Pueblos helenos
Los pueblos helenos o pueblos helénicos (en griego antiguo: Ἕλληνες, Héllēnes) fueron un grupo de pueblos indoeuropeos que muy probablemente provenían desde áreas al norte de los Balcanes. Se establecieron en la Península Balcánica hacia el año 2000 AEC., habitada a su llegada por varios pueblos no indoeuropeos a los que denominaban pelasgos. Los helenos hablaban diferentes variantes del griego antiguo y se dividían en varias tribus: aqueos, dorios, jonios, eolios y arcadios. A veces los pelasgos son listados como una tribu griega pero en general se consideran prehelénicos.
Las distintas comunidades griegas de la Antigüedad utilizaban expresiones como Έλλήνων φυλή (hellénon phylé: "tribus helénicas") o Έλλήνων έθνη (hellénon éthne: "razas o naciones helénicas") para referirse a sí mismas. Un autónimo común para todos los griegos era Ἕλληνες (Héllēnes), pero no era el único.
Desde la época arcaica, en la organización sociopolítica interna de las polis griegas, además de su pertenencia a la ciudadanía de una polis, un griego pertenecía a la vez a una phylé (φυλή: "tribu", "raza", "pueblo"; del griego phyestai, "descender") y a un clan con cuyos miembros le unían lazos de sangre. En Atenas se desarrollaron, a partir de estas pertenencias a tribus, distritos regionales que formaron la base de los distritos militares (reformas legislativas de Solón y Clístenes).
Sumario
Hélade
Hélade (ἙΕλλάς, Hellás) es el endónimo con el que los antiguos griegos identificaban sus tierras. Comenzó siendo la denominación homérica de una región de Grecia continental (el centro de Tesalia), habitada por el pueblo de los helenos y luego se ampliaría para dar su nombre a todo el país.[1] En la actualidad, se utiliza ocasionalmente para referirse a la República Helénica, más comúnmente denominada Grecia.[2]
También se registra un uso antiguo de «Hélade» en oposición a «Argos»:
La utilización posterior del término se amplió, bien a todo el territorio de la Grecia europea, bien a todo el territorio habitado por griegos, bien a la totalidad de lo griego, incluyendo los aspectos intelectuales. El concepto tiene una dimensión espacial difícil de delimitar, dada la extensión que alcanzó la civilización griega con las colonizaciones y con el imperio de Alejandro (reinos helenísticos). No menos extenso es su alcance intelectual, ampliado posteriormente con la helenización de la Antigua Roma, que convirtió el arte y la cultura clásica en el fundamento de la civilización occidental. El nombre actual de Grecia en griego moderno es Ελλάδα (Ellada), derivación moderna de Ἑλλάς (Hellás).
De acuerdo con Hesíodo, Greco era un sobrino de Helén, y su tribu que antes se denominaban griegos (Γραικοί, graikoi): acabarían diciéndose helenos. De hecho, según la tradición griega, puede ser que el origen del pueblo griego se encuentre en la región central de Grecia. Una teoría moderna hace derivar la palabra "griega" del gentilicio de Graia (Γραία), una población de la costa de Beocia, que se correspondería con el actual Tanagra. Colonos procedentes de Graia participaron en la fundación de Cumas (750 a. C.) en Italia y cuando los romanos se los encontraron en su expansión hacia el sur, los denominaron graeces, y después hicieron extensivo este nombre a todos los helenos en general. En griego, graia (γραία) quiere decir ‘antigua’, de forma que los griegos serían también "los antiguos".
Tribus helénicas
Según la tradición, los helenos descienden de Heleno o Helén, hijo de Deucalión y Pirra. El patronímico o gentilicio «heleno» es similar al nombre del príncipe troyano Héleno (hijo de Príamo y Hécuba) y al de la propia Helena de Troya.
En la mitología griega, narrada por Hesíodo en su Teogonía (c. 800 AEC.), Deucalión por consejo de Prometeo, construyó un arca y, disponiendo dentro de ella lo necesario, se embarcó en compañía de su esposa Pirra. Zeus hizo caer desde el cielo una copiosa lluvia e inundó la mayor parte de la Hélade, de manera que perecieran todos los hombres, excepto unos pocos que se refugiaron en las cumbres de las montañas próximas. Deucalión sobrevive a la inundación, y sus nietos (de parte de su hijo Helén) son los fundadores de las cuatro líneas principales de helenos:
Los eólios de Eolo, los dorios de Doro, los jonios de Ion (hijo de Juto), y los aqueos de Aqueo (otro hijo de Juto).
