Falso paganismo

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Reunión de pseudopaganos en Stonehenge. Una muestra de la ridiculización y caricaturización del paganismo hoy en día a cargo de estos sectores decadentes y de corte neo-hippie.

El falso paganismo o pseudopaganismo es un conjunto de corrientes surgidas como subproducto de la globalización, que pervierten y usurpan especialmente las distintas ramas del paganismo europeo, proclamándolas como religiones universales abiertas a todas las personas de cualquier raza u origen étnico, promoviendo además el mestizaje y el homosexualismo[1]. Es una forma de apropiación cultural.

Este conjunto engloba también a la wicca o "brujería", el movimiento neomatriarcal (eufemísticamente llamado "de la Diosa"), y otras manifestaciones sincréticas y eclécticas. Algunas aproximaciones sincréticas o eclécticas a veces están inspiradas en tradiciones históricas, pero no poseen identificación estricta con ninguna religión o cultura histórica. Los movimientos eclécticos y sincréticos combinan libremente elmentos de múltiples tradiciones religiosas dispares. Otros movimientos intentan ser reconstruccionistas pero caen en el universalismo como en el caso del falso odinismo.

Estas corrientes han sido promovidas por la masonería y el judaísmo, especialmente en el contexto del New Age, adhiriendo ideas del marxismo cultural como el hedonismo, igualitarismo, antiblanquismo, feminismo, mesticismo y el homosexualismo. Intentan imitar al paganismo antiguo, pero lo hacen únicamente en la forma y la estética, apropiándose de sus símbolos y fiestas, y en el fondo adquieren ideas muy acordes con los dogmas de la modernidad y la corrección política.

Los grupos pseudopaganos dedican grandes esfuerzos en atacar a cualquier individuo u organización que perciba a las tradiciones étnicas europeas como propias de los europeos y eurodescendientes.

Descripción

Anteriormente a los grandes avances actuales de los estudios arqueológicos y comparativos de las religiones, la capacidad de obtener un conocimiento fidedigno sobre las religiones precristianas era muy limitada por la escasez de fuentes escritas de primera mano, y mucho de lo que se conocía provenía casi exclusivamente de fuentes cristianas y por lo tanto sesgadas a favor del cristianismo.

Los apologistas cristianos promovían y glorificaban la nueva fe a través de la denigración de otras creencias. Como señala Julius Evola, usualmente existía un consciente y a veces sistemático desprestigio y tergiversación de casi todas las tradiciones, doctrinas y religiones tempranas, que eran agrupadas bajo el término de "paganismo". Para este fin, los apologistas obviamente hicieron un esfuerzo premeditado por subrayar aquellos aspectos de las religiones y tradiciones pre-cristianas que carecían de un carácter normal o primordial, pero que eran claramente formas marginales o que habían caído en plena decadencia. Por ejemplo, el obispo Procopio de Cesarea (ca. 500-560) en De Bello Gothico' intentó asociar el paganismo a prácticas deshonrosas y aberrantes como forma de propaganda y difamación contra los hérulos, afirmando que éstos practicaban entre los guerreros, rituales sexuales de toda índole imaginable, como el homosexualismo, pederastia y bestialismo.

Este "paganismo" imaginario, que nunca existió, sino que fue inventado por los apologistas cristianos, desafortunadamente ha servido de punto de partida para algunos auto-nombrados círculos "neopaganos", quienes proclaman una cosmovisión tendenciosa y artificial que raramente corresponde a la realidad histórica de lo que el mundo pre-cristiano siempre fue en sus manifestaciones normales.

Otro error común, a falta de un conocimiento profundo sobre las religiones precristianas, es tomar como modelo ético o moral al cristianismo y su moral de esclavos. Por ejemplo, el universalismo, que es propiamente un fenómeno cristiano y completamente ajeno al paganismo, es adoptado por estas corrientes, perpetuando con ello un "cristianismo moral y cultural". Por ello, los cristianos suelen atacar sin miramientos a todo paganismo moderno en base a las claras inconsistencias que presentan este tipo de movimientos degenerados y distorsionados. El escritor Kerry Bolton explica así el cristianismo cultural que se encuentra en movimientos pseudopaganos:

El dualismo moral judeo-cristiano está ahora tan profundamente enraizado en la psique europea que incluso los paganos que piensan que están fuera del contexto cristiano están tan dualizados como cualquier cristiano. Estos “neo-paganos” han hecho internacionalistas y pacifistas a los dioses tribales de la guerra. Donde los atributos guerreros no pueden ser ignorados, han sido transformados en "el camino del guerrero pacífico". Tyr, Thor y Odín han sido castrados. Los neo-paganos simplemente han hecho de los Antiguos Dioses, reflejos de sus propias mitades dualizadas. Han reprimido como “malignos” los aspectos oscuros. Estos neo-paganos son peores que inútiles; son otro aspecto de la dualidad que está impulsando al pueblo europeo a la autodestrucción.
Kerry Bolton, Dualismo y los ciclos del tiempo

Una de las más influyentes manifestaciones de este tipo de "paganismo" es la wicca, el cual es un movimiento ecléctico y sincrético con influencias de la Nueva Era, creado por el autor y ocultista y masón inglés Gerald Gardner durante los años cincuenta del siglo XX. En sus libros, Gardner aseguraba haber sido iniciado en un conventículo secreto por brujas británicas, que mantenían el culto heredado de la antigua religión tras siglos de persecución por parte de algunas religiones cristianas, especialmente la Iglesia Católica Romana.

Contradicciones

Las principales características de la corrección política, del antirracismo, del mal llamado "progresismo" o del izquierdismo o marxismo cultural, son incompatibles con lo que sabemos sobre las religiones nativas europeas históricas.

