Comportamiento homosexual en animales

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El comportamiento homosexual en animales aparece cuando estos están en condiciones de alto nivel de estrés, o bien cuando no conviven con individuos del otro sexo, pero casi nunca en condiciones naturales, e implica un comportamiento alterado.

El comportamiento homosexual en animales es un fenómeno que generalmente se usa como un argumento para justificar la "naturalidad" o la "normalidad" de la homosexualidad. De acuerdo con este argumento, la homosexualidad, no siendo exclusiva del ser humano, se extiende a todo el reino animal, de manera que se denomina al fenómeno como homosexualidad en el reino animal, lo que es falaz.

Argumento de los activistas gay

El razonamiento de los activistas gay se puede formular como sigue:

  1. Los animales siguen sus instintos de acuerdo con su naturaleza.
  2. El comportamiento homosexual se observa en animales.
  3. Por lo tanto, la homosexualidad responde a la naturaleza animal.
  4. El ser humano pertenece al reino animal, por lo tanto, la homosexualidad debe también responder a la naturaleza humana.

Quienes aplican este razonamiento a actividades aparentemente homosexuales entre animales deben aceptar también otras formas de comportamiento animal, tales como el canibalismo, la coprofagia o el "infanticidio". Aplicando este razonamiento al hombre, forzaría a aceptar la conclusión absurda de que el canibalismo, la coprofagia o el infanticidio está de acuerdo con la naturaleza humana.

Cualquiera que se ocupe de la más elemental observación animal es forzado a concluir que la "homosexualidad animal" y, dependiendo de la especie, el infanticidio, la coprofagia y el canibalismo son excepciones al comportamiento animal normal o general. En consecuencia, no se puede hablar de ellos como de instintos universales. Incluso, estas formas observables y excepcionales de comportamiento animal resultan de otros factores que están más allá de los instintos normales.

En algunas especies del reino animal se puede observar un comportamiento homosexual (Se habla a menudo acerca de 1500 especies frente a las millones que existen, por lo que su cantidad es ínfima), no obstante, no se puede hablar de un apareamiento, condición, orientación o instinto propiamente homosexual, pues un animal no tiene nociones de género o de identidad sexual. En otras palabras, no existe homosexualidad en animales.

El comportamiento homosexual en animales puede verse intensificado cuando estos están en condiciones de alto nivel de estrés (como por ejemplo el encierro en un zoológico, que es más traumático para unas especies que para otras), pero casi nunca en condiciones naturales, e implica un comportamiento alterado (conductas translocadas). Además, cuando se afirma que existe homosexualidad en animales se trata de apreciaciones apresuradas y carentes de una base empírica real. Por ejemplo, hay quienes piensan que la atracción que un perro macho siente hacia otro perro macho es en realidad un despliegue de dominancia, y no un despliegue realmente sexual. No hay penetración ni mucho menos eyaculación, y se ha encontrado que es una manera de estabilizar una jerarquía sin necesidad de una pelea. Con las hienas, que muchas veces se ha dicho que son homosexuales, es igual, y la interpretación incorrecta de estos fenómenos es por el intento de explicar cada comportamiento en términos de la conducta humana: esto se conoce como antropomorfismo, y es un error común que los etólogos (los que estudian el comportamiento animal desde un punto de vista biológico) recuerdan evitar. Lo que sí se conoce son animales que en algún punto de su ciclo de vida cambian de sexo, pero esto es diferente a la homosexualidad o incluso al transexualismo.

La cognición sensorial puede alterar el instinto

El comportamiento homosexual en perros puede ser explicado mejor como una autoestimulación o masturbación que como un "apareamiento afectivo homosexual". El hecho de que este perro se estimule con un cojín, no hace de él un "fetichista".

Explicando el problema de este comportamiento, observamos que, en primer lugar, la cognición animal es puramente sensorial, es decir, se limita a sonidos, olores, tacto, gustos e imágenes. Así, ellos no poseen la precisión del proceso intelectual humano. Por lo tanto, no es raro que los animales confundan una sensación con otra o un objeto con otro. Un ejemplo usual de esto sucede cuando un perro doméstico se siente estimulado sexualmente por algún objeto inanimado, tal como la ropa o un almohadón.