Jonios
Los jonios (Ἴωνες, Iōnes) eran varios grupos en la Grecia clásica. En su sentido más estricto, el término se refería a la región de Jonia en Asia Menor. En un sentido más amplio, podría usarse para describir a todos los hablantes del dialecto jónico, que además de los de Jonia propiamente dicha también incluían a las poblaciones griegas de Eubea, las Cícladas y muchas ciudades fundadas por colonos jónicos. Finalmente, en el sentido más amplio podría usarse para describir a todos aquellos que hablaban lenguas del grupo griego oriental, que incluía el ático.
El dialecto jónico fue una de las tres principales divisiones lingüísticas del mundo helénico, junto con los dialectos dórico y eólico.
El mito de la fundación del período clásico sugirió que los jonios recibieron el nombre de Ion, hijo de Juto, que vivía en la región de Aigialeia, en el norte del Peloponeso. Cuando los dorios invadieron el Peloponeso expulsaron a los aqueos de Argólida y Lacedemonia. Los aqueos desplazados se trasladaron a Egialeia (en adelante conocida como Acaya), expulsando a su vez a los jonios de Eigialeia. Los jonios se trasladaron al Ática y se mezclaron con la población local del Ática, y muchos años más tarde emigraron a la costa de Asia Menor fundando la región histórica de Jonia.
A diferencia de los austeros y militaristas dorios, los jonios son famosos por su amor por la filosofía, el arte, la democracia y el placer, rasgos jónicos que fueron expresados de manera más famosa por los atenienses. La escuela jónica de filosofía, centrada en Mileto, se caracterizó por un enfoque en explicaciones no sobrenaturales de los fenómenos naturales y una búsqueda de explicaciones racionales del universo, sentando así las bases para la investigación científica y el pensamiento racional en la filosofía occidental.
Era característico de las polis jonias la distribución de los habitantes en cuatro tribus. Las tribus jonias mejor conocidas son las de Atenas o tribus áticas antes de las reformas de Clístenes: Geleontes (Γελέοντες), Hopletes (Ὁπλῆτες), Argadeis (Ἀργαδεῖς) y Aigikoreis (Αἰγικορεῖς).
Dorios
Entre los dorios (Δωριεῖς, Dōrieis) había inicialmente tres tribus, Hylleis, Dymanes y Pamphyloi, que se mantuvieron en muchas ciudades del área de asentamiento dorio. En algunas ciudades hubo una cuarta tribu para la población no doria.
Los dorios de Creta dieron una importancia especial a las tribus (allí llamados πυλα) durante la época clásica. Tal como demuestran las Leyes de Gortina,[6] los dirigentes de una ciudad cretense, los kosmoi, eran elegidos de entre los ciudadanos en edad militar pertenecientes a una tribu, los llamados startos. Cada año un starto, y por lo tanto una tribu, distinto obtenía el encargo de elegir el cuerpo de kosmoi, de forma que todas las tribus tuvieran una participación equitativa en el poder. También en los párrafos de dichas leyes que tratan de la herencia de las hijas,[7] aparecen las tribus. La hija heredera estaba obligada a casarse dentro de la propia phyle, si ya no quedaban parientes con derecho a heredar o si la hija heredera no quería casarse con ninguno de estos. Sólo cuando los esfuerzos por arreglar una boda dentro de la tribu no tenían éxito, podía casarse con alguien que no perteneciera a su tribu.
Esparta, conocida por ser una sociedad austera y por su enfoque en la disciplina y el entrenamiento militar, surgió como una entidad política en siglo X a. C., cuando los invasores dorios conquistaron a la población local.
Los reyes de Esparta, sostenían que eran descendientes de Heracles cuyos hijos habían sido expulsados del Peloponeso por usurpadores, como los descendientes de Pélope. Por lo tanto, justificaban su ocupación doria de la región en el siglo XII a. C. como una recuperación legítima de sus tierras. Este mito fue una herramienta política poderosa para legitimar su dominio sobre los antiguos aqueos y mesenios.
