Tocarios
Los tocarios fueron un pueblo indoeuropeo que habitaron más al Este en la Antigüedad. Asociados con la cultura de Afanasievo, se separaron del núcleo estepario alrededor del 3300 a. C. y migraron a través de Asia Central poblando la cuenca del Tarim en lo que hoy es la Región Autónoma Uigur de Sinkiang, en la actual China occidental. Su presencia está atestiguada por las momias caucásicas del desierto de Taklamakán, que muestran la estatura alta y el cabello claro característicos de sus ancestros esteparios.
Su peculiar cultura se extendió desde cerca el s. XIX AEC hasta finales del primer milenio de nuestra era. Su lengua se conoce como tocario. A pesar de su ubicación en el extremo oriental, conservaron una lengua «centum», más cercana a las ramas de Europa occidental que a las indoiraníes.
Introdujeron en China los caballos, el estribo y la metalurgia del hierro. Construyeron ciudades en la Ruta de la Seda y asimismo podrían tener relación con las pirámides de China central. Además de su lengua, los cabellos rubios y pelirrojos de las momias de Tarim son evidencia de su origen indoeuropeo. Los análisis genéticos realizados a estas momias han arrojado linajes paternos R1a, asociados a eslavos e indo-iranios.
Existe cierta confusión en la historiografía tradicional en torno al término "tocario", que parece haberse usado para designar a dos pueblos diferentes. Los tocarios propiamente dichos que hablaban una lengua "centum" y asentados en la cuenca del Tarim parecen ser identificables con el pueblo denominado wusun en las fuentes chinas. Por otra parte el término "tocario" fue usado por los árabes para referirse a un pueblo iranio que fundó el Imperio kushán en el norte de India, y que podría ser identificable con el pueblo denominado en las fuentes chinas como yuezhi (yüeh-chi).
Sumario
Etimología
El nombre "tocario" es, en realidad, un error histórico. Cuando los investigadores descubrieron los manuscritos en Asia Central, los asociaron con un pueblo de Bactria, llamado Tókharoi (en griego: Τόχαροι), un exónimo utilizado por los historiadores y geógrafos de la Antigua Grecia (como Estrabón y Ptolomeo) para identificar a un pueblo nómada de Asia Central que hablaba, muy probablemente, una lengua iraní oriental (similar al bactriano) y que desempeñó un papel crucial en la historia de la región entre los siglos II a. C. y I d. C.
Cuando los lingüistas modernos encontraron textos en el Tarim que mencionaban la palabra twghry, asumieron erróneamente que se trataba de los Tókharoi descritos por los griegos. Más tarde se descubrió que los hablantes de las lenguas del Tarim no eran los mismos Tókharoi de las fuentes clásicas, pero el nombre ya se había popularizado y se mantuvo para evitar confusiones mayores.
Los Tókharoi fueron una de las tribus que, según las crónicas griegas, cruzaron el río Jaxartes (el moderno Sir Daria) y destruyeron el Reino Grecobactriano alrededor del año 145 a. C. Se les asocia frecuentemente con los Yuezhi de las crónicas chinas (Han Shu). Tras ser expulsados de sus tierras originales por los Xiongnu, migraron hacia el oeste, asentándose finalmente en la región que pasó a llamarse Bactria (y posteriormente Tocarestán, en el actual Afganistán y Tayikistán).
Uno de los linajes de estos Tókharoi (o Yuezhi) terminó unificando a las tribus para fundar el Imperio Kushán, una de las potencias más importantes de la antigüedad, que sirvió de puente cultural entre la India, China y el mundo grecorromano a través de la Ruta de la Seda.
Genética
Genéticamente, la cultura de Afanasievo muestra una estrecha afinidad con la cultura Yamnaya, compartiendo un perfil genético muy similar y una alta frecuencia del haplogrupo del cromosoma Y R1b-Z2103. Esta continuidad sugiere una migración de larga distancia con escasa mezcla inicial, en la que estos grupos transportaron tanto su lengua como ciertos rasgos genéticos característicos de las poblaciones de la estepa.
Sin embargo, la evidencia genética de la cuenca del Tarim indica que esta no fue una población estática, sino el resultado de múltiples capas de interacción. Mientras que los primeros componentes pueden vincularse indirectamente con estas expansiones tempranas, fases posteriores muestran la presencia de linajes como R1a, ampliamente distribuidos en Eurasia durante la Edad del Bronce y asociados a poblaciones de Asia Central vinculadas a la cultura Andrónovo.