Mediante un mecanismo conductista de reforzamiento positivo, la respuesta sexual básica de un animal puede asociarse a otros elementos sensoriales presentes al momento en que ocurre la estimulación sexual, por lo que posteriormente es posible utilizar dichos elementos o estímulos sensoriales, que anteriormente eran neutrales, para provocar una estimulación sexual sin necesidad de recurrir a su fuente original. De hecho, junto a la teoría psicoanalista, esta es una de las etiologías más ampliamente aceptadas de las denominadas parafilias.

Los instintos dirigen el comportamiento de un animal hacia un fin de acuerdo con su naturaleza. Sin embargo, la espontaneidad del impulso instintivo puede sufrir modificaciones en su curso por aprendizajes inadecuados o por imitación. Cuando otras imágenes sensoriales, percepciones o memorias entran en juego como nuevos estímulos, éstos pueden afectar el comportamiento del animal. También, el conflicto de dos o más instintos puede a veces modificar el impulso original.

En el ser humano, cuando dos reacciones instintivas chocan, es el intelecto la facultad que determina el mejor camino a seguir, y la voluntad entonces refrena un instinto mientras estimula el otro. En los animales, dada la poca presencia de intelecto y voluntad, cuando dos impulsos instintivos chocan, prevalece aquel más favorecido por las circunstancias. Esto resulta precisamente en casos observables de "infanticidio" animal, canibalismo y "homosexualidad".

Expresión de la afectividad animal

Las formas de expresar estados afectivos entre los animales, tales como temor, placer, dolor, deseo, etc. son limitadas. Los animales carecen de los variados recursos que el ser humano dispone, como el de adaptar su modo de hablar, mirar y hacer gestos para expresar sentimientos. En consecuencia, los animales a menudo expresan ambiguamente sus estados afectivos. Ellos piden prestadas, por así decir, las manifestaciones del instinto de reproducción para manifestar los instintos de dominio, agresividad, temor, gregarismo, etc.

Un ejemplo típico de este fenómeno puede ser visto en uno de los casos más extremos: en la especie llamada Pan paniscus o chimpancés bonobos, especie cuyo comportamiento se utiliza ampliamente como un supuesto ejemplo de "homosexualidad animal". Estos primates mantienen una serie de comportamientos aparentemente sexuales. Estas actitudes sexuales son su manera de expresar dominio, temor, aceptación y otros estados afectivos. Así, Frans B. M. de Waal, quien durante mucho tiempo observó y filmó el comportamiento de los bonobos, dice:

Hay dos razones para creer que la actividad sexual es la respuesta del bonobo para evitar conflicto. Primero, cualquier cosa, no solamente el alimento, que despierta el interés de más de un bonobo a la vez tiende a resultar en contacto sexual. Si dos bonobos se aproximan a una caja de cartón lanzada dentro de su cerca, ellos rápidamente montarán encima del otro antes de jugar con la caja. Tales situaciones conducen a riñas en la mayoría de las otras especies. Pero los bonobos son enteramente tolerantes, quizá porque ellos usan el sexo para apartar la atención y diluir la tensión.

En esta especie, las relaciones sexuales son usadas como saludo, como medio de reconciliación tras conflictos, como medio de aliviar tensiones y como favores de las hembras a cambio de comida. La actividad sexual tiene lugar tanto dentro de la familia inmediata como fuera de ella, entre individuos de diferente o del mismo sexo y suele implicar tanto a adultos como a cachorros. Los bonobos no forman relaciones estables con parejas individuales. Tampoco discriminan en sus comportamientos sexuales según sexo o edad, con la posible excepción de las relaciones sexuales entre madres y sus hijos adultos; algunos observadores creen que esos emparejamientos son una especie de tabú. Cuando los bonobos encuentran una nueva fuente de comida o lugar de alimentación, la excitación general suele desembocar en una actividad sexual en grupo, presumiblemente descargando la tensión de los participantes y permitiendo una alimentación pacífica. Richard Wrangham y Dale Peterson enfatizan el uso del sexo en general y no sólo homosexual, por parte del bonobo como un mecanismo exclusivo para evitar la violencia.