Su estructura política consistió en la diarquía: tenían dos reyes simultáneos (de las familias Agíadas y Euripóntidas) que se controlaban mutuamente. El sistema educativo estatal eobligatorio era la Agogé donde los niños eran entrenados desde los 7 años en la resistencia física, el laconismo (hablar poco y con precisión) y la obediencia absoluta.
Mientras los jonios buscaban la libertad individual y la expansión intelectual, los dorios priorizaban el nomos (la ley), la eunomia (el buen orden) y la permanencia de las tradiciones. Su legado no fue la literatura extensa, sino la creación de un modelo de ciudadanía donde el individuo se debía enteramente a la comunidad.
Eolios
Los eolios (Αἰολεῖς, Aioleis) se originaron en las partes orientales del continente griego, especialmente en Tesalia y Beocia. Por c. 1100 a. C., los eolios comenzaron sus primeros asentamientos en la costa occidental de Anatolia, conocida como Aeolis, que comprende el territorio entre Troas y Jonia, así como en las islas del Egeo de Lesbos y Tenedos. Una segunda ronda de asentamientos eólicos tuvo lugar durante el siglo VII. Hablaban eólico, un dialecto del griego antiguo más famoso por su uso por poetas como Safo y Alcaeus de Lesbos, y Corinna de Beocia.
Los eolios a menudo aparecen como los más numerosos entre las demás tribus helénicas de los primeros tiempos. Se consideraban descendientes de Eolo, hijo de Helén. En la mitología, los hijos de Eolo (como Sísifo o Atamante) fundaron ciudades clave como Corinto y Orcómenos. Los beocios, un subgrupo de los eolios, fueron expulsados de Tesalia por los tesalios y trasladaron su ubicación a Beocia. Los pueblos eólicos se extendieron por muchas otras partes de Grecia como Etolia, Locris, Corinto, Elis y Mesenia. Durante la invasión doria, los eolios de Tesalia huyeron a través del mar Egeo hacia la isla de Lesbos y la región de Aeolis, llamada así en su honor, en Asia Menor.
Aunque no fueron tan centralizados como los atenienses, los eolios en Asia Menor formaron una Dodecápolis (doce ciudades principales) en la región de la Eólida (noroeste de Anatolia). Esta alianza era principalmente religiosa y cultural, centrada en el santuario de Apolo en Grineo: Cime (la más importante), Larisa, Neontico, Temnos, Cila, Notio, Egirusa, Pitane, Egeas, Mirina, Grineo y Esmirna (esta última fue capturada más tarde por los jonios). Paralelamente, en la isla de Lesbos, se consolidaron otras cinco ciudades eolias: Mitilene (la capital y más poderosa), Metimna, Antisa, Eresos (Cuna de la poetisa Safo) y Pirra. Este conjunto de asentamientos servía como un nodo vital de intercambio comercial y cultural, conectando el interior de Anatolia con el corazón del mundo griego.
A diferencia de los jonios (comerciantes) o los dorios (guerreros), los eolios mantuvieron una identidad muy ligada a la posesión de tierras. En Tesalia, desarrollaron la caballería más famosa de Grecia, aprovechando sus amplias llanuras. En Beocia, la fertilidad del suelo permitió el crecimiento de ciudades poderosas como Tebas, que eventualmente desafiaría tanto a Esparta como a Atenas por la hegemonía de Grecia. Según la tradición, Heracles nació en Tebas, lo que generaba una rivalidad mítica con los espartanos que se consideraban descendientes de él.
Aqueos
Los aqueos (Ἀχαιοί, Akhaioi) son considerados el primer grupo helénico en establecerse en Grecia (aprox. 1800 a.C.), fundamental en la formación de la civilización micénica. Homero los denomina aqueos, dánaos (Δαναοί) o argivos (Ἀργεῖοι) en la Ilíada, utilizándolos como sinónimo de "griegos" y de la identidad griega primordial.
En el período histórico habitaron la región de Acaya en el norte del Peloponeso, y posteriormente establecieron colonias en Italia, incluidas Crotona y Síbaris. A diferencia de las otras tribus importantes y a pesar de su linaje antiguo, los aqueos no tenían un dialecto separado en el período clásico, sino que utilizaban un dialecto dórico, el dórico aqueo, debido a la presión demográfica doria. En la época helenística, se desarrolló una koiné dórica aquea que finalmente fue reemplazada por la koiné griega de base ática en el siglo II a.C.