En conjunto, estos datos sugieren que la región del Tarim funcionó como un espacio de convergencia, donde distintas oleadas de origen estepario, portadoras de tradiciones lingüísticas y culturales indoeuropeas, se superpusieron a lo largo del tiempo.
Momias del Tarim
Las momias del Tarim son cuerpos humanos momificados descubiertos a partir de los años ochenta en la cuenca del río Tarim (Xinjiang) y que tienen antigüedades de entre 4000 y 2200 años. Su momificación natural se debió a la sequedad del Turquestán Oriental. Su hallazgo evidenció que ya entre el IV milenio AEC. y principios del II milenio AEC. existía en ese extenso territorio una población con un aspecto y fisionomía totalmente europea, muchos de cuyos individuos eran de cabellos rubios o pelirrojos y de ojos claros y su cultura material, directamente relacionada con la Edad de Bronce europea, yacimientos como Hallstatt y el posterior mundo celta. De hecho, Tarim es, como Hallstatt, una zona que abunda en sal, cosa que era propicia para los pueblos típicamente ganaderos. La existencia de población con estas características se conocía desde hacía mucho tiempo merced a que era citada por fuentes chinas, que la situaban en la cuenca del Tarim y en la Zungaria.
Los análisis de los productos textiles correspondientes a las momias del Tarim muestran ciertas similitudes con las civilizaciones europeas de la Edad de Hierro europea (por ejemplo, con La Tène) datadas hacia el 800 AEC., incluyen tales textiles el tejido cruzado de sarga, llamado en inglés twill y el tartán.
Las momias femeninas llevan un tipo de falda muy similar a las que se encuentran preservadas en yacimientos de la Edad de Bronce Nórdica. Dado que muchas de estas momias vestían el tipo de tela llamado tartán, algunos han supuesto que se trataba de poblaciones celtas.
Lo más probable es que se trate de poblaciones con orígenes paleoeuropeos: en el cuarto milenio AEC existían al norte del mar Negro tales poblaciones paleoeuropeas a las cuales algunos investigadores vinculan directamente con la llamada cultura de los kurganes (o cultura Kurgan) o con la cultura Afanasievo. En el segundo milenio AEC. se levantó en las cercanías del lago Lop Nor la necrópolis llamada Qäwrghul, correspondiente al antiguo reino tocario de Kroraina, en tal necrópolis se encuentran individuos con características somáticas paleoeuropeas. Estas poblaciones paleoeuropeas se difundieron en el tercer milenio AEC. hasta la cuenca alta del Yenisei en el sur de Siberia.
Los chinos han conservado en relación al pueblo tocario valiosos testimonios en sus escritos antiguos, pero no se encuentran en tales escritos indicaciones claras respecto al llamado idioma tocario. Por otra parte la historia china comienza a ser tal a partir de Sima Qian de modo que antes de tal historiador así como la historia escrita china no existe como tal, menos aún puede existir desde las fuentes chinas una historia de los tocarios. En todo caso las crónicas chinas distinguen cinco parcialidades yuezhi: las de los Xiemí, Guishuang, Shangmi, Xidum y los Dümì. De las cinco parcialidades, la de los Guishuang sería la más renombrada.
Se debió esperar que se produjeran las expediciones arqueológicas de inicios del siglo XX para saber a ciencia cierta que el tocario era un idioma indoeuropeo. Las expediciones dirigidas por el inglés Aurel Stein, los alemanes Albert Grünwedel y Albert von Le Coq, el francés Paul Pelliot, junto a otras japonesas y rusas permitieron el descubrimiento de numerosas ruinas y grutas que han dado gran información respecto a los tocarios, en especial los de la época budista.
Las fuentes chinas antiguas mencionan la existencia de los quanrong (quan: ‘perro’, rong: ‘bárbaro del oeste’) en el país de las Arenas Móviles (el desierto de Takla Makan), estos quanrong eran pastores y poseían características guerreras (combatían a caballo usando el arco y la flecha). El rey Mu de la dinastía Zhou que reinó de 1001 a 967 AEC. (según la cronología tradicional china) les atacó en su propio territorio y aprisionó a cinco de sus reyes, lo que demuestra que para esa época los quanrong (luego yuezhí) no formaban un estado único.
