Hugo Reinaldo Abete

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Hugo Reinaldo Abete
Hugo Reinaldo Abete Villafañe (30 de junio de 1949, Buenos Aires, Argentina) es un militar retirado y escritor argentino.

Biografía

Trayectoria militar

Abete egresó del Colegio Militar de la Nación a fines de 1969. Como oficial subalterno se desempeñó en destinos y cargos de prestigio y obtuvo las aptitudes especiales de comando, paracaidista y montañés. Esta última fue la que más lo atrapó y en la que más se capacitó, alcanzando los títulos de instructor de esquí y andinismo, que le posibilitaron desempeñarse como jefe de cursos en la Escuela Militar de Montaña en San Carlos de Bariloche.

Con el grado de Capitán asistió a la Escuela Superior de Guerra, de donde se graduó como Oficial de Estado Mayor.

Su último destino con mando de tropa y con el grado de Mayor fue como segundo jefe del Regimiento 26 de Infantería de Montaña -unidad asentada en la localidad neuquina de Junín de los Andes-, donde lo sorprendieron los dos primeros pronunciamientos militares del sector nacional del Ejército Argentino. En abril de 1987 se negó a reprimir a los camaradas que estaban acuartelados en la Escuela de Infantería y provocó, con su actitud, que otros jefes de unidades de su brigada adoptaran idéntico proceder.

Posteriormente, en enero de 1988, durante los sucesos de Monte Caseros, fue relevado como segundo jefe de regimiento por, nuevamente, adherir al sector rebelde. De ahí en más, ya destinado en Buenos Aires, fue creciendo su grado de protagonismo en los restantes pronunciamientos militares.

Por la Operación Virgen del Valle, desarrollada en diciembre de 1988, estuvo preso en un cuartel de Campo de Mayo hasta fines de marzo de 1989 y luego en su domicilio hasta el indulto presidencial de fines de octubre del mismo año. Abete estuvo involucrado en la organización de la Operación Virgen de Luján, la cual se inició el 3 de diciembre de 1990 y terminó siendo duramente reprimida. A raíz de ello fue condenado a 18 años de reclusión, cumpliendo efectivamente nueve de ellos.

Cruzada por la preservación del orden social cristiano

Abete fue indultado en mayo de 2003 por el presidente Eduardo Duhalde, aunque ya gozaba de libertad condicional desde el año 2000. Para celebrar el fin de la injusticia, retomó la práctica del montañismo, llegando junto a sus dos hijos varones a hacer cumbre en el volcán Lanín (3776 metros) en enero de 2005.

A su vez, ya expulsado de la carrera militar, pasó a desempeñarse en la dirección del Laboratorio Dallas, el cual fuese fundado por su padre, Reinaldo Demetrio Abete, en 1955.

Mientras estuvo en cautiverio, Abete cambió la espada por la pluma y se dedicó a escribir una gran cantidad de textos para advertir sobre el avance de la Revolución Mundial Anticristiana, la cual busca demoler el orden social cristiano. Su obra gira en torno a dos ejes: el crecimiento de la subversión en la Argentina y cómo ello apunta a descristianizar al pueblo, y las estrategias empleadas por las fuerzas sinárquicas para dejar sin ningún tipo de armas a la nación. Además el autor ha reflexionado sobre el proceso de desmalvinización al que fue sometido el país, llegando a la conclusión de que, de no haberse desplegado, la Argentina no habría podido ser desmoralizada como lo fue, y por lo tanto no habría entrado en la fase de decadencia y desintegración en la que entró después.

Actualmente colabora con el proyecto ¡Seineldín Vive!, tendiente a mantener vivo el legado de Mohamed Alí Seineldín.

Artículo de opinión

¡Balza!... En la vida todo vuelve..., por Hugo Reinaldo Abete

Balza es de los que no se pueden ir de este mundo sin aclarar primero cómo encubrió el caso Carrasco sobornando a jueces y fiscales.

El fallecimiento del Sr. General Videla, dio a lugar a un sinnúmero de declaraciones muy poco prudentes que cualquier religión calificaría de inmisericordes. En tiempos arreligiosos como los que estamos transitando donde la única religión aceptada por el hombre es la del hombre mismo, no debería llamarnos la atención este tipo de conductas, pero para quienes todavía seguimos creyendo en los valores espirituales que le dan sentido a la vida humana, tanto odio exacerbado no deja de sorprendernos.

Entre las declaraciones oportunistas y faltas de toda caridad Cristiana, señalo las expresadas por el hipócrita Martín Balza que fueran reproducidas por Clarín en su edición del día 18 de mayo de 2013. Por una cuestión de respeto omito repetir aquellas que faltan a la caridad y le respondo al ruin general simplemente con el título de esta carta: “¡Balza! En la vida todo vuelve!”…

Respecto al otro tipo de declaraciones, las oportunistas, dice el canallesco general sobre Videla y los desaparecidos: “… se fue sin dar respuestas a quienes lo merecían…” “otros también se irán sin dar respuesta alguna y eso es lo más lamentable”.

