Batalla de Inglaterra

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Pilotos británicos corren hacia sus aeronaves para responder a una incursión aérea alemana.

La Batalla de Inglaterra (en inglés Battle of Britain) fue una serie de combates librados en el verano de 1940, entre la Real Fuerza Aérea británica y la Luftwaffe alemana. Los alemanes deseaban lograr el dominio aéreo sobre las islas británicas como paso previo a la planificada invasión por tierra que denominaron Operación León Marino. Sin embargo, los británicos, liderados por Winston Churchill, llevaron adelante una exitosa defensa por aire que hizo inviable el desembarco alemán.

Contenido

Las fuerzas

La fuerza aérea alemana a las órdenes de Hermann Goering operaba principalmente desde Bélgica, Francia y Noruega y disponía en total de unos 2.670 aviones (Junkers, Dorniers, Heinkels, Stukas, Focke-Wulfs y Messerschmitts), mientras que el comandante británico, Hugh Dowding, contaba inicialmente con unos 650 Spitfires y Hurricanes, repartidos en 52 escuadrones, y la ventaja logística, proporcionada por una serie de estaciones de radar que permitían determinar el número y el curso de posibles formaciones enemigas para interceptarlas, así como una mayor facilidad para repostar en combate. Estas fuerzas se vieron reforzadas llegando a contar con 903 cazas y 560 bombarderos. A lo largo del conflicto, Reino Unido recibió nuevos pilotos desde Canadá, Polonia, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Por otra parte, los alemanes contaron con 1464 cazas, 1380 bombarderos, 428 bombarderos en picada Stukas y 569 aviones de reconocimiento. Italia envió un cuerpo de 40 aviones de combate Fiat para reforzar al bando alemán a finales de 1940, pero muchos sufrieron diversos problemas técnicos y el escuadrón fue repatriado al año siguiente.

Desarrollo del conflicto

Ante la devastadora ofensiva sobre Francia por parte del Tercer Reich, los británicos se sintieron amenazados y desampararon a su aliado francés al negarse a enviarle mas aviones Hurricane[1] tal como Churchill les había prometido. El dominio del aire era un factor clave para impedir un posible desembarco del Eje, por lo que se tomó la decisión de no cumplir con tales promesas, sacrificando a Francia a fin de mejorar las posibilidades de supervivencia para los británicos.

Ofensiva alemana

Los combates aéreos se iniciaron el 30 de junio de 1940[1]. La primera fase estuvo dirigida contra los barcos y los puertos del sur de Inglaterra. La misma llegó a su punto culminante el 15 de agosto, cuando 76 bombarderos fueron derribados, perdiéndose 34 cazas británicos. El mariscal Hermann Goering ordenó un cambio de táctica que incluía el ataque a las defensas aéreas británicas y los aeródromos. Las incursiones se fueron intensificando hasta que, el 13 de agosto se lanzó una importante ofensiva contra los aeródromos del sur de Inglaterra denominada Alder Tag. Esta segunda fase que se desarrolló entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre, estuvo a punto de suponer la definitiva derrota británica. Fue un momento desesperado para el mando de cazas inglés ya que los aviones que regresaban de los combates debían aterrizar en pistas repletas de cráteres. Las tripulaciones de tierra se esforzaron hasta el límite para reparar las pistas mientras los soldados accionaban cañones y ametralladoras antiaéreas intentando defender los oprimidos aeropuertos. En ocasiones todos los cazas británicos disponibles estaban en el aire y aún así, eran insuficientes para hacer frente a las incursiones del enemigo. En las semanas siguientes la RAF estuvo al borde del colapso[1].

Errores estratégicos

Es un hecho histórico aceptado que Adolf Hitler había prohibido expresamente la masacre indiscriminada de civiles mediante bombardeo aéreo sobre Francia y Gran Bretaña[2], limitando este tipo de ataques a represalias contra ataques similares. También prohibió el uso de gases tóxicos contra civiles, pese a que poseía esa arma. Sin embargo, como lo documenta el historiador alemán Jörg Friedrich, el primer ministro británico Winston Churchill estaba a favor del bombardeo intencional y masacre de civiles ya desde 20 años antes[3]. De hecho, los británicos encargaron a Frederick Lindemann la tarea de investigar y documentar la mejor manera de provocar la mayor cantidad posible de víctimas civiles en los bombardeos. Cuando los alemanes accidentalmente bombardearon una zona residencial durante una misión para destruir blancos industriales en la ciudad de Coventry, los británicos respondieron con un ataque deliberado sobre los civiles de Berlín. Mediante esta táctica de extender la guerra, llevándola a zonas pobladas, Churchill logró disminuir el asedio permanente sobre los aeródromos, el cual había puesto a la Real Fuerza Aérea al borde del colapso. Para ello no dudó en sacrificar a 27540 civiles británicos. Cuando los alemanes se fijaron como objetivo el ataque a zonas pobladas en represalia, los aeródromos fueron reconstruidos y la batalla se inclinó en favor de los británicos[1].

Los británicos recuperan el dominio aéreo

Los británicos contaban con varias ventajas. Sus aviones entraban en combate cerca de casa, con lo cual tenían a su disposición todo el combustible necesario para maniobrar durante los combates. Los largos viajes que debían hacer los alemanes cansaban a la tripulación, producían problemas de mantenimiento en los aviones y agotaban el combustible. Incluso existen casos documentados de pilotos ingleses que habiendo sido derribados sobre las islas, se trasladaron al aeropuerto mas cercano en busca de otro avión para continuar participando en los combates.

El uso de la radio y el radar tuvo un importante impacto estratégico a favor de los británicos. Aunque globalmente no contaban con superioridad numérica, les permitió lograr esa superioridad en infinidad de combates puntuales, mientras parte de los aviones alemanes viajaban desde o hacia las islas.

Resultado

A diferencia de una batalla terrestre, es difícil señalar un momento en el que un bando había ganado. Las cosas, ciertamente tenían mal aspecto para los británicos el 15 de septiembre; sin embargo, el día 17 Hitler decidió que la invasión terrestre no era posible y canceló la Operación León Marino[1].

El conflicto le costó a los británicos 1.023 cazas y 524 bombarderos; mientras que los alemanes perdieron 873 cazas y 1014 bombarderos. Aunque los germanos continuaron con sus bombardeos nocturnos sobre las islas y lanzamiento de misiles balísticos V1 y V2, la amenaza de una invasión terrestre se alejó.

Referencias

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 1,4 Grandes Batallas. Conflictos decisivos de la historia. Parragon Books Ltd. 2007. ISBN 978-1-4075-5612-3. Pg 207-213.
  2. The Role of Bombing in World War II
  3. The Daily Telegraph. 19 de Noviembre de 2002

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