Existen varias razones para suponer que los quanrong eran en efecto los tocarios, o sus ancestros directos. Por ejemplo tanto para los llamados quanrong como para los tocarios (y esto está comprobado fehacientemente entre los tocarios kuchianos) el color blanco poseía una simbología mística asociada a la deidad solar, también entre los quanrong y los tocarios se señala la existencia de festines en los cuales una sola joven servía de beber y comer a varios hombres. Según Georges Dumézil tales festines serían rituales místicos ligados a la cuestión de la inmortalidad o la búsqueda de una eterna juventud.
Por consiguiente se puede admitir que los tocarios se hallaban en la Cuenca del Tarim al menos desde el siglo X AEC., deducción compatible con la de los orígenes paleoeuropeos de este pueblo.
Sin embargo los habitantes de la Cuenca del Tarim en el primer milenio AEC. ya no son de tipo exclusivamente paleoeuropeo, durante un largo período se habría producido una fuerte mixogénesis; los tocarios del período búdico eran nacidos de tal fusión.
Territorio
El núcleo histórico de la civilización tocaria fue el actual Sinkiang, más exactamente esta civilización prosperó en la cuenca del Tarim. El territorio en cuestión era estepario ya hace cuatro mil años, desarrollándose importantes ciudades en los oasis, el elenco de las más importantes actualmente conocidas es de este a oeste el siguiente: Hami, Turfán (o Turpán), Karachahr, Kucha, Aksui y Kashgar (téngase en cuenta que casi todos estos topónimos son muy posteriores al poblamiento tocario). Todas las ciudades reseñadas resultaron capitales de reinos tocarios otras ciudades y otros reinos —aún más ignotos— han existido en el sur de la Cuenca del Tarim pero han desaparecido ante el avance de las arenas. Esta civilización no poseía un estado unificado tocario debido principalmente a las grandes distancias existentes entre los oasis.
La Ruta de la seda recorría la Cuenca del Tarim hasta el antiguo límite occidental chino en las Puertas de Lulán, los oasis en los cuales vivían los tocarios eran jalones o etapas obligadas de tal ruta, de modo que los pueblos tocarios, al tiempo que cultivaban sus tierras fértiles, se vieron beneficiados con el comercio que por ella se desarrollaba. No sólo mercancías discurrían de un extremo al otro de Eurasia por tal ruta sino —quizá lo más importante—información en forma de rasgos culturales (por ejemplo: artes, religiones, formas de escrituras etc.).
Hacia el verano del año 629 EC. el célebre monje budista chino Xuanzang se dirigió a la India atravesando territorios tocarios, respecto a uno de los principales reinos de este pueblo, el reino de Kucha, refiere: «El suelo es favorable al sorgo rojo, y al trigo, produce además la raíz llamada gengtao (probablemente el ginseng), vides, granadas, gran cantidad de peras, duraznos y almendras. Se encuentran minas de oro, cobre, hierro, plomo y estaño».
Al sur de Karachahr o Karashahr se hallaban importantes minas de plata usadas para la acuñación de monedas. Poco tiempo después del año 400 EC., otro viajero chino, Zhimeng, relata que en «la ciudad de Kucha existen altas torres y palacios de varios pisos decorados con oro y plata». Los chinos quedaron embelesados por el magnífico palacio real de tal ciudad en donde las salas estaban ricamente exornadas con oro, jade y langgan. El langgan sería una variedad roja de jade que las poblaciones de la Cuenca del Tarim vendían a China. De tales magnificencias sólo restan algunos escritos y ruinas.
El tocarólogo Douglas Q. Adams ha estimado que hacia el siglo VIII EC. sólo el reino de Kucha (y sus vasallos) tenía una superficie de aproximadamente 140.000 km² y una población de 450.000 habitantes (aproximadamente la misma cantidad que en la Inglaterra de entonces). En los textos chinos la ciudad capital de tal reino era llamada Yiluolu y a tal ciudad le estimaban una circunferencia de casi 10 km.
Historia
Los hallazgos arqueológicos aún no han develado el «misterio tocario», pese a haberse encontrado escritos (muchos de ellos realizados sobre papel que los tocarios adquirían de los chinos) e incluso pinturas que los figuran. Faltan coherentes crónicas o historiografías que puedan haber sido desarrolladas por el pueblo que es llamado tocario.
Gran parte de los datos históricos se basan en los hallazgos arqueológicos y en relatos casi legendarios realizados por gentes de otros pueblos (chinos, griegos, persas, hindúes). De este modo es que gran parte de la actual historia que se puede mencionar en relación con los tocarios se confunde con la protohistoria y por tal motivo de lo poco que aún se sabe mucho ya se ha dicho en el acápite «arqueología y protohistoria».
