El último querusco

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El último querusco es una novela de Artur Balder.[1] Fue redactada entre 1998 y 2004 y publicada por primera vez en 2005 por la editorial Inédita Editores en su colección de novela histórica, aunque el autor la revisó en la nueva edición de bolsillo de 2006. Cabe destacar que Artur Balder inició la redacción de las Saga de Teutoburgo antes de haber desarrollado las Crónicas de Widukind, dedicadas al héroe sajón Widukind.[1]

Estructura narrativa de la obra

Las sagas de Artur Balder tratan de manera recurrente la naturaleza del héroe y se centran en rebeldes de la tradición germánica, y además suelen enfrentar posturas antagonistas de la dialéctica histórica. En este caso la obra muestra el conflicto entre el modelo imperialista Augusto y la resistencia de las estructuras bárbaras más primitivas de su entorno geográfico noroccidental, ejemplificadas con la cultura y religión de los pueblos germanos.

La historia se distribuye en tres tomos abarcando la niñez de Arminio, su juventud e ingreso en las legiones romanas, y después la ejecución del plan de batalla de Teutoburgo, que se extiende ocupando casi la totalidad del tercer volúmen, lo que lo convierte en una de las batallas más largas del género de la novela histórica. De este modo la estructura narrativa se sujeta al desarrollo del personaje, aunque intercala episodios, más breves, en los que se centra en las visicitudes de la familia imperial de Augusto, siguiendo primero la gesta de Druso, que se enfrenta con Segimer, líder querusco y padre de Arminio, y después la de Germánico, que se convertirá en el antagonista de Arminio. En medio, la caída de Augusto y el reinado de Tiberio son descritos con detalle.

Trama

La historia se inicia con el nacimiento del hijo menor de Segimer Cabeza-de-Lobo, un líder querusco y jefe del clan de Wulfmunda. El nacimiento de este hijo, llamado Arminio, marcará el inicio de una especie de odisea bárbara que llevará a Seguimer a unirse con otros clanes que buscan saqueo y botín al otro lado del Río Grande, en realidad el Rin. En una de estas temerarias incursiones, logran arrebatar el águila de la legión V Alaudae además de ocasionar numerosos problemas a la columna romana, que se ve obligada a retroceder.

Mientras el joven Arminio se hace más mayor, la amenaza romana crece en el entorno del mundo germano, que vive en todavía en una suerte de Edad de Hierro en la que el culto al acero, a los secretos metalúrgicos y a la tierra y los dioses de la naturaleza dominan completamente la vida de la sociedad germana.

Segimer se enfrentará en varias ocasiones a los líderes romanos, perdiendo un ojo en una de ellas, lo que unido a su sentido del mando lo sitúan en línea con el mito de Odín, aportándole un aura casi legendaria entre los jefes de la región y convirtiéndose en líder absoluto de la más violenta de las facciones germanas: la de los queruscos. De este modo, se enfrentan a la sangrienta invasión de Druso, cuya destreza en el movimiento de las tropas le lleva a la casi total conquista de gran parte de los territorios entre la orilla norte del Rin y el Elba.

Mientras tanto, se destaca una figura de gran peso a lo largo de la narración, el hechicero Cerunno. Éste, que había asistido al nacimiento de Arminio, se ocupa en realidad de la educación de la mayor parte de los jóvenes de la aldea, y posee un enorme peso en las decisiones de los clanes. Además, su odio hacia el invasor extranjero es absoluto, y lo inocula de manera constante en los jóvenes, advirtiéndoles del peligro de sacrificar su vínculo con su tierra cuando los invasores extranjeros traten de arrebatársela para hacerlos esclavos.

Este pulso por la preponderancia sobre la educación de Arminio, que es adiestrado por su padre en el manejo de la espada y del hacha desde joven, domina el final de este primer tomo, cuando el tío de Arminio, Segest, a la muerte de Segimer en una batalla contra las legiones, decide llevárselo a su aldea, que está situada en las orillas del Rin y por lo tanto tiene contacto con los romanos, con los que convive en relativa paz. Arminio, enamorado de Thusnelda, una joven del poblado de su tío, se rebela contra la influencia del hechicero y dejándose llevar por la pasión decide irse de la mano de su tío.