Segundo, la actividad sexual de los bonobos a menudo ocurre en contextos agresivos sin relación alguna con la comida. Un macho celoso podría expulsar a otro lejos de la hembra, después de lo cual los dos machos se reúnen y realizan un frotamiento de los órganos sexuales. O después de que una hembra golpea a una cría, la madre de esta última puede embestir a la agresora, acción que es inmediatamente seguida por un frotamiento de los genitales entre las dos adultas.

En todo caso, permanece el hecho de que, cualesquiera que sean las apariencias que el comportamiento animal "homosexual" pueda asumir, ellas no provienen de un instinto de atracción "homosexual" o "bisexual" que sea parte de la naturaleza animal. El Dr. Antonio Pardo, profesor de Bioética en la Universidad de Navarra, España, explica:

Hablando en términos precisos, la homosexualidad no existe entre animales... Por razones de supervivencia, el instinto reproductivo entre animales es siempre dirigido hacia un individuo del sexo opuesto. Por tanto, un animal nunca puede ser homosexual como tal. Sin embargo, la interacción de otros instintos (particularmente el dominio) puede resultar en comportamiento que parezca ser homosexual. Tal comportamiento no puede ser considerado equivalente a una homosexualidad animal. Todo esto significa que el comportamiento sexual animal abarca aspectos más allá de la reproducción. Concluyendo, la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.

A pesar de que los activistas gay a menudo intentan justificar la homosexualidad con la existencia de estos comportamientos animales, contradictoriamente también rechazan que la sexualidad humana en general "se reduzca a un fenómeno puramente animal, y por ello, reproductivo", arguyendo entre tanto, conceptos equivocados sobre el amor y los sentimientos, haciendo una confusión evidente entre éstos y la atracción sexual o erótica.

Contaminación ambiental

Estudios demuestran que la contaminación ambiental vinculada a la industria de productos químicos, sintéticos derivados del petróleo y la contaminación de algunos metales pesados vertidos al ambiente, tiene serios efectos en la configuración sexual del feto de los animales y en el comportamiento sexual de los adultos. Entre las sustancias encontradas en estos productos las que mayor efecto tienen son los disruptores endocrinos, también llamados "estafadores químicos", sustancias artificiales que pululan por el ambiente e imitan los efectos de los estrógenos naturales, actuando como potentes mensajeros hormonales y propiciando cambios importantes en personas y animales (especialmente peces y anfibios)[1] e influyen, entre otras cosas, en la diferenciación sexual.[2] Muchas poblaciones animales han sido afectadas ya por estas sustancias. Entre sus graves repercusiones figuran la demasculinización y feminización de peces, aves y mamíferos machos y defeminización y masculinización de peces y aves hembras.

Un equipo de científicos de la Universidad de Florida decidió investigar las causas de las bajas tasas de natalidad entre los ibis blancos, y observó que el mercurio afecta al comportamiento de los ibis blancos machos. Los machos que presentan altas dosis del metal en su cuerpo son más propensos a atraerse hacia otros machos. Aunque los investigadores desconocen aún cuál es el mecanismo exacto que causa este modus operandi. El mercurio actúa como un tipo de impostor biológico que imita hormonas que envían señales químicas. Algunas de estas están implicadas en la reproducción de la especie.

El equipo científico proporcionó a los ejemplares objeto de estudio bolas alimenticias con concentraciones de mercurio equivalentes a las medidas en los langostinos, camarones y cangrejos que formaban parte de su dieta habitual. La contaminación procedente de los desechos arrojados por las explotaciones mineras y las plantas de combustión de carbón perjudica, sobre todo, a las aves que viven en los humedales, según el estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B.[3]

Nosotros sabíamos que el mercurio bajaba los niveles de testosterona de los machos, pero no esperábamos esto. Los machos con altos índices de mercurio realizaban con menor frecuencia y a cierta distancia de las hembras los rituales propios del cortejo, por lo que acaban siendo ignorados por ellas
Peter Frederick, profesor de la Universidad de Florida.

Referencias

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