Religión indoeuropea

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Artículo destacado
Honrar al cuerpo como expresión visible de la pertenencia a una raza selecta es característica de los indoeuropeos. La religiosidad indoeuropea es aquella en la que el alma encuentra salud y bondad en el mundo y en el cuerpo.

Hans F. K. Günther

Esvástica con el alfabeto rúnico Futhark antiguo en el centro.

Las religiones indoeuropeas son una familia de sistemas religiosos politeístas practicados por los diversos pueblos indoeuropeos (arios) desde la Edad del Bronce. La existencia de las fuertes y numerosas similitudes entre ellas, probadas mediante su estudio comparativo así como por la evidencia lingüística común a las lenguas indoeuropeas, sugieren indirectamente la existencia de una religión protoindoeuropea de la cual descienden.

Se pueden encontrar suficientes pistas de esta religión ancestral en las coincidencias entre idiomas y religiones propias de los indoeuropeos como para presuponer que esta religión existió, aunque cualquier detalle es una conjetura. Mientras las similares costumbres religiosas entre los indoeuropeos pueden facilitar evidencias de una herencia religiosa compartida, una costumbre compartida no indica necesariamente una fuente común para dicha costumbre; algunas de esas prácticas pueden haber surgido en un proceso de evolución paralelo.

Cosmogonía

El Caos

El Abismo primigenio o Ginnungagap según la cosmología nórdica.

Según la Teogonía de Hesíodo, Caos (Χάος) fue el estado de vacío primigenio que existió antes que el resto de los dioses y fuerzas elementales, y que precedió a la creación del Universo. En Las Metamorfosis el poeta romano Ovidio describe así el origen del mundo:

Antes de que existieran el mar, la tierra y esa cobertura de los cielos que se extiende por doquier, la naturaleza ofrecía el mismo aspecto en todo el universo: es lo que los hombres denominaron Caos, masa informe y confusa, peso inerte en el que se depositaban indiscriminadamente juntos y sin ajustamiento alguno los elementos primordiales de las cosas. Ningún Titán iluminaba todavía el mundo con su luz, ni la luna creciente henchía aún sus cuernos, ni la tierra se balanceaba girando en el éter por el impulso de su propio peso, ni Anfitrite extendía sus brazos a lo largo de las costas y riberas. Aunque allí estaban los elementos de la tierra, del mar y del aire, la tierra carecía de firmeza, el mar de fluidez y el aire de luz y brillo. Ninguno de ellos tenía forma definida y cada uno interfería estorbando el desarrollo de los demás. En una única mezcolanza agitábanse el frío y el calor, lo húmedo y lo seco, lo muelle y lo duro, lo ligero y lo pesado.
Ovidius, Metamorphoseon, Libro I:1, Orígenes del mundo. El Caos.

El poema épico nórdico Völuspá o Visión de la Adivina, describe también un período de Caos primitivo, el Vacío abismal del Ginnungagap, seguido por la creación de gigantes, dioses y de la humanidad. El Ginnungagap era el vasto abismo que existía entre Niflheim y Muspelheim antes de la creación. Al norte de éste yacía el intenso frío del Niflheim, al sur, el calor infernal del Muspelheim. Al principio de los tiempos, los dos, Hielo y Fuego, se encontraban en el Ginnungagap; y donde el calor tocaba la escarcha, las gotas de ésta se derretían y formaban la sustancia eitr, que se aceleró en vida en la forma del gigante Ymir, el padre de todos los gigantes de la escarcha.

Creación del Mundo a partir de un sacrificio

Existen diversas historias sobre personajes divinos cuyas muertes crean una parte esencial de la realidad. La cosmogonía fundada sobre la muerte y el desmembramiento de un ser primordial recuerda a los mitos del gigante Ymir en la mitología nórdica y del gigante Purusha en la mitología indoaria. La creación del mundo es, por consiguiente, resultado de un sacrificio cruento, idea religiosa arcaica y abundantemente difundida[1], que entre los indoeuropeos, al igual que en otros pueblos, justificaba el sacrificio humano. En efecto, este sacrificio, repetición del acto divino primordial, asegura la renovación del mundo, la regeneración de la vida, la coherencia de la sociedad. El Cosmos entero es una cadena de sacrificios y la vida se alimenta de sí misma.

En la literatura védica, Purusha se describe como un gigante con mil cabezas y mil pies, que fue sacrificado y desmembrado por los devas (dioses): su mente se convirtió en la Luna, sus ojos, en el Sol, y su respiración, en el viento. Con su cuerpo se construyeron el mundo y las castas. De él emanó el Virash, el principio creativo femenino, por el cual renacía antes de que el mundo fuera hecho con sus restos. En el sacrificio del Purusha, el canto védico fue lo primero que se creó. También se crearon los caballos y las vacas. Los brāhmanas (sacerdotes) fueron hechos de la boca del Purusha, los kshatríyas (militares) de sus brazos, los vaisyas (artesanos) de sus muslos, y los shudrás (esclavos) de sus pies. Los cielos emergieron de su cráneo, los dioses Indra y Agni de su boca. Se consideraba que los dalits (parias), no habían nacido del Purusha.

En la mitología nórdica los tres primeros Aesir, los hermanos Odín, Vili y Vé, hijos de Bor, se abalanzaron contra Ymir y lo mataron. Arrastraron su cuerpo inmenso y lo pusieron en el abismo del Ginnungagap. A partir del cuerpo despedazado del gigante, Odín, con ayuda de sus hermanos Ve y Vili, creó el universo. Este acto causaría la eterna enemistad entre los gigantes y los dioses. De la carne de Ymir hicieron la tierra, de su sangre el mar y los lagos, de sus huesos las montañas y de sus dientes las rocas. Con su cerebro crearon las nubes y con sus cejas enmarañadas los límites del mundo. Con la parte cóncava del cráneo levantaron la bóveda celeste, que es sostenida por cuatro enanos llamados Norðri, Suðri, Austri y Vestri (los puntos cardinales). Los astros principales, el Sol y la Luna, giran perseguidos por lobos. Las chispas del Sol dieron origen a los demás astros. Los dioses regularon su curso, instituyendo así el ritmo de las estaciones, que hizo nacer la vegetación, y también la sucesión de los días y de las noches. La noche fue la primera, y de ella manó el día.

En Roma, el sacrificio de Remo, llevado a cabo por su hermano gemelo Rómulo, refleja el mismo sacrificio cosmogónico primordial. Al ser inmolado sobre el emplazamiento de la futura Roma, Remo asegura el futuro feliz de la ciudad, es decir, el nacimiento del pueblo romano y el advenimiento de Rómulo a la realeza.

En los textos del Avesta, Mitra aparece como el principal yazata ("benefactor") o buen espíritu y gobernante del mundo. Por orden del Sol, Mitra sacrifica al Toro sagrado de cuyo cuerpo surgieron todas las plantas y animales, creando así al Universo.

En la mitología irania, Gayormart (avéstico gaya maretan, «vida mortal»), hijo de Ohrmazd y Spandarmat, es asesinado por Ahrimán. De su cuerpo ya no se crea la totalidad del mundo, sino únicamente los metales, dicho de otro modo, los planetas. Su simiente es purificada por la luz del sol y una tercera parte de la misma cae en tierra y produce el ruibarbo, del que nacerá luego la primera pareja humana, Masye y Masyane. Dicho de otro modo: la pareja primordial nace del antepasado mítico (Gayomart) y de la Tierra Madre, y su primera forma es vegetal.[2]

Gemelos fundadores

La loba Luperca amamantando a los gemelos Rómulo y Remo, según la leyenda de la fundación de Roma.

Los análisis de los diversos mitos indoeuropeos indican que los protoindoeuropeos consideraban a dos fundadores de su cultura: *Manu- ('hombre') y *Yemo- ('gemelo'), su hermano gemelo. Un mito de creación reconstruido involucrando a ambos es dado por David W. Anthony, atribuido en parte a Bruce Lincoln: Manu y Yemo atraviesan el cosmos acompañados de la vaca primordial, y finalmente deciden crear el mundo. Para ello, Manu sacrifica a uno de los dos, Yemo o la vaca, y con ayuda del Padre Cielo, el dios de la tormenta y los gemelos divinos, forjan la Tierra de sus restos. Por lo tanto Manu se convierte en el primer sacerdote y establece la práctica del sacrificio. Los dioses del Cielo presentan un ganado a un tercer hombre, *Trito, quien lo pierde por la serpiente de tres cabezas *Ngwhi, pero eventualmente supera a este monstruo, ya sea solo o ayudado por el Padre Cielo. Trito es ahora el primer guerrero y asegura que el ciclo de la entrega mutua entre los dioses y humanos pueda continuar.

Reflejos de *Manu incluyen al sánscrito Manu, el legislador y progenitor de la humanidad (manavá), en la mitología hinduista, y el germánico Mannus, hijo de Tuisto, de quien descendieron todos los humanos según Tácito en su Germania. El nombre de Mannus significa 'hombre', de esta palabra, derivada del protonórdico *mannaz (nombre también de la runa mannaz - Mannaz.png - del futhark antiguo que simboliza al hombre), proviene mann, en alemán y posteriormente man, en inglés. También 'humano', del latín humanus, es derivación de esta raíz. De Yemo, se deriva el sánscrito Yama, el avéstico Yima, el nórdico Ymir, y posiblemente el romano Remus (itálico temprano *iemus).

Casi no existen narraciones mitológicas de Roma, pero el mito de fundación de Roma está reconocido como una versión historicizada de varios mitos antiguos. Remo es sacrificado por su hermano gemelo Rómulo, y éste a su vez es desmembrado por los senadores. Aquí no hay creación del mundo, pero Rómulo es el iniciador y fundador de Roma.

Gran Diluvio

El Gran Diluvio Universal es un mito generalizado tanto en las culturas indoeuropeas como en otras[3] y que, por otra parte, se relaciona con las leyendas de la Atlántida, Hiperbórea y Thule. En la mitología hindú, el Avatar de Vishnu en forma de pez, Matsia, advierte al primer hombre, Manu que vendría una gran inundación. Manu construyó una gran nave, donde alojó a su familia y el semen de todos los animales para repoblar la Tierra. Enganchó la nave al cuerno del pez Matsia, quien los arrastró a través del diluvio. En la mitología griega, Deucalión por consejo de Prometeo, construyó un arca y, disponiendo dentro de ella lo necesario, se embarcó en compañía de su esposa Pirra. Zeus hizo caer desde el cielo una copiosa lluvia e inundó la mayor parte de la Hélade, de manera que perecieran todos los hombres, excepto unos pocos que se refugiaron en las cumbres de las montañas próximas. Deucalión sobrevive a la inundación, y sus nietos (de parte de su hijo Helén) Eolo, Juto y Doro son los fundadores de las tres líneas principales de helenos (eólios, jonios y dorios).

Guerra entre dioses

Titanomaquia
Los Fomorianos, pintura de John Duncan, 1912.
Devas y Asuras luchando en la orilla del mar del Océano de Leche.

En los diversos mitos de creación se narra que un grupo de dioses más jóvenes conquista o derroca a un grupo de dioses más antiguos que representan las fuerzas del Caos. En el mito griego de la Titanomaquia, los dioses olímpicos derrotan a los Titanes, una raza divina más antigua y primitiva, estableciendo un nuevo orden cósmico. En la mitología indoaria, los Devas (dioses) lucharon contra los Asuras (demonios). En la mitología celta, Los Tuatha De Danann, dioses de la vida y la luz, lucharon contra los Fomoré, antiguos dioses de la muerte y la oscuridad.

Este mito de dioses heroicos venciendo a demonios del caos es especialmente común en las mitologías indoeuropeas. Algunos investigadores sugieren que este mito refleja la conquista de los antiguos indoeuropeos sobre pueblos indígenas en el transcurso de su expansión por Europa y la India.

Tras la batalla con los Titanes, Zeus se repartió el mundo con sus hermanos Poseidón y Hades, decidiendo al azar qué parte de él le tocaría a cada quien: Zeus consiguió el Cielo, Poseidón las Aguas y Hades el Mundo de los muertos (el Inframundo). La antigua tierra, Gea, no podía ser reclamada y quedó bajo el dominio de los tres según sus capacidades.

La batalla entre los Devas y Asuras se lleva a cabo por el dominio de los tres mundos: Svarga (Cielo), Bhumi (Tierra) y Patala (Infierno). Ambas razas de dioses son técnicamente iguales, poseedores de grandes poderes mágicos y marciales, pero los Devas están comprometidos con el culto del Ser Supremo y la práctica de la virtud. Los Asuras tienen tendencias ateas y desviadas que crecen con el tiempo. La brecha es mayor en el Kali Yuga, la era final.

En avéstico y en el zoroastrismo posterior, los cognados de devas y asuras se invierten en su significado, probablemente también como inversión (o subversión) del culto politeísta iraní original, demonizando a los daevas como seres malignos, encabezados por Ahriman, en oposición al Dios Supremo Ahura Mazda. El adjetivo ahura significaba originalmente 'ahúrico', caracterizando una entidad indoirania específica llamada *asura. Aunque todavía hay rastros evidentes en antiguos textos indios e iraníes, en ambas culturas la palabra aparece esporádicamente como el epíteto de otras divinidades.

En la mitología germana, los Aesir (o Ases) entraron en guerra contra los Vanir (o Vanes), tras lo cual se reconcilian y ambos panteones se integraron en paz. Los primeros aparecen agrupados en torno a Odín, Thor y Tyr. Odín, su jefe, es el dios-rey-mago; Thor, el dios del martillo, es el gran campeón celeste; y Tyr, el gran juez: son divinidades de la guerra, la magia, la justicia y el conocimiento (aspectos espirituales). Los Vanir, agrupados en torno a Njörd, Frey y Freya, por el contrario, son divinidades de la fecundidad, el placer, la abundancia y la riqueza (aspectos materiales). Atacados por los Aesir, los Vanir resisten, pero como dice Snorri Sturluson, «unas veces ganaba un bando y otras vencía otro». Cansados de esta alternancia costosa de semivictorias, los Ases y los Vanes hacen la paz: las principales divinidades Vanes se instalan entre los Ases, y así completan, mediante la riqueza y la fecundidad que representan, la clase de los dioses agrupados en torno de Odín. De este modo se consuma la fusión de los dos pueblos divinos, y ya nunca jamás habrá otro conflicto entre Ases y Vanes.

