Pueblos semitas

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Imagen del dios semítico El venciendo a dos leones, tallado en el mango del cuchillo ceremonial de Gebel el-Arak. De esta figura procede el dios judío Yahvé. En ciertas ocasiones, los israelitas utilizaban el término El para referirse a Yahvé, dado que ese término significa "dios". A veces usaban la variante Elohim (אֱלׂהִים).

Los semitas son un conjunto de pueblos que comparten rasgos culturales y lingüísticos, originarios del desierto de Arabia y Mesopotamia, en Medio Oriente.

Los semitas no surgieron en núcleos raciales puros, sino en zonas donde la civilización llevaba más tiempo arraigada y, por tanto, donde existía un gran caos étnico. Estaban constituidos por un conjunto muy heterogéneo de razas (arménidos, nórdido rojos, mongólidos, cónguidos), así como por importantes cruzamientos entre ellas, siendo naturalmente algunas tribus más mezcladas que otras, pero siempre tendiendo a una mayor frecuencia de rasgos caucásicos entre las clases altas. Los semitas son el grupo humano que históricamente ha vivido más tiempo en condiciones civilizadas.

Contenido

Lingüística

Distribución de las lenguas semitas (en naranja) y de otras Lenguas afroasiáticas en la actualidad

El término 'semita' (del hebreo bíblico "Shem", en caracteres hebreos: שם, traducido como "nombre", y en caracteres árabes: ساميّ) se refiere a aquellas personas que poseen un legado cultural semítico y proviene de la mitología bíblica en la que uno de los hijos de Noé se llamaba Sem. Se usó primeramente en el ámbito lingüístico para referirse a una gran familia de lenguas originarias de Medio Oriente y que actualmente se conocen bajo el término de lenguas semíticas.

Esta familia lingüística incluye las formas antiguas y modernas del acadio, el amhárico, el árabe, el arameo, el fenicio, el ge'ez, el hebreo, el maltés, el tigray, y el tigriña, entre otros.

Primeros semitas

La llegada de los semitas a Mesopotamia (ca. 3000 AEC.) fue muy posterior a la de los sumerios. Probablemente procedentes del sur, concretamente de Arabia, su cultura era muy inferior a la de los sumerios quienes para entonces habían creado una escritura (llamada cuneiforme por la forma de sus trazos). Los semitas adoptaron la religión sumeria, sus jeroglíficos (que habían de convertirse en escritura) y sus tradiciones, pero conservaron su lengua, en tanto que la de los sumerios quedaba limitada a funciones litúrgicas.

Sumerios y semitas coexistieron en el mismo país, los primeros en el delta y los segundos en expansión hacia el norte. Los sumerios contribuyeron culturalmente con tecnologías como métodos de riego y cultivo, y un acervo espiritual a través de su literatura. Establecieron bases religiosas y filosóficas y dejaron una serie de reglas éticas de índole práctica.

La infiltración gradual de los semitas en las ciudades sumerias alcanzó la densidad suficiente con la que aquéllos terminaron obteniendo la supremacía política del país. Cabe incluso atribuir esta supremacía a una inmigración masiva y repentina.

De la compenetración de ambos pueblos resultó el apogeo de Babilonia. Babilonia fue la metrópoli principal de los semitas, y el dios local se elevó a dios supremo (henoteísmo). Los semitas tuvieron siempre una fuerte tendencia hacia el monoteísmo y, aunque admitieron a los diversos dioses sumerios, el dios Marduk llegó a convertirse en el más importante.

Canaán es una zona con una larga historia, que remonta su ocupación a las fases neolíticas más tempranas, con importantes asentamientos a lo largo del tiempo, como Jericó, Ugarit, Jerusalén, Tiro, Sidón, Biblos, Damasco o Gaza, algunas de las cuales son de las primeras ciudades de la civilización. Fue habitado por pueblos muy diversos, como amorreos, jebuseos, hicsos, filisteos, fenicios, arameos, hebreos que por último, conquistaron a varios de estos pueblos para tomar posesión de esta tierra.

Las ciudades que de ellos conocemos, tanto en la zona montañosa como en las llanuras y costas, coinciden en la solidez de sus muros defensivos, como los de `Ay, Tirsah, Jericó, Dotayn, etc.; además son de bastante extensión, lo que indica una población urbana numerosa con toda la complejidad de servicios y el consiguiente desarrollo económico.

