Desmalvinización

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La desmalvinización es un fenómeno sociocultural argentino impulsado desde 1982 por las autoridades nacionales, con el propósito de extirpar de la mentalidad colectiva a la idea de que la unidad nacional es factible. Semejante situación sólo favorece a las potencias extranjeras (ya que la desunión facilita la dominación de la población local), motivo por el cual la desmalvinización es combatida férreamente por el nacionalismo argentino.

El fenómeno ha evolucionado de acuerdo a las diversas estrategias discursivas adoptadas por el poder, por lo que pasó de ser una mera cuestión de silenciamiento a los protagonistas de la Guerra de las Malvinas a una abierta campaña de propaganda antimilitarista. Debido a ello se instaló en el imaginario popular la idea de que la incursión bélica argentina de 1982 en el Atlántico Sur contra el Reino Unido fue una acción totalmente arbitraria, producida por el gobierno de la época sólo para ganar apoyo popular y perpetuarse en el poder, y ejecutada por adolescentes inexpertos bajo las órdenes de militares sádicos e incompetentes. De ese modo, así como la partidocracia demonizó al Proceso de Reorganización Nacional, así también la misma casta tergiversó, deslegitimó y opacó a la gesta heroica para la recuperación de las Malvinas.

Origen

Tras el Operativo Rosario del 2 de abril de 1982 se produjo en la Argentina algo que hasta ese momento nunca había ocurrido: la unificación de la población bajo una causa común. Es decir, más allá de algunas pocas excepciones, la gran mayoría de los argentinos aprobaron la idea de utilizar la fuerza bélica para acabar con 149 años de usurpación territorial británica, por lo que gente de diversas ideologías convergió ante el mismo objetivo (la Operación Algeciras, por ejemplo, unió a oficiales de la Armada Argentina con miembros de Montoneros). Por ello Mohamed Alí Seineldín diría: "A Malvinas la envió Dios a través de la Providencia".

Esta situación excepcional de la historia argentina llevó al país a enfrentarse a su mayor enemigo desde épocas coloniales: el Imperio Británico. Ello, además, implicaba confrontar contra las otras potencias del Bloque Occidental, algo que resultaba sumamente incómodo en el contexto de Guerra Fría que dominaba al sistema mundial de la época. Por ese motivo, dado que la masificación de la causa malvinera representaba un peligro para las fuerzas imperiales que se disputan el control de la Argentina, resultaba necesario anular aquello que había logrado la unificación nacional, o de lo contrario el país podría emerger ante el escenario internacional como un bastión de tercera posición equidistante de la influencia del capitalismo y del comunismo.

Características

Las principales imposturas de la desmalvinización son:​

  • Banalización de la gesta heroica: la Guerra de las Malvinas es presentada como un intento descabellado de la Junta Militar para permanecer en el poder, empujando al país hacia un conflicto bélico que era imposible ganar. A raíz de ello todo el evento estaría desligado de la Cuestión de las Islas Malvinas, por lo que no sería más que una caprichosa aventura encabezada por un oportunista y ambicioso Leopoldo Galtieri. Según esta narrativa, todo argentino que apoyó a la guerra como vía para recuperar al territorio usurpado por los británicos sería o bien una víctima del engaño o bien un cómplice de la dictadura militar.
  • Victimización y demonización de los veteranos de guerra: se renuncia a considerar que todo aquel que combatió en la guerra hizo un sacrificio heroico por su patria, y, en su lugar, se promueve la idea de que los soldados fueron simples «chicos de la guerra», a los que se los arrancó de sus hogares para someterlos a las órdenes de perversos «locos de la guerra», que serían los oficiales y suboficiales que estaban entrenados sólo para torturar guerrilleros y no para enfrentarse a un ejército regular. De esa manera los soldados caídos en combate pasaron a ser considerados víctimas similares a los desaparecidos por el Proceso de Reorganización Nacional, y se acuñó el término de «ex-combatiente» en lugar del tradicional «veterano de guerra» con el fin de evitar darles a los soldados un título digno para referirse socialmente a ellos.
  • Ocultamiento de la acción heroica argentina: se busca que todo relato sobre los episodios épicos que protagonizaron los militares argentinos sean desestimados como mera propaganda de guerra, por lo que acciones como la defensa solitaria del Monte Dos Hermanas que hizo el soldado Oscar Poltronieri o el hundimiento del destructor HMS Sheffield a manos de aviones argentinos no tienen ninguna difusión oficial.
  • Invisibilización de los crímenes de guerra británicos: dado que el énfasis se puso en relatar cómo algunos soldados fueron castigados por insubordinación o cómo eran las duras condiciones climáticas a las que los soldados debían someterse, habitualmente se minimiza un hecho indignante como el hundimiento ilegal del crucero ARA General Belgrano.
  • Tergiversación y mixtificación sobre los acontecimientos sucedidos en 1982: se desdeña todo esfuerzo por demostrar que la Guerra de las Malvinas fue una guerra justa, ridiculizando todo trabajo que, para explicar las causas del conflicto, explora más allá de la versión oficial de que el enfrentamiento bélico fue una alocada iniciativa militar para demorar el traspaso del mando del país a los políticos. En su lugar se hace hincapié en difundir anécdotas inverosímiles (como que a los soldados se los privaba deliberadamente de abrigo y alimento, o que los periodistas les vendían cigarrillos y revistas pornográficas en las barracas) o en magnificar y generalizar algunos episodios aislados (como que algún soldado se orinó encima tras sobrevivir a un bombardeo). Por ende en las escuelas se desperdicia la oportunidad de enseñarle la verdad de los sucesos a la ciudadanía.

