Mitología eslava

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Kolovrat, rueda solar, variante de la esvástica, abundante en la tradición pagana eslava, y que simboliza el Sol y el fuego. Se trata de una "esvástica doble" o de ocho radios, y está estrechamente emparentada con el símbolo del Sol Negro.

La mitología eslava comprende el sistema de creencias cosmológicas y religiosas de los antiguos pueblos eslavos precristianos. Se piensa que pudo desarrollarse a lo largo de 3000 años y que algunas creencias provienen del Neolítico o incluso del Mesolítico. Esta religión forma parte de la familia de religiones indoeuropeas, con las cuales comparte numerosos rasgos.

Fuentes

Al contrario de lo que ocurre con la mitología griega o la mitología egipcia, no se han conservado fuentes de primera mano que permitan el estudio de la mitología eslava. A pesar de algunos testimonios controvertidos (como el Libro de Veles), no está probado que los eslavos poseyeran sistema alguno de escritura antes de que adoptaran el cristianismo. Las creencias religiosas y las tradiciones eslavas se fueron transmitiendo de manera oral durante generaciones, y fueron relativamente olvidadas tras la irrupción del cristianismo. Sin embargo, se conservan datos sobre ellas en diversos escritos de los primeros misioneros cristianos que llegaron al territorio eslavo, aunque el interés que estos mostraron por dichas creencias no fue muy grande ni muy objetivo. Se conservan algunos restos arqueológicos (ídolos, tumbas, etc.), pero no amplían demasiado las informaciones ya existentes. En las canciones folclóricas y las leyendas populares de los pueblos eslavos sobreviven viejas creencias que remontan a la antigua mitología. Esta fragmentación de las fuentes hace que la tarea de establecer las creencias mitológicas de los antiguos pueblos eslavos sea difícil y compleja, dando como resultado numerosas malas interpretaciones y confusiones.

Cosmología

En ocasiones se pueden encontrar estas gromoviti znaci o ‘marcas del trueno’ sobre los tejados de las casas, para protegerlas de los rayos. Símbolos idénticos han sido descubiertos en la cerámica protoeslava del siglo IV (cultura de Cherniajov). Se piensa que fueran símbolos del dios supremo del trueno, Perun.

El concepto cosmológico del Árbol del Universo o de la Vida (мировое дрeво), bastante típico entre los pueblos indoeuropeos, está presente también en la mitología eslava, en forma de roble, pino, abedul o ciprés, árboles sagrados. El símbolo mitológico del Árbol es muy fuerte y ha sobrevivido a lo largo de los siglos en el folclore eslavo tras la llegada del cristianismo. Según algunas leyendas, el árbol crece en el centro del universo, sobre la roca mágica Alátyr situada en la isla Buyan, que flota en la mar y que tiene a sus pies toda clase de animales ctónicos. Hay tres niveles del Universo localizados en el árbol: su copa representa el cielo, el reino de los dioses y cuerpos celestes, mientras que su tronco simbolizaba el reino de los mortales. Estos dos niveles a menudo se combinaban en oposición a las raíces, que representaban el submundo, el reino de los muertos. En contraposición a las creencias populares, parece ser que el mundo de los muertos para los eslavos en realidad era un lugar hermoso, lleno de llanuras de verde y tierna hierba, donde imperaba la eterna primavera. A veces se le conocía como Virei o Iri.

El modelo de estos tres reinos en el Eje del Mundo inscrito en el Árbol tiene su correspondencia con una organización horizontal del mundo: el de los dioses y los mortales está situado en el centro de la tierra (si tenemos en cuenta que es plana, por supuesto), rodeado por un mar por el que se llegaría a la tierra de los muertos, a donde los pájaros migrarían cada invierno para regresar en primavera. En muchas referencias folclóricas, los conceptos de «marcharse atravesando el mar» y su contrario, «regresar atravesando el mar», son equiparados a morir y regresar a la vida, lo que recuerda al antiguo concepto mitológico de llegar a la vida después de la muerte cruzando una superficie de agua. Además, el mundo también está separado en el eje horizontal por los cuatro puntos cardinales, que representan las cuatro direcciones del viento (norte, sur, este y oeste). Estas dos divisiones en tres reinos para el eje vertical y cuatro puntos para el cardinal tuvieron mucha importancia en la mitología, como se puede ver en las estatuas que representan a los dioses, particularmente las de Triglav de tres cabezas y Svantevit, de cuatro.