Negación de la ancestralidad y la identidad colectiva

Afiche contra el falso odinismo que en inglés dice: "No, no puedes convertirte en uno de nosotros. La Sangre no es un club".

El culto a los ancestros, las raíces y al propio pueblo es un elemento central del paganismo o de las religiones étnicas en Europa y en otros lugares. Sin embargo, en lugar de honrar la memoria de sus antepasados, los que siguen un "paganismo políticamente correcto" trabajan para profanar o incluso borrar esta memoria.

Si las raíces de una persona no están en Europa, ¿cómo podría siquiera denominarse seguidor de una religión nativa europea?

En este sentido, el reconocido godi Stephen A. McNallen declaró que:

Yo nunca dije que los no-europeos no puedan practicar el odinismo... Simplemente me pregunto, por qué un no-europeo querría seguir una religión nativa europea en lugar de las enteramente válidas y dignas religiones nativas de sus propios ancestros. Me pregunto lo que sus propios ancestros deben sentir al ser menospreciados así.

Por ello ha sido acusado de "racismo" por parte de asociaciones antiblancas multiculturalistas que representan este falso paganismo tales como "Heathens United Against Racism" y "Heathens Against Hate".

Desde el hinduísmo hasta el sintoísmo, las religiones nativas son los marcos espirituales que el ser humano ha desarrollado para acercarse a una realidad trascendente. El paganismo es específico de una comunidad y una identidad colectiva cuya existencia niegan los promotores del falso paganismo.

La experiencia espiritual de los antepasados ​​paganos europeos estaba natural e intrínsecamente vinculada a su cualidad racial como organismos biológicos. Siendo la expresión natural de la experiencia espiritual propia de un pueblo o raza, su religión o cosmovisión espiritual es parte inseparable de ese pueblo o raza. De este modo, los paganos 'folkish' poseen justificadamente los derechos de herencia de sangre para reclamar el paganismo como su herencia racial.

Los promotores del falso paganismo intentan justificar esta irrefutable contradicción de diversas maneras, incluyendo teorías extravagantes que distorsionan o sacan de contexto la tesis del Homo religiosus de Mircea Eliade, así como las investigaciones de la neurociencia en las experiencias espirituales, aduciendo que la bioquímica cerebral determinaría "la elección de una religión en un individuo" y que explicaría "por qué unos sienten más afinidad a ciertos símbolos, ideas y prácticas que otros"...[2] De esta manera, alegan que, ante las tradiciones de sus propios ancestros, sus cerebros "no crean la conexión bioquímica necesaria para llenar nuestra cosmovisión espiritual" y que, por lo tanto, "no nos sirven como religión a seguir". En realidad, la neurociencia lo que muestra es una correlación entre una serie de efectos neuronales con las experiencias religiosas lo que lleva a proponer la existencia de una base neurológica y evolutiva para la espiritualidad en general, pero de ninguna manera es la explicación para la elección personal de una religión.

En contraste, en realidad existen más bases teóricas, como la teoría de los arquetipos de Carl G. Jung, para proponer que el individuo está genética e instintivamente más predispuesto a sentirse en consonancia con aquellos procesos simbólicos y expresiones espirituales heredados que le son propios a su pueblo, y cuando esto no ocurre deviene en alteraciones de la psique[3]. Ello implica asumir las verdaderas raíces, aceptar sus orígenes y ser honesto ante uno mismo sin nada de qué avergonzarse, así como entender de dónde se viene y a dónde se dirige, y por ende, a ser más completo como persona, en lugar de actuar, bajo las directrices de la globalización, como si se tratase de un "mercado de religiones", eligiendo la que más conviene en el momento.

La palabra usada generalmente por los odinistas de habla inglesa, heathen ("pagano"), etimológicamente apoya la naturaleza étnica de este conjunto de expresiones religiosas ya que proviene del inglés antiguo hæþen, y éste del griego antiguo ἔθνος (éthnos) que significa: "tribu", "familia", "nación" y es raíz de 'etnia'. Otro tanto puede decirse de los términos 'pagano' y 'gentil' (del latín gentilis: 'clan', 'familia', 'tribu'; en griego, ἐθνικός ethnikos: 'raza', 'nación' o 'pueblo').

No se trata de negar la libertad individual, sino de reivindicar el derecho de los pueblos o grupos a mantener la exclusividad étnica sobre sus tradiciones sin ser acusados de "odio" o "ignorancia" por ello.

Por lo tanto, la visión folkish —al menos en su forma más reflexiva y matizada— no condena como falso pagano al individuo que, por interés genuino, estudia o incluso se adhiere a una religión, deidades y símbolos que no pertenecen a su linaje étnico. Sin embargo sí considera como perjudicial e ilegítimo al que:

  • Niega el vínculo entre religión y etnicidad, alegando que las religiones ancestrales son universales o pueden practicarse igual en cualquier contexto cultural.
  • Niega el derecho de exclusividad religiosa basada en la etnicidad y por lo tanto, pretende identificarse como miembro de un pueblo.
  • Busca reinterpretar o deformar las religiones étnicas para adaptarlas a una ideología moderna que adopta el igualitarismo global o la inclusión forzada.
  • Acusa de racismo a quienes defienden la raíz étnica de su tradición espiritual, a pesar de que esa visión esté en consonancia con las fuentes y con la práctica ancestral.

La religión no es una moda o una filosofía abstracta que uno puede adoptar y desechar libremente, sino una expresión espiritual inseparable del linaje, el paisaje, la lengua y la historia de un pueblo.

Por tanto, alguien que estudia, respeta y honra sinceramente una religión ancestral, aunque no sea de su propio linaje, no es necesariamente mal visto por los folkish, siempre y cuando no intente desarraigar esa tradición de su contexto étnico ni imponerle una lógica ajena.

