Magia

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Lo que los hombres llaman "sobrenatural", es en realidad algo natural que no ha podido ser comprendido.

David Lane.

Arcano (I), El Mago, del tarot Rider-Waite publicado en 1910.

La magia (del latín: magīa, derivado a su vez del griego μαγεία mageia, 'cualidad de sobrenatural', probablemente del persa antiguo maguš, que contiene la raíz protoindoeuropea *magh-, "ser capaz", "tener poder", haciendo referencia a la antigua casta sacerdotal persa y a su vez del sánscrito maia, "ilusión", de la raíz may, "obrar", "mover") es, según la definición más popular, la práctica que hace uso de rituales, símbolos, acciones, gestos y lenguaje con el fin de explotar supuestas fuerzas sobrenaturales. De acuerdo a la definición de la Real Academia Española, es el arte, técnica o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios [es decir, no siempre sujetos] a las leyes naturales.[1] Una definición más exacta, como la expuesta por Aleister Crowley, es simplemente 'el arte de modificar la realidad conforme a la voluntad' (sin medios estrictamente causales). Bajo esta definición, incluso cualquier acto que lleve a la realización de la propia voluntad es comprendido como un acto mágico.

La magia y la religión son categorías de creencias y sistemas de conocimiento utilizados dentro de las sociedades como forma de contacto con el mundo espiritual, y que han sido universales durante el desarrollo temprano de las comunidades humanas. Aparecen en diversos pueblos tribales desde la Australia aborigen y los maoríes de Nueva Zelanda, hasta la sabana africana y la Europa pagana. En las sociedades primitivas la magia es una manifestación primaria del deseo del hombre por ejercer control sobre la Naturaleza.

La magia debe distinguirse del ilusionismo que es un arte escénico que busca entretener al público con trucos que simulan habilidades mágicas.

Etimología

Las palabras 'magia' y 'mago' provienen del latín magīa y magus, a través del griego μάγος (magós) y μαγεία (mageia; 'cualidad de sobrenatural'),​ y del griego magiké (que presumiblemente se utilizaba en el término «artes mágicas» junto con la palabra tekhné, 'artes').

Proviene, a su vez, del persa antiguo maguš (mágush) y magu-, que se deriva del protoindoeuropeo *magh- ('ser capaz', 'poder hacer', 'tener la capacidad'). Desde esa antiquísima palabra protoindoeuropea (de mediados y fines del III milenio AEC.) se produjo también el sánscrito māiā (‘ilusión’, ‘irrealidad’, ‘engaño’, ‘fraude’, ‘truco’, ‘hechicería’, ‘brujería’), que se menciona por primera vez en el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio AEC). Esa palabra proviene de la raíz sánscrita māi (‘obrar’, ‘mover’).

El término persa puede haber llevado al antiguo sinítico *Mᵞag ('mago' o 'chamán'). La forma persa antigua parece haber impregnado antiguas lenguas semíticas como el hebreo talmúdico magosh, el arameo amgusha ('mago') y el caldeo maghdim ('sabiduría' y 'filosofía'); desde el siglo I AEC en adelante, los magusai sirios ganaron notoriedad como magos y adivinos.

Historia

Prehistoria

El prehistoriador y etnólogo Henri Breuil (que describió las pinturas rupestres de Lascaux en 1940) interpretó las pinturas rupestres paleolíticas como una forma de rituales mágicos destinados a obtener éxito en las expediciones de cacería o bien a aumentar el número de presas durante éstas (magia de caza). La religiosidad en el Paleolítico era a menudo apotropaica y, específicamente, involucraba magia simpática. Walter Burkert en Homo Necans (1972) sugirió que los rituales asociados con la magia de caza son las primeras manifestaciones religiosas. Según la teoría de la magia de la caza, las prácticas mágicas prehistóricas perseguían tres objetivos principales: caza, fertilidad y destrucción. Más tarde el arqueólogo David Lewis-Williams cuestionó esta hipótesis, proponiendo en cambio que las pinturas fueron realizadas por chamanes, los cuales se retiraban a las cavernas para experimentar trances rituales.

La concepción del arte de los humanos prehistóricos como "arte mágico" asumió, por tanto, un objetivo práctico que contribuía, sobre todo, a la supervivencia. Henri Bégouen expresó esta idea con las palabras: "El arte de esa época tiene un propósito".

El hecho de que los pueblos prehistóricos se aventuraran tanto en la oscuridad y el peligro de las áreas subterráneas y realizaran sus dibujos en lugares remotos se interpretó en el sentido de que no se trataba de crear dibujos que tuvieran el propósito de ser simplemente contemplados. Según la teoría de la magia de caza, esto solo podía servir a un objetivo mágico: la ejecución del dibujo o la escultura era el motivo "mágico" real. La representación del animal en sí era un acto de culto que tenía valor en sí mismo. Una vez realizado el acto y teniendo su resultado inmediato y material, la imagen, habría dejado de tener función. Esta teoría también explica por qué tantas figuras se superponen en las mismas paredes de la cueva y se realizaron grabados apenas visibles.

Se cree que la idea de los humanos prehistóricos era que la imagen de todo ser vivo, ya sea como dibujo o como escultura, era una forma de existencia o emanación de esta misma esencia. Por lo tanto, si alguien toma posesión de la imagen, tiene poder sobre el ser mismo. De esa forma, los hombres prehistóricos, se apoderaban de la representación del animal que querían matar, y por tanto, del propio animal. Esta parte de la teoría fue apoyada por una interpretación común entonces de la observación de que muchos individuos pre-civilizadss sentían miedo cuando eran fotografiados o se les hacía un dibujo de ellos. Esto apoyó la suposición de que los humanos tempranos y prehistóricos también creían que la representación de un animal les permitía indirectamente controlarlo.

Se cree que intensificaron el efecto mágico añadiendo símbolos en forma de flecha a la representación del animal, y heridas en algunos animales (Niaux), representando animales en un acto ceremonial de matanza, sacrificio, o de caída (Font-de-Gaume). Los dibujos de animales incompletos supuestamente tenían como objetivo privarlos de partes de sus habilidades, de modo que pudieran ser más fáciles de abordar y de matar.

Otros métodos podrían haber consistido en "cargar" mágicamente las armas de caza con fórmulas mágicas o revistiéndolas con sustancias mágicas; a su vez que el uso de partes de los animales (pieles, huesos, cuernos) de ese modo, se creaba una conexión espiritual con las almas de los animales de presa para hacerlos sumisos. También se lanzaban flechas o lanzas contra figuras o dibujos de animales consagrados para que esas armas pudieran tener el mismo éxito con los animales reales.

Si bien la magia de la caza estaba dedicada a grandes animales como caballos, bisontes, uros, cabras montesas, renos y ciervos, según la teoría, los hombres prehistóricos también practicaban una magia de aniquilación. Esta se refería principalmente a animales peligrosos para el ser humano: grandes felinos y osos (Gruta de Trois Frères, Montespan). Finalmente, la magia de la fertilidad debía lograr que las especies animales benéficas se reproducieran. Además, los hombres prehistóricos representaron animales de diferentes sexos, también en escenas que precedieron a un apareamiento (el bisonte hecho de arcilla en Tuc-d'Audoubert), o hembras preñadas.

Mesopotamia

En Mesopotamia, la magia se invocaba en muchos tipos de rituales y recetas médicas, y para contrarrestar los malos augurios. La magia defensiva o legítima (asiputu o masmassutu en el idioma acadio) eran encantamientos y prácticas rituales destinadas a alterar realidades específicas. Los antiguos mesopotámicos creían que la magia era la única defensa viable contra demonios, fantasmas y hechiceros malvados. Para defenderse de los espíritus de aquellos a quienes habían agraviado, dejaban ofrendas conocidas como kispu en la tumba de la persona con la esperanza de apaciguarlos. Si eso fallaba, a veces también tomaban una figura del difunto y la enterraban en el suelo, exigiendo a los dioses que erradicaran el espíritu o lo obligaran a dejar a la persona en paz.

Los antiguos mesopotámicos también usaban magia con la intención de protegerse de los malvados hechiceros que podrían maldecirlos. La magia negra como categoría no existía en la antigua Mesopotamia, y una persona que usara legítimamente la magia para defenderse de la magia ilegítima usaría exactamente las mismas técnicas. La única diferencia importante era el hecho de que las maldiciones se pronunciaban en secreto, mientras que una defensa contra la hechicería se realizaba al aire libre, frente a una audiencia si era posible. Un ritual para castigar a un hechicero se conocía como Maqlû, o "El Ardiente". La persona que se consideraba afligida por la brujería creaba una efigie del hechicero y la juzgaba por la noche. Luego, una vez determinada la naturaleza de los crímenes del hechicero, la persona quemaría la efigie y así rompería el poder del hechicero sobre ellos.

