Rendición de Japón
La rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial se produjo el 2 de septiembre de 1945, a bordo del acorazado USS Missouri en la Bahía de Tokio, después de que el emperador Hirohito aceptara la Declaración de Potsdam. Oficialmente el Imperio del Japón se rindió de forma incondicional a las potencias aliadas, poniendo fin a la guerra.
Sin embargo, la rendición de Japón no fue estrictamente incondicional. Si bien Japón aceptó públicamente firmar la rendición exigida por los Aliados, el emperador Hirohito mantuvo su posición como líder, lo que fue una concesión que Japón logró negociar. Hirohito permaneció en el trono, aunque con un rol ceremonial y no político. Esta concesión fue crucial para que Japón aceptara la rendición, evitando una posible guerra civil o resistencia prolongada. La resistencia de los líderes japoneses a una rendición incondicional era fuerte, especialmente por la preocupación de preservar el honor y la posibilidad de una ocupación brutal. La decisión final de rendición se tomó después de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, así como de la invasión soviética de Manchuria.
Bajo la ocupación aliada, Japón se transformó en una democracia y se construyó una nueva Constitución. El Tratado de San Francisco de 1951 puso fin a la ocupación aliada y devolvió a Japón su soberanía.