Chivo expiatorio

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Un chivo expiatorio (del latín expiatorius: "antes de venerar") es el término que recibe el joven macho de la cabra que antiguamente era sacrificado por los israelitas con el fin de expiar sus pecados y librarse del castigo de Yahvé (Levítico 16).

En la actualidad se utiliza la expresión para denominar a aquel que ha pagado las culpas de otra persona o grupo, librando a estos de represalias. También es posible que la persona víctima de este fenómeno termine mintiendo su efectiva responsabilidad para aliviar la situación pidiendo una especie de perdón o porque recibió una amenaza coactiva, lo que a veces la empeora y hace difícil encontrar la verdad confundiéndose a la víctima como victimario.

De manera más específica, este apelativo se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados o para satisfacer la necesidad de condena ante la falta de culpables.

En sociología, el término se emplea para designar a una persona o grupo hacia el cual los más afectados por la frustración redirigen su agresión.

El concepto de chivo expiatorio también es conocido como 'cabeza de turco.' El origen de esta expresión se halla en las Cruzadas. La animadversión existente de las fuerzas cristianas hacia los turcos hacía que fuese muy valorado el lograr matar a uno de ellos. Si se conseguía matar a uno, se le cortaba la cabeza para ser puesta en cualquier palo, fierro o cosa alargada, a modo de trofeo. Así, se le invocaban todos los males acaecidos a los cristianos, no sólo en el campo de batalla, sino también aquellos ajenos a su voluntad.

Origen

Los judíos en los tiempos del Antiguo Testamento sacrificaban un chivo de acuerdo al mandato de Yahvé con motivo de purificar las culpas por medio del sacrificio.

El ritual era llevado a cabo en la festividad más importante del año del calendario hebreo, en Israel, el Día de la Expiación, en el cual se purificaba del pecado el tabernáculo, el santuario móvil construido por los israelitas. En dicho ritual, se echaban suertes sobre dos machos cabríos, uno era sacrificado por el Sumo Sacerdote para la expiación de los pecados de los israelitas; el otro, el chivo expiatorio, era cargado con todas las culpas del pueblo judío "para enviarlo a Azazel al desierto".​

Habló Yahvé a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Yahvé, y murieron. Y Yahvé dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto. Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua. Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.

Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Yahvé, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Yahvé, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Yahvé, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Yahvé para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto.

Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo. Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Yahvé, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Yahvé, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera. Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados; de la misma manera hará también al tabernáculo de reunión, el cual reside entre ellos en medio de sus impurezas. Ningún hombre estará en el tabernáculo de reunión cuando él entre a hacer la expiación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel. Y saldrá al altar que está delante de Jehová, y lo expiará, y tomará de la sangre del becerro y de la sangre del macho cabrío, y la pondrá sobre los cuernos del altar alrededor. Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel.

Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo; y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir al macho cabrío por el desierto.

Después vendrá Aarón al tabernáculo de reunión, y se quitará las vestiduras de lino que había vestido para entrar en el santuario, y las pondrá allí. Lavará luego su cuerpo con agua en el lugar del santuario, y después de ponerse sus vestidos saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la expiación por sí y por el pueblo. Y quemará en el altar la grosura del sacrificio por el pecado. El que hubiere llevado el macho cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, lavará también con agua su cuerpo, y después entrará en el campamento. Y sacarán fuera del campamento el becerro y el macho cabrío inmolados por el pecado, cuya sangre fue llevada al santuario para hacer la expiación; y quemarán en el fuego su piel, su carne y su estiércol. El que los quemare lavará sus vestidos, lavará también su cuerpo con agua, y después podrá entrar en el campamento.

Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Yahvé. Día de reposo es para vosotros, y afligiréis vuestras almas; es estatuto perpetuo. Hará la expiación el sacerdote que fuere ungido y consagrado para ser sacerdote en lugar de su padre; y se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas. Y hará la expiación por el santuario santo, y el tabernáculo de reunión; también hará expiación por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. Y esto tendréis como estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y Moisés lo hizo como Yahvé le mandó.

—Levítico 16.

Cristianismo

En el cristianismo, todo el significado teológico del sacrificio de Cristo en la cruz es servir como sustituto definitivo del ritual del Día de la Expiación del "Antiguo Pacto" y así salvar al creyente del castigo por sus pecados. En el Nuevo Testamento, al sacrificio de Cristo también se le llama como el "sacrificio del cordero" ("Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo"). La profecía original judía establecía que vendría un Mesías y que éste sería perfecto. Con su llegada, los judíos ya no tendrían que seguir haciendo sacrificios de este tipo para purificarse ante Yahvé. Sin embargo, en lugar de atribuir sus pecados a Azazel, los cristianos los atribuyeron a Satanás.

Por lo tanto, el concepto de ser "salvo" ante el Padre a través de su Hijo Jesucristo, se basa completamente en los mismos conceptos judíos de purificación ante la misma deidad Yahvé. Todo ello fue una forma de alinear espiritualmente a los gentiles que gradualmente se convertirían al cristianismo, de forma que también adoraran a esta misma deidad a través de una variación del mismo método teológico.

En ese sentido, si se considera que Yahvé es una entidad extranjera, propia de la espiritualidad judía, psicológicamente el cristiano "alimenta" al "espíritu parásito" Yahvé mediante su adoración, mientras que aquellas manifestaciones de su psique que no armonizan con dicha entidad son atribuidas al Diablo.

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