Los antiguos mesopotámicos también realizaban rituales mágicos para purificarse de los pecados cometidos sin saberlo. Uno de esos rituales se conocía como Šurpu, o "Ardiente", en el que el hechicero transfería la culpa de todas sus fechorías a varios objetos, como una tira de dátiles, una cebolla y un mechón de lana. La persona entonces quemaría los objetos y así se purificaría de todos los pecados que pudiera haber cometido sin saberlo. Existía todo un género de hechizos de amor. Se creía que tales hechizos causaban que una persona se enamorara de otra persona, restauraban el amor que se había desvanecido o causaban que una pareja sexual masculina pudiera mantener una erección cuando antes no había podido. Se usaron otros hechizos para reconciliar a un hombre con su deidad protectora o para reconciliar a una esposa con un esposo que la había estado descuidando.

Los antiguos mesopotámicos no distinguían entre ciencia racional y magia. Cuando una persona se enfermaba, los médicos prescribían tanto fórmulas mágicas para recitar como tratamientos medicinales. La mayoría de los rituales mágicos estaban destinados a ser realizados por un āšipu, un experto en las artes mágicas. La profesión generalmente se transmitía de generación en generación y se tenía en muy alta estima y, a menudo, servía como asesor de reyes y grandes líderes. Un āšipu probablemente sirvió no solo como mago, sino también como médico, sacerdote, escriba y erudito.

El dios sumerio Enki, que más tarde fue sincretizado con el dios semítico oriental Ea, estaba estrechamente asociado con la magia y los encantamientos; era el dios patrón del bārȗ y el ašipū y era ampliamente considerado como la fuente última de todo conocimiento arcano. Los antiguos mesopotámicos también creían en los presagios, que podían llegar cuando se solicitaban o no. Independientemente de cómo vinieran, los presagios siempre se tomaron con la mayor seriedad.

Antiguo Egipto

La magia (personificada en el dios Heka) era una parte integral de la religión y la cultura del antiguo Egipto, que conocemos a través de un corpus sustancial de textos que son productos de la tradición egipcia.

Si bien la categoría de magia ha sido polémica para la egiptología moderna, existe un claro apoyo para su aplicabilidad de la terminología antigua. El término copto hik es descendiente del término faraónico heka, que, a diferencia de su contraparte copta, no tenía connotaciones de impiedad o ilegalidad, y está atestiguado desde el Imperio Antiguo hasta la época romana. El término heka se consideraba moralmente neutral y se aplicaba a las prácticas y creencias tanto de extranjeros como de egipcios. Las Instrucciones para Merikare nos informa que heka fue una beneficencia regalada por el creador a la humanidad "... como armas para protegerse del golpe de los acontecimientos".

La magia era practicada tanto por la jerarquía sacerdotal alfabetizada como por granjeros y pastores analfabetos, y el principio de heka subyacía a toda actividad ritual, tanto en los templos como en entornos privados.

El principio fundamental de heka se centra en el poder de las palabras para dar vida a las cosas. Karenga explica el poder fundamental de las palabras y su papel ontológico vital como la herramienta principal utilizada por el creador para traer el mundo manifiesto a la existencia. Debido a que se entendía que los humanos compartían una naturaleza divina con los dioses, snnw ntr (imágenes del dios), los humanos comparten el mismo poder con los dioses para usar creativamente las palabras.

Las paredes interiores de la pirámide de Unas, el último faraón de la Quinta Dinastía egipcia, están cubiertas de cientos de hechizos mágicos e inscripciones, que van del piso al techo en columnas verticales. Estas inscripciones se conocen como los Textos de las Pirámides y contienen hechizos necesarios para el faraón para sobrevivir en el Más Allá. Los Textos de las Pirámides eran estrictamente para la realeza; los hechizos se mantenían en secreto para los plebeyos y se escribieron solo dentro de las tumbas reales. Durante el caos y los disturbios del Primer Período Intermedio, sin embargo, los ladrones de tumbas irrumpieron en las pirámides y vieron las inscripciones mágicas. Los plebeyos comenzaron a aprender los hechizos y, a principios del Reino Medio, los plebeyos comenzaron a inscribir escritos similares en los costados de sus propios ataúdes, con la esperanza de que hacerlo aseguraría su propia supervivencia en la otra vida. Estos escritos se conocen como los Textos del ataúd.

Después de que una persona muriera, su cadáver sería momificado y envuelto en vendas de lino para garantizar que el cuerpo del difunto sobreviviera el mayor tiempo posible porque los egipcios creían que el alma de una persona solo podría sobrevivir en la otra vida durante tanto tiempo. ya que su cuerpo físico sobrevivió aquí en la tierra. La última ceremonia antes de que el cuerpo de una persona fuera sellado dentro de la tumba se conoció como la Apertura de la Boca. En este ritual, los sacerdotes tocaban varios instrumentos mágicos en varias partes del cuerpo del difunto, dando así al difunto la capacidad de ver, oír, saborear y oler en el más allá.

El uso de amuletos (meket) estaba muy extendido entre los antiguos egipcios, y estaban destinado para el uso de vivos y muertos. Fueron utilizados para protección y como un medio para "reafirmar la justicia fundamental del universo". Los amuletos más antiguos encontrados son del Período Predinástico Badariano y persistieron hasta la época romana.

Judaísmo

La halajá (ley religiosa judía) prohíbe la adivinación, y el Talmud enumera muchas prácticas de adivinación persistentes pero condenadas. La Cábala práctica en el judaísmo histórico es una rama de la tradición mística judía que se refiere al uso de la magia. Se consideraba como "magia blanca permitida" por sus practicantes, reservada para la élite, que podía separar su fuente espiritual de los reinos del mal (Qliphoth) si se realizaba en circunstancias que eran santas (Q-D-Š) y puras (טומאה וטהרה, tvmh vthrh). La preocupación por sobrepasar las fuertes prohibiciones del judaísmo de la magia impura aseguró que siguiera siendo una tradición menor en la historia judía. Sus enseñanzas incluyen el uso de nombres divinos y angelicales para amuletos y encantamientos. Estas prácticas mágicas de la religión popular judaica que se convirtieron en parte de la Cábala práctica datan de la época talmúdica. El Talmud menciona el uso de hechizos para curar, y los rabinos aprobaron una amplia gama de curas mágicas. Se dictaminó que cualquier práctica que produjera realmente una cura no debía considerarse supersticiosa y ha habido una práctica generalizada de amuletos medicinales y remedios populares (segullot) en las sociedades judías a lo largo del tiempo y la geografía.

Aunque la magia estaba prohibida por la ley levítica en la Tanaj hebrea, se practicaba ampliamente a finales del período del Segundo Templo, y estaba particularmente bien documentada en el período posterior a la destrucción del templo en los siglos III, IV y V.

Mundo grecorromano

Durante finales del siglo VI y principios del V AEC., el término persa maguš fue introducido en el idioma griego antiguo como μάγος y μαγεία. Al hacerlo, su significado adquirió connotaciones negativas para aplicarse a prácticas rituales que se consideraban fraudulentas, extrañas, poco convencionales y peligrosas. Como explica Owen Davis, Para los antiguos griegos —y posteriormente para los antiguos romanos— "la magia no era distinta de la religión, sino más bien una expresión indeseada e inapropiada de ella: la religión del otro", similar al término superstitio de los romanos. En ese sentido, se puede ver que los griegos tenían sus propias prácticas "mágicas" pero no las denominaban con ese término propiamente extranjero. El historiador Richard Gordon sugirió que para los antiguos griegos, ser acusado de practicar magia era "una forma de insulto".

Cabe notar que este significado negativo fue influenciado por los conflictos militares en los que las ciudades-estado griegas estaban involucradas contra el Imperio Persa. En este contexto, el término aparece en textos supervivientes como Edipo Rey de Sófocles, De morbo sacro de Hipócrates y Encomio de Helena de Gorgias. En la obra de Sófocles, por ejemplo, el personaje Edipo se refiere despectivamente al vidente Tiresius como un magos —en este contexto significa algo parecido a un charlatán— reflejando cómo este epíteto ya no estaba reservado solo para los persas.