Balza no tiene autoridad moral para decir eso, primero porque no lo siente y así ha quedado demostrado para la historia argentina, cuando siendo Jefe del Ejército le envió una esquela escrita de puño y letra al general Videla felicitándolo por lo que había hecho en la guerra contra la subversión. En segundo lugar tampoco tiene moral porque él mismo es de los que no se pueden ir de este mundo sin aclarar primero cómo encubrió el caso Carrasco sobornando a jueces y fiscales, no se puede ir de este mundo sin aclarar el encubrimiento que él condujo en los escandalosos casos sobre venta de armas y no puede irse de este mundo sin explicar su enriquecimiento ilícito a lo largo de tantos años al frente del Ejército.

Lamentablemente las sociedades creen lo que quieren creer influenciadas por el poder de los medios. Y en ese sentido hay una tendencia a creer que Balza es un “prócer” militar que democratizó a las FFAA., cuando lo cierto es que las destruyó desnaturalizándolas. Balza ha constituido un punto de inflexión en la historia del Ejército Argentino ya que no existe ejemplo en el mundo donde un Comandante haya sido tan despreciado y denostado por sus pares.

Fuera de toda connotación extra, el general Videla supo cumplir su prisión honorablemente a pesar de todos sus achaques de salud producto de sus avanzados años. Ello le valió el respeto de sus camaradas, incluso de aquellos que fueron los más críticos a la hora de juzgar su conducción política y militar en la guerra contra la subversión. Dudo que Balza pudiese convivir un solo día en prisión con algún camarada.

¡Por Dios y por la Patria!

Atrapados por la democracia, por Hugo Reinaldo Abete

En muchos de mis escritos me he encargado de señalar que la democracia no es más que una forma de gobierno, que no puede ni debe ser considerada como un estilo de vida y que endiosarla es un error muy grave.

También he señalado que cuando esa forma de gobierno se aparta del bien común o, como lo sostiene la Iglesia Católica, no respeta a Dios y no tiene una base moral cristiana, degenera en formas encubiertas de totalitarismo o autoritarismo de Estado.

En la Argentina moderna, ocurre además que, la democracia ha sido tomada como el pretexto excluyente ante los “demonios” que significaron los militares y los golpes de Estado. Esa propaganda tendenciosa y dialéctica de “Democracia o Dictadura” instalada en tiempos de Alfonsín, ha calado muy hondo en la sociedad argentina y gran parte de ella justifica entonces hasta la aberración más grande y el abuso más flagrante si viene de la mano de la democracia.

Y ocurre entonces que corrientes políticas contrarias al sistema republicano, valiéndose de él acceden al poder para instaurar una revolución socialista de sesgo totalmente autoritario. Eso es lo que hoy ocurre en la Argentina en donde los ciudadanos estamos atrapados en un sistema y totalmente indefensos.

En tiempos en que los militares eran todavía un factor de poder en el país e intervenían en el desarrollo político del mismo interrumpiéndolo, de tanto en tanto, ya sea por decisión propia o por presión de la oposición y de parte de la sociedad civil mediante un golpe de estado, las cosas eran diferentes y -entiéndase bien-, las democracias no alcanzaban a degenerarse, por lo menos en el nivel como hoy ocurre. Las Fuerzas Armadas actuaban como "tribunal de alzada" de la sociedad y, por lo general, tomaban el poder con la idea de restablecer el orden para salvar el estado democrático, en una acto de gatopardismo en estado puro, "cambios para que nada cambie". Obviamente que los que caían en autoritarismo eran los militares, pero, evidentemente, era lo que se podía esperar de ellos.

Para mal o para bien ése era el contexto que se vivía por entonces en esa Argentina que alternaba en el poder a civiles y militares. Hoy ya no están los militares y no hay límites ante los excesos de gobiernos democráticos que degeneran en autoritarios. ¿Qué gobierno desde 1983 a la fecha no ha intentado coartar de alguna manera a los otros poderes del estado? ¿Qué gobierno no buscó jueces de la Corte Suprema adictos? ¿Qué gobierno no utilizó procederes corruptos para comprar voluntades de diputados o senadores para aprobar tal o cual ley?... Sin dudas no hay ninguno libre de culpa, pero tampoco hay dudas que, de todos, los gobiernos de los Kirchner superan ampliamente al resto en cuanto a autoritarismo se refiere.

Insisto, no hay límites que detengan a una democracia desnaturalizada que para avanzar en sus fines de perpetuarse en el poder, se vale de los mismos mecanismos de defensa que ella misma genera para preservarse. Y así se llega a que un vicepresidente de la Nación esté procesado por delitos de corrupción y siga en funciones y presida el senado ante la vergüenza ajena de todo un país, así se llega a que tengamos un juez de la Corte Suprema que vive en concubinato con otro hombre y alquile departamentos que son utilizados por la prostitución, así se llega a que Hebe de Bonafini y un parricida, presidiendo una organización gubernamental destinada a los planes de vivienda más importantes del país, cometan un desfalco descomunal y que, precisamente por la protección que le da el sistema del que estamos hablando, la justicia no haga nada.

