Luis Vella

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Monseñor Luis Vella

Monseñor Luis Vella (Victoria, Gozo, Malta, 1859 - 17 de julio de 1928) fue un escritor y prelado católico maltés.

Biografía

Inició sus años estudiantiles a los doce años en la escuela secundaria estatal de Victoria, donde se reveló gran amigo del estudio diligente y de los sacerdotes. A los catorce años decidió abrazar el Orden Sagrado. A fines de 1877 comenzó su primer año en el Seminario Mayor de Gozo.

Pocos meses después la conducción de la Nave de Pedro pasó del Papa Pío IX a León XIII, y este sentó directivas sólidas imperecederas para los estudios filosóficos, teológicos y bíblicos. El especialísimo cuidado con que el Reverendo Padre Luis Vella se entregaría a su vocación evitando aun lo menos bueno o lo aparentemente malo, reluce en su máxima:

Para un sacerdote, no cabe ocupación fuera del altar, el púlpito y el confesonario.

San Pedro Julián Eymard guiaría en todas sus empresas a favor de la Santa Eucaristía al Padre Vella, quien en sus días solía mencionarlo en charlas privadas y sermones. La influencia espiritual que el santo francés ejerció sobre el maestro maltés durante su vida, se verificó también en el momento de su muerte. El término que tuvieron sus estudios en el Seminario distó tanto de extenderse a su actividad intelectual, que el reverendo autor que presentamos pasó todos sus días estudiando y escribiendo.

Durante sus años de seminarista, Luis Vella obtuvo muchas distinciones importantes o hasta sobresalientes en varias materias, y llevó una vida ejemplar, en particular en cuanto hace a piedad, disciplina y estudio. En diciembre de 1880 fue nominado prefecto de la Congregación Mariana del Seminario de Gozo, donde había hecho su profesión dos años antes. Los mismos jesuitas, conocedores de su afición al estudio, también lo conservaron como profesor de Teología Dogmática. Aprobó sus exámenes para las órdenes de portero, lector y acólito con las calificaciones máximas. Finalmente, ya diácono, pasó el examen para la orden que sella el sacerdocio: el presbiterato. Su edad inferior a la requerida hizo necesaria una dispensa romana, la cual fue concedida sin tardanza. En diciembre de 1882 Monseñor Pietro Pace, obispo de la isla maltesa principal, y antes arzobispo titular de Rodas, ordenó al diácono Vella sacerdote.

En 1890 pasó a ser capellán del Hospital de Victoria, donde permanecería por doce años enteros, asiduo portador de doctrina y consuelo. En 1891 el sucesor de San Juan Bosco, el beato Miguel Rúa, lo nominó Vicedirector de la rama gocitana de la Pía Unión de los Cooperadores Salesianos. En 1894 el obispo de Gozo lo nominó confesor extraordinario de las hermanas terciarias de las órdenes dominicana y franciscana. En 1896, con ocasión de las preparaciones del Primer Congreso Internacional Antimasónico, el comité gocitano nominó al Padre Vella uno de sus tres miembros.

En 1899, tras un breve examen competitivo, el santo clérigo fue nominado Canónigo Teólogo del Capítulo Catedralicio de Gozo. Su nueva función le requería explicar las Sagradas Escrituras en la catedral y discutir cuestiones sutiles en reuniones capitulares. Asumió ambas tareas con plena dedicación y sólido juicio. Con sus conferencias atestaba la catedral de atentas multitudes, y en el Capítulo recibía y resolvía las funciones más importantes y delicadas, que una vez incluyeron la de conseguir de Roma la restauración de antiguos y honrosos privilegios de dicho capítulo.

Desde 1890 el Reverendo Padre Luis Vella venía alistándose para graduarse en Teología. Ya lo habían llevado hasta el bachillerato y la licenciatura en Teología dos exámenes de Teología Dogmática rendidos en el Seminario Episcopal de Gozo ante la presencia de cuatro profesores jesuitas y con una recomendación presentada en Roma por el obispo de Gozo. Ya canónigo el Reverendo Padre Luis Vella y recomendado de su obispo, a este pastor escribió el cardenal prefecto de la Congregación de Estudios que, vistos los méritos particulares del canónigo Vella, este tenía permiso para presentarse a otro examen con el mismo obispo de asistente, más tres examinadores. Tuvo que presentar ciento ochenta y cuatro tesis, como habría sido el caso en el Centro de la Cristiandad en aquel tiempo. En 1900 la Sagrada Congregación de Estudios de Roma emitió otro rescripto donde nominó al canónigo Vella Doctor en Sacra Teología. Ya podía llevar el título de Monseñor.

En 1909 el eclesiástico profesor fue asignado a la cátedra de Teología Dogmática del Seminario de Gozo, que ocuparía por dieciocho años. Monseñor Vella se colmó de dicha al enterarse de que el Congreso Eucarístico Internacional de 1913 tendría lugar en su propia patria, y de que el Papa enviaría como delegado al cardenal Domingo Ferrata, futuro amigo personal del gran maestro maltés de espiritualidad. El mismo año, en el patio de San Dámaso en el Vaticano, el mismo Papa San Pío X concedió una audiencia y bendición final a los participantes del Congreso Eucarístico de Sacerdotes Adoradores. El santo pontífice le tenía estima particular: tanta, que lo propuso obispo auxiliar del arzobispo de Malta Pedro Pace; pero el canónigo y escritor maltés, en su profunda humildad, declinó un tal honor y mantuvo la propuesta en secreto.

En 1923 el Datario Apostólico nominó a Monseñor Luis Vella Archidiácono de la Catedral de Victoria, función que él desempeñaría con gran diligencia, convocando no menos que setenta y cuatro reuniones capitulares de las cuales presidió treinta. En 1926, por recomendación del obispo de Gozo, el Papa Pío XI lo distinguió con la Cruz de Plata «Benemerenti». En el diploma que la confiere consta el motivo:

Por el servicio singular prestado a la Fe Católica por medios dignos de ser difundidos: sus escritos y sus testimonios de deferencia para con la Sede Apostólica y el Sumo Pontífice, Vicario de Nuestro Señor Jesucristo.

Muere el 17 de julio de 1928. En 1932 fue abierta la tumba de Monseñor Vella para el entierro de su hermana Angela tres años y ocho meses tras su muerte. Centenares de fieles se encaminaron a la catedral para manifestar su devoción al santo sacerdote. Sus restos mortales estaban bastante bien conservados para que pocas semanas después se escribiese el siguiente informe:

Constatan que Mons. Vella (aun enterrado en una lápida muy húmeda, pues daba al Norte) todavía estaba igual, excepto por la rotura de la punta de la nariz. Lo que más es, hay quien le tocó la cara y la notó blanda y floja. Su ojo derecho todavía estaba brillante, y su rostro sonriente. Con lo dicho nos abstenemos de afirmar nada, así como de darle mayor importancia que la propia de un hecho humano, un suceso histórico, ateniéndonos a todo cuanto exige el Papa Urbano VIII en su decreto.

Sus Diálogos Eucarísticos serían traducidos al español por el erudito Patricio Shaw[1].

Referencias

Enlaces externos