Sintoísmo como ejemplo

La mentalidad japonesa tradicional ofrece un ejemplo muy claro de espiritualidad profundamente enraizada en la identidad étnica y cultural, sin caer en el proselitismo universalista.

El shinto está intrínsecamente ligado al pueblo japonés, su tierra, sus ancestros y sus kami (espíritus o deidades). Para los japoneses la religión es una expresión del alma colectiva del pueblo.

Se permite que un extranjero participe en rituales sintoístas o incluso mostrar respeto profundo hacia ellos, sin embargo, no se busca ni se espera que "se convierta", no se le considera automáticamente parte de la comunidad espiritual y no se ve como ofensivo que la espiritualidad esté reservada de cierta manera a los descendientes del pueblo.

La mentalidad japonesa tradicional respeta la espiritualidad de otros pueblos, pero espera que cada quien cultive la suya. Adoptar la religión ajena sin necesidad o sin contexto profundo puede considerarse algo superficial o incluso irrespetuoso.

El enfoque japonés se parece mucho al del folkish tradicional europeo en estos aspectos:

  • Ambos ven la religión como algo enraizado en el pueblo y el linaje.
  • No buscan imponer su fe ni universalizar su visión espiritual.
  • Creen que cada pueblo tiene derecho a honrar a sus propios ancestros y dioses.

La diferencia principal es que los japoneses no tienen un trauma histórico moderno como el que sí afecta a los europeos, por lo que pueden mantener esta visión étnico-espiritual sin que se les acuse fácilmente de "racismo", "extremismo" o "discurso de odio".

Universalismo

Las religiones nativas no son universalistas, sino que están enraizadas en una cosmovisión étnica y tribal que asocia la espiritualidad con la pertenencia a un pueblo específico. Esto no es una "contaminación", ni una "perversión moderna", sino la norma histórica en la gran mayoría de religiones del mundo.

El universalismo tiene origen y desarrollo en la teología judeocristiana bajo la idea de que "todos los hombres son hijos de un solo Dios universal", por lo que transferir esta idea a las religiones nativas, y así, "universalizándolas", resulta en una corrupción y deformación de su sentido original tribal y se desvía hacia una visión más semejante a la cristiana que a la pagana.

Es un grave error hacer tal equivalencia entre el cristianismo y el paganismo siendo concepciones espirituales radicalmente distintas. La misma palabra "católico", del griego καθολικός, katholikós, "universal" es un adjetivo usado para definir a las mayores iglesias cristianas: la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa.

Universalismo. La opinión de que la religión no tiene conexión necesaria con un pueblo específico es algo -relativamente- muy nuevo en el mundo. Ejemplos destacados son el cristianismo, el islam y el budismo. Tomar una religión nativa e intentar hacerla encajar dentro de un paradigma universalista, esencialmente monoteísta, es una idea moderna y equivocada.

En la carta encíclica Mit brennender Sorge el papa Pío XI escribe reivindicando el universalismo religioso en contra de las religiones étnicas, refiriéndose al intento del Tercer Reich por levantar una espiritualidad auténticamente germánica:

Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero.
—Pío XI, Mit brennender Sorge, 1937.

Por lo tanto, el falso paganismo sólo es una extrapolación o proyección de valores cristianos contemporáneos a una religión étnica hecha con el único fin de que individuos de distinto origen étnico puedan ser partícipes de ella.

El falso paganismo intenta justificar el universalismo por medio del relato mitológico de la creación, en el que los dioses crean el universo, y por tanto, todo lo que existe. Sin embargo, prácticamente todos los teísmos hablan de la creación de todo por una fuerza divina, según la mitología azteca, los dioses aztecas crearon el universo, según las mitologías africanas, fueron los dioses africanos, según la japonesa, los dioses japoneses, y así sucesivamente. Lo que significa esto es ni más ni menos que cada pueblo en la historia posee una interpretación propia y única de los sucesos cosmogónicos y de la "fuerza divina universal". Que pueda reconocerse tal fuerza divina universal no implica que las formas culturales vinculadas a su culto deban ser universales. Cada pueblo ha evolucionado de forma distinta y separada, y cada tradición posee de una forma de ver el mundo inseparable de su realidad genética. En otras palabras, cada tradición es inherente al pueblo que le corresponde y no puede ser en ningún caso exportada ni transferida sin sufrir así una drástica adulteración, ya que cada individuo percibe el mundo de acuerdo a su naturaleza, y la genética es parte integral de la naturaleza humana.

Otro intento de justificar el universalismo arguye que "las únicas religiones que excluyeron a otras personas fueron las monoteístas", ya que éstas a menudo evitan que sus miembros se relacionen con personas de otra fe. Sin embargo, el cristianismo y el islam nunca excluyeron a nadie por cuestiones étnicas, sino todo lo contrario: siempre han aceptado en su seno a cualquier persona con tal de que profese su fe. En el caso del judaísmo si bien existe también un fundamento étnico que tiene que ver más con la naturaleza de las religiones étnicas que con el monoteísmo, también hay en él personas de todas las razas. La exclusión de personas en el monoteísmo ha sido siempre estrictamente religiosa. Los miembros de los antiguos pueblos paganos no se excluían entre sí por razones religiosas, los helenos por ejemplo, tenían una miríada de creencias y filosofías no necesariamente compatibles entre sí, pero todos tenían en común en que se identificaban como helenos (Ἕλαδε) y como miembros de una misma familia que compartía un linaje. Del mismo modo, ningún antiguo germano se identificaba a sí mismo por sus creencias a fin de excluir a otros por creencias distintas, de hecho, el concepto de "religión" no existía como tal hoy se entiende, siendo ésta más bien una parte integral de las costumbres étnicas y no algo visto por separado. Por lo tanto, otro error que se comete al intentar identificarse como "odinistas" es percibir a la religión nativa como un elemento que puede separarse de la etnia, cosa que sólo ocurrió con el auge de las religiones universales monoteístas y la conversión. Aunque los germanos no usaban el término "germanos" para llamarse a sí mismos, eran seguidores de la religión germánica precisamente por ser, en primer lugar, germanos, y si los antiguos germanos daban importancia a la sangre, ello se debía más por estar naturalmente cohesionados por el linaje y la supervivencia de grupo, que por su "teología". La identidad implicaba así un sentimiento inconsciente total e integral, sin distinción entre cultura, creencias religiosas y linaje.