Las fuentes chinas de la dinastía Han señalan que hacia el siglo II a. C. los yuezhi de la Cuenca del Tarim y Turpan fueron atacados y vencidos por los nómadas procedentes de la actual Mongolia llamados por los chinos como xiongnu. Por este motivo, tras la derrota sufrida ante los xiongnu en el 162 a. C. gran parte de los yuezhi emigró al territorio llamado actualmente Ganzu por una parte y por la otra -mientras eran perseguidos por la coalición de xiongnu y wusun, los yuezhi/tocarios atacaron a un reino sai (saka) ubicado en la zona del Ili y el lago Ysik Kul, tras esto marcharon sobre los territorios de la civilización eminentemente urbana llamada por los chinos Ta-Yuan (Fergana), luego avanzaron más al sur desplazando a los sakas de Sogdiana, pero los wusun en el 132 a. C. volvieron a derrotarlos y les forzaron a migrar hacia la Bactriana, en este último país es donde los griegos los encontraron y, como se ha visto, les llamaron tocarios. Por otra parte, es altamente probable que una buena cantidad de integrantes de este pueblo se hayan mantenido en la zona de la ciudad de Karachahr y allí hayan fundado el reino llamado por los hindúes (en sánscrito): Agní, ello explicaría que la misma lengua se hablase en Bactriana y en la zona de Karachahr.
En tiempos de la dinastía Han los chinos respondieron a los ataques de los Xiongnu con fuertes contraataques en la Cuenca del Tarim, de modo que los yuezhi o tocarios se encontraron en una penosa situación entre ambos poderosos rivales, tal situación duró centurias. El emperador han Wudi intentó llevar a cabo una operación diplomática en el año 138 a. C. enviando un emisario, Zhang Qian, hacia el territorio de los llamados yuezhi con el fin de organizar un frente común para frenar el poder y agresividad de los xiongnu. Aprovechando la misión, este diplomático habría recogido información de las regiones por las que pasó, incluyendo la de los tocarios, y estableciendo alianzas con todos ellos. Habría observado la presencia de productos chinos en la zona, hecho que evidenciaba la existencia de alguna ruta comercial desconocida por la corte imperial han y que unía el sur de China con la India (Shendu) y los reinos de Asia central.
Los relatos de los esfuerzos diplomáticos desplegados por los chinos para obtener la sumisión de los reinos y pueblos de la Cuenca del Tarim, en donde la situación de guerra era continua atiborran las crónicas chinas de la dinastía Han. Pero tales crónicas mencionan los conflictos entre los reinos y nada dicen de la situación interna de cada reino yuezhi. De los textos tocarios que nos han llegado casi no se obtiene información útil. Se sabe que los reyes de Kuchi y de Agni se proclamaban Grandes Reyes siguiendo el modelo de los grandes reyes hindúes (los Maharajá). Para esa época se mencionan a reyes que usaban nombres sánscritos, tal como Suvarna Pushpa (‘flor de oro’) quien reinó al menos desde el 618 d. C. y su hijo Suvarna Deva (en el dialecto tocario de Kucha: Sarainatepe (dios de oro) quien reinó en Agni/Karachahr a partir del 624.
Lo concreto es que en el siglo V de nuestra era ya se habían restablecido los estados tocarios de la Cuenca del Tarim y gozaban de prosperidad, mientras que desde el 125 a. C. los tocarios establecidos en Bactriana, atacaban a los últimos reyes helenísticos y luego invadían el norte de la India (incluyendo la mayor parte del territorio correspondiente al actual Pakistán) creando el llamado Imperio kushán.
Los reyes tocarios establecidos en Bactriana tendieron a imitar muchas de las costumbres griegas de los reyes greco-bactrianos, entre otras usaron el alfabeto griego tal cual se observa en la numismática que realizaron.
Un hecho importante de la historia tocaria fue la conversión al budismo, más precisamente a la escuela búdica llamada sarvāstivāda rama del budismo theravāda o hināyāna.
