Trotskismo

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El Trotskismo es una tendencia dentro del marxismo y, por ende, del movimiento comunista internacional, desarrollada en gran parte por León Trotsky que, en términos generales, representa una contraposición a la visión que aplicó Stalin del marxismo-leninismo y a sus teorías sobre "socialismo en un solo país" y la "revolución por etapas".

La revolución permanente

Busca, en ese desarrollo, reencauzar el proceso revolucionario soviético. Uno de sus pilares fundamentales es la teoría de "la Revolución permanente" descrita en su libro del mismo nombre. Otro de los documentos fundamentales es el Programa de Transición, escrito también por Trotsky como base programática de la naciente IV Internacional, fundada en 1938. Uno de sus análisis para entender la evolución capitalista en los países coloniales y semicoloniales fue la teoría del desarrollo desigual y combinado.

Trotsky defendió medidas que buscaban acabar con la burocracia dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), como la rotación de cargos y una mayor concreción de las tesis leninistas del centralismo democrático, aplicadas a la estructura y organización internas del partido. Hizo aportes teóricos sobre el feminismo y el arte, y defendió la profundización económica en el socialismo a través de planes quinquenales, los cuales posteriormente serían aplicados por Stalin.

Trotsky organizó la "Oposición de Izquierda Internacional", que hasta el ascenso de Hitler el 30 de enero de 1933, se consideró una facción de la Internacional Comunista, pese a la persecución que sus militantes sufrían por parte del estalinismo.

A partir de la victoria y el gran apoyo de la clase obrera alemana al nacionalsocialismo, y de la caracterización de la Tercera Internacional estalinista como contrarrevolucionaria, Trotsky llamó a construir la Cuarta Internacional y partidos revolucionarios independientes en cada país.

Entrismo

(Artículo principal: Entrismo)

En la década de 1930 postuló el entrismo en las organizaciones de masas de orientaciones socialistas, como forma de facilitar la inserción de los partidos adheridos a la IV Internacional en el movimiento obrero, atrayendo al sector más avanzado a su programa. Este trabajo debía hacerse siempre de manera abierta y por un espacio breve de tiempo, ya que luego los trotskistas debían fundar sus propios partidos y organizaciones. Con ese método se pudo construir el Socialist Worker Party (Partido Obrero Socialista), sección más grande de la nueva organización alternativa a la Komintern.

Actualmente existen, alrededor del mundo, un número elevado de organizaciones trotskistas que provienen de las agrupadas en la Cuarta Internacional. En su momento se vieron fortalecidas en cierta forma por la caída de la Unión Soviética. En países como Portugal, Francia, Argelia, Brasil, Argentina, Bolivia y últimamente en Venezuela, las organizaciones trotskistas han adquirido mayor influencia que en otros, pero sin lograr un peso decisivo ya que los pueblos rechazan totalmente esa ideología nefasta.

Artículo de opinión

Para comprender a un trotskista


Todo aquel que haya tenido alguna experiencia de militancia universitaria, se ha topado con un simpático aunque a veces exasperante personaje: el trosko. Tal vez no tanto aquéllos que habitan la facultad de Derecho, es más común verlos en su hábitat natural que sería la facultad de Ciencias Sociales o la de Filosofía y Letras.

El trosko es un tipo especial en muchos sentidos. Sin lugar a dudas comparte rasgos comunes con la mayoría de los mortales, pero a poco de hablar nos vamos dando cuenta que vive en otra sintonía. Ni buena ni mala, no es nuestra intención juzgar su ideología ni su estilo de vida. Simplemente decimos que vive en otra sintonía.

El primer y más notable indicio de lo expuesto con anterioridad es el lenguaje que utiliza. Lo que para algún incauto sería "el jefe" o "un garca"; para un trosko es "la patronal" o "los explotadores". A estas dos definiciones se le suman otras tantas como "burócratas"; "pequeño burgués"; "aventurerismo" y una de nuestras favoritas, "bonapartista". Esta última nos toca de cerca. No podríamos exponer acá todas las definiciones que plagan el lenguaje trosko porque son demasiadas, sencillamente los invitamos a leer cualquier ejemplar de La Prensa Obrera o La Verdad Obrera y verán como se abre una puerta a un universo de nuevas experiencias y epítetos clasistas.

Cuenta la leyenda que el dialecto trosko más cerrado es el que se manejan dentro del PTS, y que para lograr un acuerdo político con este espacio -tarea por demás infructuosa- hace falta conseguir un intérprete porque su manejo de la dialéctica cuarto-internacionalista está más allá del alcance del hombre simple.