En el trazado de las ciudades hay un destacado interés urbanístico: alcantarillados, calles rectas y bien trazadas, armonía de edificios públicos con las viviendas particulares, etc. Esta disposición urbanística es nueva por completo en Canaán y exige una fuerte autoridad interna. Desgraciadamente faltan los documentos escritos que permitan reconstruir la historia durante los casi nueve siglos que duró esta civilización sin variantes.

Parece ser que la principal fuente de riqueza es la agricultura de los campos inmediatos a las ciudades: regadíos, como los de Jericó, o secano bien explotado, como en el caso de `Ay. Pero su posición era estratégica: era un enclave frente al Mediterráneo, y territorio de paso entre las diversas potencias: Egipto, Asiria, Babilonia y los hititas. Esto propició una nueva fuente de riqueza: el comercio.

Las destrucciones totales de las ciudades hablan de las conquistas guerreras de las mismas. Aun así, las destrucciones no suelen ser totales, y los mismos pobladores rehacen las partes dañadas de las ciudades al desaparecer el peligro que las aquejaba.

Asirios

Situados al norte de Babilonia, durante poco tiempo vivieron en paz con ella. De origen semita como sus vecinos del sur, el asirio fue uno de los pueblos más crueles y devastadores de la antigüedad. Las narraciones de los propios asirios acerca de sus campañas militares son documentos terribles de destrucción. Más que un fin, la guerra fue un modo de vida y la crueldad de un sistema: saquearon y arrasaron cuanta ciudad encontraron a su paso.

Hacia el año 2000 a. C. el pueblo de los elamitas invadió Mesopotamia, pero más tarde entró otro pueblo nómada, los amorreos, procedentes de Siria que conquistaron por el sur a los sumerios y por el norte a los sirios.

Se sabe que un siglo más tarde grupos de mercaderes asirios formaron colonias en Anatolia (actual centro de Turquía), y que allí establecieron un próspero comercio de metales preciosos y de textiles.

Entre los años 1813 y 1780 a. C., Asiria alcanzó la categoría de imperio. Fue el primer Imperio asirio, de la mano del rey Shamshiadad I hasta que en el año 1760 a. C., Hammurabi de Babilonia derrotó y conquistó a los asirios que pasaron a formar parte del Imperio de Babilonia.

En 689 AEC. Babilonia fue destruida, de manera que para el 671 AEC. los asirios se lanzaban hacia Egipto. Los asirios introdujeron la idea de una unificación del mundo a través de un imperialismo guerrero, idea que habrían de heredar a Occidente y de la que se nutrieron tanto los persas como más tarde los romanos.

Su capital, Assur, a orillas del Tigris, al lado del templo de su principal divinidad, Assur, dio origen a su nombre. Otras ciudades importantes fueron Nínive, Harrán, Calakh y Dur Sharrukin (actualmente Jorsabad). Para el 625, su ciudad Nínive, cayó atacada por escitas y medos, que se extendían por Asia y que formarían el próximo gran imperio.

Las estatuas asirias tenían mucho en común con las encontradas en otros templos sumerios lo que demuestra la gran relación cultural que existía entre ambos pueblos desde tiempos remotos. Los dioses eran muy numerosos en todo el territorio de Asiria. Eran muy parecidos a los hombres en muchos aspectos, pero tenían una autoridad ilimitada. Era común a todos los pueblos de esta región la superstición o el temor a los dioses. Asiria estaba llena de grandes templos donde los sacerdotes ofrecían sacrificios. Había siempre una construcción mayor, un templo que sobrepasaba en altura a los demás, con forma de torre escalonada (zigurat).

La religión en general en toda asiria no era como la de Egipto, optimista y con esperanza en el más allá. Por el contrario se vivía con un temor permanente y miedo a los espíritus malignos y la muerte era muy temida pues el espíritu del hombre se marchaba a una penumbra eterna donde de ningún modo era feliz.

En Asiria el dios principal era Assur que dio nombre a la región, a la tribu y a una ciudad. El símbolo de Assur era el árbol de la vida, pues él era el dios de la vida vegetal. Más tarde cuando Asiria es ya un imperio militar, Assur se convierte en un dios guerrero y es identificado con el Sol. Su símbolo fue entonces un disco con alas, el mismo que tenían los hititas y que a su vez habían recibido de Egipto. La diosa principal era Ishtar, diosa del amor, de la guerra y la fecundidad. Se le daban las advocaciones de "Primera entre los dioses", "Señora de los pueblos", y "Reina del cielo y la tierra" entre otras. Marduk era un dios de Babilonia, pero fue adoptado y adorado en toda Mesopotamia. Llegó a ser un dios universal, dueño del mundo y primero entre los dioses.