Diversos investigadores han interpretado este episodio como el recuerdo de un conflicto histórico entre representantes de dos culturas distintas que tenían creencias religiosas diferentes: los agricultores autóctonos (para algunos, los Megalithenvölker o constructores de monumentos megalíticos) y sus conquistadores ganaderos (los Streitaxvölker ('Pueblo del hacha de guerra' o conquistadores ariófonos). Ciertamente, las invasiones de los territorios habitados por las poblaciones agrícolas neolíticas, la sumisión de los autóctonos por los invasores ideológica, intelectual y militarmente superiores, seguida de la simbiosis entre estos dos tipos de sociedades, que representan a su vez dos etnias distintas aunque racialmente similares, son hechos atestiguados por la arqueología, que por otra parte, constituyen un fenómeno específico de la protohistoria europea y que en algunas zonas se prolongó hasta la Edad Media. Pero el tema mitológico de los Ases y Vanes, fuertemente historicizado en el relato de Snorri, precede al proceso de germanización, pues forma parte integrante de la tradición indoeuropea. Verosímilmente, el mito sirvió de modelo y de justificación a numerosas guerras locales, que terminaron con la reconciliación de los adversarios y con su integración en una sociedad común.

Georges Dumézil subraya las analogías con la guerra entre romanos y sabinos, y demuestra de qué modo los romanos «historicizaron» los grandes temas de la mitología indoeuropea, hasta el punto de que se ha podido decir que la más antigua mitología romana, anterior a los influjos etruscos y griegos, se halla disfrazada en los dos primeros libros de Tito Livio. Por una parte, Rómulo, hijo de Marte y protegido de Júpiter, junto con sus compañeros, guerreros temibles, pero pobres y sin mujeres; del otro lado, Tacio y los sabinos, caracterizados por la riqueza y la fecundidad (pues poseen las mujeres). Ambos bandos son en realidad complementarios. La guerra no finaliza con una victoria, sino gracias a la iniciativa de las esposas. Una vez reconciliados, los sabinos deciden fusionarse con los compañeros de Rómulo, con lo que les aportan la riqueza. Los dos reyes, colegas en adelante, instituyen los respectivos cultos: Rómulo en honor únicamente de Júpiter; Tacio en honor de los dioses relacionados con la fecundidad y la tierra, entre los que figura Quirino. «Jamás se volverá a oír, ni bajo este doble reinado ni en adelante, de disensiones entre el componente sabino y el componente latino, albano, romuleano de Roma. Ya está completa la sociedad.»[4]

Lucha contra el Dragón o Serpiente

Indra contra la Serpiente Cósmica Vritra.
Perún contra la Serpiente Veles.
Thor contra la Serpiente de Midgard, Jörmungandr, en la portada del álbum de la banda sueca Amon Amarth: Twilight of the Thunder God.

En todas las mitologías indoeuropeas se narran mitos cosmológicos de dioses celestes y héroes que se enfrentaron a monstruos o demonios cósmicos en forma de dragón o serpiente, enfrentamiento conocido como Chaoskampf o 'Lucha contra el Caos'.

Aunque los detalles de la narración a menudo varían entre las diferentes mitologías, las características principales se mantienen constantes. En las iteraciones del mito, el héroe suele ser un dios del trueno o un héroe que de alguna manera está asociado con el trueno. La serpiente se asocia generalmente con el agua y suele ser de múltiples cabezas, o bien "múltiple" de alguna otra manera.

El mito simboliza un choque entre fuerzas del Orden y el Caos. La serpiente cósmica es un símbolo de las fuerzas subterráneas y reside generalmente en las Aguas Primordiales del Caos, el Océano o Abismo, o en la cueva subterránea de una montaña que representa el Inframundo.[5]

En la mitología hitita, el dios de la tormenta Tarhunt mata a la serpiente gigante Illuyanka. En el Rigveda, el dios Indra mata a la serpiente de múltiples cabezas Vritra, que había estado causando una sequía. En el Bhagavata Purana, Krishna mata a la serpiente Kāliyā.

Varias versiones del mito se pueden encontrar en la mitología griega. En la Teogonía, Hesíodo narra que Zeus mata a Tifón de cien cabezas. También encontramos el mito de Heracles contra la Hidra de Lerna de nueve cabezas y el mito de Apolo contra Pitón. Aunque a Heracles no se le suele considerar como una deidad de la tormenta en el sentido convencional, es hijo de Zeus y posee muchos atributos de otras deidades indoeuropeas de la tormenta, incluida la fuerza física.

En la mitología nórdica, Thor, el dios del trueno, mata a la serpiente gigante Jörmungandr, que vivía en las aguas que rodean el reino de Midgard. Otros mitos de héroes que matan dragones también se encuentran en la tradición germánica. En la saga Völsunga, Sigurd mata al dragón Fafnir y, en Beowulf, el héroe del mismo nombre mata a un dragón diferente.

En el zoroastrismo y la mitología persa, Fereydun, y más tarde Garshasp, mata a Zahhak. En la mitología eslava, Perún, el dios de las tormentas, mata a Veles y el héroe eslavo Dobrynya Nikitich mata al dragón de tres cabezas Zmey Gorynych. En la mitología armenia, el dios Vahagn mata al dragón Vishap. En el folklore rumano, el héroe Făt-Frumos mata al monstruo escupidor de fuego Zmeu. En la mitología celta, Dian Cecht mata a Meichi.

El dios o héroe siempre sale victorioso en la lucha, si bien en el mito nórdico del Ragnarök, Thor morirá después de haber matado a su enemigo. En sus respectivos mitos, se narra que Indra, Zeus y Apolo matan a su enemigo a temprana edad, a unos días después de haber nacido, asimismo, las armas que usan que representan el poder del rayo y el trueno son forjadas por el divino artesano y herrero: Tvashtri que forja los rayos vashra para Indra, y Hefestos/Vulcano forja el arco y las flechas para Apolo, así como los rayos de Zeus.

En otros mitos, la serpiente o dragón no muere completamente sino sólo es derrotado y encadenado en el Abismo/Océano/Montaña durante un tiempo en el que permanece en estado de latencia, tras el cual se liberará o revivirá, siendo necesario luchar contra él nuevamente, lo cual, como en el mito eslavo, reflejaba el cambio de estaciones a lo largo del año. Los períodos secos se interpretaban como el caótico resultado del hurto de Veles; las tormentas y los rayos eran la batalla entre los dioses y la lluvia significaba el triunfo de Perún sobre Veles y el restablecimiento del orden del mundo. Tanto el griego Tifón, el egipcio Apofis, el persa Azhi Dahaka y el védico Vritra, yacen bajo la tierra y las montañas en los bordes de la oscuridad.

Al igual que con la Titanomaquia, se ha pensado que este mito es una metáfora cosmológica asociada a la invasión y el triunfo de las civilizaciones patriarcales (indoeuropeas) sobre las matriarcales (pre-indoeuropeas) durante la Edad de Bronce. Este mito reflejaría así, una lucha de un pueblo minoritario y heroico sobre un pueblo muchísimo más numeroso, pero poco dado a las luchas de honor.

Mitología indoaria:

  • Indra vs. Vritra (Rig-Veda).
  • Krishna vs. Kaliya (Bhagavata Purana).

Mitología germana:

Mitología griega:

  • Cronos vs. Ophion.
  • Zeus vs. Tifón.
  • Apolo vs. Pitón.
  • Heracles vs. las dos serpientes de Hera, la Hidra de Lerna y Ladón.
  • Perseo vs. Medusa y el monstruo marino Ceto.
  • Belerofonte vs. Quimera.

Mitología eslava:

  • Perún vs. Veles.
  • Dobrynya Nikitich vs. Zmey Gorynych.

Mitología báltica:

  • Perkunas vs. Vels o Velinas.

Mitología celta:

  • Taranis vs. la Serpiente.
  • Dian Cecht vs. Meichi

Mitología persa:

  • Fereydun/Thraetaona/Garshasp vs. Zahhak/Azhi Dahaka.

Mitología hitita:

  • Teshub/Tarhunt vs. Illuyanka.

Mitología armenia:

  • Vahagn vs. Vishap.

En otras mitologías

Existen historias análogas en otras mitologías vecinas que incluyen el arquetipo del "Héroe contra el Dragón", como la de Marduk y Tiamat en la mitología mesopotámica (Enuma Elish); Ra y Apep en la mitología egipcia y Baal Hadad/El y Lotán/Yam-Nahar en la mitología ugarítica o levantina, lo que, junto al relato mesopotámico del Diluvio, ha dado lugar a la hipótesis sobre la existencia de una cultura "proto-indoeuropea-sumeria-egipcia", lo que explicaría, en parte, la fuerte presencia de la raza caucasoide también en Mesopotamia y Egipto.

De estas mitologías antiguas se derivaron posteriormente los relatos hebreo y cristiano, protagonizados por Yahvé y Leviatán en la mitología hebrea (Isaías 27:1); el Arcángel Miguel y Satanás en la forma de un dragón de siete cabezas y diez cuernos (Apocalipsis 12:7) o San Jorge y el dragón en la leyenda cristiana medieval.

De este modo, cuando el cristianismo irrumpió en Europa, no fue difícil sustituir las deidades paganas correspondientes a este arquetipo por las imágenes cristianas, de forma que los europeos continuaron celebrando en esencia sus arquetipos ancestrales, aunque revestidos con el disfraz cristiano. Por ejemplo, en Croacia, el Monte Perún era antiguamente considerado un lugar sagrado por los eslavos y donde rendían culto a Perún, Dios del Rayo. Para suprimir este culto, los cristianos construyeron una iglesia dedicada a San Jorge donde aún existe una imagen de Perún contra el dragón Veles. Actualmente dicha iglesia se ha visto gravemente deteriorada debido a los constantes rayos que caen sobre ella.[6]

Panteón

La Tríada

Trimurti.
La Tríada formada por Odín, Thor y Frey.

Los indoeuropeos poseen una mitología basada en tríadas. Los notables estudios del antropólogo francés Georges Dumézil a partir de la mitología de los pueblos indoeuropeos, han enfatizado el hecho de que muchos de ellos coincidan en coronar su panteón con una Tríada divina que, por otro lado, antecede por milenios a la idea de la "Trinidad" cristiana.

La predilección por ese número se extendía también a la sociedad, dividida en tres castas: sacerdotes, guerreros y productores, funciones que a menudo se asocian a los dioses principales. De este modo, el universo social y el divino estaban divididos en tres funciones diferenciadas:

  1. La función sacerdotal, representada por deidades de la magia y la justicia.
  2. La función guerrera, representada por dioses de la guerra, la fuerza y la victoria.
  3. La función productora-reproductora, representada por deidades de la prosperidad, la abundancia, la fertilidad, el amor y la sexualidad.

La armonía del mundo depende de la cohesión entre las diferentes funciones y de su correcta disposición jerárquica.

Los protoindoeuropeos pudieron haber tenido una diosa que presidía la organización trifuncional de la sociedad. Varios epítetos de la diosa iraní Anahita y la diosa romana Juno proporcionan pruebas suficientes para demostrar que fue adorada, pero no se puede reconstruir léxicamente un nombre específico para ella. Los restos vagos de esta diosa también se pueden conservar en la diosa griega Atenea.

Algunas tríadas son:

Mitología celta:

  • Tríada de los dioses de la noche: Esus, Tutatis y Taranis.
  • Triada masculina: Dagda, Ogma y Lugh.
  • Triada femenina o "triple diosa": Morrigan, Macha y Badb ("La Doncella, La Madre y La Anciana") en ocasiones los nombres varían formando triada Badb, Macha y Nemain, mientras a veces es Badb, Macha y Anand/Danu. A su vez, fungen como deidades del Destino.
  • Banba, Fotia y Eriu.
  • Esus, Smertrios y Cernunnos

Mitología nórdica:

Mitología indoaria:

Mitología griega:

Mitología romana:

Mitología eslava:

  • Tríada masculina: Svarog, Perun y Svantevid.
  • Tríada femenina de la fertilidad: Vesna (la doncella), Živa (la madre) y Morena (la anciana).
  • Las tres Sudice o deidades del Destino.

Mitología báltica:

  • Tríada principal: Dievs, Laima y Māra.
  • Tríada prusiana: Perkūnas (Cielo), Patrimpas (Tierra) y Pikuolis (Muerte).
  • Las tres deidades del Destino: Laima, Kārta y Dēkla.

El Dios Padre-Cielo

El Dios eslavo Rod, el Dios helénico Zeus, y el Dios germánico Wotan-Odín. Dioses Patriarcas en sus respectivas mitologías. Empuñan la lanza o la espada como símbolos distintivos de su autoridad.
Cielo diurno.

Las religiones indoeuropeas se caracterizan por el culto a lo ascendente, el Cielo, el Sol, el Fuego y los ancestros. Los dioses principales de los indoeuropeos son dioses eminentemente celestes en contraposición a las divinidades terrestres, ctónicas, generalmente de origen pre-indoeuropeo. La primacía del culto religioso le corresponde al Padre Cielo o Dios Padre, rey de los dioses, este es representado como un guerrero, alguna vez un rebelde que derrocó a los primeros dioses celestes (v.g. Urano, Cronos) para posicionarse como gobernante. Su símbolo de poder es el rayo y la lanza. Odín-Wotan, Zeus-Júpiter, Indra y Perún todos ellos dioses celestes, patriarcas, padres de dioses y héroes. El Cielo representa el mundo del espíritu y de la luz. Se ve como fuente de vida al Sol (cielo sereno, luz) y a la tormenta (rayo, lluvia, cielo iracundo). Todo en la sociedad tiene una orientación más celeste ("olímpica") que terrestre y los calendarios toman como referencia el ciclo solar-heroico de nacimiento, cenit, sacrificio, muerte y renacimiento.