Evolución del fenómeno

Al concluir la Guerra de las Malvinas, el gobierno desmovilizó a las tropas rápidamente y sin concederles ningún tipo de reconocimiento o agradecimiento por sus servicios prestados. Además los obligó a comprometerse a no dar públicamente su testimonio sobre su experiencia, salvo con el expreso permiso de las autoridades. Toda la responsabilidad por la fallida guerra recayó sobre los mandos superiores de las FFAA, quienes asumieron ante la comunidad internacional el error de haber combatido y buscaron realinearse con las fuerzas de la OTAN.

Los medios masivos de comunicación adoptaron una actitud ocultadora de los hechos, por lo que muchos periodistas, intelectuales, artistas y académicos independientes aprovecharon el malestar por la derrota para demonizar a los militares en el gobierno y ridiculizar a los que habían actuado en los campos de batalla. De ese modo se puso en marcha el proceso de desmalvinización, el cual logró en poco tiempo que el veterano de guerra fuese percibido de manera distorsionada: era felicitado si se presentaba como una víctima de sus superiores y como un cobarde en su puesto de combate, y era marginado si intentaba vindicar su participación en la guerra.

Con la instauración del régimen partidocrático a fines de 1983 se instauró también un culto a la doctrina de los derechos humanos, el cual alentó la idea de que todo lo militar debía ser identificado como algo antiargentino.

En contra de los relatos hegemónicos, los protagonistas de la guerra y sus familiares, apoyados por el movimiento nacionalista, comenzaron una contra-campaña para combatir la desmalvinización (grupúsculos trotskistas se infiltraron en el movimiento malvinero usando la excusa de la lucha antiimperialista para ganar adeptos a su causa, pero terminaron abandonando ese plan ante la falta de adhesiones). La Fundación Operativo Rosario, el Centro de Voluntarios por la Patria, la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur y otras organizaciones promovieron homenajes a los caídos y manifestaciones contra los británicos -incluso llegó a surgir un Comando 2 de Abril que realizó algunas acciones contundentes de repudio a los usurpadores. A su vez emergieron algunas figuras como la de Delicia Rearte de Giachino -madre de Pedro Giachino-, que, al igual que Hebe Solari de Berdina -madre de Rodolfo Hernán Berdina-, encarnó el arquetipo de la mujer que había ofrendado a sus hijos ante el altar de la patria (pero la prensa prefirió darle cobertura a Hebe de Bonafini y a Estela de Carlotto, pues éstas contaban con mayor apoyo internacional y su perfil de víctimas era más políticamente correcto). Gracias a toda esa acción ciudadana, los centros de veteranos de guerra se fueron multiplicando en todo el país, pero el gobierno tardó más de una década en reconocerlos oficialmente.

En 1984 el feriado nacional por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas conmemorado el 2 de abril fue trasladado por un decreto de Raúl Alfonsín al 10 de junio -bautizado como Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas-​, retornando recién en el año 2000 al día 2 de abril.

La firma de los Acuerdos de Madrid de 1990 entre la Argentina y el Reino Unido representó la claudicación oficial de la nación sudamericana en sus pretensiones sobre las Islas Malvinas, así como también la desmantelación del sistema de defensa del país, lo que cerró la vía bélica para resolver la Cuestión de las Islas Malvinas.

La llegada del kirchnerismo al poder con el cambio de siglo no modificó el proceso de desmalvinización en la Argentina, puesto que, si bien revivieron la causa malvinera de una manera cuasi chauvinista, todo lo que concretamente hicieron para recuperar el territorio usurpado fue irrisorio. En efecto, el kirchnerismo sólo agitó el asunto para convencer a sus partidarios y seguidores de que no son una fuerza antinacionalista que actúa como vehículo de los lobbies internacionalistas como el feminismo, el elegebetismo y otros similares (tan falaz es el malvinismo kirchnerista que crearon una Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur en el Ministerio de Relaciones Exteriores y pusieron al frente de la misma a un sionista sin ningún tipo de experiencia diplomática ni conexión con esos territorios como Daniel Filmus). Bajo el gobierno de Cristina Kirchner se publicó el Informe Rattenbach, un documento clasificado producido después de la guerra de 1982 en el que se analizan detalladamente los motivos de la derrota, pero usando sólo la información disponible en ese momento -uno de los autores de ese informe, el Comodoro Rubén Oscar Moro, continuó investigando sobre el conflicto del Atlántico Sur durante las décadas posteriores, llegando a la conclusión de que la causa de la guerra fue una agresión británica previa que fue contestada por la Argentina, pero el kirchnerismo ignoró categóricamente al investigador, manteniendo intacto los tópicos de la narrativa oficial sobre el asunto: los soldados víctimas, los oficiales energúmenos e incapaces, y la aventura demencial por parte de los generales.

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