de clamorosa indignación: los defensores de los animales desencadenaron una tormenta de críticas sin precedentes. El Kremlin, en el ojo del huracán, fue censurado mundialmente por su cruel e inhumana acción. Como dato curioso, podemos citar que hubo sugerencias sarcásticas a título póstumo, como la de haber enviado a Kruschev al espacio en lugar de Laika.

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