La palabra 'dios' (*deywos) proviene de la raíz protoindoeuropea: *dyew-, *deywó-, el cual es un derivado de la raíz *dyw-, que significa 'día', 'cielo iluminado', 'cielo diurno', 'resplandor del día', así como la designación para un adjetivo que significaba 'celestial', 'brillante', 'resplandeciente' derivan de la misma, y es la característica que identifica a la deidad. Las deidades nobles del vedismo denominadas devas y el dios supremo de la mitología báltica Dievas o Dievs (de Diews) provienen del adjetivo *deywó-. En la religión eslava más antigua, el Dios supremo del cielo se llamaba Deivos, pero este nombre pronto fue abandonado para ser reemplazado por el de Rod.

El léxico reconstruido sugiere que la deidad protoindoeuropea más importante y que representa la primera función, era un "Dios Padre Cielo" Dyḗus Ptḗr (*Dyḗus PtḗH2r). Este nombre está atestiguado en el Rigveda como Dyaus Pitar o Dyáus Pitā, padre de Agní, Indra y Surya. Esta expresión sobrevive tanto a través del griego Ζεὺς Πατῆρ (Zeùs Patḗr), como a través del latín Iovis Pater (Iupiter; Júpiter).

El nominativo de su nombre latino, Iuppiter, compuesto de Dyeus y de Pater, coincide con el sánscrito Dyaus Pitar (Dyu-Piter) (Iovis Pater: 'Padre Cielo'; Deus Pater: 'Dios Padre') y tiene muchas concomitancias con la locución griega homérica, aplicada a Zeus: patér andrón de theón te ("padre de los hombres y de los dioses").

El nombre del dios nórdico del cielo, Tyr, originalmente el Dios supremo, significa 'dios', y en plural tiwar, 'dioses', (uno de los nombres de Odín era Hangatyr, el 'dios colgado') y proviene del idioma protogermánico Tîwaz (de Dîwaz), que es igualmente la continuación del protoindoeuropeo *deywos.

El dios griego Zeus, el dios romano Júpiter y el dios ilirio Dei-Pátrous aparecen como los dioses principales de sus respectivos panteones. Su equivalente nórdico Týr, sin embargo, parece haber sido degradado al papel de una deidad menor de la guerra antes de la composición de los primeros textos germánicos. Odín no es un reflejo de *Dyḗus Ptḗr, pero su culto pudo haber integrado aspectos de la anterior deidad principal Tyr, y uno de los innumerables títulos de Odin es "Allfather" (nórdico antiguo Alfaðir), pues según Snorri Sturluson, es el padre de todos los dioses. El dios hitita Attas Isanus no conserva la traducción literal exacta del nombre *Dyḗus Pḥatḗr, pero sí preserva el significado general de este.

A su vez, en el mundo védico, Dyaus Pitar una figura ancestral menor mencionada solo en unos pocos himnos, es una divinidad de muy escasa relevancia en comparación con Varuna, cuyo dominio es el cielo (su homónimo griego, Urano, hubo de traspasar a Zeus, en cambio, casi todos sus poderes sobre el cielo, quedando él como mera personificación del firmamento). Por el contrario, tanto el Iupiter latino como el Zeus griego no solo mantuvieron su rango de señores del cielo, sino que lo elevaron notablemente con otras prerrogativas.

Por otra parte, Georges Dumézil hizo una cauta defensa de la identificación de Urano (del griego, Οὐρανός, Ouranos: 'cielo', 'firmamento') con el Váruṇa védico del nivel cultural indoeuropeo más primitivo.[7] La identificación de Dumézil de elementos míticos compartidos por las dos deidades se basaba en gran medida en interpretaciones lingüísticas, pero no proponía un origen común, como entendieron Robert Graves y otros. La identificación del nombre Ouranos con el hindú Varuna, basada en parte en una raíz protoindoeuropea propuesta: *-ŭer, con el significado de 'atar' (Varuna ata a los malvados, Urano ata a los Cíclopes) es ampliamente rechazada por quienes encuentran más probable la etimología del protogriego *worsanos, de la raíz protoindoeuropea *wers, 'humedecer', 'gotear' (referido a la lluvia).

De acuerdo con Mircea Eliade, en una tercera o cuarta generación, Dyḗus Ptḗr se habría convertido en antecesor de dioses que tomaron el papel de dioses fecundadores y meteorológicos como Váruna (dios del mar) en la religión védica, o Thor (dios del rayo), en la mitología germánica. Esto lo habría desplazado del culto, convirtiéndolo en lo que se denomina un deus otiosus ('dios ocioso').[8]

El Trueno

El rayo y el trueno, son un importante símbolo de poder para los indoeuropeos.
"Thor en la batalla contra los gigantes", según Mårten Eskil Winge, 1872.

Zeus, Júpiter, Thor e Indra son deidades del trueno que ejercen un papel protagonista y se corresponden como los dioses más venerados en sus respectivas mitologías. y tanto a Thor como a Zeus y Júpiter, se les dedica el día jueves y le dan su nombre: en latín Iovis dies, 'día de Júpiter'; en inglés, Thursday: 'día de Thor'; y en alemán, Donnerstag: 'día del trueno'.

Perkwū́nos (*PerkwúH3nos) ha sido reconstruido como el dios protoindoeuropeo de los rayos y las tormentas. Su nombre significa literalmente "El que golpea". Se reconstruye basándose en la diosa nórdica Fjǫrgyn (la madre de Thor), el dios báltico Perkūnas y el dios eslavo Perún. El dios védico Parjánya también puede estar relacionado, pero su posible conexión con *Perkwunos todavía está en disputa. El nombre de *Perkwunos también puede aparecer en griego como κεραυνός (Keraunós), un epíteto del dios Zeus que significa "trueno".

Un nombre alternativo, a través de la raíz *(s)tenh₂ y *torun- es responsable del nórdico Thor, así como el hitita Tarhunt y el celta Taranis ("el atronador"). Bajo su forma secundaria, Taranos, se aproxima al dios de los germanos, Donar que posee la raíz -dön/-den que originalmente significaba "estruendo", "trueno", "rayo" o "estrépito". El protogermánico *þunraz (más temprano *þunaraz) da origen al nórdico antiguo Þórr, el anglosajón Þunor y el alto alemán antiguo Donar.

El nombre protocelta reconstruido es *Toranos "trueno". En el galés actual, taranu y taran significa "trueno" (taraniñ y taran en bretón y "Taran" en córnico).

La deidad tracia del trueno Zibelthiurdos también contiene este elemento (Tracio thurd: "estrellar"). El nombre del dios sami del trueno Horagalles (Thora Galles) deriva de Thor y probablemente también el dios Tharapita, Taarapita o Taara de la mitología estonia (fino-báltica).

Esta deidad representa la segunda función, la de la guerra y la fuerza. Sin embargo, como la mayoría de las funciones de Indra han sido asumidas por Odin, Thor no dirige ejércitos. Muchos estudiosos han notado su asociación con la fertilidad y la agricultura, particularmente en el folclore posterior y en el reflejo de él representado por el dios de los sami Horagalles. Para Georges Dumézil, este aspecto es la preservación por parte de los campesinos de sólo el efecto secundario de las batallas atmosféricas del dios: la lluvia fertilizante.

Los dioses indoeuropeos de la Lluvia, la Tormenta, el Rayo y el Trueno que son análogos entre sí y que comparten sus orígenes son:

La Diosa Madre-Tierra

Gea, la Madre Tierra.

Que los dioses primordiales de los indoeuropeos tengan una dimensión vertical-solar-viril, no imposibilita la aceptación de otra vertiente horizontal-lunar-femenina, sino su complementariedad necesaria sin exclusiones. La religión indoeuropea no desprecia ni omite a la Tierra, al contrario, lo que se hace es integrarla en un sistema de interacción Tierra-Cielo en el que el predominio corresponde al Cielo, y en el que el producto intermedio es el mundo natural de la vegetación. Los arios no ignoraban la importancia de lo telúrico y de la Madre Tierra. Las figuras de Deméter, Gea y Jörð lo atestiguan.

El Padre Cielo protoindoeuropeo (Dyḗus Ptḗr) tenía una consorte que era la deidad de la Tierra la cual se ha reconstruido con el nombre de Dhéǵhōm Mā́tr (*Dhéǵhōm MH2étṛ). Esto se demuestra en el emparejamiento védico de Dyáus Pitā y Mata Prithuí (Pṛthvī), el emparejamiento romano de Júpiter y Tellus Mater en la Saturnalia de Macrobio, y el emparejamiento nórdico de Odín y Jörð. Este emparejamiento también puede confirmarse en la pareja Urano y Gea, y Zeus y Deméter (Dea Mater: 'Diosa Madre'). En el Rig vedá, se nombra con frecuencia a la Tierra y al Cielo como lo dual, lo que indica la idea de dos fuerzas complementarias.

El paganismo indoeuropeo es, por lo tanto, también la religión de la tierra. De hecho, cuando los cristianos usaron por primera vez el término peyorativo de pagano lo usaron para referirse principalmente a la gente del campo, a las comunidades aldeanas que mayor resistencia oponían a la imposición de la religión extranjera. Esas comunidades campesinas se ubicaban en su mayoría más al norte de lo que prescribe la frontera natural del Rhin. Sus dioses eran fundamentalmente los dioses del bosque (a diferencia del judaísmo cuya divinidad es concebida como un dios del desierto) y reverenciaban en el bosque la presencia permanente de lo divino. Esta característica del paganismo se remonta incluso a formas de religión todavía más antiguas. Por ejemplo, entre los muchos cultos que se desarrollaron en la Antigua Grecia y en la Antigua Roma, dos de los más importantes eran cultos relacionados con la tierra y con los ciclos de la fertilidad. En la antigua Grecia los misterios de Eleusis, estaban relacionados con la diosa Deméter, diosa de la tierra, la fertilidad y la agricultura, y eran considerados los de mayor importancia en toda la Hélade. Este rasgo del paganismo se mantiene como un hilo conductor que nos permite reconocer en religiones europeas muy distintas entre sí un carácter común del espíritu europeo.

Las tres deidades del Destino

Las tres Moiras. Relieve, tumba de Alexander von der Mark, por Johann Gottfried Schadow. Old National Gallery, Berlín.

Los indoeuropeos representaban que los aspectos de la vida de una persona eran decididos por tres deidades femeninas del Destino conocidas como las Moiras en la mitología griega; las Parcas en la mitología romana; las Sudice en la mitología eslava; las Laimas en la mitología báltica; y las Nornas en la mitología nórdica. En la mitología celta, una triada de deidades femeninas asociadas al destino eran Morrigan, Macha y Badb ("La Doncella, La Madre y la Anciana"), estando relacionadas con las Matronae célticas, deidades femeninas casi siempre representadas en grupos de tres. Las primeras deidades del destino registradas en la historia son las Gulses o Hutena de la mitología hitita.

Las nornas hilando los hilos del destino a los pies del árbol Yggdrasil.

Estas deidades hermanas representaban al Pasado, el Presente y el Futuro, e "hilaban o tejian el destino" de cada persona al nacer. Decidían cuándo comenzaba la vida, cuándo terminaba, y todo lo que ocurriría entre esos dos momentos. Al nacer cada ser humano, se encargaban de hilar, medir y finalmente cortar el hilo de la vida. Cada hilo en su telar es la vida de una persona, y la longitud de cada cuerda es su duración. En dicho hilo se ubicaban la tristeza, la riqueza, los viajes y otros acontecimientos similares. Sin embargo, no todo era inflexible o predeterminado. Por ejemplo, si un hombre estaba destinado a ser un gran guerrero, podía elegir lo que haría en un día cualquiera. Los dioses podían intervenir con decisiones de naturaleza positiva o nefasta. Ellas controlaban la vida de todo mortal e incluso los dioses estaban sujetos a sus designios, siendo descritas, en ocasiones, como más poderosas que los dioses y no sabiéndose con certeza su procedencia.

Aunque estas diosas del destino no están directamente atestiguadas en la tradición indoaria, la Atharvaveda contiene una alusión que compara el destino con un tejido.

Estas tríadas unidas a la divinidad femenina, tienen funciones claramente tutelares y protectoras, a la vez que engloban el conjunto del ciclo existencial de nacimiento, vida y muerte. Por ello poseen gran poder y sabiduría ya que se erigen como defensoras de la vida y emisarias de la muerte. Todo ello obedece al mantenimiento de orden tanto sagrado como social, necesario para la convivencia virtuosa, equitativa y conveniente.

Las Moiras ("Distribuidoras") se mencionan tanto en la Ilíada como en la Odisea, en la que reciben el epíteto λῶθες (Klothes, que significa "hiladoras"). En la Teogonía de Hesíodo, se dice que las Moiras "dan a los hombres mortales bondad y enfermedad". Homero escribió en La Ilíada: "es el destino que los griegos destruyan Troya, cuando Rumor y Pánico causaron que los griegos quisieran huir. Aenea fue destinado a ir a Italia, a pesar de los esfuerzos de Hera por evitarlo. Las acciones de Hera intentando desafiar al destino, llevaron a la muerte prematura de Dido, la reina de Cartago. Su hilo no fue cortado tan corto, y no pudo morir aunque le clavaron una daga en su pecho." Mientras Zeus gobernaba como deidad griega suprema también estaba sujeto a las decisiones de los Destinos. Sin embargo, Zeus mantenía el poder de salvar a quienes estaban en riesgo de ser capturados por su destino.

Cuando una persona nacía, ellas seguían sus pasos, dirigiendo las consecuencias de sus acciones de acuerdo con el consejo de los dioses. Los Destinos no interferían directamente en los asuntos humanos, sino que usaban intermediarios y determinaban el sino de los mortales a través de diversas acciones condicionantes. El hombre podía ejercer cierta influencia sobre ellas. Pero el destino del hombre era determinado por su muerte, así que las diosas del destino se acabaron convirtiendo en las diosas de la muerte.