En el siglo I AEC., el concepto griego de magos fue adoptado al latín y utilizado por varios escritores romanos antiguos como magus y magia. El uso latino más antiguo conocido del término fue en la Égloga de Virgilio, escrita alrededor del año 40 AEC., que hace referencia a magicis… sacris (ritos mágicos). Los romanos ya tenían otros términos para el uso negativo de poderes sobrenaturales, como veneficus y saga. El uso romano del término era similar al de los griegos, pero ponía mayor énfasis en la aplicación judicial del mismo. Dentro del Imperio Romano, se introducirían leyes que criminalizaran las cosas consideradas mágicas.

En la antigua sociedad romana, la magia se asociaba con sociedades al este del imperio; el escritor del siglo I, Plinio el Viejo, por ejemplo, afirmó que la "magia" había sido creada por el filósofo iraní Zoroastro, y que luego el mago Osthanes, quien acompañó las campañas militares del rey persa Jerjes, la llevó al oeste a Grecia.

Sin embargo, la magia institucional romana estaba en gran parte relacionada con el mundo de la naturaleza. Los romanos leían presagios de desastres en el croar de los cuervos, y encontraban protección contra el mal de ojo entre las hojas del acebo. Junto a esta consulta de los augurios, se valoraba las propiedades "mágicas", generalmente medicinales, de plantas y animales.

En el siglo XX, los académicos de la Antigua Grecia, influenciados por las preconcepciones cristianizantes de los significados de magia y religión, y al considerar a la cultura griega como la base de la racionalidad occidental, desarrollaron una teoría de la magia griega antigua como primitiva e insignificante, y por lo tanto esencialmente separada de la religión homérica, comunal (polis). Sin embargo, desde la última década del siglo, reconociendo la ubicuidad y respetabilidad de actos como katadesmoi (hechizos vinculantes), descritos como mágicos tanto por los observadores modernos como por los antiguos, los estudiosos se han visto obligados a abandonar este punto de vista.: La palabra griega mageuo (practicar magia) deriva de la palabra Magos, que original y simplemente es el nombre griego de una tribu persa conocida por practicar la religión. Simon Price, en Religiones de los antiguos griegos (1999) explica que los cultos de misterio no cívicos han sido reevaluados de manera similar: "las opciones que se encontraban fuera del rango de los cultos no solo agregaron opciones adicionales al menú cívico, sino que ... a veces incorporaron críticas de los cultos cívicos y mitos panhelénicos o fueron alternativas genuinas a ellos.

Maldiciones inscritas en tablas de cera o plomo y enterradas bajo tierra (Katadesmoi y en latín: defixiones), fueron ejecutadas con frecuencia por todos los estratos de la sociedad griega, a veces para proteger toda la polis. Las maldiciones comunales llevadas a cabo en público declinaron después del período clásico griego, pero las maldiciones privadas siguieron siendo comunes a lo largo de la antigüedad. Se distinguieron como mágicos por sus cualidades individualistas, instrumentales y siniestras. Estas cualidades, y su desviación percibida de las construcciones culturales inherentemente mutables de la normalidad, delinean más claramente la magia antigua de los rituales religiosos de los que forman parte.

Se ha recuperado y traducido un gran número de papiros mágicos, en griego, copto y demótico. Contienen instancias tempranas de:

  • El uso de palabras mágicas que se dice que tienen el poder de mandar a los espíritus.
  • El uso de símbolos o sigilos misteriosos que se cree que son útiles para invocar o evocar espíritus.
  • La práctica de la magia fue prohibida en el mundo romano tardío, y el Codex Theodosianus (438 dC) establece:
Si algún mago o persona imbuida de contaminación mágica a quien la costumbre de la gente llama mago ... debe ser detenido en mi séquito, o en el del César, no escapará del castigo y la tortura por la protección de su rango.

Cristianismo

En el siglo I, los primeros autores cristianos absorbieron, a través del latín, el concepto grecorromano de la magia y fue incorporado en la teología cristiana en desarrollo. Estos cristianos conservaron los estereotipos negativos grecorromanos ya implícitos del término y los ampliaron incorporando patrones conceptuales tomados del pensamiento judío, en particular la oposición entre magia y milagro. Algunos primeros autores cristianos siguieron el pensamiento greco-romano atribuyendo el origen de la magia al reino humano, principalmente a Zoroastro y Osthanes. La visión judeocristiana era que la magia era un producto de los babilonios, persas o egipcios. Los cristianos compartían con la cultura clásica anterior la idea de que la magia era algo distinto de la religión propiamente dicha, aunque establecían su distinción entre las dos de diferentes maneras

Los primeros cristianos asociaron la magia con los demonios, considerándola contraria a la religión cristiana, y por lo tanto, maligna y parte del culto a Satanás. Este concepto permaneció omnipresente a lo largo de la Edad Media, cuando los autores cristianos categorizaron una amplia gama de prácticas, como el encantamiento, la brujería, la invocación, la adivinación, la nigromancia y la astrología, bajo la etiqueta de 'magia'. En la Europa moderna temprana, los protestantes a menudo afirmaban que el catolicismo romano era mágico en lugar de religión, y cuando los europeos cristianos comenzaron a colonizar otras partes del mundo en el siglo XVI, etiquetaron las creencias no cristianas que encontraron como mágicas. En ese mismo período, los humanistas italianos reinterpretaron el término en un sentido positivo para expresar la idea de magia natural. Tanto la comprensión negativa como la positiva del término se repitieron en la cultura occidental durante los siglos siguientes.

Para los primeros escritores cristianos como Agustín de Hipona, la magia no constituía simplemente prácticas rituales fraudulentas y no autorizadas, sino que era todo lo contrario de la religión porque dependía de la cooperación de los demonios, los secuaces de Satanás. En esto, las ideas cristianas de la magia estaban estrechamente vinculadas a la categoría cristiana de paganismo, y tanto la magia como el paganismo se consideraban pertenecientes a la categoría más amplia de superstitio (superstición), otro término tomado de la cultura romana precristiana. Este énfasis cristiano en la inmoralidad inherente y la maldad de la magia como algo que entra en conflicto con la buena religión fue mucho más marcado que el enfoque de las otras grandes religiones monoteístas de la época: el judaísmo y el islam. Por ejemplo, mientras que los cristianos consideraban a los demonios como inherentemente malvados, los genios —entidades comparables en la mitología islámica— eran percibidos por los musulmanes como figuras más ambivalentes.

El modelo del mago en el pensamiento cristiano fue proporcionado por Simón el Mago, una figura que se opuso a San Pedro tanto en los Hechos de los Apóstoles como en los apócrifos pero influyentes Hechos de Pedro.

Edad Media

El historiador Michael D. Bailey afirmó que en la Europa medieval, la magia era una "categoría relativamente amplia y abarcadora". Los teólogos cristianos creían que había múltiples formas diferentes de magia, la mayoría de las cuales eran tipos de adivinación, por ejemplo, Isidoro de Sevilla produjo un catálogo de cosas que consideraba mágicas en el que enumeraba la adivinación por los cuatro elementos, es decir, geomancia, hidromancia, aeromancia, piromancia, así como mediante la observación de fenómenos naturales, como el vuelo de los pájaros y la astrología. También mencionó el encantamiento y las ligaduras (el uso médico de objetos mágicos ligados al paciente) como mágicos. En la Europa medieval la figura del rey Salomón del Antiguo Testamento se asoció a la magia; Se escribieron varios grimorios, o libros que describen prácticas mágicas, que se le atribuyeron el haber sido escritos por Salomón, sobre todo la Clavícula de Salomón.

En la Europa medieval, los cristianos a menudo sospechaban que musulmanes y judíos participaban en prácticas mágicas; en ciertos casos, estos ritos percibidos como mágicos, incluido el supuesto sacrificio judío de niños cristianos, dieron como resultado que los cristianos reaccionaran contra ellos en pogromos. Grupos cristianos a menudo también acusaron a otros grupos cristianos rivales, a los que consideraban heréticos, de participar en actividades mágicas. La Europa medieval también vio el término maleficium (brujería) aplicado a formas de magia que se realizaban con la intención de causar daño. A finales de la Edad Media, las palabras para estos practicantes de actos mágicos dañinos aparecieron en varios idiomas europeos: sorcière en francés, Hexe en alemán, strega en italiano y bruja en español. El término inglés para los practicantes malévolos de la magia, 'bruja', se deriva del inglés antiguo wicce.