Otra característica fundamental es su tendencia a la facciosidad. El trosko nunca puede estar de acuerdo con alguien por más que piense más o menos lo mismo. Si hiciera esto sería un traidor de clase y hasta tal vez se burocratizaría. Una organización troskista empeña la mitad de sus energías en chicanear y/o acusar de las peores traiciones a otras organizaciones troskistas, escribiendo páginas y páginas en las que pasan facturas sobre viejas agachadas en algún centro de estudiantes ya olvidado, o una asamblea de delegados remota. En esta empresa se luce con una capacidad de elaborar definiciones que sorprendería a Jorge Asís, utilizando expresiones como "prácticas centristas y pragmáticas" o "agro-patronales pseudo-progresistas macartho-kirchneristas". Son tan complejas en su elaboración que escapan a la comprensión del 90% de la humanidad, aunque por su sonoridad delatan una clara intención de ofender.

También se podría resaltar un fuerte maniqueísmo en sus lecturas, siendo el trosko totalmente incapaz de percibir grados entre Blanco y Negro. De un lado están los Pulpos Capitalistas y del otro está el Frente Clasista. Nada más. Claro, el trosko es un luchador muy solitario y sólo se considera a sí mismo dentro del Frente Clasista, mientras que del lado de los Pulpos Capitalistas se encuentra la derecha; la centro derecha; el centro; la centro-izquierda; la izquierda no troskista; la izquierda troskista ajena a su propio espacio y hasta sus propios padres.

Bajo esta lógica maniquea sería lo mismo votar a un gobierno liberal que recorte el gasto público y privatice todo, a votar a un gobierno más o menos progresista que mantenga ciertos niveles de inversión pública y trate de levantar alguna reivindicación obrera. Este último incluso caería bajo la categoría de "bonapartista" antes expuesta y recibiría un repudio aún mayor que el gobierno liberal, ya que en el evangelio troskista de "mientras peor mejor" una mejora en las condiciones materiales de la clase trabajadora resultaría más lesiva para el avance de la revolución socialista.

Un rasgo tal vez menor pero que a los autores les llama mucho la atención es la fascinación cuasi-fetichista que el trosko tiene por la "Asamblea". La Asamblea es el órgano supremo de soberanía popular, instrumento de propiedades milagrosas capaz de solucionar todo tipo de conflicto. Si hay algún inconveniente político, se vota en asamblea. Si el problema es filosófico, perfectamente lo puede definir la asamblea. Asamblea de delegados; asamblea de estudiantes; asamblea de pasajeros de la unidad 42 de la línea 118 o asamblea de consorcio, funciona como una máquina en la que se introducen los problemas, se define un "Plan de Lucha", se vota, se elabora un documento consensuado y santo remedio. Si la asamblea no sigue la línea introducida por el partido o es copada por otro, entonces se boicotea la misma y se quiebra, para armar una asamblea disidente con igual carácter soberano.

A través de la Asamblea se puede dirigir legitimamente cualquier tipo de actividad, desde una panadería comunitaria hasta una fábrica recuperada de reactores nucleares o una aerolínea comercial. Lo importante es siempre lo que definan las bases (y de paso, que se siga la línea partidaria).

Finalmente, y acá por ahí nos ponemos un poco críticos, resaltamos el triunfalismo que destilan sus comunicados. Siempre anda todo mal, la crisis asoma; las suspensiones y despidos son un hecho y los pulpos capitalistas se están quedando siempre con todo. Pero eso no importa, porque bajo la lógica de "mientras peor mejor", cada derrota del pueblo trabajador es en realidad un triunfo a futuro y cada retroceso en la lucha de clases es en realidad un paso adelante hacia la inminente revolución social.

Si nos regimos por el Materialismo Dialéctico, es un poco desatinado manejarse en esta lógica lineal en la que cada hecho que acontece y cada momento histórico nos aproximanos más y más a una inminente revolución socialista que llegará a nosotros como si fuera el día del Juicio Final. Esto sería más propio de la religión que del socialismo científico.

Esto no impide a los agentes de propaganda revolucionaria armar tapas con leyendas del tipo CAE WALLSTREET: SE VIENE ABAJO EL IMPERIO, SUSANA GIMÉNEZ PIDE PENA DE MUERTE: LAS PATRONALES TEMEN POR SU PROPIEDAD o RIQUELME SE VA DE LA SELECCIÓN: SE PONEN DE RELIEVE LAS CONTRADICCIONES DEL NACIONALISMO BURGUÉS.

Este artículo que excedió lo que tenía en mente el autor, viene a colación de algo que leí esta mañana en La Prensa Obrera. El mismísimo Jorge Altamira -gurú del Partido Obrero- nos dice en su editorial:

"La lucha (nos referimos a la socialista) es siempre una lucha contra el poder. No es una lucha entre entelequias."

En mi barrio (como todos sabemos, Gerli) cuando hablamos de El Poder, estamos hablando nada más ni nada menos que de una Entelequia ya que nos veríamos en grandes problemas para dar una definición inequívoca y precisa de lo que Altamira llama El Poder.

Además, es admisible hablar de El Poder en una canción de rock adolescente como el de La Bersuit, pero no se puede tolerar que un teórico revolucionario (uno de los más grandes teóricos marxistas del barrio de Almagro) nos hable de El Poder como un cuco y encima en la siguiente oración se contradiga de esa manera.

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