A menudo son descritas como ancianas duras, severas, frías y sin piedad. Sus nombres griegos eran Cloto, ("tejedora"), Láquesis ("repartidora") y Átropos ("inevitable"). Sus nombres romanos eran Nona, Decima y Morta. Sus nombres nórdicos eran Urðr ("lo que ha ocurrido"), Verðandi ("lo que ocurre ahora") y Skuld ("lo que está por suceder"). Mientras que los griegos las pintaban como doncellas ocupadas y serias, los romanos las mostraban maliciosas o capaces de negar a los humanos sus esperanzas y deseos.

Sol y Luna

Los lobos persiguiendo a Sól y Máni (1909) por J. C. Dollman.
Helios, el Sol.

Los dioses del Sol y la Luna, como los griegos Helios y Selene, los védicos Surya y Chandra, y los germánicos Sól y Máni, son generalmente representados sobre carros conducidos por caballos blancos. Los carros descubiertos más antiguos provienen de la Cultura Kurgánica en el suroeste de Rusia, comúnmente identificada con los primeros indoeuropeos.

El mito del Sol y la Luna siendo devorados por algún tipo de depredador se repite a lo largo de múltiples pueblos indoeuropeos. En la mitología nórdica, la diosa Sól (Sol) y el dios Máni (Luna) son devorados por los lobos Sköll y Hati. En el vedismo, el dios Sol Surya y el dios Luna Chandra son devorados por los demonios serpientes Rahu y Ketu, provocando los eclipses.

*Seh2ul y *Meh1not se reconstruyen como la diosa protoindoeuropea del Sol y el dios de la Luna respectivamente. *Seh2ul se reconstruye basándose en el dios griego Helios, el dios romano Sol, la diosa celta Sulis, la diosa germánica nórdica Sól, la diosa germánica continental *Sowilō, la diosa hitita "UTU-liya", el zoroastriano Hvare-khshaeta y el dios védico Surya. *Meh1not se reconstruye basándose en el dios nórdico Máni, el dios eslavo Myesyats, y el dios lituano *Meno, o Mėnuo (Mėnulis).

El esquema habitual es que una de estas deidades celestes es masculina y la otra femenina, aunque el género del Sol o la Luna tiende a variar entre las mitologías indoeuropeas posteriores. En el caso de los germanos, celtas, eslavos y baltos el Sol es representado como una figura femenina y la Luna como una figura masculina. Nótese que el germánico Máni y el báltico Meness, se asemejan a *Manu-: 'Hombre'. Mientras que en los griegos y romanos el Sol es masculino y la Luna femenino. Entre los indoarios, tanto el Sol como la Luna parecen ser deidades masculinas. Es por ello que en las lenguas romances, como el francés, se le asigne género masculino al Sol (le soleil) y femenino a la Luna (la lune) mientras que en alemán y otras lenguas germánicas el Sol es femenino (die Sonne) y la Luna es masculino (der Mond).

La deidad solar indoeuropea original parece haber sido femenina, una característica no solo apoyada por el mayor número de diosas del sol en derivaciones posteriores (Sól, Saule, Sulis, Étaín, Grían, Aimend, Áine y Catha son femeninas, contrariamente a los masculinos Helios, Surya, Savitr, Usil y Sol) (el avéstico Hvare-khshaeta es de género neutral) sino también por vestigios en mitologías con deidades solares masculinas (Usil en el arte etrusco se representa ocasionalmente como una diosa, mientras que las características solares en Atenea y Helena de Troya aún permanecen en la mitología griega). La deidad lunar indoeuropea original parece haber sido masculina, y las deidades lunares femeninas como Selene, Minerva y Luna son un desarrollo exclusivo del Mediterráneo oriental. Incluso en estas tradiciones, quedan restos de deidades lunares masculinas, como Menelao.

Aunque el Sol estaba personificado como una deidad independiente, los antiguos indoeuropeos también conceptualizaban al Sol como el Ojo de *Dyḗus Pḥatḗr, como se ve en varios reflejos: Helios como el ojo de Zeus, Hvare-khshaeta como el ojo de Ahura Mazda, y el sol como "ojo de Dios" en el folklore rumano. Los nombres de diosas celtas del sol como Sulis y Grian también pueden aludir a esta asociación; las palabras para "ojo" y "sol" se cambian en estos idiomas, de ahí el nombre de las diosas.

Dios de la guerra

Estatua de Marte del Foro de Nerva, siglo II, basada en un original de la época de Augusto que a su vez usaba un modelo griego helenístico del siglo IV AEC. Museos Capitolinos en Roma, Italia.

Algunos eruditos han propuesto un dios de la guerra protoindoeuropeo *Māwort- (Marut-Mawrt) basado en el dios romano Marte y el grupo védico de los Marutás o Maruts, compañeros del dios de la guerra y la tormenta Indra. James P. Mallory y Douglas Q. Adams, sin embargo, rechazan esta reconstrucción por razones lingüísticas. Del mismo modo, algunos investigadores han encontrado que es más plausible que Marte fuera originalmente una deidad de la tormenta, mientras que esto no se puede decir de Ares.

Puesto que muchos dioses indoeuropeos de la tormenta son considerados dioses de la guerra (la segunda función indoeuropea), es probable que Ares y Marte se hayan desarrollado como una simplificación de deidades sirvientes del Trueno, como los Maruts, o bien un reflejo directo del protoindoeuropeo Perkwunos. Los Maruts son muy violentos y agresivos, descritos como armados con armas de oro (rayos y relámpagos), dientes de hierro y rugen como leones, residen en el norte, andan en carros de oro tirado por caballos rojizos, a veces llamados pṛiṣatīḥ. De acuerdo con Georges Dumézil, los Maruts son equivalentes a los Einherjar nórdicos (espíritus de guerreros que habían muerto en batalla) y a las figuras de la Cacería Salvaje.

La etimología del nombre Ares está tradicionalmente relacionada con la palabra griega ἀρή (arē), la forma jónica del ídico ἀρἀ (ara), "perdición, ruina, maldición, imprecación". También puede haber una conexión con el dios romano de la guerra, Marte, a través de la palabra hipotética protoindoeuropea *M̥rēs; que puede compararse con el griego antiguo μάρναμαι (marnamai), "Yo peleo, lucho". Walter Burkert señala que "Ares es aparentemente un antiguo nombre abstracto que significa multitud de guerra". Sin embargo, la forma más antigua certificada del nombre es el griego micénico, a-re, escrito en la escritura silábica Lineal B. El epíteto de adjetivo, Areios, se adjuntaba con frecuencia a los nombres de otros dioses cuando tomaron un aspecto de guerrero o se involucraron en la guerra: Zeus Areios, Atenea Areia, incluso Afrodita Areia. En la Ilíada, la palabra ares se usa como un nombre común, sinónimo de "batalla".

El dominio específico de este dios es la guerra como institución y medio de defensa de la comunidad. Su acción estaba orientada, por tanto, hacia fuera, hacia donde el enemigo potencial tenía su sede. De ahí que originariamente su lugar de culto se hallase extramuros de la ciudad o poblado. Su acción defensiva era susceptible de aplicarse a otras amenazas, como las plagas del campo. A este propósito los romanos hacían desfilar en solemne procesión alrededor de sus campos a los tres animales ―el cerdo, la oveja y el toro― que componían la ofrenda al dios.

Aunque en época histórica los romanos no realizasen sacrificios humanos, sabían que muchos pueblos bárbaros sacrificaban víctimas humanas al dios de la guerra, y que a continuación de éstas la ofrenda preferida por el dios era la de los caballos. En este punto ellos se mantenían fieles a lo que parece haber sido el ritual primitivo, cerrando la estación de Marte con el sacrificio de un caballo.

La institución se mantenía vigente entre los indoeuropeos de la España prerromana. De los lusitanos dice Estrabón: «Cuando la víctima cae [se refiere probablemente a víctimas humanas] hacen una primera predicción por la caída del cadáver... A Ares sacrifican machos cabríos, y también cautivos y caballos». Prueba de la antigüedad de estos ritos es la correlación existente entre el equus october de los romanos y el asvamedha védico, el sacrificio del caballo en honor de Indra. El sacrificante había de ser un rashan (un rey, la misma palabra que el latín rex y que el celta rig), y la víctima, un caballo que hubiese dado pruebas de velocidad en una carrera, el caballo de la derecha de la cuadriga vencedora. El caballo quedaba en libertad durante un año, vigilado por súbditos del rey. Si éstos no conseguían guardarlo y defenderlo, y el caballo caía en manos extrañas, el rey no podía ser promocionado entre los de su rango. Si, por el contrario, el caballo superaba la prueba, era sacrificado según ritual muy complejo

Diosa del amor y la belleza

Obra del pintor italiano Sandro Botticelli, El Nacimiento de Venus (1484–1486), en el que representa el nacimiento de la diosa romana del amor y la belleza.
La diosa Freya, pintura de Howard David Johnson.

En las mitologías indoeuropeas está presente una deidad femenina que encarna la belleza y el amor, frecuentemente representada como una mujer muy atractiva.

En la mitología griega, esta diosa se conoce como Afrodita, aunque este nombre se refiere correctamente a su dominio de un jardín amurallado o "paraíso". Una forma masculinizada de ella es Príapo (Πρίαπος), un dios menor de la fertilidad que se presta al latín como Priapus, donde se convierte en el protector de los jardines romanos.

El nombre latino de esta diosa es Venus, aunque éste no está relacionado con los de las demás versiones mitológicas. El nombre de Flora probablemente es cognado, y el festival de Floralia corresponde a los festivales del 1 de mayo que son dedicados a esta diosa y que están especialmente asociadas con la temporada de floración. Venus le da su nombre al viernes (Veneris dies: 'dìa de Venus'), un día especialmente sagrado para las mujeres. El mito narra que Afrodita/Venus nació del mar ya en forma adulta.

En la mitología germánica, el nombre de esta diosa es conocido como Freyja en nórdico antiguo, una diosa que también fue adorada como Freya por los anglosajones. Freyr es la versión masculinizada de ella, aunque también tiene algunas características de Ingwe. Freya es hija de Njörðr, el dios del Mar, característica que comparte con los mitos griego y romano.

Freya da su nombre al viernes en las lenguas germánicas: Friday en inglés, Freitag en alemán, Frigedaeg en inglés antiguo, Fritag en antiguo alto alemán, Freitag en alemán moderno y Vrijdag en holandés. En las lenguas escandinavas es Fredag, día de Freyja. La forma en antiguo escandinavo es Frjá-dagr que es un préstamo del bajo alemán. La forma reconstruida para el antiguo escandinavo sería *Friggjar-dagr.

Las hadas son formas menores de ella ya que era imposible adorarla directamente después de la introducción del cristianismo. Entre las personas de habla germánica, la fiesta principal de Freya es el 1 de mayo, que se celebra con música, canciones, bailes y se asocia con el amor romántico.

Otra deidad germánica que comparte atributos con Freya, pero también con la Madre Tierra, es Frigg, esposa de Odín, reina de los Æsir y diosa del cielo. Es la diosa de la fertilidad, el amor, el manejo del hogar, el matrimonio, la maternidad, las artes domésticas, la previsión y la sabiduría.

Los teónimos Frigg (antiguo nórdico), Frijja (antiguo alto alemán), Frea (longobardo) y Frige (inglés antiguo) proceden del mismo término del protogermánico *frijaz y se refieren a la misma divinidad. Existe un debate entre los mitólogos sobre la relación entre las diosas Frigga y Freyja. Fuera del ámbito escandinavo no se encuentran referencias sobre Freyja. El erudito Sthepha Grundy opina que sobre la cuestión de la identidad de Freyja y Frigga y su posible procedencia de una misma divinidad germánica original, no es fácil responder porque las fuentes dan poca información sobre las diosas.

La versión hitita de esta diosa se conoce como Puru, por quien se celebra el festival de Purulli, probablemente en enero. Algunos la han identificado con Pirwa, otra diosa de los hititas.

En sánscrito se la conoce como Priya, que es una forma adjetiva propiamente dicha. En avéstico es Frya, ambos con el significado de 'propia', 'querida' o 'amada'. Otras formas de ella en la India son Parvati y la forma masculina Prajapati.

Basado en estos teónimos, el nombre de la deidad protoindoeuropea se ha reconstruido como *Pria (*priHxeHa) ('amada', 'amiga').

Zoroastro aparentemente demonizó a Frya para que aparezca como Paurwa, el buitre que devora a los muertos. Luego fue reemplazada por Anahita, una diosa adorada como la Reina de la Noche. Más tarde, fue reintegrada en la religión zoroastriana como Parendi, para quien hay un Yasht, un himno de alabanza. En persa posterior (folklore musulmán) aparece como los Peris, pequeños espíritus de belleza seductora.

Priye es uno de los nombres para esta diosa en las antiguas fuentes eslavas, aunque se sabe poco sobre ella a partir de los registros antiguos. Fue cristianizada con un nombre de reemplazo, Santa Paraskeva, y en esa forma recibe ofrendas votivas y es adorada por mujeres los viernes con bailes, a pesar de las objeciones de las autoridades de la Iglesia.

Prende aparece en el folklore albanés como la diosa que es adorada los viernes (Prendi es el nombre albanés de viernes). También hay Perit, hermosos espíritus en el folklore albanés. Aparece en una forma masculina como Perendi, que los folkloristas modernos identifican como una especie de Dios del cielo. Fue cristianizada a principios de la Edad Media como Santa Prende, en albanés llamada Shënepremte.

Algunos cognados son la palabra inglesa para 'amigo': friend y el término eslavo lingüísticamente idéntico priyatel. Priyatno, en ruso, es "agradable", y se usa en frases como "un placer conocerte" y similares.

Frīġ es cognado en inglés antiguo ('alegre', 'amado' y 'libre'), ya que frīġ, como sustantivo significa 'amor' y como adjetivo significa libre (inglés: free), y tiene la misma raíz *priHós que el sánscrito priya ("amado"). En inglés antiguo el verbo Frēogan, no solo significa 'liberar' sino también 'gustar' y 'amar'.

Hay varios mitos asociados con esta diosa indoeuropea. El más conocido habla del robo o préstamo de su collar de belleza y su devolución. Muchos tipos de joyas como perlas, ámbar y cuentas de oro se conocen como sus lágrimas, dependiendo de lo que es más valorado en cada país.