Análisis de la obra

Si hay algo que destaca desde un comienzo es el trato que Artur Balder da a toda la historia, no permitiendo en ningún momento que prime un principio moral sobre ninguno de los mundos retratados casi a partes iguales, el romano y el germano. La balanza se inclina del lado de los germanos tanto en el punto de vista elegido como en el resultado general de las invasiones romanas apadrinadas por Augusto. Sorprende, en general, el punto de vista casi nietzscheano que pesa sobre la concepción general de las novelas, una pretensión a menudo truculenta de situar la narración y la ambientación histórica en un más allá del bien y del mal. La ambición del narrador pretende en todo momento permitir al lector espectador observar sin pudor alguno lo que sucedía en cada situación humana, pretendiendo construir a partir de esas situaciones una especie de superhombre monumental y a la vez primitivo, Arminio, unión de inteligencia y cólera, cuyo germen de odio hacia el mundo romano se convertirá en la clave para un cambio de dimensiones históricas, o, visto de otro modo más latino, de un retroceso con consecuencias en la Edad Media.

Estilísticamente los párrafos de los primeros capítulos, tras el nacimiento del caudillo germano "en el innoble anonimato de la barbarie", pueden llevar a una idea errónea de lo que puede definirse como estilo de continuidad de la saga: una densidad verbal plagada de detalladas imágenes, en la que irrumpen a menudo los fortísimos diálogos de los germanos, o el cuidado verbo dedicado a los próceres latinos durante la celebración de juegos, banquetes u orgías; sin embargo, el estilo debuta en un diálogo entre Augusto y Virgilio, antes de sumergirse en la odisea teutónica de Segimer, un viaje a camino entre los relatos de aventuras prehistóricas y las peripecias de Conan el Bárbaro.

Si hay algo que destacar en el primer tomo es, junto a la veracidad histórica en la descripción del paisaje y de los personajes, la construcción del personaje principal, la cual actúa como prólogo al conjunto de la historia. En cierta escena Arminio, todavía un niño, y su hermano, Segifer, debaten sobre cómo dar muerte a un romano moribundo. Las escenas de esa batalla se concatenan como planos de una gran realismo, huyendo del efectismo o del heroísmo indulgente. Todos, romanos y germanos, sufren un indecible castigo, y lo que las letras dejan oler es casi el sabor mismo de la sangre vertida en un campo de batalla que no hace distinciones entre honor y perfidia, y en el que la victoria y la derrota se intercambian con altos precios difíciles de compensar. Este es el planteamiento de Balder frente a las guerras romanas noveladas: la capacidad para situar al espectador en un drama humano.

El fin del tomo iniciático retoma los mitos obstetricios de la Madre Naturaleza, introduciendo al personaje en un mar de dudas, en profundas cavernas al norte, cacerías perdidas, y de nuevo la sensación de misterio y libertad que parece dominar el mundo panteísta, casi fantástico, de los germanos. En este sentido también resulta destacado el papel de los animales rituales: en numerosas novelas históricas han actuado como símbolos meramente contextuales, mientras que para Balder llegan a ser seres naturales capaces de intervenir psicológicamente en el desarrollo de la trama. Los clanes procedentes del lobo negro Wulfmund parecen destinados a dominar, pero no dejan de sentir en ningún momento un miedo sobrenatural hacia las manadas del hombre-lobo, una especie de figura mítica entre la realidad y la ficción, que pastorea sus bestias por las colinas de los queruscos.

Influencias

Los ideales de Nietzsche parecen muy presentes en la obra, especialmente en personajes como Cerunno, una especie de malversación del filósofo Zaratustra que parafrasea con tono de prosa poética los sermones del Así habló Zaratustra. También se puede apreciar un cierto reflejo de la obra de Richard Wagner, en cuanto muchos de los aspectos de la trama de Arminio recuerdan al guión operistico de Siegfried, y en general la obra juega con la idea del superhombre como líder inevitable o forma social del héroe.

Notas

Enlaces externos

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