Los aqueos cimentaron su identidad común en el siglo VI a.C. en respuesta al creciente poder de Sición al este y Esparta al sur, y durante el siglo V a.C. en respuesta al expansionismo de los aqueménidas. Heródoto los describió como una nación unificada compuesta por 12 ciudades-estado: Pellene, Aegeira, Aeges, (Achaea) Boura, Helike, Aegion, Rhypes, Patrai, Pherae, Olenos, Dyme y Tritaia. El ascenso de Macedonia a finales del siglo IV a. C. parece haber destruido esta primera Liga Aquea, y los macedonios acabaron controlando tantas de las ciudades-estado miembros que el gobierno federal aqueo prácticamente había dejado de funcionar.
Después de la derrota de Macedonia ante los romanos a principios del siglo II a. C., la Liga pudo finalmente derrotar a una Esparta muy debilitada y tomar el control de todo el Peloponeso. Sin embargo, a medida que crecía la influencia romana en la zona, la liga estalló en una revuelta abierta contra la dominación romana, en lo que se conoce como Guerra Aquea. Los aqueos fueron derrotados en la batalla de Corinto en el 146 a. C. y los romanos disolvieron la Liga, lo que marcó el fin de la independencia política de Grecia. La destrucción de Corinto por el cónsul Lucio Mumio fue tan absoluta que sirvió como "advertencia" al mundo griego, similar a lo que ocurrió con Cartago ese mismo año.
A pesar de sus profundas diferencias dialécticas y políticas, la caída de la Liga Aquea en el 146 a. C. unificó finalmente el destino de todas las tribus helénicas bajo el dominio de Roma, transformando a la Hélade de una potencia política soberana en el centro cultural y educativo del Imperio Romano.
Grupos menores o periféricos
Arcadios
Los arcadios (Ἀρκάδες, Arkaides) eran una antigua tribu griega situada en el montañoso Peloponeso, tenían su propia cultura y tradiciones distintivas dentro del panorama griego más amplio. Se considera una de las tribus griegas más antiguas de Grecia y probablemente formaba parte o una tribu emparentada con los habitantes aborígenes de Grecia, a quienes los autores antiguos mencionan como pelasgos. Si bien Heródoto parece haber encontrado descabellada la idea de que los arcadios no eran griegos, está claro que los arcadios eran considerados los habitantes originales de la región. Esto lo atestiguan los mitos antiguos, como el mito de Arcas, el mito de Lycaon, etc.
Arcadia es también una de las regiones descritas en el "Catálogo de Barcos" de la Ilíada. El propio Agamenón entregó a Arcadia los barcos para la guerra de Troya porque Arcadia no tenía armada.
Arcadia era conocida por su entorno rural y su reputación de ser una región de pastores y cazadores. El dios Pan, originario de Arcadia, es una deidad rústica y salvaje que contrasta con los dioses más "urbanos" de Atenas. En la mitología griega, Arcadia se consideraba un lugar de pastores idílicos y era frecuentemente mencionada en las historias de los dioses y héroes griegos.
Los arcadios fundaron numerosas ciudades. De éstas, las más fuertes eran las ciudades que controlaban los pocos valles fértiles; Mantinea, Tegea y Orcómenos. Los pueblos restantes eran más montañosos o tenían llanuras más pequeñas. Algunas de estas fueron Nostia, Asea, Ypsounta, Teuthis, Heraea, Thyraion, Nestani, Alea, Lykosoura, Trikolonon, Tropea, Caphyae, Pallantion, Petrosaca, Feneos, Phoezon, Leucasium, Mesoboa, etc. Desde 370 a.C. la capital de Arcadia se convirtió en megalópolis.
Epirotas
Los epirotas (Ἠπειρῶται, Ēpeirōtai) habitaban la región de Epiro, situada entre la cordillera del Pindo y el mar Jónico. A diferencia de las polis urbanizadas del sur, los epirotas se organizaban en una confederación de tribus (un ethnos) que mantenían un estilo de vida predominantemente rural y pastoral.