Se ignora aun cuando se inició la conversión al budismo, aunque se sabe que ya hacia el 300 d. C. el budismo se encontraba floreciente en la importante ciudad de Kuchi. Entre los pueblos convertidos al budismo junto a los tocarios se encontraban los jotanios, pueblo de lengua irania establecido en Jotán o Khotan en el suroeste de la Cuenca del Tarim, ciertos términos búdicos usados por los tocarios kuchianos son de origen jotanés. En el siglo IV el tocario ya se escribía en una variante antigua de sánscrito llamada brahmi. En tocario con alfabeto brāhmī se encuentran traducidos varios sutras.
El budismo parece haber tardado siglos en imponerse sobre las antiguas tradiciones religiosas de los tocarios. Por ejemplo en Agni, datadas de inicios del siglo II, se han encontrado estelas que corresponden a la antigua religión tocaria. Es evidente que se produjo una síncresis entre el budismo y los antiguos cultos, por esto, lo mismo que el budismo devino chino en China, tibetano en el Tíbet, japonés en el Japón, también fue tocario entre los tocarios.
Por ejemplo, los habitantes del reino de Kuchi creían en deidades sincréticas tales como el Dios-Sol-Omnisciente (el Omnisciente es Buda, y Dios Sol es el nombre de una antigua deidad tocaria). Este pueblo veneraba al sol (al cual, como se ha dicho, se asociaba el color blanco), en particular al sol naciente: para ellos, el Este era la dirección de referencia (su Norte). Así, los textos del budismo tocario hablan de la «elevación del Dios-Sol de la Omnisciencia» y de Ylaiñäkte (el dios del trueno). Por su parte, los tocarios, en gran medida merced al Imperio kushán y a las traducciones de los textos sánscritos han contribuido a la difusión del budismo en China.
En 1913, Sylvain Lévi ha señalado que ciertas expresiones del budismo chino no provienen del sánscrito sino del tocario. Por ejemplo, el hecho de hacerse monje se dice en sánscrito «marchar hacia adelante». En cambio, los textos del tocario kuchiano y los chinos usan la expresión «salir de la casa». Para designar a las «herejías», los kuchianos usaban términos del sánscrito tales como mithyā drishti (‘visión o doctrina engañosa’), pero también un adjetivo en su idioma: pärnaññe (‘exterior’, ‘extraño’) y los chinos llamaron a las herejías wai-tao o waidao (‘camino externo’). De este modo, la Cuenca del Tarim ha sido más que un simple segmento en la ruta del budismo hacia el Oriente de Asia, con los tocarios el budismo ha obtenido una «coloración local» antes de reemprender su marcha.
Exterminio de los tocarios
La dinastía china de los Tang, creada en el 618 por Li Yuan, se enfrentó con los köktürks o turcos azules establecidos en Mongolia y citados por los chinos con el nombre de tujue.
Desde el acceso al trono por parte de Li Yuan, el rey tocario Suvarpushpa le envió embajadores y señales de amistad. Su sucesor, Suvarnadeva, mantuvo relaciones de amistad con el Imperio chino, pero se alineó con los turcos azules. Otros soberanos tocarios de la Cuenca del Tarim habrían tenido una actitud similar.
Suvarnadeva murió en el 646 d. C., de modo que fue su hermano Harí Pushpa (‘flor de [el dios] Harí’) quien debió afrontar la enérgica reacción china. En efecto el imperio chino envió numerosas tropas hacia la Cuenca del Tarim.
Los tocarios kuchianos empeñaron todas sus fuerzas en esta guerra y llegaron a ultimar a un general chino que había sido victorioso en Karachahr; pero en el año 648 fueron vencidos. Como represalia, las tropas chinas arrasaron cinco ciudades y masacraron a sus habitantes («miríadas de varones y mujeres»), como lo reporta lacónicamente una de las crónicas chinas. Tras esto, la civilización tocaria fue progresivamente sinizada.
En el 749 d. C., el Imperio de los uigures sucedió al de los turcos blancos en Mongolia. El imperio uigur cayó en el 840 ante la invasión de los kirguises.
Los uigures, huyendo de Mongolia, se refugiaron en el Gansu (allí sus descendientes son los yugur) y luego en la Cuenca del Tarim —principalmente en Turfán—, donde se mezclaron con los tocarios. La mixogénesis se produjo de tal modo que la lengua de los tocarios desapareció gradualmente. Una explicación para la extinción del idioma tocario es que los uigures eran bastante más numerosos que los tocarios.
