Lucifer

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Lucifer (del latín lux, "luz"; y fero "llevar": "portador de luz") es, en la mitología romana, el equivalente griego de Fósforo (Φωσφόρος) 'Portador de la Luz' o Eósforo (Έωσφόρος) 'Portador de la Aurora'. Es hijo de Aurora, la deidad que personifica el amanecer, equivalente a la griega Eos y que vuela a través del cielo para anunciar la llegada del sol.

En la antigua astrología romana, era identificado con la stella matutina, la Estrella de la Mañana o el Lucero del Alba, contrapuesto a su hermano Vesper, (nombre romano de Héspero), la stella vespertina o el véspero, el Lucero del Ocaso, la Estrella de la Tarde. Ambas deidades eran designaciones del planeta Venus, que según la época del año se puede ver cerca del horizonte antes del amanecer o después del atardecer.

Aunque la Estrella de la Mañana (Fósforo) y la Estrella de la Noche (Héspero) se pensaron y trataron como dos conceptos mitológicos distintos, griegos y romanos eran conscientes de que los dos eran el mismo objeto celeste.

Según Hesíodo, era hijo de Astreo y Eos. El poeta latino Ovidio, hablando de Fósforo y Héspero como uno solo, lo convierte en el padre de Daedalion. Ovidio también lo convierte en el padre de Ceyx, mientras que el gramático latino Servio lo hace el padre de las Hespérides o de Hesperis.

Cristianismo

En la tradición cristiana Lucifer fue demonizado como el "ángel caído" o Satanás, ejemplo de belleza y sabiduría a quien la soberbia condujo a los infiernos. Esto fue debido a San Jerónimo quien utilizó la palabra "Lucifer" en la Vulgata, la traducción de la Tanaj hebrea al latín, traduciendo la palabra hebrea הֵילֵל‎ helel o heylel ('resplandeciente') como parte de la demonización de los cultos paganos, ya que los atributos del Lucifer romano como hijo de Aurora, coincidían con el versículo de Isaías:

¡Cómo has caído del cielo, Lucero (Heylel/Lucifer), hijo de la Aurora! Has sido abatido a la tierra dominador de naciones! Tú decías en tu corazón: "escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo.
Isaías. 14:12-14.

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