Existían además unas criaturas al servicio de los dioses: los genios y los demonios que podían ser tanto benefactores como maléficos. Su misión era proteger o castigar a los hombres. Estos demonios cuando castigaban lo hacían de manera cruel y atormentadora. Podían golpear a los hombres convirtiéndose en fantasmas, hombres de la noche, devoradores de niños, etc.

Hebreos

Los hebreos formaban un pequeño pueblo formado legendariamente por doce tribus nómadas, clánicas y patriarcales que vivían en el desierto y cuya unidad era más religiosa que política. Carecía de importancia en número, riqueza, cultura material, poder militar e influencia política. Los hebreos primitivos no creían en un único dios. Su teología no era monoteísta sino henoteísta: creían en varios dioses, pero sólo adoraban al dios de su tribu. El motivo era supersticioso: si no adoraban al dios con el que "se aliaban", éste los aplastaría sin misericordia. Los dioses eran territoriales, su poder cubría un territorio determinado así como el de los reyes sobre la Tierra. El concepto de un único dios que con su poder alcanza a todo el universo es muy posterior, de la época de los profetas, quienes denostaron a los otros dioses como ídolos que "tienen ojos y no ven, tienen boca y no hablan". En ese período, el primitivo henoteísmo hebreo se transformó en el riguroso monoteísmo judío actual. Entre muchos de los nombres que aparecen en el Antiguo Testamento para nominar al dios hebreo se encuentra el nombre Elohim (אֱלֹהִ֔ים). Este nombre es una palabra plural, que si bien puede referirse a "dioses", también tiene una forma singular, Eloha (אֱלֹהַ).

Los hebreos remontan las raíces de su historia alrededor de 1700 AEC con Abraham, el patriarca fundador del monoteísmo abrahámico (judaísmo, cristianismo e islam) era un pastor-ganadero y hombre de negocios babilonio. Su lugar de nacimiento era llamado "Ur de los Caldeos", que corresponde con la ciudad-estado de Ur, de Sumeria. Abraham y su gente salieron del país, probablemente expulsados por sus propios compatriotas babilonios, y emprendieron una migración que los llevó primero a Harán (actual sur de Turquía) y luego a la población de Shechem (la actual Nablus, Cisjordania), en Canaán, situada en un importante nudo de rutas comerciales donde se vendían uvas, aceitunas, trigo, ganado, cerámica y otras mercancías. El Antiguo Testamento nos cuenta que Canaán fue azotada por una hambruna, de modo que Abraham y su gente pusieron rumbo al rico Egipto, cruzaron el embudo de Sinaí-Suez y fueron bien acogidos: Abraham hizo pasar a su mujer Sara por su hermana para evitar que lo asesinaran, vendiéndola al Faraón a cambio de bueyes, asnos, sirvientes y camellos. No obstante y por las acciones de Abraham, Jehová castigó a Egipto con siete plagas, tras las cuales el Faraón descubrió el engaño y los judíos fueron expulsados de nuevo (Génesis 12:17-20). El proxeneta circunstancial hizo lo mismo con Abimelec rey de Gerar a quien le confesó, después de haber descubierto el engaño, que Sara era realmente su media hermana por parte de su padre (Génesis 20:2-12) y acabó con su tribu en Hebrón, actual Cisjordania.

Fenicios

El alfabeto fenicio, del cual deriva por un lado, el alfabeto arameo, hebreo y árabe (grafías que se escriben de derecha a izquierda), y por el otro, de forma más modificada, el griego, un idioma no semita sino indoeuropeo (de izquierda a derecha).