Los festivales más importantes para ella están relacionados con los árboles frutales, especialmente el momento de su floración en la primavera (generalmente alrededor del 1 de mayo, aunque el tiempo varía según el clima), y el comienzo de la cosecha de la fruta, como la Vinalia en agosto, en Italia.

En Inglaterra, las celebraciones de mayo a menudo se dedican a la Virgen María, que a veces se la representa como la reina de mayo, un rito pagano residual en el que una bella doncella está cubierta de flores.

La Aurora

21 himnos en el Rigveda están dedicados a la diosa del amanecer Uṣás y un solo pasaje del Avesta honra a la diosa del amanecer Ušå. La diosa griega del amanecer Eos aparece prominentemente en la poesía y la mitología griegas tempranas. La diosa romana Aurora es un reflejo de Eos, pero la diosa romana original pudo seguir siendo adorada bajo el título de culto: Mater Matuta. Los anglosajones adoraban a la diosa Ēostre (Ostara), que estaba asociada a un festival en primavera, que más tarde dio su nombre a un mes, y que dio su nombre en inglés a la fiesta judeocristiana de la Pascua/Pésaj (Easter). El nombre de Ôstarmânôth en alemán antiguo alto se ha tomado como una indicación de que una diosa similar también fue adorada en el sur de Alemania. La diosa de la aurora lituana Aušra fue reconocida hasta el siglo XVI. Uṣás en la tradición védica y Eos en la griega tienen atributos muy similares, lo que indica que estos atributos se establecieron al menos en el período greco-ario. Ambas diosas también son retratadas como amantes mortales. La diosa protoindoeuropea se ha reconstruido con el nombre Xáusōs (*Haéusōs).

En muchos países europeos, se celebra un festival en marzo en honor a esta diosa, generalmente en el equinoccio de primavera, y generalmente acompañado de hogueras, práctica que ha pervivido ininterrumpidamente pese a la cristianización.

Uno de los nombres sagrados de la diosa védica Uṣás era Bṛhatī (बृहती) "alta" mismo que es cognado del protocelta *Brigantī que significa "Aquella que es elevada", y comparte nombre de una diosa británica Brigantia (Brigid).

El Fuego del Hogar

En la religión védica existe el culto doméstico del fuego sagrado y las leyes de propiedad relacionadas con el fuego doméstico. Tenemos evidencias indoeuropeas en el Lejano Oriente sobre esto. Bajo la ley védica, un nuevo territorio fue legalmente incorporado con la construcción de un altar para el dios del fuego Agni. Y hubo una ley similar en Irán hasta al menos el tercer siglo de nuestra Era. Estas primeras leyes indoeuropeas poseen la noción de un lugar que pertenece a un grupo cuyo fuego arde en ese lugar. Tenemos otros ejemplos, como en Lituania, donde estaba el culto de cuidar el fuego del dios Perkunas, que era cuidado por las mujeres y que eran castigadas con la muerte si el fuego se apagaba. Este culto en torno al fuego doméstico y el fuego sagrado se puede apreciar en diferentes regiones de los antiguos territorios indoeuropeos.

Esta idea del hogar sagrado existe en las culturas griega, romana, eslava y nórdica. En la mitología griega, Hestia es la diosa de la cocina, la arquitectura, el hogar, o, más apropiadamente, del fuego que da calor y vida a los hogares por ello el fuego simbolizaba el centro de la casa en torno al cual se agrupaba la familia. Su culto se asemejaba a la escita Tabiti, y su equivalente romana sería la diosa Vesta, aunque el culto romano difería bastante de los griegos.

Las sacerdotisas de Vesta, las vestales, eran doncellas vírgenes que, en el interior de su templo circular, velaban porque jamás se apagase el fuego sagrado. Existía una ley según la cual, si un condenado a muerte se cruzaba por la calle con una vestal, quedaba absuelto. Cuando alguna de ellas faltaba a sus deberes, se le azotaba, y si alguna transgredía el voto de virginidad, era enterrada viva.

El nombre reconstruido de la diosa protoindoeuropea es Westyā (*H2u̯estieH2). Su nombre, tanto en protoindoeuropeo como en sus posteriores derivaciones, parece ser una forma alternativa de *Haéusos, la diosa del amanecer.

El Mar

Estatua de Neptuno, Dios del Mar, ubicada en Melenara, Gran Canaria.

Un dios del agua, el mar y los océanos se reconstruye como Xákwōm Népōt (*H2ékwōm Népōt) 'tío/nieto/sobrino de las aguas', del avéstico y el sánscrito Apām Nápāt ('Hijo de las Aguas'). Napāt ("nieto", "progenie") es cognado de la palabra "sobrino" tanto en latín, nepos y en inglés, nephew. De esta raíz procede *néptonos derivado al latin Neptūnus (Neptuno), el etrusco Nethuns, el céltico Nechtan, y formas germánicas como el nórdico Njörðr, y uno de los nombres de Odín: Hnikarr, cognado en inglés antiguo de Nicor, junto con los Nixies o espíritus del agua, y el río Neckar. Hay una lista de estas formas en la obra de Jacob Grimm Deutsche Mythologie. Este dios fue demonizado por los cristianos como "Viejo Nick" (Old Nick), un apodo para Satanás (a quien a menudo se le ha representado con un tridente similar al de Neptuno) y a la vez cristianizado como San Nicolás (San Nick), el santo patrón de los marineros. En griego se le conoce como Poseidón, si bien este nombre no es cognado.

En un himno védico, Apām Napāt se describe como emergiendo del agua, dorado y "cubierto de relámpagos". Su identificación regular con Agni, que se describe varias veces como escondido o que reside en el agua, y la comparación con otros textos indoeuropeos, ha llevado a algunos a especular sobre la existencia de un mito protoindoeuropeo protagonizado por una deidad de fuego nacida del agua. Tales textos incluyen un poema noruego del siglo noveno que usa el nombre sǣvar niþr, que significa "nieto del mar", como un kenning (símbolo) para el fuego, y un viejo poema armenio en el que una caña en medio del mar se incendia espontáneamente, desde que brota el héroe Vahagn, con pelo ardiente y ojos que brillan como el sol.

Si el fuego era una parte original de la naturaleza de Apam Napat, sigue siendo un tema de debate, especialmente porque esta conexión está ausente en la versión iraní. Hermann Oldenberg creía que Apam Napat era originalmente una deidad acuática independiente que más tarde se asoció con Agni, en parte debido a una antigua creencia india de que el agua contenía fuego dentro de sí misma, el fuego parece "entrar en" agua cuando se apaga. De manera similar, las asociaciones con Savitr podrían entenderse como derivadas de una imagen del sol poniente que se hunde en el océano. Otra teoría explica la conexión entre el fuego y el agua a través de un rayo, "el destello del fuego nacido de las nubes portadoras de lluvia".

El Herrero

En casi todas las mitologías indoeuropeas existen dioses herreros y artesanos como el dios hitita Hasammili, el védico Tvashtri, el griego Hefesto, el romano Vulcano, el germánico Wayland el Herrero, el eslavo Svarog y Kurdalagon en la cultura osetia. Muchas de estas figuras del herrero comparten ciertas características en común. Hefesto y Wayland el Herrero, un herrero nefasto de la mitología germánica, se describen como cojos. Además, Wayland el Herrero y el mítico inventor griego Dédalo escapan del encarcelamiento en una isla cuando crean un par de alas mecánicas con plumas y cera para poder volar. Aunque el nombre del dios herrero protoindoeuropeo no puede ser reconstruido lingüísticamente (si bien según Mallory y Adams es ligeramente reconstruible[9]), es muy probable que los protoindoeuropeos hayan tenido algún tipo de deidad de la herrería y la metalurgia.

El dador de conocimientos

Las historias en las que algún ser divino enseña conocimientos a los humanos se encuentran en todas las culturas. Los mitos culturales de los indoeuropeos cuentan cómo los dioses de la sabiduría enseñaron a los humanos cómo hacer fuego, la forma adecuada de matar a un animal en los sacrificios, los rituales religiosos y códigos de leyes, la herrería, el tejido, el arado, el cultivo de las plantas y la curación. Las figuras de la cultura (por ejemplo, el titán Prometeo y Loki, arquetipo del embaucador) a veces tienen una posición intermedia entre los dioses y los humanos. Ciertamente son sobrenaturales, pero a menudo mueren o son torturados por otros dioses por su beneficio para los humanos; Prometeo roba el fuego sagrado para darlo a los humanos y en consecuencia Zeus lo castiga. Sin embargo, a menudo son revividos y adorados como dioses normales. Mallory y Adams los llaman "dioses artesanales" y argumentan que no son reconstruibles lingüísticamente; sin embargo, Cox compara el Prometeo griego con el sánscrito pramantha, que es como se denomina a un accesorio usado por los brahmanes para producir el fuego sagrado mediante la fricción. Entre otras figuras de este tipo destacan Hermes/Mercurio (equiparado en ocasiones a Odín y a Loki y al egipcio Thot) y Asclepio.

Las deidades protoindoeuropeas

Las principales deidades protoindoeuropeas que se han podido reconstruir a partir del análisis comparativo de las religiones indoeuropeas son:

Deidades masculinas:

  • Dyḗus Ptḗr (*Dyḗus PtḗH2r): El Padre Cielo. Dios Supremo. (Zeus, Júpiter, Varuna).
  • Perkwū́nos (*PerkwúH3nos): El Relámpago y la Tormenta, el Campeón o Guerrero matador de la Serpiente. Dios de la agricultura. (Thor, Indra, Perún).
  • Mēnōs (*Meh1not): Dios Luna.
  • Diwós Sunú (*Diu̯ós SuHnū́): Dioses heroicos gemelos hijos de Dyḗus Ptḗr relacionados a los caballos. Semejantes a los Dioscuros Cástor y Póllux.
  • Xáryomēn (*H2éri̯omēn): Unidad y ley social, prosperidad y salud.
  • Xákwōm Népōt (*H2ékwōm Népōt): Deidad del mar y las aguas. (Neptuno, Poseidón, Njörðr).
  • Mannus y Yemós (*(H)iemós): El primer hombre y su hermano gemelo al que sacrificó para crear el mundo y por ello es también el primer sacerdote.
  • Páxusōn (*PéH2usō(n)): Protector y pastor, deidad del ganado, especialmente de cabras, deidad de la riqueza, prosperidad y la sexualidad.

Deidades femeninas:

  • Dhéǵhōm Mā́tr (*Dhéǵhōm MH2étṛ): La Madre Tierra. (Gea, Rea, Deméter, Cibeles, Magna Mater).
  • Sehul (*Seh2ul). Diosa Sol.
  • Westyā (*H2u̯estieH2): Diosa del fuego del hogar, protectora de los hogares (equivalente a Hestia).
  • Xáusōs (*H2eusṓs): La Aurora (Diosa equivalente a Eos, Aurora y Ostara), diosa del amanecer, la primavera y la vida.
  • Pria (*PriHxeHa): Diosa del jardín, amor, belleza, fertilidad. (Venus, Afrodita, Freya).
  • Ɂéḱwonā (*H1éḱwoneH2): Diosa de los caballos, relacionada a las bebidas alcohólicas (Equivalente a Epona).
  • Gwouwindā (*GwouwindeH2): Diosa de las vacas. Fertilidad, prosperidad y salud.
  • Sawélyosyo Dhugətḗr (*SeH2u̯eli̯osi̯o DhugH2tēr): Hija del Sol, hermana de Diwós Sunú, relacionada al matrimonio.
  • Danu (*DeHanu): Diosa de la tierra y las aguas de los ríos, fertilidad.
  • Kolyos: Diosa de la Muerte.

Cosmología

Árbol Cósmico


Muchas mitologías mencionan un lugar situado en el centro del mundo que actúa como punto de contacto entre diferentes niveles del universo, principalmente como unión entre el Cielo y la Tierra. El lugar de este Axis mundi o Eje del Mundo es generalmente representado como un Árbol Sagrado. Por ejemplo, muchos mitos describen un gran árbol o pilar que une el Cielo, la Tierra y el Inframundo como el Yggdrasil o el Irminsul en las mitologías nórdica y sajona. Tanto los indoarios, los germanos y eslavos simbolizaban al Centro del Universo con un Árbol Cósmico cuyas ramas llegaban al Cielo y cuyas raíces alcanzaban el Infierno. El árbol Yggdrasil, situado en el «centro», simboliza y al mismo tiempo constituye el Universo.

Este árbol está o bien vigilado por un dragón o serpiente, o bien bajo un ataque constante por éste. En la mitología nórdica, el Yggdrasil está custodiado por las tres Nornas mientras que el dragón-gusano Nidhogg roe sus raíces. En la mitología griega, el árbol de las manzanas doradas en el Jardín de las Hespérides está atendido por las tres Hespérides y custodiado por el dragón de cien cabezas Ladon. En los textos indo-iraníes, hay un árbol mítico que gotea soma, la bebida de la inmortalidad de los dioses y, en las últimas fuentes de Pahlavi, se dice que un lagarto malicioso está al acecho en el fondo.

Yggdrasil es un inmenso fresno cuyas ramas se extienden hacia los cielos y conecta los distintos mundos. Está sostenido por tres raíces que se extienden hacia otros lugares; uno al pozo Urðarbrunnr en los cielos, uno al manantial Hvergelmir y otro al pozo Mímisbrunnr.Este árbol tiene tres niveles; en el nivel del medio, además de Midgard se sitúa a Nilfheim al norte, a Muspelheim hacia el sur y a Jotunheim en el este. En la cima del fresno sagrado habitan el águila y el halcón, que representan sabiduría. Una ardilla llamada Ratatösk, que simboliza al intrigante, lleva y trae noticias por las ramas. Los cuervos de Odín, que informan al dios supremo lo que acontece en la tierra, también habitan la copa. Tres ciervos pastan junto al árbol despojándolo de su corteza, y el dragón Nidhogg come sus raíces. En el cielo del fresno está el reino de los elfos luminosos, de figura "más bella que es el Sol", en tanto los elfos oscuros, "más negros que el alquitrán", viven debajo del árbol.