Desde el punto de vista judío medieval, la separación de los elementos místicos y mágicos de la Cábala, dividiéndola en Cábala teológica especulativa (Kabbalah Iyyunit) con sus tradiciones meditativas, y Cábala teúrgica práctica (Kabbalah Ma'asit), había ocurrido al comienzo de la Siglo XIV.

La Iglesia Cristiana rechazó la magia en su conjunto porque se la veía como un medio de alterar el mundo natural de una manera sobrenatural asociada con los versículos bíblicos de Deuteronomio 18:9-12. A pesar de las muchas connotaciones negativas que rodean el término magia, existen muchos elementos que se ven desde una luz divina o santa.

Los instrumentos o rituales diversificados utilizados en la magia medieval incluyen, entre otros: amuletos, talismanes, pociones, así como cantos, bailes y oraciones específicos. Junto con estos rituales están las nociones adversamente imbuidas de participación demoníaca que influyen en ellos. La idea de que la magia fue ideada, enseñada y trabajada por demonios le habría parecido razonable a cualquiera que leyera los papiros mágicos griegos o el Sefer-ha-Razim y descubriera que la magia curativa apareció junto con los rituales para matar personas, obtener riqueza o ventajas personales y coaccionar a las mujeres para que se sometan sexualmente. La arqueología está contribuyendo a una comprensión más completa de las prácticas rituales realizadas en el hogar, en el cuerpo y en entornos monásticos y eclesiásticos.

El islam no condenó la magia en general y distinguió entre magia que puede curar enfermedades y posesiones, y hechicería. Por lo tanto, el primero es un regalo especial de Dios, mientras que el segundo se logra con la ayuda de genios y demonios. Ibn al-Nadim sostiene que los exorcistas obtienen su poder por su obediencia a Dios, mientras que los hechiceros complacen a los demonios con actos de desobediencia y sacrificios y ellos a cambio le hacen un favor. Según Ibn Arabi, Al-Ḥajjāj ibn Yusuf al-Shubarbuli, debido a su piedad fue capaz de caminar sobre el agua. Basado en el Corán, con respecto a las leyendas islámicas de Salomón, los demonios enseñaron magia a los humanos. Salomón tomó los escritos del hechicero y los escondió debajo de su trono. Después de su muerte, Iblis, incapaz de acercarse a la corte de Salomón, le dijo a la gente que encontrarían un tesoro debajo del trono y así los conducirían a la hechicería. En otra cuenta, la hechicería llegó con los ángeles caídos Harut y Marut a la humanidad.

Renacimiento

El hermetismo (llamado la antigua ciencia en el medievo) vio un resurgimiento e influyó en el pensamiento del Renacimiento, así como las variedades neoplatónicas de magia ceremonial. Esta escuela se vincula, en algunos aspectos, con el mantenimiento de antiguas creencias que, como la magia, conducían al conocimiento y manejo de las leyes espirituales del universo. En 1463, Cosme de Médici encargó la traducción de la obra de Hermes Trismegisto, que se suponía escrita en el antiguo Egipto pero que, para muchos investigadores, data de los primeros siglos de la era cristiana y que es la piedra angular del movimiento hermético. Debido al dominio del pensamiento cristiano, la magia occidental y el hermetismo que poseen raíces paganas, estuvieron fuertemente influidos por las concepciones judeocristianas, donde doctrinas como la Cábala y la invocación a los ángeles anidaron durante el Renacimiento.

El concepto de magia experimentó una reevaluación más positiva a través del desarrollo del concepto de magia naturalis (magia natural). Este fue un término introducido y desarrollado por dos humanistas italianos, Marsilio Ficino (1433–1499) y Giovanni Pico della Mirandola (1463–1494). Para ellos, la magia era vista como una fuerza elemental que impregnaba muchos procesos naturales, y por lo tanto era fundamentalmente distinta de la idea cristiana dominante de la magia demoníaca. Sus ideas influyeron en una serie de filósofos y escritores posteriores, entre ellos Enrique Cornelio Agripa de Nettesheim (1486–1535) (De occulta philosophia libri tres, 1533), Paracelso (1493–1541), Giordano Bruno (1548–1600), Johannes Reuchlin (1455–1522) y Johannes Trithemius (1462–1516). Según el historiador Richard Kieckhefer, el concepto de magia naturalis se afianzó "firmemente en la cultura europea" durante los siglos XIV y XV, atrayendo el interés de filósofos naturales de diversas orientaciones teóricas, incluidos aristotélicos, neoplatónicos y hermetistas.

Los partidarios de esta posición argumentaron que la magia podría aparecer tanto en formas buenas como malas; en 1625, el bibliotecario francés Gabriel Naudé escribió su Apología por todos los sabios falsamente sospechosos de magia, en la que distinguía entre la "Magia Mosaica", que, según él, provenía de Dios e incluía profecías, milagros y hablar en lenguas, y la Goeteia; "magia causada por demonios. Si bien los defensores de la magia naturalis insistían en que esto no dependía de las acciones de los demonios, los críticos no estaban de acuerdo, argumentando que los demonios simplemente habían engañado a estos magos. En el siglo XVII, el concepto de magia naturalis se había movido en direcciones cada vez más "naturalistas", y las distinciones entre ella y la ciencia se volvían borrosas. La validez de la magia naturalis como concepto para comprender el universo fue objeto de críticas cada vez mayores durante la Era de las Luces en el siglo XVIII.

A pesar del intento de recuperar el término 'magia' para usarlo en un sentido positivo, no reemplazó las actitudes tradicionales hacia la magia en Occidente, que permanecieron en gran parte negativas. Al mismo tiempo que la magia naturalis estaba atrayendo interés y era ampliamente tolerada, Europa vio una persecución activa de brujas acusadas que se creía culpables de maleficia. Como reflejo de las continuas asociaciones negativas del término, los protestantes a menudo buscaban denigrar las prácticas sacramentales y devocionales católicas como mágicas en lugar de religiosas. Muchos católicos romanos estaban preocupados por esta acusación y durante varios siglos varios escritores católicos romanos dedicaron atención a argumentar que sus prácticas eran más religiosas que mágicas. Al mismo tiempo, los protestantes solían usar la acusación de magia contra otros grupos protestantes con los que estaban en disputa. De esta manera, se utilizó el concepto de magia para prescribir lo que era apropiado como creencia y práctica religiosas. También se hicieron afirmaciones similares en el mundo islámico durante este período. El clérigo árabe Muhammad ibn Abd al-Wahhab, fundador del wahabismo, por ejemplo, condenó una serie de costumbres y prácticas como la adivinación y la veneración de los espíritus como sihr, que a su vez afirmó que era una forma de eludir el pecado de la idolatría.

Tanto la burguesía como la nobleza en los siglos XV y XVI mostraron una gran fascinación por estas artes y prácticas, que ejercieron un encanto exótico por su adscripción a fuentes árabes, judías, romaníes y egipcias. La gente durante este tiempo creía ver en la magia algo que podía responder a las preguntas que no podían explicar a través de la ciencia. Para ellos, estaba sugiriendo que si bien la ciencia puede explicar la razón, la magia podría explicar la "sinrazón". Había una gran incertidumbre en la distinción y demarcación entre ocultismo y conocimiento científico; entre superstición y ritual piadoso. Las tensiones intelectuales y espirituales estallaron en la locura de las brujas de la Edad Moderna, reforzadas aún más por la agitación de la Reforma Protestante, especialmente en Alemania, Inglaterra y Escocia.

En el siglo XVI, las sociedades europeas cristianas comenzaron a conquistar y colonizar otros continentes en todo el mundo y, al hacerlo, aplicaron los conceptos cristianos de magia y brujería a prácticas encontradas entre los pueblos que encontraron. Por lo general, estos colonialistas consideraban a los nativos como primitivos y salvajes cuyos sistemas de creencias eran diabólicos y debían ser erradicados y reemplazados por el cristianismo. Debido a que los cristianos normalmente veían a estos pueblos no cristianos como moral e intelectualmente inferiores a ellos mismos, se esperaba que tales sociedades fueran más propensas a practicar la magia. Las mujeres que practicaban ritos tradicionales fueron etiquetadas como brujas por los cristianos.

