Pacto Briand-Kellogg

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El pacto Briand-Kellogg fue firmado el 27 de agosto de 1928 en París. Los 15 países signatarios renunciaban a la guerra "como instrumento de política nacional en sus relaciones mutuas".

Negociaciones y ratificación

El Ministro de Asuntos Exteriores francés, Aristide Briand, propuso en 1927 al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Frank Billings Kellogg un pacto que proscribiera y prohibiera la guerra.

Ambos gobiernos presentaron el tratado a otros países. Los 15 firmantes fueron la colonia británica de la India, Alemania, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Italia, Japón, Bélgica, Polonia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Irlanda y Checoslovaquia. Otros 57 países se adhirieron más tarde.

Briand, Kellog y el alemán Gustav Stresemann diseñaron un futuro de paz bajo el arbitrio de la Liga de las Naciones, que la crisis económica iniciada en 1929 y los intereses de las principales potencias dejarían sin validez un poco después.

Articulado

Lo más relevante del pacto se concreta en dos artículos:

  • Artículo 1: Las altas partes signatarias declaran solemnemente en nombre de sus naciones, que condenan la guerra como medio de solución de controversias internacionales y que desisten de su uso como herramienta de la política nacional en sus relaciones mutuas.
  • Artículo 2: Las altas partes signatarias acuerdan que la reglamentación y la decisión sobre cualquier conflicto, que pudiere aparecer entre ellas, de cualquier tipo que sea u origen que tenga, nunca será buscada por otros medios que no sean los pacíficos.

Alcance y realidad del pacto

Como resultado de la propuesta de Kellogg, casi todas las naciones del mundo firmaron finalmente el Pacto Briand-Kellogg, acordando renunciar a la guerra como instrumento de política internacional y solucionar todos los conflictos internacionales de manera pacífica. Hubo múltiples matices a este compromiso, por ejemplo, la guerra en defensa propia, las obligaciones militares que surgieran del pacto de la Liga de las Naciones, la doctrina Monroe o los tratados de alianza acordados tras la Primera Guerra Mundial. Si unimos todas estas excepciones al hecho de que el tratado no estableció ningún método para forzar su cumplimiento, podemos entender como el Pacto resultó totalmente inútil[1].

Referencias

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