En la literatura védica, se menciona el Kalpavriksha, el árbol de la vida, que emergió de las aguas primarias durante el proceso de batido del océano junto con Kamadhenu, la vaca divina que otorga todas las necesidades. También se dice que el árbol es la Vía Láctea o el lugar de nacimiento de la estrella Sirio. El rey de los dioses, Indra, regresó con el Kalpavriksha a su morada en el Svarga y lo plantó allí. Otro mito dice que Kalpavriksha estaba ubicado en la tierra y fue trasladado a la morada de Indra después de que la gente comenzó a abusar de él al desear cosas malas. En la "Devaloka" de Indra se dice que hay cinco Kalpavrikshas, ​​que se llaman Mandana, Parijata, Santana, Kalpavriksha y Harichandana, todas las cuales cumplen diversos deseos. Es a causa de estos árboles que los asuras libraron una guerra perpetua contra los devas como los dioses celestiales que se beneficiaron exclusivamente de las "flores y frutos divinos" de Kalpavriksha, mientras que los semidioses vivieron comparativamente en penuria en la parte inferior. Parte de su "tronco y raíces".

La ambrosía o soma

Véanse también: Hidromiel, Ambrosía y Soma


Los dioses indoeuropeos pueden morir pero se alimentan de un néctar sagrado que les otorga inmortalidad. Los dioses griegos se alimentan con ambrosía, de néctar y del humo de los sacrificios. En sus venas no corría la sangre, sino otro líquido: el icor. Los dioses indoarios se alimentan de soma o amrita y a través de las manzanas de Iðunn los dioses nórdicos podían esperar vivir hasta el Ragnarök.

Los celtas, helenos, germanos y otros indoeuropeos tenían leyendas sobre manzanas sagradas de la eterna juventud y la inmortalidad. Estos mitos se remontan a tiempos muy antiguos antes de la historia registrada.

En las leyendas persas y mazdeístas, la poderosa Gaokerena o Haoma (cognado del soma védico) era una planta mítica que tenía propiedades curativas cuando se comía y daba inmortalidad a los cuerpos resucitados de los muertos. El jugo de su fruto daba el elixir de la inmortalidad. El nombre Gaokerena significa "cuerno de buey" u "oreja de vaca". Tanto el haoma avestico como el soma védico se derivaron del proto-indo-iraní *sauma La raíz lingüística de las palabras haoma, hu-, y soma, su-, sugiere "prensa" o "libra".

El hidromiel, conocido en la tradición nórdica como el "néctar de la inspiración" o "de la poesía", es lo único que consume Odín, dios de la poesía y la sabiduría. En inglés es mead, del anglosajón o inglés antiguo medu, y el proto-germánico meduz, los nórdicos lo llaman mjöd, los eslavos miod, los antiguos irlandeses mid, los baltos midus, los indoarios madhu. Esta bebida se menciona por primera vez en los versos del Rig Vedá, identificándose con el soma:

He probado esta dulce bebida de la vida... Todos los dioses y mortales la buscan juntos, llamándola madhu. Las gloriosas gotas que he bebido me han liberado en un amplio espacio ... La gota que hemos bebido ha entrado en nuestros corazones; Un inmortal dentro de los mortales.
Rig Veda, 8.48.
El vínculo entre Soma, Haoma y el nórdico antiguo mjǫðr (hidromiel) es poderoso y no se puede dudar. Etimológicamente están conectados, ya que al soma a menudo se le llama 'madhu' [miel, hidromiel], mientras que el Avesta llama a la intoxicación de Haoma con la palabra 'mada', que proviene de la misma raíz que las palabras nórdica e iraní que originalmente significan miel, el ingrediente mas importante del hidromiel. Además, las tres culturas describen sus bebidas sagradas como "doradas y brillantes", aportando iluminación, sabiduría, elocuencia y poesía, y tienen que ver con la inmortalidad. Al leer los Vedas de la India y el Avesta iraní, no cabe duda de que la bebida estaba fuertemente asociada con experiencias místicas personales e intensas, un estado de trance y una unión apasionada con lo divino.
Kvilhaug, 'Seed of Yggdrasil' (p. 272).[10]

Los nórdicos utilizaban el hidromiel en sus rituales y su mitología conecta dicha bebida con la esfera divina. El hidromiel divino no es solo una sustancia literal; es la poesía misma y es buscada por hombres y dioses tanto en este mundo como en el siguiente. Claramente se trata de algo más que una mera bebida alcohólica. Probablemente los nórdicos como los indoarios combinaban una especie de infusión de hongos psicoactivos con hidromiel y que esta fuese la sustancia utilizada en sus rituales sagrados, que otorga visiones divinas a los participantes.

Escatología

Ciclos cósmicos


Los indoeuropeos concebían la historia en forma cíclica, con alternancia entre cuatro edades que los indoarios denominaban yugas y se correspondían con las edades de la mitología clásica: Una de oro, una de plata, una de bronce y una de hierro. Como fuerzas naturales, los dioses vivían y morían. Participaban de un ciclo de generaciones eternas, el ciclo del Eterno Retorno.

La creencia en la destrucción y la creación periódica del Universo se conserva tanto en la cosmología indoaria como en la cosmología nórdica, en la conflagración universal conocida como Ragnarök, seguida de una nueva creación, lo que confirma la estructura indoeuropea de ese mito, y la cual puede, por consiguiente, ser considerada como una de las numerosas variantes de ese arquetipo.

Georges Dumézil, siguiendo adelante en su comparativa religiosa, descubrió importantísimos paralelismos entre el Ragnarök nórdico y el Crepúsculo de los dioses del hinduismo, pero la particularidad que presenta la religión germánica es que el mito del fin del mundo está ya anunciado en la cosmogonía.

Según las sagas y la poesía escáldica de los pueblos nórdicos, Loki y sus criaturas, el lobo Fenrir, la serpiente de Midgard Jörmungandr y Hel, se abalanzarán contra los dioses y aparecerán como los vencedores. Al final, el lobo Fenrir abrirá su hocico gigantesco, su mandíbula superior alcanzando el cielo. Cuando está a punto ya de engullir al mundo, entonces aparece Vidar. Vidar colocará un pie sobre la mandíbula inferior del lobo, y su brazo tendido hacia la superior, destruirá ese hocico monstruoso. Gracias a él, un nuevo mundo surgirá. Su dios supremo será un hijo de Odín, Baldr, el ser más bello y más sabio, del cual nuestro tiempo se privó por la perfidia de Loki. Entonces, gracias a Baldr, la justicia reinará sobre la Tierra.

Georges Dumézil establece una analogía entre Vidar y Visnú. El día en que, según los hinduistas, Bali logró conquistar al Mundo y expulsar a Indra, Vishnú se presentó bajo la forma de un enano, y le pidió al vencedor adquirir el espacio que podría cubrir en tres pasos. Bali aceptó. Pero Visnú en esos tres pasos recorrió la tierra, al aire superior y el cielo, y así, Indra recobró su posesión del mundo.

Concluye Dumézil, por tanto, que los indoeuropeos creían que gracias a dioses como Vishnú o Vidar, no estaban abandonados a la nada y que no había ninguna desesperación en ese Crepúsculo de los Dioses, pues, significaba por el contrario el advenimiento de un nuevo mundo y un recomienzo del ciclo cósmico.

Por lo tanto, el sentido del fin del mundo no está basado en una visión de destrucción total y definitiva (como en el cristianismo apocalíptico), sino como resultado de un hecho necesario para el mantenimiento del orden universal, la renovación del mundo y el cumplimiento del destino, al cual están sujetos tanto los dioses como los hombres. Como puede verse aquí, y contrariamente a lo que algunos piensan debido a la importancia del concepto del destino, las religiones indoeuropeas son en realidad mucho más optimistas de lo que se les suele atribuir.

El Inframundo

José Benlliure, La barca de Caronte, 1909, Museo de Bellas Artes de Valencia.

La mayoría de las tradiciones indoeuropeas muestran evidencia de una creencia en el Inframundo o una representación de un tipo de existencia después la muerte. Es posible que los protoindoeuropeos representaran que, para llegar al Inframundo, uno necesitaba cruzar un río, guiado por un anciano (*ĝerhaont-). La tradición griega de los muertos siendo transportados a través del río Aqueronte (o Estigia, según la versión) por el barquero Caronte para llegar al Hades es probablemente un reflejo de esta creencia. La idea de cruzar un río para llegar al Inframundo también está presente en la mitología celta, germana, eslava e indoaria. Varios textos védicos contienen referencias a cruzar un río para llegar a la tierra de los muertos y la palabra latina tarentum que significa "tumba", originalmente significaba "punto de cruce". En la mitología nórdica, Hermóðr debe cruzar un puente sobre el río Giöll Para llegar a Helheim. En los cantos folclóricos letones, los muertos deben cruzar un pantano en lugar de un río.

Es posible que los protoindoeuropeos hayan creído que el Inframundo estaba custodiado por algún tipo de perro guardián, similar al Cerbero griego, el Śárvara hindú o el Garmr nórdico, o bien que este perro, en función de psicopompo, guiaba al hombre en su viaje. En la mitología védica, aparecen los Sarameias ('hijos de Saramā'), dos perros guardianes con cuatro ojos del dios de los muertos Iama.

La tradición de colocar monedas en los cuerpos del difunto (generalmente en la boca) para pagar al barquero se atestiguan en la antigua religión griega, romana y eslava. Un uso similar de las monedas en los funerales está presente en regiones habitadas por los celtas de las culturas galo-romana, hispano-romana y britano-romana, así como entre los pueblos germánicos. Dicha práctica no sólo continuó durante la era cristiana sino que fue adoptada por algunos cristianos como lo muestran algunas tumbas merovingias y en Inglaterra persistió incluso hasta finales del siglo XIX.

Las religiones indoeuropeas no tenían dogmas sobre el mundo de ultratumba, si bien se concebía el "más allá" como un tipo de prolongación de la existencia terrestre, como demuestran los ajuares funerarios que proveen al difunto de objetos que puede necesitar en la «otra vida». A su vez se formuló la concepción largamente difundida de las «vías de ultratumba»: el «camino de los dioses» ("permanecer por la gloria") y el «camino de los padres» ("sobrevivir por la descendencia"), las cuales excluían a aquellos que no dejaban tras de sí ni recuerdos, ni posteridad, ni descendencia, conllevando a la ausencia de supervivencia (el olvido).

Esta concepción indoeuropea, que era la de la Grecia homérica y que justificaba una supraexistencia mediante ideales coherentes con la realidad natural y que podrían denominarse 'vitalistas', resultaba de algún modo profundamente insatisfactoria y angustiante para cierto tipo de individuos mediocres que eran incapaces de ganarse la gloria por méritos propios. Ésta promesa de «salvación eterna» finalmente fue ofrecida por la fabricación de una tercera vía de ultratumba: el «camino del misterio», es decir, los diversos cultos mistéricos de influencia oriental que aparecieron posteriormente (el de Dionisos, mitraísmo, orfismo, pitagorismo, platonismo y neoplatonismo), que más tarde, durante el período final, compitieron contra las grandes religiones de masas ajenas al mundo indoeuropeo (budismo, judaísmo, cristianismo, islam) en las que encontraron una alternativa que apaciguaba su angustia por la muerte.

Estas "religiones de salvación" fueron extremadamente populares porque dicha promesa no estaba asociada al mérito, al éxito o al heroísmo en batalla, sino a una simple conducta moral, de este modo, el mundo de ultratumba se convertía no sólo en algo mucho más accesible para cualquiera, sino también en algo que perdía su sentido mítico-simbólico y adquiría un sentido literal. A menudo se cree que esta fue la principal causa de las primeras conversiones masivas al cristianismo en Europa y que paulatinamente condujeron a la disolución del mundo indoeuropeo.

Rasgos del paganismo indoeuropeo

Personificación y Apoteosis

Todo lo que concierne a la naturaleza de los dioses o a su número, el origen del mundo, su devenir, los fines últimos del hombre, se elevaba al mito.

El origen de las deidades está generalmente en la personificación y representación simbólica de las fuerzas naturales adaptadas a la idiosincrasia de cada rama indoeuropea. Otras deidades son personificaciones divinizadas de ideales, valores y hechos sociales. En otras ocasiones, una deidad puede estar originada también en la apoteosis o deificación de héroes, reyes, sacerdotes, maestros u otros personajes reales de un pasado remoto y sólo recordados por las leyendas orales (evemerismo). A su vez, estas deificaciones podían fusionarse con los atributos de las personificaciones y completar la imagen de la deidad. Asimismo, los dioses implican la celebración de hombres y mujeres ideales (héroes), lo que gradualmente promueve la existencia de ellos en la sociedad.

Virtud guerrera y heroica

El culto a la guerra y el heroísmo es parte esencial de la cosmovisión indoeuropea. El culto al sacrificio de las sociedades indoeuropeas está centrado en la noción del deber, del ascetismo y del esfuerzo, especialmente en el campo de batalla. Los caídos en combate son elevados a la categoría divina y se convierten en objeto de culto.

Se valora una vida con honor y con gloria, aunque sea muy corta. Esta elección está ejemplificada en la genial figura griega de Aquiles. Se rinde culto al heroísmo y al sacrificio, aunque ello implique una vida sufrida y esforzada pero finalizada en una muerte heroica y triunfal (Mors triumphalis).

El heroísmo es visto como una cualidad semi-religiosa, impregnando así toda la mitología, leyendas y relatos de cada tradición indoeuropea. Desde Esparta hasta Germania; en Roma, Grecia y la India aria se ha mantenido la figura del héroe como un ser entre los hombres y los dioses. El heroísmo es considerado una de las mejores virtudes para los indoeuropeos; es la actitud que consigue alcanzar metas elevadas y nos acerca a nuestra naturaleza sobrehumana, considerándose por este hecho como una verdadera ascesis. Sigfrido, Aquiles o Arjuna, héroe del Bhagavad Gita, nos muestran un camino de renuncias y sacrificios personales en la consecución de un bien superior. La existencia de este modo, es considerada como una batalla por la superación humana que nos acerca a la divinidad.