En varios casos, estos conceptos y términos importados sufrieron nuevas transformaciones al fusionarse con conceptos indígenas. En África occidental, por ejemplo, los viajeros portugueses introdujeron su término y concepto de feitiçaria (a menudo traducido como brujería) y feitiço (hechizo) a la población nativa, donde se transformó en el concepto de fetiche. Cuando los europeos posteriores se encontraron con estas sociedades de África Occidental, creyeron erróneamente que el fetiche era un término indígena africano y no el resultado de encuentros intercontinentales anteriores. A veces, las propias poblaciones colonizadas adoptaron estos conceptos extranjeros para sus propios fines. A principios del siglo XIX, el gobierno haitiano recién independizado de Jean-Jacques Dessalines comenzó a suprimir la práctica del vudú, y en 1835 los códigos legales de Haitain clasificaron todas las prácticas del vudú como sortilège (hechicería/brujería), mientras que entre los practicantes de vudú la realización de ritos dañinos ya tenían una categoría separada y distinta, conocida como maji.

Modernidad

Siglo XIX

Desde el siglo XIX, los académicos de diversas disciplinas han empleado el término magia, pero lo han definido de diferentes maneras y lo han utilizado en referencia a diferentes cosas. Un enfoque, asociado con los antropólogos Edward Tylor (1832-1917) y James G. Frazer (1854-1941), usa el término para describir creencias en simpatías ocultas entre objetos que permiten que uno influya en el otro. Así definida, la magia se presenta como lo opuesto a la ciencia. Un enfoque alternativo, asociado con los sociólogos Marcel Mauss (1872-1950) y su tío Émile Durkheim (1858-1917), emplea el término para describir ritos y ceremonias privadas y lo contrasta con la religión, que define como una actividad comunitaria y organizada. En la década de 1990, algunos académicos rechazaban la utilidad del término para un estudio académico. Argumentaron que la etiqueta trazaba líneas arbitrarias entre creencias y prácticas similares que alternativamente se consideraban religiosas, y aplicaba las connotaciones de la magia, arraigadas en el cristianismo, a otras culturas.

En el siglo XIX, los intelectuales europeos ya no veían la práctica de la magia a través del marco del pecado y en su lugar consideraban las prácticas y creencias mágicas como "un modo aberrante de pensamiento antitético a la lógica cultural dominante; un signo de deterioro psicológico y un marcador de inferioridad cultural".

A medida que las élites educadas de las sociedades occidentales rechazaron cada vez más la eficacia de las prácticas mágicas, los sistemas legales dejaron de amenazar a los practicantes de actividades mágicas con castigos por los delitos de satanismo y brujería, y en su lugar los amenazaron con la acusación de que estaban defraudando a las personas prometiendo proporcionarles cosas que no podían.

La expansión del poder colonial europeo en todo el mundo influyó en cómo los académicos llegarían a enmarcar el concepto de magia. En el siglo XIX, varios eruditos adoptaron el concepto tradicional y negativo de la magia. Que eligieran hacerlo no era inevitable, ya que podrían haber seguido el ejemplo adoptado por destacados esoteristas activos en ese momento como Helena Blavatsky, que había elegido usar el término y el concepto de magia en un sentido positivo. Varios escritores también usaron el concepto de magia para criticar la religión argumentando que esta última aún mostraba muchos de los rasgos negativos de la primera. Un ejemplo de esto fue el periodista estadounidense H. L. Mencken en su polémica obra de 1930 Tratado sobre los dioses; trató de criticar la religión comparándola con la magia, argumentando que la división entre las dos estaba fuera de lugar. El concepto de magia también fue adoptado por los teóricos en el nuevo campo de la psicología, donde a menudo se usaba como sinónimo de superstición, aunque este último término demostró ser más común en los primeros textos psicológicos.

Otro importante representante de este período es Eliphas Levi, quien escribió Dogma y Ritual de la Alta Magia (1854-1856), donde se refiere a la magia como algo que obedece a leyes naturales:

Las operaciones mágicas son el ejercicio de un poder, natural pero superior a las fuerzas ordinarias de la Naturaleza. Son el resultado de una ciencia y de una costumbre que exaltan la voluntad humana por encima de los límites habituales. Lo sobrenatural no es otra cosa que lo natural extraordinario, o lo natural exaltado; un milagro es un fenómeno que asombra a la muchedumbre por lo inesperado; lo maravilloso es lo que maravilla, o sea, los efectos que sorprenden a los que ignoran las causas, o que les asignan causas desproporcionadas a los resultados. No hay milagros más que para los ignorantes, pero como no hay ciencia absoluta entre los hombres, el milagro puede, no obstante, existir y existe para todo el mundo.
Eliphas Levi, Dogma y Ritual de la Alta Magia, Ritual, capítulo I.

Siglo XX

A finales del siglo XIX y durante el XX, los folcloristas examinaron las comunidades rurales de Europa en busca de prácticas mágicas, que en ese momento entendían típicamente como supervivencias de antiguos sistemas de creencias. Fue solo en la década de 1960 que antropólogos como Jeanne Favret-Saada también comenzaron a analizar en profundidad la magia en contextos europeos, habiéndose centrado previamente en examinar la magia en contextos no occidentales.

La magia occidental moderna ha desafiado las ideas preconcebidas ampliamente aceptadas sobre la religión y la espiritualidad contemporáneas. Los polémicos discursos sobre la magia influyeron en la autocomprensión de los magos modernos, varios de los cuales, como Aleister Crowley y Julius Evola, estaban bien versados ​​en la literatura académica sobre el tema. Según el estudioso de la religión Henrik Bogdan, Crowley proporcionó "posiblemente la definición más conocida" del término magia. Crowley, fundador de la escuela del Thelema y quien proponía escribir magick sobre magic para distinguirla del ilusionismo escénico, opinaba que "la magia es la ciencia y el arte de hacer que el cambio ocurra de conformidad con la Voluntad". La definición de Crowley influyó en la de los magos posteriores. Dion Fortune de la Fraternidad de la Luz Interior, por ejemplo, afirmó que "La magia es el arte de cambiar la conciencia de acuerdo con la Voluntad". Gerald Gardner, el fundador de la Wicca, afirmó que la magia intenta "causar lo físicamente inusual", mientras que Anton LaVey, el fundador del satanismo de LaVey, describió la magia como "el cambio en situaciones o eventos de acuerdo con la voluntad de uno, que, utilizando métodos normalmente aceptables, sería inalterable".

La escuela de la magia del caos inicialmente se desarrolló en Inglaterra en la década de 1970, basándose en gran medida en la filosofía del artista y ocultista Austin Osman Spare, como un intento de explicar los aspectos simbólicos, ritualistas, teológicos u ornamentales de las tradiciones ocultas como herramientas para inducir estados mentales específicos y simplificar la magia a un conjunto de técnicas básicas.

Otro desarrollo significativo dentro de las prácticas mágicas occidentales modernas ha sido la magia sexual. Esta fue una práctica promovida en los escritos de Paschal Beverly Randolph y posteriormente ejerció un gran interés en magos ocultistas como Crowley y Theodor Reuss.

Estos conceptos occidentales modernos de magia se basan en la creencia en correspondencias conectadas a una fuerza oculta desconocida que impregna el universo y que algunos identifican con el inconsciente colectivo. Como señaló Hanegraaff, esto operaba de acuerdo con "un nuevo significado de la magia, que posiblemente no podría haber existido en períodos anteriores, precisamente porque se elaboró ​​en reacción al "desencanto del mundo". Para muchos, y quizás para la mayoría de los magos occidentales modernos, se considera que el objetivo de la magia es el desarrollo espiritual personal, y que viene a servir como una especie de "parapsicología" o "metapsicología", que va más allá de las teorías psicológicas convencionales, casi empatando o asociándose con las teorías de Carl Jung.

Categorías

Se puede clasificar a la magia occidental en diversas categorías:

Magia natural y no natural

Magia natural: Fueron definidos como «la magia natural» todos los fenómenos naturales observables en los cuales interviniera o estuviera presente la materia aunque fueran inexplicables. Así fue considerada y desarrollada la astrología por los persas, cuyos artífices eran llamados «magos». En el siglo XVII, por ejemplo, el célebre pedagogo y físico alemán Gaspar Schott titulaba sus textos de física (que él mismo impartía a su alumnado) «magia acústica y magia óptica», en clara alusión al recuerdo del significado etimológico arcaico de la «magia natural», frase reservada en latín para aludir a la fenomenología física todavía inexplicable científicamente en su tiempo, como la luz y el sonido.

Magia no natural: En síntesis, una posible definición genérica sería la «idea de establecer un contacto de relación con cualquier tipo de entidad espiritual o mecanismo sobrenatural». Contactos de relación, tales como la invocación, evocación, adivinación, numerología o la cábala, entre muchos otros. Otra clasificación subjetiva y arcaica establecería a las entidades y mecanismos sobrenaturales.