Los fenicios comenzaron a florecer en 1200 AEC en lo que hoy son Líbano, el norte de Israel y el sur de Siria. Sería la misma época en la que según las leyendas judías Moisés recibió la Torá en el Monte Sinaí. Protegidos por montañas de las civilizaciones del interior de Pentalasia, los fenicios se expandieron por todo el Mediterráneo, dominaron la fachada atlántica tanto de Europa como de África y probablemente llegaron a la mismísima América. Era la Edad del Bronce, y para fabricar bronce debía añadírsele estaño al cobre. Hubo en todo el Mediterráneo una "fiebre del estaño", que los fenicios terminaron por dominar, llegando a la próspera Tartessos y a las "Islas Casitérides" (británicas, concretamente Cornualles y las Islas Sorlingas, ricas en el metal) y protegiendo celosamente la Ruta del Estaño, especialmente en su punto más vulnerable: el estrecho de Gibraltar. Grandes marineros y comerciantes, se dedicaron también a la leña, aprovecharon sus enormes bosques y exportaron grandes cantidades de madera de cedro, especialmente hacia Egipto, que con ella construyó barcos, sarcófagos y carros. El hecho de que, utilizando el Levante como base, los fenicios pudiesen dominar costas tan alejadas fue en parte debido a la misma configuración geográfica de su tierra, con largas cadenas montañosas que tienden a aislar su costa del resto del continente asiático, proyectando sus pueblos hacia el mar, o bien protegiendo naturalmente a pueblos que invaden desde el mar asentándose en la costa.

Orígenes de la agricultura y la civilización

El yacimiento de Ohalo II está en la orilla sur del lago de Galilea, en el norte del actual Israel, cercá del río Jordán y no lejos de Nazaret. El verde claro representa el primer ámbito de implantación de la agricultura, muchos milenios después de la datación del yacimiento. Es notable observar que Israel nunca ha dejado de ser una clave constante: allí se cruzó el "hombre moderno" con el neandertal, surgió la agricultura, chocaron infinidad de civilizaciones antiguas, aparecieron el judaísmo y el cristianismo, se fraguó la caída del mundo pagano europeo, fue objetivo de los cruzados y actualmente es el nudo geopolítico más preocupante de todo el planeta.

Tradicionalmente se consideraba que los cereales fueron domesticados y cultivados por primera vez en Próximo Oriente hace 14.000-12.000 años. Ahora se sabe que el primer uso demostrado de cereales se remonta al yacimiento de Ohalo II (actual Israel), hace 23.000 años, y que los Neandertales ya consumían féculas. Para el 15.000 BP (antes del presente), los israelitas de la época estaban recolectando trigo y cebada, moliéndolos para obtener harina, algo evidenciado por el uso de morteros. Dos o tres milenios después, sus descendientes cosechaban intensamente granos de cereales salvajes.

Aunque en las primeras civilizaciones humanas, el tipo humano arménido estaba fuertemente representado, los semitas no nacieron en núcleos arménidos puros, sino en zonas donde la civilización llevaba más tiempo arraigada y por tanto donde existía un gran caos étnico y donde la influencia nordico-roja y cónguida no era poca.

El culto lunar

Impresión del sello cilíndrico de Ḫašḫamer, ensi (sumo sacerdote) de Sin en Iškun-Sin, c. 2100 a. C.. La figura sentada es, probablemente, el rey Ur-Nammu, otorgando el cargo de gobernador de Ḫašḫamer, quien es conducido ante él por una lamma (diosa protectora). El mismo Sin/Nanna está presente en forma de media luna.

Entre los sumerios, cuya civilización se basaba en la agricultura, hacen su aparición los símbolos de la media luna y las deidades con cuernos de toro, símbolos de la fertilidad y la vegetación, y por lo tanto, de la Madre y del principio cálido y húmedo. El zigurat (la pirámide escalonada) estaba consagrado al dios lunar Sin/Nanna (Padre Luna), patrón de la antigua ciudad de Ur que con frecuencia era representado en forma de toro, al igual que el dios cananeo El (figura de la que proviene el dios judío Yavé), con o sin alas, y a su vez su hijo Baal, que era representado como un joven guerrero, pero también como un "toro joven" (becerro).

De acuerdo con el libro judío del Éxodo, en el "sexto día del sexto mes" (Éxodo, 19), Jehová se manifestó al tembloroso pueblo judío que acampó durante un año a los pies del Monte Sinaí, y le habló directamente, pero los judíos estaban tan atemorizados que posteriormente tuvo que subir Moisés a la cima del monte donde recibió la Torá. El nombre del monte procede seguramente de Sin, el antiguo dios semita de la Luna, popular en toda la región.[1] La montaña está situada en un curioso emplazamiento a caballo entre África y Eurasia y de los golfos de Suez y Aqaba, presidiendo el Mar Rojo en un lugar relativamente apto para el pastoreo. De acuerdo con la Torá, al bajar del Monte Sinaí, Moisés encontró a los judíos adorando a un becerro de oro, una reliquia de su antigua religión sirio-fenicia-cananea. Su posterior destrucción por Moisés, evocaba en cierto sentido el sacrificio del toro (Misterios de Mitra) que expresaba la penetración del principio femenino por el masculino, origen y causa de la fecundidad.