De las catorce tribus que formaban el grupo epirota, tres eran las más poderosas:
- Molosos (Μολοσσοί, Molossoi): La tribu más dominante, de la cual procedía la dinastía real de los Eácidas.
- Caones (Χάονες, Khaones): Conocidos por haber ostentado la hegemonía antes que los molosos.
- Tesprotos (Θεσπρωτοί, Thesprōtoi): En cuyo territorio se encontraba el oráculo de Dodona, el más antiguo de Grecia.
Eran vistos por los atenienses como "semibárbaros" debido a sus costumbres "rústicas" y su estilo de vida pastoral y algunos oradores atenienses, como Demóstenes, los miraban con cierto recelo debido a su organización monárquica, no obstante, los epirotas eran plenamente helénicos, de aquí era Olimpia, la madre de Alejandro Magno. Participaban en los Juegos Panhelénicos y custodiaban el Oráculo de Dodona, dedicado a Zeus, que era un pilar espiritual para toda la Hélade. Hablaban un dialecto griego noroccidental, muy cercano al dórico.
Epiro cobró un protagonismo mundial bajo el reinado de Pirro (318–272 a. C.), uno de los tácticos más brillantes de la antigüedad y pariente de Alejandro Magno. Pirro unificó las tribus en la Liga Epirota y desafió a la emergente República Romana en la península itálica, dando origen al término "victoria pírrica".
Tras la muerte de Pirro y el posterior declive de su monarquía, la región se convirtió en una república federal hasta que fue devastada y anexionada por Roma en el 167 a. C., tras la tercera guerra macedónica. Se dice que los romanos esclavizaron a 150,000 epirotas y destruyeron 70 de sus asentamientos como represalia por su resistencia.
Macedonios
Los macedonios (Μακεδόνες, Makedones) habitaban las llanuras aluviales del noreste de la península griega, en torno al golfo Termaico y las montañas adyacentes. Aunque su "helenicidad" fue objeto de debate político en la Atenas del siglo IV a. C., principalmente por el orador Demóstenes, quien los tildaba de "bárbaros" por sus costumbres monárquicas, la evidencia lingüística, religiosa y arqueológica los sitúa como una rama del tronco helénico.
A diferencia de las polis democráticas o las oligarquías del sur, Macedonia era un reino gobernado por la dinastía de los Argéadas, quienes afirmaban ser descendientes directos de Heracles y procedentes de la ciudad de Argos. Hablaban el antiguo macedonio, un dialecto griego estrechamente emparentado con el griego del noroeste y el eolio.
Sus élites estaban profundamente helenizadas; reyes como Arquelao I invitaron a intelectuales como Eurípides a su corte, y Alejandro Magno tuvo a Aristóteles como tutor personal.
Bajo el reinado de Filipo II (r. 359–336 a. C.), Macedonia pasó de ser un reino periférico y vulnerable a convertirse en la potencia militar dominante. Filipo profesionalizó la falange macedonia (armada con la sarissa, una lanza de 6 metros) y, tras la Batalla de Queronea (338 a. C.), unificó a la mayoría de las ciudades griegas en la Liga de Corinto.
El hijo de Filipo, Alejandro Magno, llevó la cultura macedonia y griega hasta las fronteras de la India. Tras su muerte en el 323 a. C., Macedonia continuó siendo el corazón del poder europeo durante el periodo helenístico bajo la dinastía Antigónida, hasta que la derrota de Perseo en la Batalla de Pidna (168 a. C.) marcó el fin de su independencia y su posterior conversión en provincia romana.
Apariencia física
En 1944, el antropólogo americano J. L. Angel calculó, tras un atento examen de los cráneos de la antigua Grecia, que el 27% de la población griega durante la época clásica era predominantemente nórdico. Sin embargo, Angel se concentró mucho en la zona del Ática, es decir, el Estado de Atenas, el puerto de El Pireo, etc., donde hubo una fuerte presencia extranjera mediante el comercio y la esclavitud. En otras zonas, el aspecto nórdico debía haber estado más fuertemente representado, especialmente en territorios que constituían estanques de sangre helénica pura y donde no hubo apenas inmigración de esclavos norafricanos ni orientales. Así, el poeta Baquílides describe generalizando sin empaque a las jóvenes espartanas como rubias, coincidiendo con otro poeta, Tirteo de Esparta. El posterior Dicearco describe a las tebanas en los mismos términos y según el propio Heródoto, los dorios (antepasados de los espartanos) eran procedentes de "entre las nieves" y a quienes describía con una apariencia nórdica.