Magia blanca y negra

A menudo se distingue popularmente entre la "magia blanca" y la "magia negra", sin embargo, esta distinción está basada en la moral y no en criterios teóricos definidos.

Se denomina "magia blanca" a aquella magia que puede ser socialmente aceptada, pues sus procedimientos son compatibles con los valores morales de una sociedad, y a menudo se realiza con la intención de generar un beneficio a los demás, mientras que la "magia negra" es aquella que no está aceptada socialmente, pues sus procedimientos se oponen a los valores morales de una sociedad, lo que supone una transgresión moral, y su finalidad frecuentemente es sólo para la satisfacción de los deseos egoístas del practicante, sin importar el daño que pueda ocasionar, incluso también usada con propósitos destructivos. Algunos también clasifican una "magia gris", dando a entender que se usa con propósitos neutros, es decir, que no es realizada por razones específicamente benéficas o maléficas. En realidad no existe consenso sobre lo que constituye cada una de estas clasificaciones, tal como dice Phil Hine, "como muchos otros aspectos del ocultismo, lo que es denominado "magia negra" depende mucho de quién está haciendo la definición".

Magia teórica y práctica

La magia teórica es la expresión de ciertas reglas simbólicas que determinan la consecución de acontecimientos en el mundo. La magia práctica, considerada como una serie de reglas que los humanos cumplirán con objeto de conseguir sus fines.

Alta magia y baja magia

Los historiadores y antropólogos han distinguido entre practicantes que se dedican a la alta magia y aquellos que se dedican a la baja magia. En este marco, la alta magia se considera más compleja, implica ceremonias largas y detalladas, así como parafernalia sofisticada y a veces costosa. La magia baja se asocia con rituales más simples y encantamientos breves. Greenwood escribe que "Desde el Renacimiento, la alta magia se ha preocupado por atraer fuerzas y energías del cielo" y lograr la unidad con la divinidad.

Contextualización de la magia

Desde tiempos muy remotos, se aspiraba a develar, a conocer y a usar lo que presumiblemente estaría oculto a los sentidos (cognición), oculto a la percepción sensorial clásica, a la lógica, a la razón y al criterio. A través de la aceptación de la existencia de la magia, se acepta implícitamente a esta como la causa abstracta o pseudo-abstracta de los efectos buscados, como un principio fundamental a partir del cual se desarrolla.

La magia pretende generar un «efecto» que se percibe, por lo general de forma subjetiva, como "maravilloso" o "milagroso" cuya causa sea desconocida e «inexplicable» en el momento considerado, pero que el mago atribuye a su propia voluntad o bien a la de otros seres "sobrenaturales", incluido Dios.

Tradicionalmente los practicantes de la magia han utilizado conceptos religiosos y se han valido de recursos como rituales y oraciones con el fin de hacer efectivo el acto mágico, si bien muchos teóricos y practicantes modernos, como por ejemplo, de la magia del caos, afirman que el propósito de estos recursos, meramente ornamentales y culturales, es simplemente facilitar una impresión en el inconsciente del practicante, la cual provocaría los efectos mágicos.

Muchas de las prácticas que han sido etiquetadas como mágicas pueden ser realizadas por cualquiera. Por ejemplo, algunos encantamientos pueden ser recitados por personas que no tienen conocimientos especializados ni pretenden tener un poder específico. Otros requieren una formación especializada para realizarlos. Algunos de los individuos que realizaban actos mágicos de forma más que ocasional llegaron a ser identificados como magos, o con conceptos relacionados como hechiceros, brujas o gente astuta. Las identidades como mago pueden provenir de las propias afirmaciones de un individuo sobre sí mismo, o puede ser una etiqueta que otros le hayan puesto. En el último caso, un individuo podría abrazar tal etiqueta, o podría rechazarla, a veces con vehemencia.

En todas las religiones abundan las historias de hombres realizando proezas sobrenaturales y milagros, sin embargo, pocas veces a estos milagros, se les asocia con la magia. En el cristianismo, por ejemplo, los efectos milagrosos atribuidos a los santos (y cuyo concepto es dotado de prestigio y veneración), sirven como una forma de probar la manifestación de Dios ante los seres humanos, y estos son enfáticamente diferenciados de aquello que se denomina 'magia', la cual es desdeñada como un efecto producido por los poderes contrarios a Dios (Diablo, demonios) porque teológicamente los poderes de Dios no pueden ser comandados o sujetos a la voluntad humana, por lo que si ocurriese cualquier manifestación sobrenatural de esas características, debe entonces provenir de espíritus malignos. No obstante, la única diferencia notable entre ambos conceptos parece ser simplemente la adhesión y la no adhesión a las creencias propias.

Es así que, conceptualmente hablando, los milagros de la fe de los santos, los milagros de Jesucristo narradados en el Nuevo Testamento, y la actividad mágica no poseen en realidad una diferencia categórica, y ambos pertenecen a la categoría de pensamiento mágico.

Características de la manifestación mágica

Se afirma que generalmente las manifestaciones mágicas acontecen a través de medios completamente lógicos, racionales, normales y naturales (siendo excepcionalmente inusuales aquellas que no tengan una explicación lógica apreciable) y siempre ocurren de manera sorpresiva e inesperada, por lo que tales manifestaciones pueden ser perfectamente concebidas como "coincidencias" tal como se establece bajo el principio de sincronicidad.

Así por ejemplo, si el operador establece una declaración de intenciones sobre obtener una cierta cantidad de dinero, ese dinero puede manifestarse a través de un aumento en el trabajo, un bono, un donativo, etc. por lo que para una mente crítica y escéptica, tal manifestación no sería más que resultado de una mera casualidad; un evento posible dentro de las leyes de la probabilidad (pues ese dinero no aparecería de la nada). Ciertamente se trata de una coincidencia, pero para el mago es, a su vez, la indudable realización de su voluntad. Por otro lado, uno no necesita saber cómo va a manifestarse ese dinero, no debe preocuparse por el "¿cómo?", simplemente debe saber que así será.

Una serie de pasos o reglas comunes y básicas en todas las prácticas mágicas se observan en los llamados cuatro mandamientos del mago (Querer, Saber, Osar, Callar) y se pueden resumir así:

  • Tener el deseo ardiente de algo específico, que sea físicamente posible dentro de las leyes naturales. Mientras más específico y más simple se mantenga es mejor.
  • Visualización vívida del deseo. Imaginar detalles, sensaciones, colores, sonidos, o aromas asociados al deseo.
  • Sentir las emociones que provocaría el deseo como si ya se estuviese manifestando. El operador debe ser capaz de sentir una especie de "euforia" que lo armonice positivamente con su deseo. Este proceso, que se conoce como "trance", "estado alterado de conciencia" o "estado gnóstco", puede alcanzarse más fácilmente con diversas técnicas de meditación y respiración y tiene el propósito de generar una comunicación directa con el inconsciente.
  • Creer y tener fe en que se cumplirá el deseo; darlo por hecho y sentirse agradecido por ello (agradecer a la deidad). Si existe cualquier rastro de dudas o temores entonces el proceso fallará invariablemente.
  • No revelar a otros lo que se está haciendo, ni cómo se está haciendo, ni las intenciones o deseos.
  • Olvidar e ignorar todo sobre el deseo y no tener mayores expectativas una vez terminada la operación o ritual. Este proceso es esencial pues ayuda a integrar la intención al inconsciente ya que es éste lo que hace efectiva la operación. En ese sentido, no debe haber ansias por los resultados ni se debe intentar forzarlos o de lo contrario todo fallará.
  • Tomar acción. Una acción consecuente con lo que se busca siempre es necesaria, sin prescindir del punto anterior.

A partir de estas reglas básicas se derivan toda clase de rituales y ceremonias con objetos como velas, inciensos, aceites, palabras, sonidos, etc. y utilizados como "catalizadores" que ayudan a impresionar la mente inconsciente, fuente de toda actividad mágica.

