Ideología

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Una ideología constituye un particular sistema estructurado de creencias generales (no necesariamente coherente, o exento de contradicciones, o plenamente conforme con la realidad) que es compartido por un grupo de personas[1]. Cada ideología proporciona a sus partidarios, como aporte cognitivo, una serie de representaciones sociales que, además de explicar, mejor o peor, la realidad, suele incluir unos objetivos y un programa de actuación para lograrlos. La ideología provee de afirmaciones y negaciones de carácter muy general y se relaciona con las creencias, opiniones, actitudes, estados de ánimo ideológicos (pathos ideológico) y prácticas sociales de cada individuo de manera no determinista (influencian, pero no señalan de manera inequívoca estas creencias, opiniones, actitudes, estados de ánimo y prácticas).

Contenido

Clasificación

Las ideologías pueden clasificarse en función del ámbito de la realidad al que se refieran. Tenemos así ideologías de tipo sociopolítico, de tipo profesional, etc. Las ideologías tienen distinto alcance; las hay de alcance general, que “explican” la totalidad de su ámbito y otras de carácter fragmentario, o fragmentos ideológicos, reducidas a la explicación de tan sólo una parte del ámbito en el que se sitúan y que se encuentran incluidas en una (o varias) ideología de alcance general. Un fragmento ideológico puede componerse, asimismo, de otros fragmentos menores referidos cada una de ellos a un aspecto más específico de aquella parte concreta del ámbito en el que el fragmento ideológico mayor se ubicaba. Determinadas ideologías referidas a un mismo ámbito pueden compartir fragmentos ideológicos concretos, pero adaptados a las necesidades particulares de cada ideología; así, es previsible que la ideología marxista y la ideología anarquista, ambas dentro del ámbito sociopolítico, compartan uno o más fragmentos ideológicos. Lo mismo ocurre entre el marxismo y el liberalismo, cuestión sobre la que nos extenderemos más adelante. Por último, dos o más ideologías pueden relacionarse como conformantes de una especie de familia ideológica, tal y como ocurre de manera bien conocida precisamente en las ideologías de tipo sociopolítico.

Relación de la ideología con el individuo

Las personas se adscriben a una ideología particular con diferente intensidad (la identificación de cada persona con su ideología es variable); cada persona tiene un dominio o manejo de su ideología determinado (en el extremo superior de manejo estaría el ideólogo, en el extremo inferior el bruto que apenas balbucea consignas); además, cada persona tiene una particular conciencia de adscripción ideológica, que puede oscilar de una conciencia nula a una conciencia absoluta. Un grupo de personas que comparten una ideología forman un grupo ideológico y el tipo de personas que integra semejante grupo depende directamente de la naturaleza de la ideología concreta que comparten, especialmente de los intereses que tal ideología promueve (real o supuestamente); pero en la composición de cada grupo ideológico además de determinantes de carácter social los hay de carácter individual o psicológico, pues hay ideologías que atraen a un determinado tipo humano y no a otro, aún perteneciendo las personas que identificamos con estos dos tipos humanos a la misma clase social. Tenemos entonces que la adscripción a determinada ideología por parte de la persona no es absolutamente independiente de la catadura moral de ésta, por ejemplo.

Endogrupo y exogrupo

Cada ideología tiende a segregar cognoscitivamente a los distintos individuos entre los propios, constituyendo así un endogrupo, y los extraños, que se configuran como exogrupo, polarizándolos (es decir, mediante el discurso[2], presentando positivamente al endogrupo exagerando sus virtudes y/o ocultado sus defectos, y presentando negativamente al exogrupo exagerando sus defectos y/o ocultando sus virtudes). Esto no es obstáculo para la tendencia bien conocida en las ideologías sociopolíticas de agruparse según origen, cosmovisión, intereses y objetivos comunes, dándose así una gradación y unas familias ideológicas que incluyen otras familias más reducidas. Por ejemplo, la familia de los adscritos a la ideología izquierdista incluye a los partidarios de la ideología marxista, de la ideología socialdemócrata y de la ideología anarquista, la suma de los cuales conforma un gran endogrupo, aunque en un nivel más reducido de concreción cada uno de estos grupos constituyen exogrupos mutuos. La familia de los adscritos a la ideología derechista incluye a su vez una serie de grupos ideológicos más definidos y, a un nivel de análisis determinado, estos grupos funcionan exactamente igual que los izquierdistas. Tenemos, por fin, una gran familia que aúna a las dos citadas, es decir, a los partidarios de la ideología izquierdista y a los de la ideología derechista y que, constituyendo esta misma unión una realidad incómoda, carece de nombre consensualmente admitido, tal y como suele ocurrirles a estas realidades que, por revelar la esencia íntima del funcionamiento del conjunto, no son gratas a la mayoría, especialmente a los defensores acríticos de este conjunto. La tendencia actual es a una mayor convergencia entre estos dos familias (derecha e izquierda) constituyentes de esta gran familia, tendencia que confirma per se los argumentos de algunos estudiosos críticos acerca de la cada vez mayor indefinición de la división izquierda/derecha (que para algunos llega incluso a constituir un absurdo ontológico), excepto como escenario ideológico de legitimación del actual sistema sociopolítico.

Referencias

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