El sol se entendía como una deidad femenina y la luna, masculina. Esta dicotomía es a primera vista contraria al concepto más extendido de las mitologías indoeuropeas, en las que el sol estaba normalmente asociado a deidades masculinas y la luna, a las femeninas, aunque es idéntico a la visión de la mitología germana y la mitología báltica, estrechamente relacionada con la eslava.

Panteón

Perún
Rod, a menudo considerado como el Dios Supremo, creador de toda la vida y la existencia.

Una enorme cantidad de divinidades forman parte del panteón eslavo. Al parecer, cada una de las tribus eslavas (extendidas por una enorme zona geográfica que abarcaba desde el mar Báltico hasta el mar Negro) adoraba a sus propios dioses. La antigua religión eslava parece haber estado basada en el culto a la naturaleza, dependiendo de cada tribu las divinidades y las creencias concretas. Sin embargo, como ocurre con las distintas lenguas eslavas, que originariamente configuraban una sola lengua (el protoeslavo),sería posible dibujar un "Olimpo" protoeslavo y, mediante un estudio cuidadoso del folclore, podríamos reconstruir algunos elementos del panteón original, al que las diferentes tribus eslavas adoraban.

Ivanov y Toporov reconstruyeron el antiguo mito de Perun y Veles/Volos. Ambos constituyen una oposición clara en casi todas las fuentes: Perun es el dios celestial del trueno y el rayo, fiero y seco, que gobierna el mundo de los vivos desde su ciudadela en las alturas, situada en la rama más alta del Árbol del Universo. Veles por el contrario es un dios ctónico, asociado con las aguas, terrenal y húmedo, señor del submundo, que gobierna el reino de los muertos desde abajo, en las raíces del Árbol del Universo. Perun le da lluvia a los granjeros, es el dios de la guerra y las armas y es invocado por todos los que luchan. Veles es el dios del ganado, protector de los pastores, asociado a la magia y al comercio. Perun da el orden, Veles causa el caos.

La batalla cósmica entre los dos recuerda al antiguo mito indoeuropeo de la lucha entre el dios de las tormentas y el dragón. Atacando con sus rayos desde el cielo, Perun perseguía a la serpiente Veles, que se deslizaba hacia las profundidades de la tierra. Veles insultó a Perun y huyó transformándose en varios animales, escondiéndose tras árboles, casas o personas. Al final, Perun da con él o escapa al agua con dirección al sub mundo; básicamente es lo mismo: al matar a Veles, Perun no lo destruye realmente, sino que lo devuelve a su lugar de origen, al mundo de los muertos. Así, el orden del mundo, cambiado por la travesura de Veles, es establecido de nuevo por Perun. La idea de que las tormentas y los truenos son una batalla divina entre el dios supremo y su acérrimo enemigo fue crucial para los eslavos, incluso después de que Perun y Veles fueran reemplazados por Dios y el Diablo. El rayo que golpea un árbol o que quema la casa de un campesino se explicaba siempre como un dios del cielo furioso atacando a su enemigo terrenal, ctónico.

La excusa que explicaba la enemistad de ambos dioses era el robo del ganado de Perun por parte de Veles o viceversa (aunque si Veles era el dios protector del ganado, no queda claro el asunto de la propiedad del mismo según este mito). El motivo mismo de robar ganado divino es muy común en la mitología indoeuropea: el ganado, de hecho, puede entenderse como una simple metáfora de las aguas celestiales o la lluvia. Así, Veles roba el agua de lluvia de Perun o viceversa, lo que de nuevo lleva a la confusa asociación de Veles con las aguas y de Perun con el cielo y las nubes, ya que no se sabe bien a quién pertenecería la lluvia. Otra razón que explicaría esta enemistad puede ser el robo de las esposas. Parece quedar claro, según referencias folclóricas, que se consideraba al Sol como la esposa de Perun. Sin embargo, dado que el Sol en la visión mítica del mundo muere cada noche y desciende más allá del horizonte hacia el sub mundo, donde pasa la noche, los eslavos entendían este fenómeno como el robo de la esposa de Perun por parte de Veles, aunque de nuevo podría entenderse el renacimiento del Sol por la mañana como el robo de la esposa de Veles por parte de Perun.