La postura de que toda religión debe estar abierta a cualquier persona no solo niega la diversidad religiosa del mundo, sino que impone una visión única como norma. Justamente lo que defienden muchas espiritualidades nativas es que la religión no es un producto de consumo, sino una herencia viviente, tejida con la historia de un pueblo. Defender que ciertos caminos espirituales son étnicamente arraigados no es "discriminación", sino una defensa del derecho a la diferencia.

Otras

  • El paganismo preconiza una vida digna, al término de la cual, el hombre o la mujer podrán incorporarse al círculo de sus antepasados, y no integra la degradación como virtud. Los falsos paganos promueven y practican una degradación o envilecimiento voluntario y masoquista.
  • Los paganos no tienen como meta principal una vida eterna en el más allá sino la realización de todo su potencial para obtener en esta vida la mejor versión de sí mismos. Los falsos paganos rechazan este principio elitario del esfuerzo y la superación personal.
  • El paganismo es una religión de la naturaleza y el adepto acepta sus leyes así como las sentencias del destino. El falso paganismo rehúsa estos límites y concibe al ser humano como una pura abstracción, moldeable a voluntad, rebelándose contra la naturaleza.
  • En el paganismo hay una correspondencia entre lo bueno y lo bello. El falso paganismo trivializa la fealdad y no produce belleza.

Falsa dicotomía entre política y religión

De acuerdo con los falsos paganos, la religión debe estar separada de toda ideología política, y cualquier intento de vincular pertenencia religiosa con identidad étnica constituye una forma de politización. En este marco, acusan a los movimientos folkish de mezclar religión con política y de utilizar la herencia espiritual como excusa para exclusión cultural o racial.

Esta visión es ajena al mundo antiguo, donde no existía la separación entre religión y política. En la antigüedad, los dioses regían también el orden social, la ley, la guerra y la alianza entre clanes. Lo político y lo religioso estaba integrado a la cosmovisión del pueblo, su historia y sus vínculos familiares. Política, espiritualidad y comunidad estaban entrelazadas en un solo tejido cultural. Separar lo político de lo religioso es una ruptura histórica reciente, así, la exigencia moderna de separar religión y política es en realidad un anacronismo que hace una proyección de categorías contemporáneas sobre sistemas tradicionales que nunca funcionaron bajo esa lógica. Por tanto, acusar a los folkish de “politizar” la religión es proyectar una visión moderna sobre una espiritualidad ancestral que nunca separó esas dimensiones.

Además, la etnicidad es vista por el paganismo como una realidad espiritual, no sólo política. La sangre no es simplemente "raza" en el sentido moderno-biologicista, sino una herencia espiritual colectiva, inseparable del paisaje, los mitos, el idioma, las costumbres y los dioses. Desligar la espiritualidad de ese contexto es desarraigarla. Por eso se considera legítimo mantener las tradiciones religiosas como expresiones vivas de su identidad ancestral, sin que ello implique desprecio por otras culturas, sino al contrario: respeto por la diversidad y autenticidad de cada una.

Acusación de ideologización

Por otro lado, acusan de que se usa la mitología y la espiritualidad para promover ideologías políticas relacionadas con posiciones racistas o nacionalistas, y rechazan la idea de que la espiritualidad debe ser restringida a ciertos linajes o razas, señalando que esa noción es totalmente ajena a la mitología.

Esto parte de una falacia presentista: asumir que los pueblos antiguos no tenían formas propias de exclusividad identitaria sólo porque no usaban categorías modernas (como “raza biológica”) o no las expresaran explícitamente en sus mitos e historias. En realidad, los pueblos antiguos sí distinguían entre ellos y los otros —mediante lengua, linaje, costumbres, y mitos— y vinculaban su religión a ese contexto específico. Lo que hoy se llama “identidad étnica” o “sentido de pueblo” era una realidad espiritual y política inseparable de la religión. Aunque no tenían el concepto moderno de “raza”, sí tenían una noción clara de pueblo, gens, ethnos, tribu, etc., con marcadores culturales, lingüísticos e incluso físicos. Los vínculos de sangre y pertenencia eran clave, tanto para la estructura social como para la religión.

Activismo político

Las agrupaciones y publicaciones pseudopaganas usualmente afirman no tener "ninguna afiliación política" (intentando asociar la "política" únicamente con "racismo", "supremacismo", "xenofobia" o "discriminación"), sin embargo no escatiman en obsesivas publicaciones y declaraciones de "denuncia" en contra de individuos o agrupaciones a los que ellos consideran "racistas" o "supremacistas", en favor de la corrección política y el marxismo cultural utilizando el típico discurso progre.