En 1935, el historiador alemán Wilhelm Sieglin (1855-1935) recopiló descripciones sobre el aspecto de personajes históricos reales, argumentando que estas descripciones podrían ser indicativas de una percepción idealizada de la belleza entre los pueblos indoeuropeos.[8] Así, de 122 personas prominentes de la antigua Grecia cuyo aspecto es descrito, 109 eran de cabellos claros (rubios o pelirrojos), y sólo 13 morenos. Entre los personajes históricos famosos descritos como "rubios" por diversas fuentes, se encuentran, por ejemplo, Alcibíades, Alejandro Magno, Critias, Demetrio de Falero, el rey Lisimaco, Ptolomeo II Filadelfo, Dionisio I de Siracusa, Eurípides y el rey Pirro.
La literatura griega, además, está llena de referencias al aspecto físico de los héroes y los dioses y hay una persistente tendencia entre los helenos a describir a sus ídolos como 'rubios': Aquiles[9], Heracles[10], Helena[11], Deméter[12], Apolo, Atenea, Céfiro, Eros, Radamantis, Artemisa, Dioniso[13], entre muchos otros, son descritos explícitamente de este modo. Tanto el rubio como el pelirrojo, son usados por la épica homérica para representar belleza, realeza, majestad o gloria divina.
En la antigua literatura griega, el término ξανθός (xanthos, 'amarillo', 'dorado') no tiene una traducción precisa pero se usa típicamente para describir el color del cabello, lo que a menudo implica una gama que va del rubio dorado al castaño rojizo.
El término χρυσοκόμης (chrysokomes) de χρυσός (chrysos), "dorado" o "oro", y κόμη (kome), "cabello", describe el cabello dorado o rubio, asociado a menudo con belleza, divinidad y nobleza. Aunque no es tan común como ξανθός, puede encontrarse en algunas descripciones de personajes en la poesía y la mitología griega.
El epíteto homérico más común para Atenea es γλαυκῶπις (glaukōpis) es decir, "de ojos azules/grises". De este epíteto deriva el nombre de Glaucopo ("el de los ojos azules/grises"), un príncipe beocio natural de la ciudad de Alalcomenia, llamada así en honor de su padre, el autóctono Alalcomeneo, quien era devoto de Atenea.
Referencias
- ↑ Diccionario Enciclopédico Vox, Larousse, 2009.
- ↑ «Hélade (Hellás). Nombre que en la Antigua Grecia Homero dio al centro de Tesalia, patria de los helenos. En la actualidad designa a todo el territorio del Estado griego. El helade es el conjunto de ciudades estado de la Antigua Grecia. Diccionario de Uso del Español de América y de España. Vox.
- ↑ Cesare Cantú, Heródoto en Historia universal: Tiempos antiguos, Imprenta de Gaspar y Roig: Madrid, 1804-1895
- ↑ Alfonso Reyes, Estudios helénicos: El triángulo egeo ; La jornada aquea ; Geógrafos del mundo antiguo ; Algo más sobre los historiadores alejandrinos, Fondo de Cultura Económica, 1966 ISBN 9681610350, pg. 302
- ↑ Reyes, op. cit., pg. 304
- ↑ Koerner, Inschriftliche Gesetzestexte der frühen griechischen Polis, Nr. 169.
- ↑ Koerner Nr. 174
- ↑ Wilhelm Sieglin, Die blonden Haare der indogermanischen Völker des Altertums : eine Sammlung der antiken Zeugnisse als Beitrag zur Indogermanenfrage (El cabello rubio de los pueblos indoeuropeos de la antigüedad: una colección de evidencia antigua como contribución a la cuestión indoeuropea). München : Lehmann, 1935.
- ↑ Homero, La Iliada, I. 197
- ↑ Eurípides, Heracles (360)
- ↑ Eurípides, Helena (1224) [1]
- ↑ Himnos homéricos, (II Deméter, 300)
- ↑ Hesíodo, Teogonía (947-949).