El Furor Sagrado

En la historia de los pueblos indoeuropeos existen numerosas referencias a cierta fuerza, que es descrita como una especie de "furor" o "ira". La "cólera divina" es todo un arquetipo: los iranios lo llamaron aesjma y los indo-iranios, ishmin. En India se describía, además, el mada, la embriaguez divina producida por la bebida mística soma. En Grecia encontramos el menon o menis, la ira apasionada que sólo Aquiles, el mayor guerrero de todos los tiempos, poseía. También de Grecia proviene el "divino furor de Dionisio", que en un principio estaba relacionado con la glorificación de los instintos vinculados con el culto a la vida ascendente. La mania, es decir, el arrebato del furor dionisiaco, se decía que llevaba en un vuelo al alma del poseído hacia los Montes Tracios, que representaban a una Hélade primigenia, ancestral y bárbara. En el mundo céltico nos encontramos con el héroe irlandés Cuchulain, del que se apoderaba el warp-spasm ("espasmo que deforma", o "espasmo de furia") en momentos de guerra, dándole un empuje sobrenatural. Esto, en fin, nos señala que la ira sagrada proviene de una fuente antigua, y que en todos los pueblos indoeuropeos hubo círculos masculinos que cultivaban la fuerza otorgada por la furia de combate, como por ejemplo las männerbunde germánicas: hermandades militares o, como las denominó Mircea Eliade, "sociedades secretas de hombres".

Los germanos fueron quizás los últimos europeos en cultivar abiertamente la ira sagrada de un modo tribal. El nombre del dios Odín o Wotan hace referencia directa a la furia. En alemán moderno, wut significa "ira", en inglés moderno, wrath tiene el mismo significado, y en gótico, wods significaba "poseído". Wotan sería, pues, la "ira de An". An es una sílaba arquetípica; usada por los sumerios para llamar a su deidad suprema, An, el Cielo (Anu en acadio). También está relacionada con las míticas civilizaciones sobrehumanas del folklore europeo (gigantes, titanes, Atlántida, atlantes, Tuatha De Danann, etc).

Óðinn está relacionado con la palabra óðr, que en nórdico antiguo tiene dos significados. Como adjetivo significa "loco, frenético, furioso o violento" y es cognado de la palabra anglosajona wōd. El sustantivo significa "mente, sabiduría, alma o sensibilidad" y "canción o poesía" y es cognado con la palabra anglosajona wōþ. En palabras compuestas, óð- significa "violentamente enérgico" (e.g. óð-málugr "hablar de manera violenta o muy excitado").

Los berserkers recibían iniciación en un culto que se podría denominar como "misterios de Odín", el patrón de estos guerreros. Los bersekers a menudo eran llamados "hombres de Odín" o "lobos de Odín" por su predominante culto a esta deidad. Podría describirse a los bersekers, por tanto, como sectas de guerreros de élite, severamente entrenados desde pequeños en las artes de la lucha e iniciados en un culto a Odín mediante algún tipo de ritual extremadamente violento. Mircea Eliade especificó que:

No se llegaba a ser "berserkr" únicamente por bravura, por fuerza física o por dureza, sino también tras una experiencia mágico-religiosa que modificaba radicalmente la forma de ser del joven guerrero. Éste debía transmutar su humanidad mediante un acceso de furia agresiva y terrorífica, que lo asimilaba a los carniceros enfurecidos. "Se calentaba" hasta un grado extremo, transportado por una fuerza misteriosa, inhumana e irresistible, que su impulso combativo hacía surgir de lo más profundo de su ser.
Mircea Eliade, Iniciación, ritos, sociedades.

Los bersekers, recibían el Óðr (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gungnir ("estremecedora"). La fuerza física del "inspirado" por la fiebre Ódr aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar.

Una buena referencia a la versión celta del berserkergang, la podemos encontrar en The Táin, que describe la transformación del héroe Cuchulain antes de las batallas:

El espasmo de furia se apoderó de él: parecía que cada cabello estaba martilleado a su cabeza, pues todos los pelos se le enderezaron verticalmente, y se podría jurar que un punto de fuego coronaba la punta de cada uno. Uno de sus ojos se cerró más estrecho que el ojal de una aguja, y el otro se abrió más ancho que la boca de una copa. Sus mandíbulas se desencajaron hasta las orejas, y sus labios se apartaron revelando sus encías. El halo del héroe ascendió desde la corona de su cabeza.[11]

Camaradería hacia los dioses

Un rasgo sorprendente para los actuales antropólogos, es que a diferencia de algunas religiones antiguas, y de la inmensa mayoría de las actuales, en pocas culturas indoeuropeas se observaba a los hombres postrarse a los pies de los dioses, rostro en tierra, si bien, al contrario de lo que comúnmente se ha creído, el acto de arrodillarse como signo de respeto era normal entre los indoeuropeos y no es exclusivo de las religiones abrahámicas. No obstante, un rasgo común a los textos sagrados de las culturas indoeuropeas era la actitud de camaradería que algunos sacerdotes y guerreros llegaban a tener con los dioses (por ejemplo, Krishna y Arjuna en el Bhagavad Gītā, Eneas y Venus en la Eneida). Incluso, en algunos contextos como el teatro o la artesanía, se llegaba al punto de mofarse de los dioses, sin que existiera al respecto temor por su ira, a menos que se violaran las promesas a ellos realizadas. Algunas castas llegan a ser representadas como iguales frente a los dioses, como ocurría con los sacerdotes en Egipto y los guerreros en el mundo nórdico, al punto de permanecer de pie, frente a frente y con la misma altura, e incluso, utilizando el saludo común indoeuropeo, brazo en alto.

Porque no es un esclavo de un Dios Omnipotente, el indoeuropeo casi siempre reza, no hincado ni postrado en la tierra, sino erguido con sus ojos mirando hacia arriba y sus brazos estirados hacia fuera de su cuerpo.
Hans F. K. Günther, The Religious Attitudes of the Indo-Europeans, 1967.

Para los romanos el temor excesivo o la actitud de sometimiento o esclavitud hacia un dios era superstitio, término que hace referencia a una manifestación exagerada, y por tanto superflua y desordenada, de religiosidad y que aplicaron a las religiones semíticas, principalmente al judaísmo y cristianismo.

Omnipresencia de lo sagrado

Una de las conclusiones de los estudios comparativos de religiones indoeuropeas, y de estas con sistemas posteriores, es que en general se consideraba que la dignidad humana provenía de su continuidad con los dioses, culminando en el hombre la naturaleza emanada de los Inmortales.

La continuidad de la naturaleza divina se extiende a los animales, a las plantas y al conjunto de la naturaleza, comprendidos en ello también los minerales y los objetos inanimados. Una de las antiguas concepciones sobre el origen de la humanidad identifica a la primera pareja humana con los vegetales. Las corrientes de agua son divinizadas: son dioses en Grecia y en Roma, diosas en la India. Esta sacralización universal es una de las principales características del paganismo indoeuropeo, donde no existe separación entre lo sagrado y lo profano, y los aspectos sociales, políticos y jurídicos siempre están cargados con elementos religiosos. El Cosmos entero está animado por agentes espirituales. Las estaciones, las mareas, las fases de la luna, etc., todo se atribuye a lo divino.

No se trata de una divinización supersticiosa de la Naturaleza, sino de un entendimiento simbólico de ella, en virtud de la cual cada fenómeno y cada evento aparecen como una manifestación sensible de un mundo supra-sensible. El entendimiento pagano del mundo y del hombre es esencialmente marcado por el simbolismo sagrado. La cosmovisión indoeuropea, a diferencia de las religiones abrahámicas, al sacralizar al mundo y la vida, establece su afirmación y no su negación:

El mundo es sagrado, eterno, inconmensurable: el todo y la unidad misma: ilimitado y, sin embargo, semejante a lo limitado; confiable en todas las cosas y, sin embargo, semejante a lo incierto; abarca todo en sí mismo, lo que brota hacia fuera y lo que se oculta hacia dentro; es, al mismo tiempo, una obra de la naturaleza de las cosas y la naturaleza de las cosas misma.
Plinio el Viejo, Naturalis historia, II, 1.

El Lenguaje de los Pájaros

Artículo principal: Lenguaje de los Pájaros


Muchos animales, en particular las aves, han sido consideradas como las mensajeras de los dioses, ya que ellos conocen el denominado Lenguaje de los Pájaros. Los pájaros desempeñaban un papel importante en la religión indoeuropea, los augures los usaban para la videncia, y según una hipótesis de Walter Burkert, estas costumbres pueden tener sus raíces en el Paleolítico cuando en la última edad de hielo los primeros humanos solían buscar carroña observando a los pájaros.

Culto a los ancestros

Los antropólogos mencionan a los espíritus ancestrales como un tipo de seres sobrenaturales llamados *patri-, patris o patrikas ('padres, pequeños padres') y *mater> matris o matrikas ('madres, pequeñas madres') con terminaciones diminutas en varias formas afines, fueron adorados entre todos los indoeuropeos en épocas regulares del año, especialmente en mayo y noviembre.

En el Rig-veda se mencionan como los pitrís (antepasados fallecidos) y deben ser adorados.

Los "muertos honrados" persistían en cualquier ubicación y también se adoraban de la misma manera bajo el nombre de *Mannus, por ejemplo, los romanos daban el nombre de manes (Di Manes) a las almas de los antepasados que oficiaban de protectores del hogar. El pater familias o padre jefe de familia, era su sacerdote y oficiaba sus ceremonias religiosas y ofrendas en las viviendas. Aunque los antiguos no deificaban todos los muertos, no obstante creían que todas las almas de los hombres de bien pasaban a ser una especie de divinidades, por cuya razón solían grabar sobre los sepulcros estas tres letras iniciales D. M. S. Dis manibus sacrum: consagrada a los dioses manes. El vocablo manes (espíritus de los muertos) deriva del protoindoeuropeo *men-, "pensar". De esta raíz deriva el griego antiguo, menos ("vida, fuerza") y el avéstico, mainyu ("espíritu").

Asimismo, existen muchas formas afines en otros idiomas. Una variación más personal de este ritual fue la conmemoración de los camaradas perdidos por los soldados, que estaba muy extendida entre los romanos y se celebraba como las Rosalias ("fiestas de las rosas"), aproximadamente el 1 de mayo y en la que se depositaban rosas en sus tumbas.

Otras festividades romanas en honor a los ancestros eran Feralia, el 21 de febrero, en la que también se rezaba y hacían sacrificios por los manes. Este día marcaba el final de Parentalia, un festival de nueve días (del 13 al 21 de febrero) en honor a los ancestros difuntos. Otra fecha dedicada a los difuntos era el 13 de mayo, fiesta conocida como Lemuralia, durante la cual los romanos realizaban rituales para impedir que perturbaran sus hogares y vertían leche sobre las tumbas con el fin de llamar a los muertos. En esta fiesta, los espectros de los muertos inquietos o Larvael eran aplacados con ofrendas de granos y las vestales preparaban una salsa sagrada y un pastel de harina con sal de las primeras espigas de trigo de la temporada para ofrecerlos. Asimismo, los patres familiarum romanos se levantaban a medianoche para realizar una serie de rituales arrojando un puñado de habas negras por la espalda para expulsar a los espíritus de los antepasados golpeando un objeto de bronce y pronunciando determinadas liturgias.

El festival de los antiguos eslavos para conmemorar a los muertos se llama Dziady, que literalmente se traduce como "abuelos", en el sentido de "antepasados". Se celebraba dos veces al año, en primavera y en otoño, siendo el de otoño el principal. Durante la fiesta, los antiguos eslavos organizaban libaciones y comidas rituales en las que se ofrecían alimentos y alcohol a los difuntos.

Para permitir que las almas de los muertos encuentren su camino al mundo de los vivos, se encendían fuegos y velas. Asimismo, eran tradicionales las máscaras de madera con rostros grotescos, similares a los tallados por los celtas. En las mitologías locales tales banquetes eran organizados tanto por los vivos como por las almas de los antepasados que comparten el Dziady en las tinieblas.

En polaco esta tradición pagana prevaleció en la forma de banquete cristiano de Zaduszki (el 2 de noviembre, Día de los Difuntos). Los lituanos y otros pueblos bálticos también tienen un banquete similar, llamado Ilges y se diferencia muy poco del eslavo Dziady. La segunda parte del poema épico Dziady de Adam Mickiewicz se dedica principalmente al banquete de Dziady organizado en lo que hoy es Bielorrusia, y es popular entre los rutenios y lituanos durante los tiempos de la Mancomunidad Polaco-Lituana. En Bielorrusia, Dziady (Дзяды) fue llevado a cabo generalmente el último sábado antes del pasado antes del día de San Demetrio, a fines de octubre e inicios de noviembre (Dźmitreuskija dziady, San Demetrio Dziady).

Rito funerario

La hipótesis de los kurganes sugiere que los protoindoeuropeos enterraban a sus muertos en túmulos o cámaras funerarias. Líderes importantes pudieron haber sido enterrados con sus pertenencias, y posiblemente con miembros de su familia o con sus esposas (satí).

Todos los pueblos indoeuropeos, desde Escandinavia hasta India, también practicaban el ritual funerario de la incineración, lo que simbolizaba la ascensión del alma del difunto, a través del fuego, desde la Tierra hacia el Cielo; del mundo material al mundo del espíritu, y su reunión con los poderes celestes y los ancestros. El hombre es un Hijo del Cielo y trasciende hacia su Padre cuando es incinerado. A los soberanos o héroes se les deposita en el interior de túmulos, montañas o pirámides, es decir, monumentos celestes de materia vertical que, en su ordenación purificadora, se eleva al Cielo, con la idea subyacente de conservarles en el seno terrestre para que retornen en un futuro momento de máxima necesidad. Se tiene bien presente que la muerte no es el fin, y que nuestros actos decidirán el futuro del muerto en el "más allá". Éste "más allá" no es concebido como un "paraíso pacífico y feliz", sino como un lugar donde aguardan los viejos camaradas de armas, los hermanos de sangre y los antiguos patriarcas de la Raza, y donde la lucha es eterna.