Su discurso político está alineado con las organizaciones antiblancas izquierdistas de Heathens Against Hate y Heathens United Against Racism de Estados Unidos. Por ejemplo:

Allthing Ásatrú México (...) es una organización donde no hay espacio para las ideas políticas (...) no tenemos, ni seguimos vertiente política alguna.
—Allthing Ásatrú México

La estrategia principal es intentar deslegitimar a quienes defienden el componente étnico de las religiones europeas nativas, alegando que quienes hacen eso "mezclan el religión con política y nazismo" y que "tergiversan la tradición":

El Allthing Ásatrú México, hace de su conocimiento que no apoya ni apoyará agrupaciones ni personas que mezclen sus ideologías políticas o racistas y supremacistas, esto acordado bajo estatuto fundacional y reafirmandose en sesión regular y emergente (?), analizando y acordando con votos por Unanimidad a sumarnos a la Denuncia que se realiza en contra de Cristopher Igor Castellanos Godoy quien ha sido denunciado por el Góðar de esta Institución, existiendo pruebas y todo lo necesario para dar seguimiento a esta situación, que quede claro que habrá cero tolerancia ante gente que como este individuo se dediquen a tergiversar la Tradición Nórdica /Germánica. "Al Servicio y en Defensa de la Tradición"
—Allthing Ásatrú México

En unas líneas y una imagen atacando la obra del verdadero odinista Ron McVan, Creed of Iron, Wotansvolk Wisdom, este grupo enuncia que no es "paganismo" sino "odio", y entre otros malabares retóricos pretenden deslindarse del término "wotanismo" (siendo Wotan simplemente el nombre que los germanos continentales le daban a Odín):

Algo que tiene el Ásatrú y el Odinismo en común, es que ninguno de los anteriores es Wotanismo, lamentablemente muchas veces las vertientes de la Tradición Nórdica o el Heathenry se ven manchado por Supremacistas y algunas otras lineas Racistas. Wotansvolks, no es Ásatrú ni Odinismo, Wotansvolks es Nacional Socialismo y Esoterismo disfrazado de Heathenry, pues dentro de sus practicas y lineas de estudio se integra y promueve las enseñanzas de David Lane o de Miguel Serrano, incluyendo en esto las actuales practicas de Gnosis denominada como Hiperbórea creada y adoctrinada por Nimrod del Rosario. No nos dejemos sorprender por agrupaciones que tratan de reunir adeptos utilizando los Símbolos Sagrados o el nombre de los Dioses en cualquiera de sus variantes según la región lingüística, Woden, Wotan, Oðinn, Odin, Wodanaz.
—Allthing Ásatrú México.

En otras líneas publicadas por su página, no tienen reparos en atacar organizaciones europeas bien consolidadas como la Comunidad Odinista Ásatrú (de España), acusándolos de "monopolizar" las tradiciones, mientras ellos mismos se escudan en el uso de repetitiva retórica política "antirracista" (antiblanca).

Refiriéndose a todo esto un portavoz de la Hermandad Odinista Sangre y Herencia declara:

Las agrupaciones pseudo-odinistas y pseudo-paganas que comienzan a surgir en México y otros países latinoamericanos traídas por las corrientes de la globalización intentan imitar una pureza y autenticidad que nunca tendrán. No por geografía, sino por etnografía. En su ingenuidad y encerrados en su propia burbuja de ilusión, constantemente denuncian y vetan de sus propios círculos nacidos por generación espontánea, de lo que ellos consideran "auténtico" y "legítimo", a aquellos que, sin la intención de unírseles, con gran razón alzan la voz de indignación ante el descarado plagio de símbolos, tradiciones y textos que son evidente patrimonio de una realidad étnica. Se trata de simple moda pasajera, ya que no vemos el mismo nivel de proliferación de otras copias e imitaciones de ramas espirituales tales como la religión romana, la griega o la eslava. Es simplemente un capricho infantil incentivado por las ideologías de masas que les invitan y permiten decir "yo también quiero jugar a eso"... "si no me dejan, los llamaré 'racistas'".

Etnicidad no explícita en los mitos

También argumentan que no existe en las fuentes históricas un concepto de "sangre pura" para la práctica de la religión, sino que "lo que importaba eran valores como el honor, el destino y la sabiduría, no la herencia genética".

La falta de discursos explícitos sobre identidad en las fuentes antiguas no indica ausencia de una visión identitaria, sino que la identidad era tan profundamente evidente, experimentada, asumida y vivida que no se teorizaba. Solo en la modernidad, donde el individuo puede separarse culturalmente de sus raíces, se vuelve necesario hablar de estos temas.

En los mundos tradicionales, la pertenencia a un clan, pueblo o tribu no era cuestionada ni debatida: era una realidad práctica, no ideológica. No hacía falta teorizar sobre la etnicidad porque todos los miembros compartían la misma lengua, mitos, antepasados y paisaje. No existía la necesidad de defender o definir la identidad porque nadie la ponía en duda.

En los textos nórdicos, se habla de los dioses como protectores de los “hombres” o “pueblos”, refiriéndose naturalmente a quienes comparten ese mundo cultural. No había que decir “solo los nórdicos deben adorar a Odín”, porque simplemente no existía el contexto multicultural o globalizado que hiciera pensable otra cosa.

Para los pueblos antiguos, la religión no era algo que se pudiera elegir o cambiar: era una expresión orgánica del alma colectiva de una comunidad. Por eso las fuentes religiosas hablaban de los rituales, los dioses, las genealogías y los reyes sagrados, pero no necesitaban justificar que eso pertenecía a su pueblo y no a otros.

La visión identitaria estaba implícita en la mitología y la genealogía. Aunque no se use un lenguaje moderno de "raza" o "etnicidad", la idea de identidad está profundamente arraigada en muchas fuentes:

  • Los reyes descendían de los dioses.
  • Los pueblos tenían orígenes míticos únicos.
  • Los extranjeros eran retratados como “otros” culturales o incluso cósmicos (jotuns, troyanos, etc.).