Antropología y sociología de la magia

Según el antropólogo Edward Evan Evans-Pritchard, la magia formó un marco racional de creencias y conocimientos en algunas culturas, como el pueblo azande de África. El historiador Owen Davies afirmó que la palabra magia estaba "más allá de una definición simple", y tenía "una variedad de significados". De manera similar, el historiador Michael D. Bailey caracterizó la magia como "una categoría profundamente controvertida y una etiqueta muy tensa"; como categoría, señaló, era "profundamente inestable" dado que las definiciones del término han "variado drásticamente a través de tiempo y entre culturas ". Los académicos se han involucrado en extensos debates sobre cómo definir la magia, y tales debates han resultado en una intensa disputa. A lo largo de tales debates, la comunidad académica no ha logrado ponerse de acuerdo sobre una definición de magia, de manera similar a cómo no han logrado ponerse de acuerdo sobre una definición de religión. Según el estudioso de la religión Michael Stausberg, el fenómeno de las personas que aplican el concepto de magia para referirse a sí mismas y a sus propias prácticas y creencias se remonta a la antigüedad tardía. Sin embargo, incluso entre aquellos a lo largo de la historia que se han descrito a sí mismos como magos, no ha habido un terreno común de lo que es la magia.

En África, la palabra magia podría entenderse simplemente como una gestión de fuerzas, que, como actividad, no se pondera moralmente y, en consecuencia, es una actividad neutra desde el comienzo de una práctica mágica, pero por la voluntad del mago, puede ser pensada como algo que represente el bien o el mal. La antigua cultura africana tenía la costumbre de siempre discernir la diferencia entre la magia y un grupo de otras cosas, que no son mágicas, estas cosas eran la medicina, la adivinación, la brujería y la hechicería. La opinión difiere sobre cómo la religión y la magia se relacionan entre sí con respecto al desarrollo o con qué desarrollo, algunos piensan que se desarrollaron juntos a partir de un origen compartido, algunos piensan que la religión se desarrolló a partir de la magia y algunos, la magia a partir de la religión.

Las teorías antropológicas y sociológicas de la magia generalmente sirven para demarcar claramente ciertas prácticas de otras similares en una sociedad. Según Bailey: "En muchas culturas y en varios períodos históricos, las categorías de magia a menudo definen y mantienen los límites de las acciones social y culturalmente aceptables con respecto a entidades o fuerzas numinosas u ocultas. Aún más, básicamente, sirven para delinear arenas de creencia apropiada". En esto, señaló que "trazar estas distinciones es un ejercicio de poder". Esta tendencia ha tenido repercusiones para el estudio de la magia, con los académicos autocensurando su investigación por los efectos en sus carreras.

Randall Styers señaló que intentar definir la magia representa "un acto de demarcación" mediante el cual se yuxtapone con "otras prácticas sociales y modos de conocimiento" como la religión y la ciencia. La historiadora Karen Louise Jolly describió la magia como "una categoría de exclusión, utilizada para definir una forma inaceptable de pensar como opuesta a la religión o la ciencia".

La erudición moderna ha producido varias definiciones y teorías de la magia. Según Bailey, "estos han enmarcado típicamente la magia en relación con, o más frecuentemente en distinción de, religión y ciencia". Desde el surgimiento del estudio de la religión y las ciencias sociales, la magia ha sido un "tema central en la literatura teórica" producida por académicos que operan en estas disciplinas académicas. La magia es uno de los conceptos más teorizados en el estudio de la religión, y también jugó un papel clave en la teorización temprana dentro de la antropología. Styers creía que tenía un gran atractivo para los teóricos sociales porque proporciona "un sitio tan rico para articular y cuestionar la naturaleza y los límites de la modernidad". Los eruditos lo han utilizado comúnmente como un contraste del concepto de religión, considerando la magia como el "hermano ilegítimo (y afeminado)" de la religión. Alternativamente, otros lo han utilizado como una categoría intermedia ubicada entre la religión y la ciencia.

Los eruditos han ofrecido muchas definiciones diferentes de magia, aunque, según Hanegraaff, estas pueden entenderse como variaciones de un pequeño número de teorías muy influyentes.

Enfoque intelectualista

Edward Tylor, un antropólogo que usó el término magia en referencia a la magia simpática, una idea que asoció con su concepto de animismo. El enfoque intelectualista para definir la magia está asociado con dos prominentes antropólogos británicos, Edward Tylor y James G. Frazer. Este enfoque veía la magia como el opuesto teórico de la ciencia, y llegó a ocupar mucho el pensamiento antropológico sobre el tema. Este enfoque se situó dentro de los modelos evolutivos que sustentaron el pensamiento en las ciencias sociales a principios del siglo XIX. El primer científico social que presentó la magia como algo anterior a la religión en un desarrollo evolutivo fue Herbert Spencer; en su A System of Synthetic Philosophy, utilizó el término magia en referencia a la magia simpática. Spencer consideraba que tanto la magia como la religión tenían sus raíces en falsas especulaciones sobre la naturaleza de los objetos y su relación con otras cosas.

La comprensión de Tylor de la magia estaba vinculada a su concepto de animismo. En su libro Primitive Culture de 1871, Tylor caracterizó la magia como creencias basadas en "el error de confundir la analogía ideal con la analogía real". En opinión de Tylor, "el hombre primitivo, habiendo llegado a asociar en el pensamiento aquellas cosas que encontró por experiencia que estaban conectadas de hecho, procedió erróneamente a invertir esta acción, y a concluir que la asociación en el pensamiento debe implicar una conexión similar en la realidad. Intentó así descubrir, predecir y provocar acontecimientos por medio de procesos que ahora podemos ver que sólo tienen un significado ideal". Tylor desdeñó la magia y la describió como "uno de los engaños más perniciosos que jamás haya molestado a la humanidad". Los puntos de vista de Tylor demostraron ser muy influyentes y ayudaron a establecer la magia como un tema importante de la investigación antropológica.

Las ideas de Tylor fueron adoptadas y simplificadas por James Frazer, quien usó el término magia para significar magia simpática, describiéndola como una práctica basada en la creencia del mago "que las cosas actúan unas sobre otras a distancia a través de una simpatía secreta", algo que describió como "un éter invisible". Además, dividió esta magia en dos formas, la "homeopática (imitativa, mimética)" y la "contagiosa". La primera era la idea de que "lo similar produce lo similar", o que la similitud entre dos objetos podría hacer que uno influyera en el otro. Este último se basó en la idea de que el contacto entre dos objetos permitía que los dos siguieran influyendo entre sí a distancia. Al igual que Taylor, Frazer veía la magia de manera negativa, describiéndola como "la hermana bastarda de la ciencia", surgida de "una gran falacia desastrosa".

Donde Frazer difería de Tylor fue en caracterizar la creencia en la magia como una etapa importante en el desarrollo cultural de la humanidad, describiéndola como parte de una división tripartita en la que la magia fue lo primero, la religión fue la segunda y finalmente la ciencia fue la tercera. Para Frazer, todas las sociedades primitivas comenzaron como creyentes en la magia, y algunas de ellas se habrían alejado de esta y se habrían adentrado en la religión. Creía que tanto la magia como la religión implicaban la creencia en los espíritus, pero que diferían en la forma en que respondían a estos espíritus. Para Frazer, la magia "constriñe o coacciona" a estos espíritus, mientras que la religión se centra en "conciliarlos o propiciarlos". Reconoció que su terreno común resultó en un cruce de elementos mágicos y religiosos en varios casos; por ejemplo, afirmó que el matrimonio sagrado era un ritual de fertilidad que combinaba elementos de ambas visiones del mundo.

Algunos estudiosos conservaron el marco evolutivo utilizado por Frazer pero cambiaron el orden de sus etapas; el etnólogo alemán Wilhelm Schmidt argumentó que la religión —con lo que se refería al monoteísmo— era la primera etapa de la creencia humana, que luego degeneró tanto en magia como en politeísmo. Otros rechazaron por completo el marco evolutivo. La noción de Frazer de que la magia había dado paso a la religión como parte de un marco evolutivo fue más tarde cuestionada por el folclorista y antropólogo Andrew Lang en su ensayo Magia y religión; Lang lo hizo al destacar cómo el marco de Frazer se basaba en tergiversar los relatos etnográficos de las creencias y las practicaba entre los australianos indígenas para encajar con su concepto de magia.

Enfoque funcionalista

El enfoque funcionalista para definir la magia está asociado con los sociólogos franceses Marcel Mauss y Emile Durkheim. En este enfoque, la magia se entiende como el opuesto teórico de la religión.

Mauss expuso su concepción de la magia en un ensayo de 1902, "Una teoría general de la magia". Mauss utilizó el término magia en referencia a "cualquier rito que no sea parte de un culto organizado: un rito que es privado, secreto, misterioso y, en última instancia, tiende a uno que está prohibido". Por el contrario, asoció la religión con el culto organizado. Al decir que la magia era inherentemente no social, Mauss había sido influenciado por la comprensión cristiana tradicional del concepto. Mauss rechazó deliberadamente el enfoque intelectualista promovido por Frazer, creyendo que era inapropiado restringir el término magia a magia simpática, como había hecho Frazer. Expresó la opinión de que "no solo hay ritos mágicos que no son simpáticos, pero tampoco la simpatía es una prerrogativa de la magia, ya que hay prácticas de simpatía en la religión".

