Diocleciano

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El emperador Diocleciano. Se considera que, tras su reinado, Roma entró en franca decadencia

Diocleciano fue un emperador romano que nació en el 244 y murió en el 311 (reinó 284-305). Dirigió campañas militares contra las tribus sármatas y del Danubio (285-90), contra los alamanes (288), y contra usurpadores en Egipto (297-98), asegurando las fronteras del imperio y eliminando las amenazas contra su poder. Consiguió una paz duradera y favorable con el Imperio Sasánida, el enemigo tradicional de imperio. Separó y aumentó los servicios militares y civiles que los ciudadanos debían prestar al imperio y reorganizó las divisiones provinciales creando el gobierno más grande y más burocratizado de la historia de Roma hasta entonces. Enfermo y debilitado, Diocleciano abdicó el 1 de mayo de 305, convirtiéndose en el primer emperador romano en dejar voluntariamente su cargo. Desde entonces vivió en su palacio en la costa de Dalmacia, dedicado al cultivo de sus jardines y huertos.

Biografía

Nacido en el seno de una humilde familia iliria, Cayo Aurelio Valerio Diocleciano emprendió una carrera militar que, sin ser excesivamente brillante, le permitió convertirse primero en comandante de la guardia imperial y más tarde en cónsul. Tras el asesinato del emperador Numeriano, en el 284, Diocleciano dio muerte a Arrio Aper, el presunto homicida, y fue proclamado emperador por el ejército de Asia Menor.

Diocleciano divide el Imperio en dos mitades para hacerlo más gobernable. Él se queda con la parte oriental, y entrega la occidental a Maximiano, un antiguo camarada de armas suyo. Instaura una rígida burocracia, y con estas medidas se puede observar una próxima decadencia. A pesar de ello, Diocleciano es un veterano realista y justo. Permite que sus legionarios cristianos se ausenten de las ceremonias paganas, con tal de que mantengan su disciplina militar. Pero precisamente éste era el asunto más peliagudo, donde los obispos desafian la autoridad del emperador. Él, no obstante, es benevolente, y tan sólo un pacifista cristiano es ejecutado. Sin embargo, ahora insiste en que los cristianos participen en ceremonias estatales de naturaleza religiosa, y la respuesta cristiana a esta decisión es un envalentonamiento en aumento, con numerosas revueltas y provocaciones. Pero incluso a estas alturas, el emperador Diocleciano renuncia a aplicar la pena de muerte, contentándose con hacer esclavos a los rebeldes que apresaba. La respuesta a esto son más disturbios y un incendio en el mismo palacio imperial, y se suceden las provocaciones cristianas a lo largo de todo el Imperio. Pero lo más que hace Diocleciano es hacer ejecutar a nueve obispos revoltosos y 80 rebeldes en Palestina, la zona más agitada por las rebeliones cristianas.

Uno de estos rebeldes era un enfermo llamado San Procopio. Para hacerse saber como eran tales personajes, las palabras que sobre él dice un contemporáneo del obispo Eusebio de Cesárea: "Había domado su cuerpo hasta convertirlo, por decirlo así, en un cadáver; pero la fuerza que su alma encontraba en la palabra de Dios, daba vigor a su cuerpo… Sólo estudiaba la palabra de Dios y apenas tenía algún conocimiento de las ciencias profanas". El cristianismo se nutre en un comienzo de hombres semejantes.

A pesar de la suavidad de estas persecuciones, Diocleciano pasa a la historia como un déspota y un tirano en las crónicas cristianas de las épocas posteriores.

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