Genocidio camboyano

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En Camboya se estableció la crucifixión.
Miles de cráneos en fosas comunes que datan de la época del régimen de Pol Pot, constituyen pruebas físicas del genocidio.

El genocidio camboyano fue ejecutado por el régimen de los Jemeres Rojos, el partido político que gobernó la llamada Kampuchea Democrática de ideología maoísta entre 1975 y 1979. Durante el tiempo del gobierno de los Jemeres Rojos desaparecieron alrededor de la cuarta parte de la población del país,[1] unas dos millones de personas aproximadamente,[2][1] por lo cual se constituyó en 2006 un Tribunal internacional para llevar a cabo el Juicio a los Jemeres Rojos en 2007.

Un genocidio de estas proporciones genera inevitablemente un enorme volumen de evidencia. Los documentos incriminatorios incautados en la Prisión de Seguridad 21 incluyen miles de órdenes de ejecución, confesiones, directrices a seguir durante la tortura, memorandos entre la prisión y los líderes del Jemer, miles de fotografías tomadas al arribo de prisioneros, después de la tortura y después de la muerte. Todo ello organizado en forma de expedientes personales que permiten hacer un seguimiento de lo ocurrido a los prisioneros desde su llegada a la prisión hasta su muerte[3]. Asimismo existen miles de restos humanos con signos de violencia extraídos de fosas comunes.

Imperio del terror

La primera acción emprendida por el nuevo gobierno de la Kampuchea Democrática fue la de evacuar todas las zonas urbanas del país hacia el campo. El hecho es más importante de lo que se piensa a simple vista por las implicaciones que tuvo en la génesis del genocidio camboyano.

Inicialmente se le informó a la población que dicho procedimiento era debido a prevenir cualquier ataque aéreo por parte de los Estados Unidos sobre las ciudades del país y dicha versión es todavía sostenida como defensa de los Jemeres Rojos. Pero los dos millones de personas que fueron forzadas a salir de sus ciudades el 17 de abril de 1975 nunca pudieron regresar a sus hogares y las maneras en las cuales fueron forzadas evidencian otra cosa que prevención. Ante todo los mismos fueron denominados "la gente del 17 de abril" para distinguirla de aquéllos que no se habían unido a las guerrillas de los Jemeres Rojos durante la guerra contra Lon Nol y contra los Estados Unidos. Ello implicaba que dicha "gente del 17 de abril" era considerada enemiga del nuevo Estado, traidores a la patria, representantes de un sistema feudal que debía desaparecer. Según los sobrevivientes, pacientes de hospital fueron obligados a caminar fuera de la ciudad, ancianos y niños abandonados o muertos en las carreteras, fusilamientos sumarios, multitud de personas obligadas a caminar centenares de kilómetros bajo el clima inclemente del trópico bajo la amenaza de los soldados Jemeres, hasta llegar a sitios lejanísimos de sus lugares natales en donde fueron obligados a trabajos forzados. Los Jemeres Rojos se cuidaron de hacer eliminar cualquier relación y vínculos de familia de la sociedad que entendían forjar: los núcleos familiares fueron desmembrados de tal manera que los matrimonios fueron disueltos, por lo cual cónyuges e hijos eran separados radicalmente y enviados cada uno a provincias opuestas de la geografía nacional. En este primer episodio las muertes fueron suficientes para entender de qué manera se pretendía crear una nueva Camboya.

Número de muertos

Se calcula que cerca de dos millones de camboyanos murieron a causa de las torturas, enfermedades, ejecuciones, trabajos forzosos y de hambre en los cuatro años que se mantuvo en el poder el Jemer Rojo, que enterró en fosas comunes a la mayoría de sus víctimas.[2]

Relato de una superviviente

Chim Math, la única superviviente femenina de Toul Sleng, el mayor centro de detención y torturas del régimen del Jemer Rojo en Camboya, ha roto su silencio y ofreció un dramático testimonio que será vital en el juicio contra sus ex líderes. Una de las atrocidades de la que fue testigo y relató fue:

"A través de agujeros en la pared de mi celda veía las torturas y cómo se deshacían de los cuerpos como si fueran basura. Jamás olvidaré el olor de los excrementos de los cerdos mezclado con la sangre humana".[2]

Referencias

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