Las ideas de Mauss fueron adoptadas por Durkheim en su libro de 1912 Las formas elementales de la vida religiosa. Durkheim opinaba que tanto la magia como la religión pertenecían a "cosas sagradas, es decir, cosas apartadas y prohibidas". Donde los veía diferentes era en su organización social. Durkheim usó el término magia para describir cosas que eran inherentemente antisociales, que existían en contraste con lo que él llamaba una Iglesia, las creencias religiosas compartidas por un grupo social; en sus palabras, "No hay Iglesia de la magia". Durkheim expresó la opinión de que "hay algo inherentemente antirreligioso en las maniobras del mago", y que una creencia en la magia "no resulta en unir a quienes se adhieren a él, ni en unirlos en un grupo que lleve una vida en común ". La definición de Durkheim encuentra problemas en situaciones —como los ritos realizados por los wiccanos— en los que se han considerado actos realizados en comunidad, ya sea por practicantes u observadores, como mágico.

Los estudiosos han criticado la idea de que la magia y la religión se pueden diferenciar en dos categorías distintas y separadas. El antropólogo social Alfred Radcliffe-Brown sugirió que "una simple dicotomía entre magia y religión" era inútil y, por lo tanto, ambos deberían incluirse en la categoría más amplia de ritual. Muchos antropólogos posteriores siguieron su ejemplo. Sin embargo, los estudiosos que discuten este tema todavía hacen esta distinción.

Enfoque emocionalista

El enfoque emocionalista de la magia está asociado con el antropólogo inglés Robert Ranulph Marett, el psiquiatra judío Sigmund Freud y el antropólogo polaco Bronisław Malinowski.

Marett vio la magia como una respuesta al estrés. En un artículo de 1904, argumentó que la magia era una práctica catártica o estimulante diseñada para aliviar los sentimientos de tensión. A medida que su pensamiento se desarrolló, rechazó cada vez más la idea de una división entre magia y religión y comenzó a utilizar el término "mágico-religioso" para describir el desarrollo temprano de ambas. Malinowski entendió la magia de manera similar a Marett, abordando el tema en un artículo de 1925. Rechazó la hipótesis evolutiva de Frazer de que la magia fue seguida por la religión y luego la ciencia como una serie de etapas distintas en el desarrollo social, argumentando que las tres estaban presentes al mismo tiempo en cada sociedad. En su opinión, tanto la magia como la religión "surgen y funcionan en situaciones de estrés emocional", aunque mientras que la religión es principalmente expresiva, la magia es principalmente práctica. Por lo tanto, definió la magia como "un arte práctico que consiste en actos que son sólo medios para un fin definido que se espera seguir más adelante". Para Malinowski, los actos mágicos debían realizarse con un fin específico, mientras que los religiosos eran fines en sí mismos. Por ejemplo, creía que los rituales de fertilidad eran mágicos porque se llevaban a cabo con la intención de satisfacer una necesidad específica. Como parte de su enfoque funcionalista, Malinowski veía la magia no como irracional sino como algo que cumplía una función útil, siendo sensible dentro del contexto social y ambiental dado.

El término magia fue utilizado libremente por Freud. También vio que la magia surgía de la emoción humana, pero la interpretó de manera muy diferente a Marett. Freud explica que "la teoría asociada de la magia simplemente explica los caminos por los que avanza la magia; no explica su verdadera esencia, es decir, el malentendido que la lleva a reemplazar las leyes de la naturaleza por leyes psicológicas". Freud enfatiza que lo que llevó a los hombres primitivos a inventar la magia es el poder de los deseos: "Sus deseos van acompañados de un impulso motor, la voluntad, que luego está destinada a alterar toda la faz de la tierra para satisfacer sus deseos. Este motor, el impulso se emplea al principio para dar una representación de la situación satisfactoria de tal manera que sea posible experimentar la satisfacción por medio de lo que podría describirse como alucinaciones motoras. Este tipo de representación de un deseo satisfecho es bastante comparable al juego de los niños, que sucede a su anterior técnica puramente sensorial de satisfacción. [...] A medida que pasa el tiempo, el acento psicológico pasa de los motivos del acto mágico a las medidas mediante las cuales se lleva a cabo, es decir, al acto en sí mismo. [...] Llega a aparecer así como si fuera el acto mágico mismo el que, debido a su semejanza con el resultado deseado, es el único que determina la ocurrencia de ese resultado".

A principios de la década de 1960, los antropólogos Murray y Rosalie Wax presentaron el argumento de que los académicos deberían considerar la cosmovisión mágica de una sociedad dada en sus propios términos en lugar de tratar de racionalizarla en términos de las ideas occidentales sobre el conocimiento científico. Sus ideas fueron fuertemente criticadas por otros antropólogos, quienes argumentaron que habían establecido una falsa dicotomía entre la cosmovisión occidental no mágica y las cosmovisiones mágicas no occidentales. Sin embargo, el concepto de cosmovisión mágica ganó un uso generalizado en historia, folklorística, filosofía, teoría cultural y psicología. La noción de pensamiento mágico también ha sido utilizada por varios psicólogos. En la década de 1920, el psicólogo Jean Piaget utilizó el concepto como parte de su argumento de que los niños eran incapaces de diferenciar claramente entre lo mental y lo físico. Según esta perspectiva, los niños comienzan a abandonar su pensamiento mágico entre los seis y los nueve años.

Según Stanley Tambiah, la magia, la ciencia y la religión tienen su propia "cualidad de racionalidad" y han sido influenciadas por la política y la ideología. A diferencia de la religión, Tambiah sugiere que la humanidad tiene un control mucho más personal sobre los eventos. La ciencia, según Tambiah, es "un sistema de comportamiento mediante el cual el hombre adquiere el dominio del medio ambiente".

Semejanza con disciplinas y tecnologías modernas

Antropológicamente la magia tiene su raíz básica en el acto mismo de transmitir conceptos o ideas en las sociedades tribales. El solo hecho de poder comunicar ideas a otra inteligencia mediante símbolos es percibido como magia y como sobrenatural por los magos, por más simple y mundano que este acto pueda parecer.

Por ello, la palabra se considera el principal instrumento de la magia. La palabra es la unidad estructural de la información que condensa en sí abstracciones, ideas o conceptos propios de la realidad material para transmitirla de forma no material. La actual utilización de palabras para ejercer cambios en una persona, en ocasiones incluso sin que lo sepa, es la base de muchas psicoterapias. Asimismo, el uso de técnicas como, la hipnosis y la programación neurolingüística (PNL), los placebos y la sugestión, son herramientas de cambio conductual que en la antigüedad podían ser atribuidos a la magia, o a milagros en caso de algunas religiones. La diferencia de todas estas técnicas con la magia parece ser la simple ausencia de atribución de poderes a entidades espirituales o metafísicas, aunque existen escuelas modernas de magia no requieren de este tipo de atribuciones. Asimismo, muchas tecnologías e inventos modernos serían considerados como "magia" para las sociedades primitivas ya que pueden reemplazar algunas de las capacidades buscadas por los antiguos magos.

La magia pretende obrar efectos más allá de la comprensión común, pero según algunos practicantes, eso no significa que dichos efectos no puedan ser explicados científicamente en su causa estrictamente material. Por ejemplo, los diversos efectos de las sustancias activas de las plantas (efectos curativos, tóxicos, alucinógenos, etc.) utilizadas de forma ritual por magos y chamanes, son vistos como efectos mágicos porque perciben en ellos una manifestación sagrada o divina. Pese a que pueden ser explicados materialmente por la bioquímica, ésta ciencia no puede decir nada sobre la experiencia en sí misma.

En ese sentido, el efecto de causar sentimientos tan específicos como la alegría o la tristeza a través de la combinación de ciertas notas musicales en los acordes, es algo que en cierta forma puede ser definido por el término "sobrenatural", el cual indica algo que está "fuera de la realidad natural medible", es decir, como aquello que es subjetivo y es propio de un observador. Un músico, u otro tipo de artista que cause emociones en otra persona a través de sus obras, puede ser considerado como "mago" desde este punto de vista.

Referencias

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