En la Ynglingasaga de Snorri Sturluson, se traza una línea de sangre desde los dioses hasta los reyes de Noruega. Esa forma de unir lo divino con el linaje y el territorio es una afirmación clara de identidad espiritual-étnica.

Cuando las sociedades tradicionales son desarraigadas (por guerras, cristianización, colonización, globalización), es cuando comienzan a surgir discursos explícitos de identidad. Es decir, la identidad solo se vuelve tema de reflexión cuando ya no es evidente, lo que explica por qué las fuentes antiguas parecen “calladas”. El hecho es que no necesitaban hablar de algo tan evidente.

Uso de "sangre pura"

El uso del término "sangre pura" denota un discurso retórico que busca reducir la identidad étnica a una cuestión de genética cuantificable que en realidad no refleja con precisión la cosmovisión de quienes entienden la espiritualidad como expresión del alma colectiva de un pueblo.

Este tipo de alegatos no busca comprender el planteamiento folkish, sino caricaturizarlo para desacreditarlo moralmente, ignorando que en muchas tradiciones ancestrales la sangre es símbolo de herencia espiritual, continuidad cultural y vínculo con el paisaje, los ancestros y los dioses.

La sangre como elemento en la espiritualidad indoeuropea, no es una construcción ideológica moderna, sino una categoría espiritual y metafísica profundamente arraigada en el pensamiento antiguo. En las culturas indoeuropeas, la sangre no era sólo una sustancia biológica, sino una realidad espiritual y simbólica. Representaba la herencia de los antepasados, un lazo invisible que unía a las generaciones a través del idioma, los mitos, el paisaje y los ritos compartidos. Esa sangre “hablaba” en la lengua materna, en los gestos cotidianos, en las normas sociales, en los dioses familiares.

La sangre era vista como portadora de memoria ancestral, linaje y destino (Blutsverwandtschaft). Su espiritualidad se expresaba especialmente a través del culto a los ancestros y los deberes espirituales hacia la familia y el clan. Por tanto, el elemento de la sangre no se reduce a una mera cuestión biológica, sino que expresa una continuidad entre generaciones, una transmisión espiritual que ocurre a través del linaje.

En la religión nórdica, la sangre era vista como vehículo del hamingja (fortuna espiritual heredada), del fylgja (espíritu acompañante) y de la wyrd (destino tejido por los actos y la herencia). Esto conecta directamente con la visión del ser como un nudo de relaciones, donde la sangre teje las hebras invisibles entre individuo, comunidad y cosmos.

El historiador de religiones Mircea Eliade explicó que en las religiones tradicionales, lo sagrado siempre está vinculado al mito de los orígenes. Volver al origen es volver al acto fundacional del grupo humano: el linaje. Honrar la sangre, entonces, no es idolatría del ADN, sino la sacralización del principio creador del clan.

"La religión no se transmite por los genes"

Los falsos paganos sugieren que la espiritualidad era puramente ética o existencial (valor, honor, lealtad), desligada de la sangre o la tradición familiar.

Antes del imperialismo religioso de los sistemas abrahámicos o del budismo misionero, la religión era casi siempre local, (vinculada a un territorio) étnica/tribal, (vinculada a un pueblo) y transmitida por linaje, no por conversión.

Los rituales estaban asociados al culto de los ancestros (manes, disir, alfar, pitṛís) y deidades protectoras de la estirpe. Incluso los túmulos funerarios funcionaban como centros rituales de la familia o del clan. No era una fe a la que uno “se unía” individualmente por convicción personal.

Apelar a una visión puramente ética de la espiritualidad, como la del cristianismo, en la que la pertenencia sólo se basa en la conducta, mientras que la sangre es irrelevante:

  • Desconecta a los dioses de su contexto tribal, cultural y étnico original.
  • Introduce una lógica individualista ajena al pensamiento ancestral.
  • Borra la noción de continuidad entre ancestros, pueblo, tierra y deidad, que era fundamental en las religiones étnicas tradicionales.

Las deidades de las religiones étnicas no son abstracciones universales sino emanaciones espirituales y culturales profundamente arraigadas en la experiencia, el paisaje, la historia y la psique de un pueblo específico.

Cada conjunto de deidades refleja la cosmovisión única de su pueblo. Así como los dioses nórdicos emergen de las estructuras psíquicas, culturales y sociales del norte de Europa; también los dioses africanos o mesoamericanos reflejan sus propios mundos simbólicos y existenciales.

Aunque pueda haber concepciones paralelas por su carácter universal (como el trueno o la fertilidad), las deidades no son intercambiables ni plenamente traducibles ya que los significados y relaciones son únicos y varían entre cada pueblo.

No se trata de ADN, sino de continuidad espiritual, de heredar y mantener vivo un pacto no escrito entre tierra, sangre y espíritu. Se trata de reconocer que la espiritualidad indígena europea —como cualquier otra espiritualidad originaria— es inseparable del linaje cultural que la engendró. Honrar a los dioses implica reconocer y respetar ese lazo.

Confusión entre exclusividad y odio

"Reservar una tradición a un pueblo específico es racismo o supremacismo".

Esto es una falsa dicotomía. Reservar una religión a los descendientes de un pueblo no implica "supremacismo", ni odio, inferiorización o desprecio hacia otros, sino reverencia por la continuidad y autenticidad cultural y espiritual. Es lo mismo que hace el sintoísmo japonés o la religión tradicional china. La espiritualidad étnica no busca dominar ni excluir por superioridad, sino preservar la coherencia ancestral de un camino religioso.

Todo pueblo tiene derecho a expresar y reconstruir su espiritualidad según su historia, símbolos, lengua y herencia y todas tienen valor en su propio contexto. En un contexto global que celebra el retorno a las raíces, la identidad indígena y la descolonización cultural, negar ese derecho a los europeos o descendientes de ellos, sí es una forma de agresión cultural.