Por otra parte, cuando los uigures vivían en Mongolia ya se habían convertido al maniqueísmo. En contacto con los tocarios, los uigures devinieron gradualmente en budistas. Incluso florecía en el siglo IX entre los uigures y tocarios el cristianismo nestoriano. Habrían pervivido numerosos vestigios y elementos de la cultura de los tocarios si los uigures no se hubieran convertido al islam a inicios del segundo milenio.
Como dato curioso corresponde mencionar que al principiar el siglo XX, los habitantes de Kucha tenían la fama de hablar de un modo extraño entre los otros pueblos de la Cuenca del Tarim, hablaban en verso.
Como lo ha supuesto Sylvain Lévi, tal modo de hablar se trataría de una herencia dejada por los antiguos tocarios.
Mitología y religión
La reconstrucción de la mitología tocaria es un campo complejo de la indoeuropeística que se apoya en tres pilares: la evidencia lingüística, los frescos de la cuenca del Tarim y la literatura budista traducida a las lenguas tocarias (A y B). Aunque para el siglo VI d. C. los tocarios eran fervientes budistas, su cultura conservaba estratos profundos de su herencia indoeuropea original.
Sustrato indoeuropeo y culto solar
Antes de su conversión plena al budismo, los tocarios mantenían tradiciones religiosas de raíz protoindoeuropea. Las estelas encontradas en Agni (datadas del siglo II d. C.) confirman la persistencia de cultos antiguos:
- Veneración al Sol: El sol era la deidad central, asociada al color blanco y al Este como punto de referencia cardinal (equivalente al Norte en la brújula tocaria).
- Ylaiñäkte: Identificado como el dios del trueno, es un cognado de otras deidades indoeuropeas del rayo (como el Indra védico o el Perun eslavo).
- Su cosmogonía temprana enfatizaba el resplandor divino, término que en sus lenguas evolucionó hacia la palabra general para "dios" (ñikte) en tocario B (A: ñkät) Se postula la existencia de un "Padre Cielo" (*Dyēus Phter), equivalente al Zeus griego o al Dyaus védico.
- La Diosa del Amanecer: Se han hallado rastros lingüísticos de una deidad solar femenina relacionada con uṣas (védico) y aurora (latín), lo que sugiere que los tocarios mantenían el culto a la luz del alba, vital en las rutas de los oasis del desierto.
- Los Gemelos Divinos: La importancia del caballo en la cultura de las estepas y los hallazgos en las tumbas de los tocarios sugieren la veneración de figuras similares a los Ashvins o los Dioscuros, jinetes salvadores que median entre los dioses y los hombres.
La síntesis budista
A partir del siglo II d. C., la mitología tocaria se transformó radicalmente tras la adopción del budismo de la escuela Sarvastivada. Los tocarios no solo adoptaron los mitos indoarios, sino que los "re-imaginaron" visual y literariamente.
En los murales de las Cuevas de Kizil, deidades como Indra o Brahma son representadas con rasgos físicos tocarios (piel clara, ojos azules o verdes, cabello pelirrojo o castaño) y vestimentas de estilo persa o centroasiático.
Uno de los aportes más debatidos es la transmisión de la cosmogonía del gigante primordial Pangu (como el Purusha védico o el Ymir germánico), si bien los registros chinos no muestran rastro de este mito de creación hasta el siglo III d. C. con la obra de Xu Zheng (c. 220–265), Sanwu Liji (三五歷紀). La aparición "tardía" de Pangu en los textos chinos coincide exactamente con el periodo de mayor actividad de los traductores y monjes tocarios en China. Los especialistas sugieren que los tocarios preservaron la estructura del mito indoeuropeo y, al fusionarla con la literatura budista que llevaban al Este, proporcionaron a la mitología china el modelo para su propio mito de creación universal.
Dualismo y ética
A diferencia de la rigidez de castas de la India, la mitología reflejada en los textos tocarios muestra una preocupación por el orden moral (Dharma) y la transmutación de la naturaleza. Los textos épicos traducidos al tocario a menudo enfatizan la figura del Chakravartin o "Rey Universal", un gobernante cuya legitimidad proviene de un orden mitológico superior, concepto que resonó fuertemente en las ciudades-estado de Kucha y Turfán.
Disolución
Con la expansión del Jaganato Uigur en el siglo IX y la posterior islamización de la región, el corpus mitológico tocario desapareció de la práctica activa. Sus mitos sobrevivieron únicamente de forma residual en el folclore de Asia Central y en los manuscritos enterrados en las arenas del Taklamakán, que no fueron redescubiertos hasta principios del siglo XX.