El sacerdocio

El origen de las castas sacerdotales, que son la casta de filósofos y de los hombres más sabios de la sociedad, está en la aristocracia guerrera. Los germanos no poseían una casta de sacerdotes y la función sacerdotal era ejercida por los reyes. A menudo también esta función era ejecutada por los capitanes militares, por los patriarcas de los clanes, por los cabezas de familia o por los primogénitos del linaje familiar como en el caso de los romanos. Asimismo, las sacerdotisas de sociedades indoeuropeas son vírgenes, como lo eran las sacerdotisas de Artemisa en Esparta, la Pitia de Delfos o las vestales de Roma.

*bhlagh(s)men es la palabra indoeuropea que los lingüistas reconstruyen como base de otras dos, tan distantes en el espacio, como son las empleadas por los latinos y por los indoarios e iranios para designar a sus respectivos sacerdotes, flāmen en el primer caso y brāhmaṇa (brahmán) en el segundo. El primitivo rēx ("rey") latino, cuenta con un sacerdote a su servicio, como su equivalente védico, el rasha (rājaḥ) ―la tan conocida palabra majarash (mahārājaḥ) es fácil de trasladar al latín por magnus rēx― cuenta con un brahmán como sacerdote personal. La misma relación existía en Irlanda entre el , el rey de los celtas irlandeses, y su druida propio, aunque el nombre de éste ―derivado del de la encina― no guardase relación con los de sus homólogos latino e indoiranio.

Según Joseph Vendryes, quienes mantuvieron este espíritu conservador que se aprecia en las áreas marginales del mundo indoeuropeo fueron precisamente los sacerdotes. He aquí su explicación:

La India y el Irán, por una parte, Italia, la Galia y las islas Británicas, por otra, han conservado en común ciertas tradiciones religiosas, gracias al hecho de que estos países son los únicos del ámbito indoeuropeo en poseer colegios de sacerdotes. Brahmanes, druidas o pontífices, sacerdotes del vedismo o del avestismo, a pesar de diferencias que saltan mucho a la vista, tienen, sin embargo, en común el mantenimiento de una tradición única. Estas organizaciones sacerdotales suponen un ritual, una liturgia del sacrificio, en suma, un conjunto de prácticas de aquellas que menos se renuevan. Pero no hay liturgia ni ritual sin objetos sagrados cuyos nombres se custodian, sin plegarias que se repiten sin cambiar nada en ellas. De ahí, en los vocabularios, conservaciones de palabras que no se explicarían de otra manera.

Los druidas, según escribe Julio César, "se ocupan de lo relacionado con los dioses, ofician los sacrificios públicos y privados, ordenan todas las cosas de la religión. Un gran número de jóvenes acude a ellos para recibir instrucción, y gozan de una gran estima". A quienes no aceptan sus decisiones les están vedados los sacrificios, lo que equivale a una especie de muerte civil. Un jefe único ejerce la autoridad suprema. "A su muerte, si uno de ellos destaca por su dignidad, le sucede. Si hay varios iguales, se disputan la primacía por el sufragio de los druidas y frecuentemente por la fuerza de las armas". Los druidas estaban exentos del servicio militar y del pago de impuestos. Atraídos por tales ventajas, muchos fueron a seguir sus enseñanzas. Ahí aprendían de memoria un gran número de versos y hay quienes permanecían hasta veinte años en su escuela.

La religión celta, así como la brahmánica, prohibía escribir sobre cualquier asunto relacionado con el espíritu, a diferencia de los demás asuntos públicos y privados para los que los celtas utilizaban el alfabeto griego. César afirma que los druidas establecieron esta norma porque no querían que su doctrina se difundiera por el pueblo llano, sino que permaneciera en aquellos dignos de conocerla, y además porque los aprendices de druida, si se confiaran a la escritura, correrían peligro de descuidar la memoria. Los brahmanes aún hoy recitan los Vedas en forma de cantos, lo que les ayuda a memorizarlos de forma que no cometan ningún error.

Esto último contradice la idea vulgarmente aceptada de que en todos los casos la tradición oral siempre terminaría por modificarse tanto hasta el punto de que no podría preservarse en su forma original.

Templos y lugares de culto

Los lugares de culto eran originalmente las cumbres de las montañas —como entre los antiguos iranios— o lugares donde había dólmenes, menhires y otros signos verticales y "fálicos". Posteriormente, se erigieron túmulos, pirámides y templos, que eran concebidos como la envoltura material de la idea espiritual —la coraza material del fuego sagrado espiritual.

La palabra templo deriva de la raíz protoindoeuropea *temh- que significa "cortar" o "separar" en el sentido de delimitar un espacio y separarlo del uso común. De ahí procede el griego temenos (τέμενος; plural: τεμένη, temene) palabra referida a un terreno asignado como dominio oficial, especialmente de reyes y jefes, o separado de usos mundanos y dedicado a un dios: un santuario, un bosque sagrado o un recinto sagrado. El equivalente latino era llamado fanum.

En latín, se denomina templum al espacio rectangular que los augures delimitaban en el cielo para observar las aves y hacer vaticinios. De ahí viene la palabra "contemplar" en español. En las lenguas célticas el nemetón es un espacio sagrado, generalmente un claro en el bosque o un recinto alrededor de un árbol un altar, en el que la comunidad se reúne y lleva a cabo sacrificios. El término germánico Höf también hace referencia a un recinto separado del resto.

En épocas remotas las tribus eran nómadas, pero tenían un lugar sagrado en el que se reunían para celebrar los grandes festivales religiosos. Con el tiempo dichos recintos fueron desarrollándose más y se realizaron construcciones en ellos. En origen el "templo" era el espacio sagrado, sólo de manera tardía se aplicó la palabra a la construcción interior donde estaba el altar y la estatua del dios para hacerle ofrendas (en un primer momento se trataba de simples exvotos). Así es como, entorno a estos recintos sagrados que, por ser templos eran espacio de tregua en los que no se podía ejercer la violencia y por lo tanto un buen lugar para los intercambios comerciales, empezaron a surgir poblados. A veces varias tribus emparentadas entre sí se reunían entorno a un mismo recinto, que todas consideraban sagrado. De esta manera surgían las primeras ciudades y es por eso que el templo siempre está en el centro de las mismas y que el dios o la diosa al que se le rendía culto en ese primitivo recinto se convertía en el protector de la ciudad.

El templo, el recinto sagrado, es un espacio que no pertenece a este mundo sino al mundo de los dioses. Normalmente situado en un lugar de poder donde las líneas de ley de la Tierra se entrecruzan. Es un portal que conecta ambos mundos, un puente por el que se puede acceder a las moradas divinas. Por eso no puede dedicarse a otros aspectos que no sean el culto. Un lugar consagrado que pertenece a Asgard, no a Midgard. En él el sacerdote, brahmán, godi o druida, es un pontifex, (pontífice, "hacedor de puentes") entre nuestro mundo y el mundo de los dioses. Del mismo modo, los túmulos funerarios son un portal al mundo de los muertos y un lugar de culto a los ancestros.

Sacrificios y ofrendas

Los ritos de sacrificio y ofrendas probablemente eran administrados por la casta de sacerdotes o chamanes. Algunos animales eran sacrificados (*gʰʷn̥tós) y dedicados a los dioses (*déiwos) con la esperanza de ganar su favor. El jefe, como sumo sacerdote, pudo haber sido la figura central en el establecimiento de relaciones con el otro mundo.

La libación era un ritual común de ofrenda a los dioses. Los líquidos ofrecidos en las libaciones eran variados, normalmente vino, leche, miel, hidromiel, cerveza, aceite, agua pura y otros líquidos que se vertían en el suelo. En la Antigua Grecia, al comienzo de un banquete o simposio se vertía un poco de vino sin mezclar sobre el suelo para el demon favorable. Normalmente, se mezclaba el vino en tres recipientes (cráteras), y al menos en Atenas se vertía una libación de cada uno de ellos a Zeus, a los dioses del Olimpo y a los héroes.

En Grecia y Roma, se ofrecían sacrificios a todas las divinidades y consistían en animales dedicados a cada una. Por ejemplo, el caballo a Neptuno, el chivo a Baco y, fuera de estos casos, bueyes, toros, carneros, corderos y diversas aves (gallos, palomas, etc.) La inmolación consistía en un principio en derramar sobre la cabeza de la víctima harina de trigo puro mezclada con sal, pero más adelante se llamó inmolación al sacrificio completo. El sacrificio de cien bueyes recibía el nombre de hecatombe.

La práctica del sacrificio humano entre los protoindoeuropeos es deducida a partir de un sitio de sacrificios hallado en Luhansk, Ucrania. Esta práctica, que estuvo ausente entre griegos, pervivió con germanos, celtas, geto-dacios y romanos, quienes no lo prohibieron hasta el año 97 AEC. (aunque subsistió bajo la forma de las sangrientas muertes circenses de los gladiadores). Según Julio César, los galos construían grandes hombres de mimbre huecos que eran llenados con criminales y luego eran quemados. Entre los germanos, el sacrificio humano era una práctica esporádica, Adán de Bremen afirmó que se realizaban cada nueve años en el Templo de Upsala en Suecia, y más bien se reservaba únicamente para ser ejecutado por los reyes, quienes detentaban tanto el poder mágico como el jurídico.

Algunos eruditos que juzgan el pasado desde una perspectiva contemporánea, especialmente influenciados por el cristianismo, han manejado estos datos como prueba de la "barbarie" de los paganos y del carácter "primitivo", a la vez "salvaje" e "infantil" de la teología indoeuropea. Pero el sacrificio humano estaba provisto de un simbolismo cosmológico y escatológico singularmente complejo, y con el que, además, la sociedad administraba la justicia y la pena capital contra ladrones y criminales en nombre de una deidad.[12] De hecho, en la Antigua Roma, la ejecución de criminales a veces se entendía como sacrificios humanos a los dioses.

En el mundo antiguo, la religión no estaba separada de otros ámbitos, como la política; cada oficina de Estado también fue un oficio religioso. Si el sacrificio era el origen y significado del mundo, entonces el orden sólo podía ser restablecido por el sacrificio.

Interpretación y uso religioso de los mitos

Vulgarmente se suele pensar que en los "viejos tiempos" la gente creía de forma literal en los mitos, y que ahora solo se narran por su valor de entretenimiento, ya que actualmente aparecen en cómics, óperas, películas y otras obras modernas de ficción. Pero muchos mitos se utilizaban con mucha frecuencia para representar simbólicamente eventos tanto naturales como sociales y complejos fenómenos psicológicos. Se puede demostrar que en la época del drama griego clásico, por ejemplo, las ideas sobre las condiciones o preocupaciones sociales o políticas se contaban como un comentario sobre la sociedad griega, generalmente de manera indirecta, que es una forma en que los mitos se usan a menudo ahora. De forma que no es que la gente fuese más crédula en los viejos tiempos. Hay personas ahora, como hubo en el pasado, que creen en todo tipo de tonterías de una manera simple, y siempre hubo y sigue habiendo personas que tienen una comprensión más sofisticada del mundo y de la naturaleza de la información que se les presenta. El carácter de los mitos que les permite adaptarse a cualquier uso les ha permitido ser de continuo interés y utilidad, y es probablemente este mismo factor el responsable de su preservación.

Evidentemente existían niveles de interpretación de la religión entre la gente. Mientras que, por ejemplo, las castas sacerdotales comprendían los mitos y los ritos a niveles esotéricos y metafísicos, las masas quizás entendían la religión de una forma mas superficial.

Por otro lado, muchos textos afirman específicamente que contar o escuchar un mito confiere una bendición a los oyentes. Por ejemplo, el texto celta del Táin Bó Cúailnge tiene un colofón que dice: "Una bendición sea para todos los que deben guardar fielmente el Táin en la memoria tal como está aquí y no deben agregarle ninguna otra forma". Contar mitos también se considera una manera de alabar y honrar a los dioses, por lo que los mitos a menudo se recitan o cantan, especialmente en las festividades de un dios en particular, o como dice Tácito "Las alabanzas de sus dioses y los logros de sus héroes, se suelen cantar en sus reuniones de festival" (Germania c.ii). Este comportamiento está muy extendido entre los indoeuropeos y es importante para entender la religión protoindoeuropea, pero los estudiosos generalmente la han ignorado. El relato o la interpretación de los mitos fue aparentemente el ímpetu original de la tradición del drama griego en los festivales de Dionisio, aunque para el momento en que tenemos un registro escrito de los dramas, no están restringidos en materia de los mitos de ningún dios en particular.[13]

Referencias

  1. N. Encontrándose también en los mitos de Tiamat en Sumeria, de P'an-ku en China y del monstruo marino Cipactli en la mitología azteca
  2. Mircea Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Volumen II: De Gautama Buda al Triunfo del Cristianismo. Paidós.
  3. N. Por ejemplo en la mitología sumeria el mito del Gran Diluvio es protagonizado por Utnapishtim en el Poema de Gilgamesh, el cual es anterior al relato hinduista y ambos precedieron a la historia bíblica del arca de Noé de la mitología judía.
  4. G. Dumézil, L'héritage indo-européen a Rome, págs. 127-142; id., La religión romaine archaíque, págs. 82-88.
  5. Lingua Passerum: El Abismo, el Dragón, el Héroe.
  6. Slavorum: Old Church on mount Perun in Croatia is getting destroyed by thunder strikes
  7. Georges Dumézil, Ouranós-Váruna; étude de mythologie comparée indo-européenne (Urano-Váruṇa: estudio de mitología comparada indoeuropea), París, A. Maisonneuve, 1934.
  8. Eliade, Mircea (2007). Tratado de historia de las religiones. México: Era. pp. 83 - 101. ISBN 9684111835.
  9. James P. Mallory & Douglas Q. Adams, The Oxford Introduction to Proto-Indo-European and the Proto-Indo-European World (2006) Oxford, England: Oxford University Press, ISBN 978-0-19-929668-2 p. 410.
  10. Survive the Jive: Hyperborean Hallucinogens
  11. Soldados de la bestia —los bersekers y la expansión vikinga
  12. William R. Short, Icelanders in the Viking Age: The People of the Sagas
  13. Moulton, The Ancient Classical Drama. p. 5.

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