La figura de Loki como argumento inclusivo

Loki no es un Aesir sino un jötun, es decir, uno de los gigantes primordiales que suelen estar en conflicto con los dioses. Loki no solo vivía en Asgard, sino que convivía con los demás dioses. Era amigo (y luego enemigo) de Odín y "hermano de sangre" del mismo.

Por ello, dentro del falso odinismo se suele presentar a la figura de Loki como un símbolo de apertura, inclusión e hibridación "que desarma cualquier argumento de pureza".

En realidad, el papel de Loki es problemático incluso dentro de los textos nórdicos y su presencia en Asgard no debe interpretarse como un argumento a favor de la apertura étnica o espiritual. Es una figura liminal (figura fronteriza) y finalmente un traidor. No es un símbolo de inclusión sino de disrupción y destrucción, especialmente en el Ragnarök. Su papel es profundamente ambiguo, y no puede extrapolarse fácilmente como argumento a favor de una espiritualidad abierta o universalista.

La figura de Loki no representa una validación de la inclusión universal en la cultura nórdica sino más bien una anomalía trágica dentro del orden sagrado. Aunque es aceptado inicialmente entre los dioses y sellado como hermano de sangre de Odín, Loki representa desde el principio una figura ambigua y transgresora, cuya ruptura final con los Æsir y su rol en el Ragnarök revelan su naturaleza desestabilizadora.

Precisamente por ello, su inclusión no es prueba de apertura sino de advertencia hacia dicha apertura: incluso los que caminan junto a los dioses pueden devenir en sus peores enemigos.

Presentar a Loki como un símbolo de integración armónica equivale a ignorar la estructura trágica del mito y el destino catastrófico que él mismo encarna. Su historia no valida la universalización de la religión nórdica, sino que muestra las consecuencias de traspasar los límites naturales y espirituales del orden tradicional.

Su procedencia de la raza de los jötnar (gigantes) no debe entenderse como una etnicidad diferente, sino como una categoría metafísica y ontológica: los jötnar encarnan fuerzas primordiales y desestabilizadoras que se oponen al orden cósmico que los dioses intentan preservar. Su figura no está basada en linaje en el sentido humano, sino en la función espiritual y cósmica de cada grupo. Loki es admitido entre los dioses no por un principio de inclusión sino por un pacto excepcional (hermandad de sangre con Odín), el cual no anula su naturaleza conflictiva, sino que la tolera por un tiempo.

Cuando se dice que Loki es "hermano de sangre de Odín" no debe ser interpretado en un sentido biológico, sino simbólico y ritual. En las tradiciones de muchas culturas, el pacto de sangre era una forma de sellar una unión profunda, no relacionada con la herencia genética, sino con un compromiso mutuo.

El pacto de sangre entre Loki y Odín tiene una carga significativa en cuanto a la unión de fuerzas opuestas que, sin embargo, deben convivir y colaborar dentro del orden cósmico hasta cierto momento. Esta unión tiene más que ver con la creación de un lazo espiritual y simbólico, en lugar de una relación de consanguinidad.

El uso de este mito para justificar la apertura de la religión nórdica a individuos fuera del linaje nórdico carece de sustancia, porque ignora el contexto simbólico y el significado profundo detrás de los pactos en la mitología, los cuales son más bien un medio para el equilibrio cósmico que una justificación para la integración de cualquier grupo humano.

Midgard como argumento universalista

Uno de los argumentos recurrentes entre los falsos odinistas es que Midgard se refiere a todo el planeta Tierra, o bien es visto como símbolo abstracto de una humanidad globalizada. Según esta visión, el solo hecho de habitarlo ya justificaría el derecho de cualquier persona —sin importar su linaje, cultura o procedencia— a rendir culto a los dioses del panteón escandinavo.

Sin embargo, esta interpretación es una extrapolación anacrónica y descontextualizada que no resiste un análisis filológico ni mitológico serio. En la cosmología nórdica, el concepto no se refiere al “planeta Tierra” como un espacio habitado por una humanidad genérica, sino al mundo de los humanos en contraposición a los mundos de los dioses (Asgard), los gigantes (Jotunheim), los muertos (Helheim), etc. Es una división metafísica y cosmológica derivada del contexto psico-cultural de un pueblo, no una delimitación geográfica universal.

El uso del concepto de Midgard como argumento universalista equivale a una relectura moderna que aplica valores actuales (como la ciudadanía global o la libre elección religiosa) a un sistema tradicional que no los contemplaba. Es también un ejemplo del reduccionismo moderno que despoja a los símbolos tradicionales de su anclaje cultural, convirtiéndolos en herramientas ideológicas desvinculadas de su contexto original.

Los antiguos escandinavos hablaban desde su propia experiencia étnica. Para ellos, el ser humano era, naturalmente, el miembro de su propio pueblo. No existía la idea de una “humanidad” homogénea y global como sujeto espiritual.

Las religiones nativas como la nórdica estaban orientadas al bienestar y protección de la comunidad concreta —el clan, el pueblo, la tribu—. Al ser expresiones de su mentalidad y su inconsciente colectivo, las deidades tenían un vínculo espiritual con su gente, no con toda la humanidad. Los rituales, los ciclos estacionales y los mitos estaban enraizados en la geografía, la lengua y las relaciones sociales propias del norte europeo.

No es que se rechace que otros pueblos tengan su propio "Midgard", es decir, su propia manera de entender el mundo humano en relación con lo sagrado. Pero ignorar la correspondencia espiritual entre un pueblo, su paisaje, su historia y sus dioses es problemático.