Yarilo y Morana

Los investigadores Katicic y Belaj continuaron el trabajo comenzado por Ivanov y Toporov reconstruyendo el mito del dios de la fertilidad y la vegetación, Yarilo, y su hermana y esposa, Morana (Marena, Morena, Marana, todos los nombres provenientes de la misma raíz mor, ‘muerte’), la diosa de la naturaleza y la muerte. Yarilo está asociado a la luna y Morana es vista como la hija del sol. Ambos son hijos de Perun, nacidos la noche de Año Nuevo (La Gran Noche). Sin embargo, esa misma noche, Yarilo es raptado de su cuna y llevado al sub mundo, donde Veles lo educa como si fuera suyo. En la festividad de primavera de Yare/Yurievo/Yarilki, llena de simbología sexual y erótica, Yarilo regresa del mundo de los muertos («atravesando el mar») para traer al mundo de los vivos la primavera desde el sub mundo eternamente verde. Se le representaba como un joven y fogoso varón montado sobre un caballo blanco con una corona de flores en la cabeza, portando en la mano derecha un haz de trigo y en la izquierda una imitación de cabeza humana, símbolo de la muerte. El jinete recorría los campos de mies para favorecer una buena cosecha. Encuentra a su hermana Morana y la corteja, celebrándose a principios de verano su divino enlace con la fiesta conocido como Ivanie/Ivan Kupala. Esta unión sagrada entre hermanos, hijos del dios supremo, trae la fertilidad y la abundancia a la tierra, asegurando una gran cosecha. Asimismo, dado que Yarilo es hijo (hijastro, más bien) de Veles y que su esposa es hija de Perun, su matrimonio trae la paz entre los dos grandes dioses. En otras palabras, así se aseguraban de que no hubiera tormenta que pudieran dañar la cosecha.

Sin embargo, tras la cosecha, Yarilo le es infiel a su esposa y ella en venganza lo mata (lo devuelve al submundo), renovando la enemistad entre Perun y Veles. Sin su marido, dios de la fertilidad y las plantas, Morana y toda la naturaleza junto con ella se marchita y se hiela ante el invierno que se avecina, convirtiéndose en la terrible, vieja y peligrosa diosa de la oscuridad y del frío, muriendo finalmente al finalizar el año. El mito se repetía por entero cada año y los cantos de sus partes principales acompañaban las fiestas más importantes del calendario eslavo. Este cuento muestra también numerosos paralelismos con las mitologías báltica e hitita.

Svarog, Svarozhich (Svarogich), Dazhbog

El nombre de Svarog solamente se ha encontrado en los manuscritos relacionados con los eslavos orientales, donde normalmente se le equipara al dios herrero de los griegos, Hefesto. Sin embargo, este nombre es muy antiguo e indica que fue una deidad del panteón protoeslavo. La raíz svar significa ‘brillante, claro’, mientras que el sufijo rog denota lugar. Si se le compara con el sánscrito Swar, podemos ver que Svarog simplemente significaba ‘cielo claro’. Es posible que originalmente fuera el dios del cielo del panteón, quizá la versión eslava del protoindoeuropeo Dieus Piter. Svarog también puede significar un lugar brillante y fiero: una forja. Esto, junto con la identificación con el Hefesto de las fuentes históricas, nos indica que los eslavos también tuvieron un dios del fuego y de la herrería. Según la interpretación de Ivanov y Toporov, Svarog tenía dos hijos: Svarozhich, que representaba el fuego en la tierra, y Dazhbog, que representaba el fuego del cielo y estaba asociado al Sol. Se creía que Svarog había forjado al Sol y que se lo había dado a su hijo Dazhbog para que lo llevara a lo largo y ancho del cielo.