El calendario musulmán se basa en las fases de la luna. Si bien los calendarios judío y cristiano se basan actualmente en un calendario mixto lunisolar, ciertas fechas importantes como la Pascua (Pésaj) se fijan según la posición lunar, y los judíos y los primeros cristianos siguieron en épocas más antiguas el calendario lunar como lo hacen muchos agricultores hasta hoy en día.

Los romanos denominaban a los cultos fuera de la ley, como superstitio, es decir, 'superstición', y al cristianismo, antes de su legalización durante la Roma decadente, como Superstitio Iudaica; 'Superstición judaica'. Etimológicamente la palabra superstición viene del latín super-stare que, además de otros significados, hace referencia a una manifestación exagerada, y por tanto superflua y desordenada, de religiosidad, el exceso de temor a los dioses, la sumisión a ellos o dejarse esclavizar por un dios. Los cultos abrahámicos beben directamente de los misterios sirio-fenicios-cananeos, religiosidad considerada siniestra por los romanos por presuponer la pecaminosidad e impureza del ser que los practicaba (como en el Pecado Original judeocristiano) y por admitir el sacrificio humano incluyendo el infanticidio ritual de los primogénitos (Recuérdese el relato de Abraham y su hijo Isaac del Génesis, o la plaga de Egipto que Moisés hizo caer sobre los primogénitos). En este contexto, Moloch fue una deidad semítica adorada por fenicios, cartagineses, cananitas y judíos, según algunos pasajes de la Biblia, y era representado como una figura humana con cabeza de toro, carnero o becerro al que le ofrendaban sacrificios humanos, especialmente de niños y recién nacidos. Era el dios supremo y protector de la ciudad de Cartago y los navegantes fenicios exportaron, a través del comercio, los cultos de varios dioses representados como deidades-toro tal como Moloch. Los cartagineses, quienes habían sido aplastados por Roma en el transcurso de las guerras púnicas, habían sido también herederos de esta tradición fenicia, asociada a la presencia de haplogrupos J. El mítico relato griego del Minotauro (bestia con figura humana y cabeza de toro) habla también de los sacrificios humanos de jóvenes dados al minotauro y que el poderoso imperio cretense (la civilización minoica era una cultura pre-helénica que tenía varias características que podrían calificarse de "semíticas" por sus cultos subterráneos) obligaba hacer a Atenas como tributo, hasta la llegada del griego Teseo quien dio muerte al Minotauro y liberó a Atenas de la tiranía.

El Templo de Salomón, también conocido como Templo de Sión o Primer Templo, mostraba influencias sirio-fenicias, mesopotámicas, además de egipcias. Carecía de ídolos, siguiendo la tradición judía de prohibir la representación de la figura humana. El rey Salomón tuvo la ayuda del rey fenicio de Tiro, Hiram, en la construcción de sus estructuras.

La agricultura en la Europa clásica iba asociada inevitablemente a cultos mistéricos nocturnos, lunares y telúricos de procedencia igualmente oriental (como los de Eleusis, los de Orfeo, Mitra, Osiris, etc.), y asociados a divinidades como Cronos, Perséfone, Dionisio, Hera, Deméter (Equivalente a la romana Ceres, diosa de los cereales y la agricultura) o Dea Mater (Diosa Madre), la cara opuesta del Zeus Pater (Dios Padre), en cierto modo extrañas al ethos puramente helénico. Por contraposición, Apolo y Artemisa aparecen como dioses hiperbóreos, solares y celestes, ajenos a los nuevos misterios agrícolas, y relacionados más con el mundo de la caza, del deporte y de la música. El calendario celta, lunar, es un calendario agrícola que terminó predominando tardíamente bajo el contexto de los sincretismos culturales entre Oriente y Occidente.

Algunos pueblos semitas

Notas

  1. Según la propia tradición rabínica, Sinaí viene de sinnah (שִׂנְאָה), que significa "odio", y se denominó así porque en este monte "descendió el odio sobre el mundo", si bien otras interpretaciones rabínicas explican que desde que los judíos recibieron la Torá, Jehová comenzó a amar a los judíos por encima del resto de naciones. También se afirma que, cuando se estudia la Torá, no basta con desterrar las distracciones externas, sino que uno debe también "odiar todo lo que hay fuera de la Torá".

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