Al transformar Midgard en una categoría universalista para justificar el acceso irrestricto a la religión nórdica, se corre el riesgo de borrar su valor cultural específico. Midgard expresa el centro humano de un cosmos sagrado anclado en una comunidad particular. Usarlo para promover el universalismo moderno es un acto de apropiación conceptual y desarraigo espiritual.

Falso odinismo

Esteban Sevilla, de Costa Rica, uno de los principales promotores del falso odinismo a nivel latinoamericano. "El folkish da mala imagen al odinismo".

El falso odinismo, pseudo-odinismo u odinismo universalista es una corrupción de la religión germánica surgida sólo por moda o tendencia, desprecia el sentido de la ancestralidad, la herencia y la sangre, lo cual es una percepción incompatible con las raíces del odinismo, distorsionando su esencia como religión nativa europea y rama de las religiones indoeuropeas. Uno de sus mayores representantes internacionalmente es la organización "The Troth".

Si bien podría utilizarse la "libertad religiosa" como argumento de justificación, con lo cual "se les dejaría en paz viviendo en su error" o que "es su problema si desprecian a sus propios ancestros", el mayor problema es que esta tendencia se caracteriza especialmente por atacar y difamar constantemente a quienes perciben el odinismo como una religión europea nativa para los europeos (folkish), a quienes desean formar conciencia étnica-espiritual de sus congéneres y especialmente a quienes ejercen su derecho de no aceptar en su comunidad a personas de distinto origen racial, alegando que el folkish "da mal nombre y mala imagen al odinismo".

En ocasiones, aunque no siempre, las formas religiosas en esta tendencia permiten la mezcla con tradiciones dispares como la cábala y tradiciones esotéricas de otros pueblos.

El nacionalista blanco David Lane, quien se oponía al mundialismo asumido con el paso del tiempo por estas tendencias del paganismo, defendía así su opinión de que la religión germánica debería denominarse 'wotanismo' en lugar de 'odinismo':

Prefiero el nombre de Wotanismo sobre Odinismo. Primero porque W.O.T.A.N constituye un acrónimo perfecto para "Will Of The Aryan Nation" (La Voluntad de la Nación Aria). En segundo lugar porque Odín sólo recibe ese nombre en Escandinavia y Wotan en el resto del continente europeo, así que es más apropiado para la memoria de nuestros ancestros. Y por último porque es necesario escindirse de esos niñatos, embusteros y universalistas que usurparon el nombre de Odín.
—David Lane.

Sin embargo, pese a la declaración de Lane, muchos paganos problancos desean reivindicar el término "odinismo" secuestrado por este tipo de gente.

De acuerdo con la Hermandad Odinista Sangre y Herencia, el fenómeno del falso odinismo responde a una simple moda pasajera, ya que "no vemos el mismo nivel de proliferación de otras copias e imitaciones de ramas espirituales tales como la religión romana, la griega o la eslava", sino que esto ocurre generalmente con el paganismo germano y también el celta (druidismo).

"Kindred Irminsul" de Costa Rica

Esta agrupación pseudo-odinista y antiblanca liderada por Esteban Sevilla, (quien se hace llamar "Gothi Arminius") líder también de la "Hermandad Ásatru de Latinoamerica", es uno de los principales promotores del falso odinismo a nivel latinoamericano. El grupo se autodefine como "tribalista". Afirma que "Tras la formación del Kindred, varios grupos de paganismo nórdico empezaron a surgir, con quienes se intentaron de formar varias alianzas que resultaron poco satisfactorias debido a actitudes ultraconservadoras y poco progresistas de parte de otros grupos, llevando así a constantes separaciones y discusiones."

Sevilla rechaza la convención neopagana (no histórica y hasta cierto punto "reconstruida") de las "nueve nobles virtudes", calificándola de "nueve invenciones neonazis". Sevilla acierta en decir que "Las nueve nobles no son algo tradicional, no son un código moral seguido ancestralmente", así como en instar a no extrapolar valores cristianos al odinismo: "Es algo común que a la hora de pasar de una religión "revelada" a una religión pagana busquemos como estructurar nuestra nueva fe de una manera parecida; sin embargo es incorrecto tratar de encajar algo donde no va".[1]

Sin embargo, a esto cabe preguntarle: ¿Era el pensamiento universalista algo seguido ancestralmente por ellas? ¿Eran el mestizaje, el caos étnico, la heterogeneidad racial o la falta de identidad étnica, algo histórico y tradicional en las sociedades germánicas? ¿Es incorrecto tratar de encajar un pensamiento filosófico de origen cristiano donde no va, con la única excepción conveniente del universalismo? Haciendo una comparación, las no históricas "nueve nobles virtudes" resultan incluso mucho más congruentes con el odinismo que el igualmente no histórico universalismo.

Sevilla también intenta deslegitimar al reconocido líder odinista Stephen McNallen, a su prolífica obra y su organización Asatru Folk Assembly, calificándolos de "racistas", puesto que no se ajustan a sus concepciones universalistas.

La tesis filosófica de McNallen denominada "Metagenética", es calificada por Sevilla como "pseudociencia racista", porque según él no es comprobable[2], a pesar de que McNallen no intenta elevar su tesis a categoría científica. Asimismo, utiliza la falacia de autoridad diciendo que McNallen "no es ni un científico genético o un psicólogo. Esto, en sí mismo, es una advertencia de que el tema en sí probablemente suprime evidencias o recolecta únicamente lo que le conviene."

Sin embargo, lo mismo podría decirse de Sevilla, quien no es un historiador como para que haga afirmaciones tan poco documentadas en el tema del nacionalsocialismo y religión y quien sí suprime evidencias y recolecta únicamente lo que le conviene.[3]

Referencias

Enlaces externos

Sitios de crítica:

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