Pero lo más grave de todo y que marca claramente el grado de autoritarismo de quienes hoy están en el poder es lo que sucede con la arbitrariedad y prevaricato que se ha cometido y se sigue cometiendo con los militares juzgados y condenados por su participación en la guerra contra la subversión –con la complicidad de todos los jueces de la Nación que aceptan tal situación–, mientras que los subversivos terroristas que colocaron bombas y asesinaron a mansalva a compatriotas, están libres de culpa y cargo, nadie los cuestiona y muchos de ellos ocupando cargos de relevancia en el gobierno. A no dudar que los tribunales que han sentenciado a cientos de militares presos en forma ilegal e inconstitucional, deben ser calificados como tribunales revolucionarios.

De ahí que digo: “La guerra contra la subversión no ha terminado en la Argentina, estamos en la fase de la guerra en la cual la subversión alcanzó el poder utilizando el sistema democrático, y encarceló a quienes los combatieron durante la lucha armada”. Y es por eso que los militares no deben ser considerados presos políticos sino prisioneros de guerra.

Como quienes están en el poder tienen la mayoría en ambas cámaras y han comprado a los jueces, ocurre que los ciudadanos comunes terminamos atrapados de una democracia que no persigue los fines de su Deber Ser sino los que surgen de la conveniencia de quienes están en el gobierno para perpetuarse en él sin importar para nada el Bien Común.

Y a cuántos compatriotas hoy escuchamos decir: “no podemos hacer nada, hay que esperar el cambio de gobierno y que estos se vayan”…

La Revolución Socialista y Anticristiana está logrando que muchos argentinos se hayan acostumbrado a vivir en contra de lo que establece la cultura cristiano católica que hemos heredado de nuestros padres y que hace a la esencia de nuestro estilo de vida.

En efecto, eso es lo que ocurre, y quienes nos oponemos a tan macabro proyecto, nos preguntamos ¿qué armas tienen los ciudadanos para expresar su disidencia y lograr se modifique tal o cual política que tanto los perjudica? Seguramente que quienes creen en este sistema, dirán que el juicio político, las marchas multitudinarias y la libertad de prensa constituyen armas eficaces para llamar la atención del gobierno y modificar un rumbo.

Pero claro, para que tal cosa ocurra tendríamos que estar en presencia de una democracia sana a la que le interesa la opinión de la oposición y la participación ciudadana. Y como a la democracia de los Kirchner eso no les importa, ocurre que no hay posibilidad de juicio político, ya que ellos dominan la comisión que los aprueba o rechaza, y las movilizaciones son ignoradas (ocurrió con el campo, los cacerolazos, la justicia, el Caso Nisman, etc.).

El gobierno ensoberbecido en el poder que les da su mayoría, desconoce olímpicamente las protestas –como si no hubiesen existido- y sigue sin inconvenientes su proceso revolucionario. Y respecto a la libertad de prensa sólo digamos que quien se atreve a opinar en contra del gobierno, es considerado un desestabilizador o simplemente un golpista.

Por consiguiente, los ciudadanos Argentinos estamos atrapados en el sistema, presos de la democracia y no podemos hacer nada para revertir el proceso antinatural que busca la revolución socialista. “Sólo esperar a que termine el mandato constitucional y ahí apostar por el voto al cambio de gobernantes”, dicen los defensores a ultranza del sistema.

Pero no debemos olvidar que, el poder autoritario que como dijimos se vale de la democracia y maneja todo a su antojo, puede cometer fraude y volver a ganar, o también podría ocurrir que por los mismos artilugios espurios que el sistema ofrece, ceda el poder a un supuesto ganador que, condicionado por el poder real continúe con los objetivos de la revolución socialista y entonces nada cambie... Como suele decirse: “es de manual” que la revolución no esté dispuesta a entregar el poder.

Por eso es que digo:“Atrapados por la democracia”.

¡Por Dios y por la Patria!

Bibliografía

  • La patria indefensa (junto con H. Romero Mundani y P. Mercado). Buenos Aires: Los Nacionales, 1994.
  • Por qué rebelde: la verdad sobre el 3 de diciembre de 1990. Buenos Aires: Huemul, 1996.
  • ¡El Buen Combate! La Guerra de Malvinas según el método de estudio de la historia militar. Buenos Aires: Los Nacionales, 1998.
  • Testimonios. Artículos, alegatos, cartas y alocuciones sobre la lucha "carapintada" (1988-1998). Buenos Aires: Huemul, 1998.
  • Testimonios II. Artículos, alegatos, cartas y alocuciones sobre la lucha "carapintada" (1998-2007). Buenos Aires: Huemul, 2007.
  • ¡No nos creyeron! (compilador). Buenos Aires: Autoedición, 2015.
  • Testimonios III. Artículos, alegatos, cartas y alocuciones sobre la lucha "carapintada" (2007-2017). Buenos Aires: Autoedición, 2018.

Artículos relacionados

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