En los manuscritos rusos, es equiparado al Sol y según el folclore se le recuerda como la deidad bondadosa de la luz y el cielo. Sin embargo, el folclore serbio lo representa como un dios mucho más oscuro en la forma de Dabog, quien custodiaba las puertas del sub mundo, tenía un aspecto horrible, cojeaba y estaba asociado con la minería y los metales preciosos. Veselin Čajanković señala que estos dos últimos aspectos cuadran perfectamente con el simbolismo que rodea a la deidad solar eslava: una parte benévola representa a Dazhbog durante el día, cuando lleva al Sol a lo largo del cielo; la parte malévola y fea, Dabog, lleva al sol al sub mundo durante la noche. Este patrón puede aplicarse también al ciclo solar anual, donde el aspecto positivo se asocia al joven Sol de verano y el negativo, al viejo Sol de invierno.

Svarozhich fue adorado como un espíritu del fuego por los campesinos rusos mucho después de que fueran cristianizados. También fue conocido por los eslavos occidentales, pero allí se le adoró como la deidad suprema en la ciudad santa de Radegast. El término Svarozhich es en eslavo un simple diminutivo de Svarog y como tal pudiera ser un aspecto complementario (una especie de apellido) de Dazhbog. También hay quien sostiene que Svarog era el antepasado de todos los dioses eslavos, con lo que Svarozhich podría ser un epíteto de otra deidad, así que tanto Dazhbog como Perun, Veles y los demás también serían "Svarozhichs".

Svantevit y Triglav

No deja de resultar irónico que de momento no se haya podido aclarar el papel de estos dos dioses en el panteón protoeslavo, a pesar de tener el mayor número de documentos históricos. El que sean importantes para todos los eslavos paganos está probado por el increíble número de topónimos que se les asocia y por los numerosos descubrimientos de estatuas policéfalas en varios países eslavos. Ambos dioses son los principales en varias localidades, estaban asociados a la adivinación y su animal totémico era el caballo. Posiblemente una diferencia importante era que Svantevit tenía un caballo blanco, mientras que el de Triglav era negro, además de que la representación de Svantevit tenía cuatro cabezas y la de Triglav (cuyo nombre significa simplemente "de tres cabezas") poseía tres. Svantevit estaba asociado asimismo a la victoria en la guerra, a la cosecha y al comercio.

Se han barajado varias hipótesis sobre estos dos dioses: según la primera, ambos son el mismo dios, ya que son similares en casi todos sus aspectos; otra sostiene que no son dioses en absoluto, sino compuestos de tres o cuatro dioses, una especie de minipanteón. Los neopaganos eslavos suelen ver a Triglav como un concepto de Trinidad. Svantevit ha sido también visto como la alteración de los eslavos occidentales de Perun o Yarilo, o incluso comparado con Svarozhich como deidad solar. Ninguna de estas hipótesis parece ser muy convincente y la mayoría se basan en las especulaciones más peregrinas, mientras que otras intentan reconstruir la mitología eslava como debería ser y no como lo que fue en realidad. Es preciso investigar mucho más para llegar a conocer la verdadera identidad de estas deidades.

Zoria y Danica

Estos nombres significan simplemente Estrella de la Noche y Estrella de la Mañana, pero en las leyendas folclóricas de todos las naciones eslavas son a menudo descritas como personas o asociadas a personas, de una manera muy parecida al Sol y la Luna. A Danica en ocasiones se la denomina la hermana menor del sol o su hija y probablemente estaba relacionada con Morana. Por lo tanto, Zoria era o bien la madre o la hermana mayor del sol. Es muy problable que fuera un remanente eslavo de la diosa protoindoeuropea del anochecer, Hausos, pero habrá que investigar mucho sobre este tema antes de sacar más conclusiones.

No pueden contarse en el panteón protoeslavo otros dioses, aparte de los referidos anteriormente. Sin embargo, es de destacar que muchos de estos dioses probablemente fueran conocidos con diferentes nombres incluso en la misma lengua. Los tabús religiosos en la denominación de las deidades existieron entre los eslavos y, por ello, los dioses fueron llamados con otros nombres o adjetivos que describían sus cualidades. Con el tiempo, estos mismos adjetivos tomaron vida.

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