Tofet

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Sacrificio al dios Moloch en el Tofet.

Tofet es un lugar alto en el valle de Hinom, cercano a Jerusalén, donde, según el Antiguo Testamento, los judíos sacrificaban a niños al dios Moloch, quemándolos vivos. Se cree que es un lugar específico en el Valle de la Guehena. Para impedir el retomo de estas abominables prácticas, el rey Josías profanó Tofet. Jeremías profetizó enérgicamente con estas palabras:

Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová; pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola. Y han edificado los lugares altos del Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que Yo (Yahvé) no les mandé, ni subió en mi corazón. Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Yahvé, en que no se diga más Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar.
Jeremías, 7: 30-32

Además de la cita de arriba, también se menciona en Jeremías 32, 35 y en II Reyes, 23, 10. La práctica del sacrificio infantil fue prohibida por el rey Josías (II Reyes, 23,10). El valle se convirtió en un vertedero donde se arrojaban animales muertos, basura y los cadáveres de los criminales ejecutados. Ardían hogueras permanentes para mantener alejadas las epidemias.

El nombre se deriva posiblemente del hebreo toph = tambor, porque se utilizaba el ruido de tambores para ensordecer los llantos de los niños. También podría provenir del hebreo taph o toph, quemar. Sin embargo, este término no aparece en ninguna inscripción fenicia o púnica.

Otros usos

Por extensión, los arqueólogos aplican este término a las tumbas de incineración con restos infantiles carbonizados, depositados en urnas, que se han hallado en abundancia en Cartago y otras ciudades del Mediterráneo occidental bajo su influencia cultural, tales como Motya (Sicilia), Tharros (Cerdeña), y Hadrumeto / Susa (Túnez).

El origen más probable de estos restos es el sacrificio ritual (molk), como ofrenda que los ciudadanos hacían a sus dioses, especialmente en las épocas de peligro extremo para la ciudad. Mencionaron esta práctica los historiadores clásicos Clitarco y Diodoro de Sicilia, pero otros muchos autores antiguos, conocidos por sus referencias críticas a los fenicios, y más tarde a los cartagineses, tales como Heródoto, Tucídides, Polibio o Tito Livio no dijeron una sola palabra al respecto.

Algunos autores, en cambio, defienden la hipótesis funeraria, que sostiene que se tratan de simples cementerios infantiles, donde serían inhumados los restos de los abortos y de los niños pequeños muertos por causas naturales. Hay que recordar aquí que la mortalidad infantil en esa época era muy elevada.

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