Oráculos sibilinos

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Los oráculos sibilinos son una colección de 15 libros que pretenden poner en la boca de la Sibila, importante adivina o profetisa de la antigüedad pagana, una serie de profecías intencionadas para atacar al propio paganismo y anunciar su fin. Recogen textos desde el siglo II a. C. hasta el siglo V d. C., y posiblemente fueron confeccionados por judíos helenísticos y cristianos.

No confundir con los oráculos de la Sibila de Cumas, recogidos en sus libros sibilinos. Esta los habría vendido a Tarquinio el Soberbio y se conservaron en el Capitolio hasta el 83 a. C., en que se incendió el templo de Júpiter. Después del incendio, fueron reemplazados por otros provenientes de Jonia y Eritras.

Historia

La recopilación cristiana de los sibilinos se consolidó entre los siglos III y V d. C. Su función era legitimar el cristianismo frente al paganismo, usando la figura de la Sibila como portavoz de profecías sobre la venida de un salvador.

En los textos cristianos, la Sibila denuncia la idolatría y la corrupción de los dioses paganos, lo que refleja un propósito apologético: justificar la superioridad del cristianismo usando figuras de la tradición pagana.

La Sibila se convierte en un “vehículo literario” para anticipar la llegada de Cristo, aunque originalmente su función era adivinatoria en sentido más general.

Existe la hipótesis de que el poeta Virgilio tuvo acceso a dichos libros ya que su Égloga IV de las Bucólicas hace referencia a un "nuevo niño" cuyo nacimiento anuncia un cambio trascendental, lo que los cristianos posteriores reinterpretaron como una profecía mesiánica de la llegada de Jesucristo.

La Égloga IV podría tener en realidad un contexto literario y político propio de Roma, reflejando la esperanza en un nuevo ciclo de paz tras la guerra civil. Más que una referencia explícita a Cristo, la figura del niño puede ser un símbolo de renovación política de Roma.

Los oráculos originales del Capitolio (vendidos por Tarquinio) se perdieron en el 83 a. C. Fueron reemplazados por textos provenientes de Jonia y Eritras, lo que significa que los oráculos que circulaban en tiempos de Virgilio eran versiones helenísticas más recientes, no los oráculos “clásicos” de Cumas.

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