Brujería

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Juicio a las brujas de Salem

Brujería, es el nombre dado al uso de medios sobrenaturales para causar daño a los demás. Según la creencia popular, este uso se atribuye a personas llamadas brujas (existe también la forma masculina, brujos, aunque es menos frecuente) que estarían dotadas de ciertas habilidades mágicas que emplean con tal finalidad.[1]

En Europa, la Iglesia utilizó el término en latín maleficae (malignas) para denominar a las "brujas" durante toda la Edad Media y gran parte de la Edad Moderna, inicialmente con el fin de demonizar y acusar de practicar un culto al Diablo a quienes conservaban las prácticas y tradiciones pre-cristianas (como por ejemplo el conocimiento de las hierbas medicinales) que sobrevivían a la cristianización al replegarse a lugares alejados de las ciudades, como los campos y los bosques. Luego el término se hizo más común para acusar a quienes en general mostraban actitudes sospechosas.

El término en femenino tuvo mayor difusión que el masculino porque en las sociedades paganas la mujer era la encargada de transmitir la cultura y las tradiciones.

La creencia en la brujería es común en numerosas culturas desde la más remota antigüedad, y las interpretaciones del fenómeno varían significativamente de una cultura a otra. En el Occidente cristiano, la brujería era muy temida por las comunidades populares ya que le relaciona frecuentemente con la creencia en el Diablo, especialmente durante la Edad Moderna, entre 1450 y 1750, en que se desató en Europa una obsesión por la brujería que desembocó en numerosos procesos y ejecuciones de brujas (lo que se denomina «caza de brujas»). Las brujas tienen una gran importancia en el folclore de muchos países, y forman parte de la cultura popular. En algunas zonas de España, como en Galicia, las brujas eran conocidas como "meigas" y "bruxas".

Si bien este es el concepto más frecuente del término «bruja», desde el siglo XX el término ha sido reivindicado por sectas ocultistas y grupos pseudopaganos, como la Wicca, para designar a todas aquellas personas que practican cierto tipo de magia, sea esta maléfica (magia negra) o benéfica (magia blanca), o bien a los adeptos de una determinada religión.

Un uso más extenso del término se emplea para designar, en determinadas sociedades, a los magos o chamanes.

Proceso contra la brujería

Los procesos en caso de brujería se hacían según el siguiente sistema:

  1. Acusación. A menudo precedía a la acusación una fase de rumores que podía durar años. La acusación podía ser debida a una denuncia de una bruja que ya había sido detenida, posiblemente bajo tortura. Rara vez se permitía a las presuntas brujas una defensa.
  2. Detención. Las cárceles, en el sentido moderno, todavía no existían, por lo que se mantenía a los presos en mazmorras o torres. Las llamadas torres de brujas que todavía se conocen en muchos lugares, no eran exclusivamente para brujas, sino eran para todo tipo de prisioneros. A menudo eran simples torres de las murallas de la ciudad.
  3. Interrogatorio. Normalmente se distinguían tres fases: el interrogatorio por las buenas, el interrogatorio con explicación y muestra de los instrumentos de tortura y el interrogatorio doloroso, en la que se empleaba la tortura. En los casos de procesos a brujas, la limitación a una hora no era respetada, ya que se trataba de crimen exceptum (crímenes excepcionales), lo que exigía una dureza especial. A menudo se empleaban las empulgueras, la rueda, el potro y la bota española. Tampoco se respetaba la regla habitual de que sólo se podía torturar a un preso tres veces y, si hasta ese momento no se había producido una confesión, liberar al preso. En el Malleus maleficarum se recomendaba declarar la retoma ilegal de la tortura.
  4. Confesión. A comienzos del Renacimiento, nadie podía ser juzgado sin confesión – lo que también era válido para las brujas. Pero, debido a que se ignoraban las habituales reglas durante la tortura, la probabilidad de obtener una confesión se multiplicaba enormemente con respecto a los procesos normales.
  5. Interrogatorio para obtener cómplices. Ya que según la ciencia de las brujas, las brujas debían encontrarse en aquelarres y por lo tanto una bruja debía conocer a otras. En un segundo interrogatorio se preguntaba a las acusadas por los nombres de otras brujas o brujos, a veces bajo nuevas torturas. Así se alargaba siempre más la lista de sospechosas, ya que, bajo tortura, siempre se acusaba a más personas. El resultado eran procesos en cadena.
  6. Condena.
  7. Ajusticiamiento. Finalmente, el delito de brujería era castigado con la muerte.

Referencias

  1. Cfr. Lewis, John: Antropología simplificada. Selector, 1985. ISBN 978-968-403-041-1; pág. 81: «Brujería es la asociación de sí mismo con poderes sobrenaturales para fines destructivos y antisociales. También se llama magia negra». Véase también Delgado Ruiz, Manuel: La magia: la realidad encantada, 1992, pág. 67: «La magia negra o maléfica, habitualmente agrupada en sus expresiones bajo el difuso epígrafe de “brujería”».

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